El Misterio de la Muerte 

 

 


Algunos se preguntan: ¿Qué pasa cuando una persona muere? ¿Hay vida más allá de la muerte? ¿Se puede evitar la muerte o existe alguna manera de escapar de ella? Todas estas preguntas se seguirán haciendo mientras sigamos siendo víctimas de la muerte.

Se ha tratado de dar muchas explicaciones y teorías acerca de lo que sucede después de la muerte. Pero hasta la fecha nadie tiene una respuesta definitiva para este enigma. La única fuente segura de información son las Sagradas Escrituras, porque en ellas se encuentra el testimonio del único que venció a la muerte y al sepulcro: nuestro Señor Jesucristo.

Para tener una idea clara de lo que es la muerte, debemos entender qué es la vida, cómo se introdujo la muerte en este mundo de pecado y finalmente el plan de Dios para restaurar la vida del ser humano.

¿QUÉ ES LA VIDA?

Dios culminó su obra creadora en este mundo creando al hombre a su imagen y semejanza. De esta narración del Génesis sabemos que la vida es producto de la unión del cuerpo con el aliento de vida que Dios sopló para que se produjera el primer ser humano viviente. El ser humano no recibió el alma como una entidad separada; llegó a ser un alma viviente.

Las palabras usadas en el hebreo y el griego indican con claridad que el alma se refiere a todo el individuo o a algunos aspectos relacionados con él, pero nunca dan la idea de que se trate de una entidad independiente del ser humano. Cuando la Biblia habla de espíritu, refiriéndose al hombre, describe al aliento de vida, los afectos y las emociones de distintas clases, o lo relaciona con su carácter. Nunca se usa para dar la idea de una entidad independiente. Esto quiere decir que la Biblia enseña que el hombre tiene una naturaleza monística, o sea, una naturaleza indivisible, sin entidades independientes viviendo dentro de su ser. El hombre es un alma, no tiene un alma.

Algunos dicen que el hombre fue creado inmortal, otros dicen que se le concedió una inmortalidad condicional. Para evitar confusiones semánticas hay que aclarar el significado de los términos inmortal y vida eterna, que aunque se pueden usar como sinónimos, no son idénticos en significado. Inmortal significa no estar sujeto a la muerte, que no puede morir. La palabra inmortalidad no se usa en el Antiguo Testamento. El término griego usado en el Nuevo Testamento para referirse a Dios como el “único que tiene inmortalidad” es Athanasia. Nuestro Señor Jesucristo quitó la muerte y trajo la vida y la inmortalidad por el evangelio. Sólo en la Segunda Venida los seres humanos recibirán la inmortalidad, cuando nuestro cuerpo mortal sea transformado en uno inmortal.

Vida eterna significa tener vida en forma indefinida, pero que puede tener fin. La palabra eterno, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, no contiene la idea de inmortal sino de una duración indefinida. La duración depende del sujeto de quien se hable. Si se usa en relación con Dios la idea es para siempre, pero al relacionarla con seres humanos entonces tiene fin. Todos los seres creados en el universo, sean ángeles o no, fuero creados con el don de la vida eterna, pero no son inmortales. Mientras estén conectados a Dios pueden vivir eternamente. Pero estos seres también pueden morir, como va a suceder con el diablo y sus ángeles, que serán destruidos al fin del tiempo. El ser humano fue creado para disfrutar de vida eterna, pero sujeto a la muerte, pues se le dijo que si comía del árbol del conocimiento del bien y del mal, ciertamente moriría.

Cuando Satanás le dijo a la mujer que no moriría, contradijo la declaración divina “ciertamente moriréis”. Esta mentira ha sido aceptada por muchos círculos religiosos que afirman que el alma es inmortal. Dios dijo que el alma que “pecare morirá”. Creer en la inmortalidad del alma es hacer vana la obra de Cristo que con su sacrificio “quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio” y nos la ofrece como un don de su gracia.

LA CAIDA DEL HOMBRE: ORIGEN DE LA MUERTE

La caída del hombre en pecado introdujo la muerte en este mundo. La muerte es consecuencia del pecado. La Biblia describe el proceso de la muerte como el proceso inverso a la vida: “el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio”. Tal vez alguien se pregunte: ¿Qué pasó con el alma entonces? Veamos un ejemplo para ilustrar esto: la sal común es un compuesto de un gas venenoso (cloro) y un sólido muy explosivo (sodio). Estos dos elementos forman algo completamente distinto a su naturaleza. Cuando los dos elementos que constituyen la sal común son separados mediante un proceso electroquímico, el cloro siendo gas se evapora inmediatamente, y el sodio reacciona con el medio ambiente y forma otras sustancias. La pregunta surge: ¿Qué pasó con la sal? ¿Adónde se fue? Simplemente dejó de existir porque sus elementos constitutivos se separaron. Lo mismo pasa con el ser humano: el cuerpo vuelve a la tierra de donde era, y el espíritu, o sea, el poder vivificante, vuelve a Dios. En ese momento, el ser humano o alma deja de ser.

Cuando Las Sagradas Escrituras hablan de la primera muerte, la describen como el acto de dormir. La representación bíblica de la muerte como un sueño se adapta claramente a su naturaleza (Ver recuadro de más abajo).

La muerte es un estado de inconsciencia temporal mientras llega el momento en que se otorgue a cada uno la vida o la condenación eterna, en la primera o en la segunda resurrección. La Biblia relaciona la muerte segunda con la resurrección de condenación, o sea cuando se les dé el castigo final a los pecadores que no se arrepintieron y sean lanzados al lago de fuego. La primera muerte, por otro lado, es aquella que todos los seres humanos experimentan como resultado de la transgresión de Adán. Nuestro Señor Jesucristo sufrió el castigo de la muerte segunda por nosotros, vino a salvarnos de la muerte segunda, y por eso nos dice que él tiene las llaves de la muerte y el sepulcro.

EL PLAN DIVINO PARA RESTAURAR LA VIDA.

Dios, en su grande amor para con nosotros, no quiso que la raza humana pereciera sin esperanza, e hizo una provisión para que todo aquel que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Envió a su Hijo Jesucristo para salvar al ser humano del pecado y de la muerte y “destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo”. La solución divina al problema de la muerte es aceptar a Jesús como nuestro Salvador.

EL SUEÑO

LA MUERTE

1. Los que duermen están inconscientes.

“Los muertos nada saben”.

2. Durante el sueño los pensamientos conscientes cesan.

“Sale su aliento y vuelve a la tierra, en ese mismo día perecen sus pensamientos”.

3. El sueño pone fin a todas las actividades del día.

“En el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría”.

4. El sueño nos desliga de los que están despiertos y de sus actividades.

“Nunca más tendrán parte en todo lo que se hace debajo del sol”.

5. El sueño normal deja inactivas las emociones conscientes.

“Su amor y su odio y su envidia fenecieron ya”.

6. Durante el sueño los seres humanos no alaban a Dios.

“No alabarán los muertos a Jehová”

7. El sueño anticipa un despertar.

“Vendrá hora cuando los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida”.

No debemos tener miedo de la muerte porque con Cristo ésta ya no tiene poder sobre nosotros. Él prometió: “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente”. Cristo fue a preparar un lugar para nosotros y cuando venga por segunda vez va a resucitar a todos los que duermen el sueño de la muerte en el Señor, y va a transformar los cuerpos corruptibles de los que estén vivos en incorruptibles. Y para siempre viviremos con él en un mundo donde ya no habrá más tristeza, ni llanto ni dolor, ni muerte.

Si usted ha sido azotado por el dolor y el sufrimiento de la pérdida de un ser amado, que ésta promesa lo sostenga hasta el día cuando Dios venga a enjugar nuestras lágrimas, y cambie la tristeza en gozo eterno para siempre.

¡Aleluya! ................ ¡¡Cristo viene pronto!!

(Artículo tomado de la revista El Centinela, noviembre de 1998)

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