Mario Benedetti
Hombre que mira al cielo
Mientras pasa la estrella fugaz acopio en este deseo instant�neo, montones de deseos hondos y prioritarios. Por ejemplo que el dolor no me apague la rabia, que la alegr�a no desarme mi amor, que los asesinos del pueblo se traguen sus molares, caninos e incisivos y se muerdan juiciosamente el h�gado. Que los barrotes de las celdas se vuelvan de az�car o se curven de piedad, y mis hermanos puedan hacer de nuevo el amor y la revoluci�n. Que cuando enfrentemos el implacable espejo no maldigamos ni nos maldigamos. Que los justos avancen, aunque est�n imperfectos y heridos. Que avancen porfiados como castores, solidarios como abejas, aguerridos como jaguares. Y empu�en todos sus noes para instalar la gran afirmaci�n. Que la muerte pierda su asquerosa puntualidad. Que cuando el coraz�n se salga del pecho pueda encontrar el camino de regreso. Que la muerte pierda su asquerosa y brutal puntualidad, pero si llega puntual no nos agarre muertos de verg�enza. Que el aire vuelva a ser respirable y de todos. Y que vos muchachita sigas alegre y dolorida, poniendo en tus ojos el alma. Y aparte tu mano en mi mano, y nada m�s. Porque el cielo ya est� de nuevo torvo y sin estrellas. Con helic�ptero y sin dios. Mario BenedettiDesganas
Si cuarenta mil ni�os sucumben diariamente en el purgatorio del hambre y de la sed si la tortura de los pobres cuerpos envilece una a una a las almas y si el poder se ufana de sus cuarentenas o si los pobres de solemnidad son cada vez menos solemnes y m�s pobres ya es bastante grave que un solo hombre o una sola mujer contemplen distra�dos el horizonte neutro pero en cambio es atroz sencillamente atroz si es la humanidad la que se encoge de hombros. Mario BenedettiAusencia de dios
Digamos que te alejas definitivamente hacia el pozo de olvido que prefieres, pero la mejor parte de tu espacio, en realidad la �nica constante de tu espacio, quedar� para siempre en m�, doliente, persuadida, frustrada, silenciosa, quedar� en m� tu coraz�n inerte y sustancial, tu coraz�n de una promesa �nica en m� que estoy enteramente solo sobrevivi�ndote. Despu�s de ese dolor redondo y eficaz, pacientemente agrio, de invencible ternura, ya no importa que use tu insoportable ausencia ni que me atreva a preguntar si cabes como siempre en una palabra. Lo cierto es que ahora ya no est�s en mi noche desgarradoramente id�ntica a las otras que repet� busc�ndote, rode�ndote. Hay solamente un eco irremediable de mi voz como ni�o, esa que no sab�a. Ahora que miedo in�til, qu� verg�enza no tener oraci�n para morder, no tener fe para clavar las u�as, no tener nada m�s que la noche, saber que Dios se muere, se resbala, que Dios retrocede con los brazos cerrados, con los labios cerrados, con la niebla, como un campanario atrozmente en ruinas que desandar� siglos de ceniza. Es tarde. Sin embargo yo dar�a todos los juramentos y las lluvias, las paredes con insultos y mimos, las ventanas de invierno, el mar a veces, por no tener tu coraz�n en m�, tu coraz�n inevitable y doloroso en m� que estoy enteramente solo sobrevivi�ndote. Mario BenedettiEl ni�o cinco mil millones
En un d�a del a�o 1987 naci� el ni�o Cinco Mil Millones. Vino sin etiqueta, as� que pod�a negro, blanco, amarillo, etc. Muchos pa� azar un ni�o Cinco Mil Millones para homenajearlo y hasta para filmarlo y grabar su primer llanto. Sin embargo, el verdadero ni�o Cinco Mil Millones no fue homenajeado ni filmado ni acaso tuvo energ�as para su primer llanto. Mucho antes de nacer ya ten�a hambre. Un hambre atroz. Un hambre vieja. Cuando por fin movi� sus dedos, �stos tocaron la tierra seca. Cuarteada y seca. Tierra con grietas y esqueletos de perros o de camellos o de vacas. Tambi�n con el esqueleto del ni�o n�mero 4.999 999 999. El verdadero ni�o Cinco Mil Millones ten�a hambre y sed, pero su madre ten�a m�s hambre y m�s sed y sus pechos oscuros eran como tierra exhausta. Junto a ella, el abuelo del ni�o ten�a hambre y sed m�s antiguas a�n y ya no encontraba en s� mismo ganas de pensar o de creer. Una semana despu�s, el ni�o Cinco Mil Millones era un min�sculo esqueleto y en consecuencia disminuy� en algo el horrible riesgo de que el planeta llegara a estar superpoblado. Mario Benedetti
[poesia]