Jaime Sabines

PASA EL LUNES...

Pasa el lunes y pasa el martes y pasa el mi�rcoles y el jueves y el viernes y el s�bado y el domingo, y otra vez el lunes y el martes y la gotera de los d�as sobre la cama donde se quiere dormir, la est�pida gota del tiempo cayendo sobre el coraz�n aturdido, la vida pasando como estas palabras. lunes, martes, mi�rcoles, enero, febrero, diciembre, otro a�o, otro a�o, otra vida. La vida y�ndose sin sentido, entre la borrachera y la conciencia, entre la lujuria y el remordimiento y el cansancio. Encontrarse, de pronto, con las manos vac�as, con el coraz�n vac�o, con la memoria como una ventana hacia la obscuridad, y preguntarse: �qu� hice?, �qu� fui?, �en donde estuve? Sombra perdida entre las sombras, �c�mo recuperarte, rehacerte, vida? Nadie puede vivir de cara a la verdad sin caer enfermo o dolerse hasta los huesos. Porque la verdad es que somos d�biles y miserables y necesitamos amar, ampararnos, esperar, creer y afirmar. No podemos vivir a la intemperie en el solo minuto que nos es dado. �Qu� hermosa palabra "Dios", larga y �til al miedo, salvadora! Aprendemos a cerrar los labios del coraz�n cuando quiera decirla, y ense��mosle a vivir en su sangre, a revolcarse en su sangre limitada. no hay m�s que esta ternura que siento hacia ti, enga�ado, porque alg�n d�a vas a abrir los ojos y mirar�s tus ojos cerrados para siempre. no hay m�s que esta ternura de m� mismo que estoy abierto como un �rbol, plantado como un �rbol, recorri�ndolo todo. He aqu� la verdad: hacer las m�scaras, recitar las voces, elaborar los sue�os, Ponerse el rostro del enamorado, la cara del que sufre, la faz del que sonr�e, el d�a lunes, y el martes, y el mes de marzo y el a�o de la solidaridad humana, y comer a las horas lo mejor que se pueda, y dormir y ayuntar, y seguirse entrenando ocultamente para el evento final del que no habr� testigos. Jaime Sabines

AS� ES

siglos de estupor, con siglos de odio y llanto, con multitud de hombres amorosos y ciegos, destinado a la muerte, ahog�ndome en mi sangre, aqu�, embrocado. Igual a aun perro herido al que rodea la gente. Feo como el reci�n nacido y triste como el cad�ver de la parturienta. Los que tenemos fr�o de verdad, los que estamos solos por todas partes, los sin nadie. los que no pueden dejar destruirse, �sos no importan, no valen nada, nada, que de una vez se vayan, que se mueran pronto. A ver si es cierto: mu�rete. �Mu�rete, Jaime, mu�rete! �Ah, mula vida, testaruda, sorda! Poetas, mentirosos, ustedes no se mueran nunca. Con su peque�a muerte andan por todas partes y la lucen, la lloran, le ponen flores, se la ense�an a los pobres, a los humildes, a los que tienen esperanza. Ustedes no conocen la muerte todav�a: cuando la conozcan ya no hablar�n de ella, se dir�n que no hay tiempo sino para vivir. Es que yo he visto muertos, y s�lo los muertos son la muerte, y eso, de veras, ya no importa. Un desgraciado como yo no ha de ser siempre desgraciado. he aqu� la vida. Puedo decirles una cosa por los que han muerto de amor, por los enfermos de esperanza, por los que han acabado sus d�as y a�n andan por las calles con una mirada inequ�voca en los ojos y con el coraz�n en las manos ofreci�ndolo a nadie. Por ellos, y por los cansados que mueren lentamente en buhardillas y no hablan, y tienen sucio el cuerpo, altaneros del hambre, odiadores que pagan con moneda de amor. por �stos y los otros, por todos los que se han metido las manos debajo de las costillas y han buscado hacia arriba esa palabra, ese rostro, y s�lo han encontrado peces de sangre, arena.... Puedo decirles una cosa que no ser� silencio, que no ha de ser soledad, que no conocer� ni locura ni muerte. Una cosa est� en los labios de los ni�os, que madura en la boca de los ancianos, d�bil como la fruta en la rama, codiciosa como el viento: humildad. Puedo decirles tambi�n que no hagan caso de lo que yo les diga. El fruto asciende por el tallo, sufre la flor y llega al aire. Nadie podr� prestarme su vida. Hay que saber, no obstante, que los r�os todos nacen del mar. Jaime Sabines

LOS D�AS IN�TILES

Los d�as in�tiles son como una costra de mugre sobre el alma. Hay una asfixia lenta que sonr�e, que olvida, que se calla. �Qui�n me pone estos sapos en el pecho cuando no digo nada? Hay un idiota como yo andando, platicando con gentes y fantasmas, ech�ndose en el lodo y escarbando la mierda de la fama. Puerco de hocico que recita versos en fiestas familiares, donde mujeres sabias hablan de amor, de guerra, resuelven la esperanza. Puerco del mundo f�cil en que el enga�o quiere hacer que enga�a mientras �cidos lentos llevan el asco a la garganta. Hay un hombre que cae d�as y d�as de pie, desde su cara, y siente que en su pecho van creciendo muertes y almas. Un hombre como yo que se averg�enza, que se cansa, que no pregunta porque no pregunta ni quiere nada. �Qu� viene a hacer aqu� tanta ternura fracasada? �D�ganle que se vaya! Jaime Sabines
[poesia]
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