Biblioteca

1 La Cultura moderna

Bernardino Piñera.

 Vamos a esbozar ahora un cuadro esquemático de la cultura moderna.  Expondremos después los rasgos principales de la contra-cultura, siguiendo el mismo esquema.

          En un capítulo posterior procuraremos discernir los rasgos positivos y los rasgos negativos de ambas culturas.  Por ahora trataremos de hacer una exposición objetiva, anticipando sin embargo desde ya algunas de las críticas que desarrollaremos después, confrontándolas con las que hagamos también a la contra-cultura.

 

FILOSOFÍA.

          En los primeros años del siglo XVII aparecen dos obras filosóficas destinadas a tener larga repercusión: el Novum Organum de Fracis Bacon en 1620 y el Discors de la Méthode de René Descartes en 1637.  Bacon  (1561-1626) es el iniciador de la corriente racionalista, características, desde entonces, de la filosofía europea continental.

          Por cierto que la filosofía ha evolucionado a lo largo  de estos cuatro últimos siglos y son muchas las corrientes que se pueden describir en ella.  Pero la filosofía actual se mantiene en la línea inicial, o la acentúa.  Hay, por lo general, poco interés por la metafísica y por todo lo que parece trascender al hombre.  Los filósofos estudian más bien problemas de lógica o de ética.  Estudian lo referente al conocimiento y a la ciencia:  y  la epistemología; o al lenguaje: la lingüística; o al comportamiento humano:  la ética.

          Para el racionalista, la verdad se reduce a lo que de ella se puede expresar “ideas claras y distintas”.  Para el empiricista, la realidad se limita a lo que se puede percibir a través de los sentidos, en la observación y en el experimento.  En el primer caso se privilegia la inteligencia; en el segundo, la experiencia sensorial, mediada en muchos casos por instrumentos y técnicas complejas.

 

CIENCIA.

          Esta revolución filosófica hizo posible la revolución científica.  Esta se encarna, a comienzos del siglo XVII, en Galileo (1564-1642) y, a fines de siglo, en newton (1642-1727).  El estudio de Galileo sobre “la ley de la caída de los cuerpos” es de 1602.  El de Newton sobre “la ley de la gravitación universal” es de 1687.  Entre ellos, o en torno a ellos, se ubica la labor matemática y física de Descartes, de Pascal, de Fermat, de Leibniz.

         La ciencia toma entonces un carácter analítico.  Hay que descomponer e todo en sus partes para estudiarlo.

         Y un carácter cuantitativo:  todo debe ser pesado y medido; todo dato científico, toda ley científica, debe poder expresarse en un lenguaje cercano al de la matemática, la expresión perfecta de las ideas claras y distintas. 

         El científico pretende la objetividad.  El “aquí dentro” del científico no interfiere, según él, con el “allá afuera” del objetivo estudiando.  El científico es un ser abstracto, un sujeto neutro, que observa y raciocina, sin involucrarse en el proceso que estudia.

         El sabio, hasta entonces un aficionado, para a ser un especialista, un profesional de la ciencia.  Se crea un mundo científico, que ocupa cátedras, trabaja en laboratorios, se reúne en academias, elabora un lenguaje que, poco a poco, se hace incomprensible al común de la gente, aun culta.

         El desarrollo de las ciencias de la naturaleza se repite en las ciencias del hombre.  Antropólogos, sicólogos, sociólogos, educadores, comunicadores hablan un lenguaje cada vez más especializado que el común de la gente aprende a balbucear, en parte por moda, como lo hace con el lenguaje de las ciencias físicas.  Pero la ciencia misma se hace cada vez más inaccesible al hombre común y aun al científico fuera de su especialidad.

  

TECNOLOGÍA.

         La revolución científica, a su vez, hizo posible la revolución tecnológica.  Y ambas se potencian mutuamente.  La tecnología brota de la ciencia, pero, a su vez, la provee de los instrumentos que le permiten seguir desarrollándose.

         La ciencia es del  orden del saber.  La técnica \es del orden del poder.  Va poco a poco transformando las condiciones de vida de los hombres.  Se puede decir que es a trabes de la técnica como la mayoría de los hombres llegan a interesarse por la ciencia.  La tecnología, como la ciencia, es de difícil y delicado manejo.  Solo los ingenieros y los técnicos saben utilizar los nuevos instrumentos.  Entre ellos y el común de la gente se crea una distancia creciente.  Como en el caso de la ciencia, esto vale tanto para las técnicas de orden físico, químico y biológico como para las que derivan de las ciencias humanas.  El sicólogo, el sociólogo o el educador saben y pueden más que el hombre común, quien para a depender de ellos, aun en aquellos que antes resolvía con su criterio y experiencia.  La tecnología cambia el estilo de vida, crea una dependencia del que no sabe ante el que sabe, el experto.

        Hasta hace poco, por ejemplo, los padres educaban a sus hijos, basados en el sentido común, la tradición familiar y su propia experiencia.  Hoy día, cada vez más, recurren al orientador, al sicólogo a los libros.  Se gana en ilustración lo que se pierde en instinto.

         Se sabe el desconcierto que produjo en innumerables padres que se habían inspirado para la educación de sus hijos en los libros del doctor Spock, su ultima obra en que se declaraba arrepentido de lo escrito en sus libros anteriores, considerados ahora por él demasiado permisivos.  Pero The common sense book of baby and child care, su obra principal, llevaba ya 28.000.000 de ejemplares vendidos.  En cambio, cuentan los biógrafos de Freud que su esposa, al casarse, le pidió que la dejara a ella educar a sus niños: nadie al parecer se arrepintió de esta decisión.

 

ECONOMÍA.

 EMPRESA.

                             La revolución tecnológica ha hecho posible, y ha vuelto necesario, el desarrollo de la empresa y ha creado un nuevo tipo de hombre:  después del científico, del ingeniero, del técnico, aparece el empresario.

                             El empresario es un hombre de iniciativa.  Es capaz de coordinar ideas, hombres y recursos; sabe ofrecer bienes y servicios apetecibles; está dispuesto a  competir, a sumir riesgos, animado por el deseo de la ganancia y la ambición de crecer.  Crecimiento, desarrollo, maximización y optimización son parte de su vocabulario.

                             La empresa, porque maneja hombres e ideas, bienes y servicios, suele alcanzar un gran poder, no sólo sobre quienes dependen directamente de ella, sino también ante el poder político y ante las mismas instancias culturales.  A menudo la democracia  el poder del pueblo ha debido enfrentarse con la plutocracia el poder del dinero y con la tecnocracia el poder de la técnica.  A veces, se ha dejado dominar por ellas; otras veces las ha aplastado; en otros casos, se ha logrado una colaboración provechosa para todos.

                             Al empresario, sigue en importancia  el ejecutivo.  El ejecutivo es el hombre informado, el que tiene los contactos, el hombre del Know how (saber hacer).  Es un funcionario, el de más alto nivel, el que ejecuta las intuiciones creativas del empresario.

 

 INDUSTRIA.

         La tecnología y la empresa han hecho posible la industria a gran escala, el paso del taller a la fabrica, de la artesanía a la producción en masa.  El ingeniero y el técnico han abierto paso al industrial.  La industria ha extendido al mundo entero los avances de la técnica.  En los ultimaos dos siglos, la industria ha alcanzado un desarrollo espectacular.  Los industriales han buscado afanosamente nuevas materias primas:  de la madera,  del cuero y de la lana, se ha pasado al fierro, al acero, al plástico y a la fibra sintética.  Han buscado nuevas fuentes de energía:  de la fuerza muscular del hombre y de los animales domésticos, de la energía de la leña, del agua y del viento, se ha pasado al carbón, al petróleo, a la electricidad, al átomo.  Y han construido maquinas, cada vez más perfeccionadas, primero para trasportar o transformar materias primas, fuentes de energía y productos de la industria; y luego para sustituir el propio trabajo intelectual del hombre:  computadoras.

         Se acusa a menudo a la industria de ser agresiva con la naturaleza.  Para ponerla al servicio del hombre, se dice, la maltrata, la explota, la poluciona, la agota.  Estaría destruyendo el planeta, ya para la actual generación y sobre todo, para las generaciones venideras.

 

AGRICULTURA.

          La aplicación de los adelantos científicos y tecnológicos a la agricultura y a la ganadería, ha traído consigo cambios revolucionarios: un gran aumento de la producción mundial de alimentos y una notable disminución del numero de trabajadores agrícolas.

          Se dan grandes desigualdades en la distribución de los alimentos producidos:  escasez y despilfarro coinciden.

          Hay quienes ven con temor las manipulaciones genéticas de animales y plantas, las condiciones artificiales de crianza de ciertos animales gallineros industrializados, por ejemplo como atentados contra la ecología e incluso contra la ley de Dios.  Se suele denunciar el uso abusivo de los fertilizantes sintéticos y de los pesticidas.

          El crecimiento de la población mundial, por otra parte, exige un aumento continuo de la producción de alimentos  en circunstancias cada vez más difíciles.  Algo parecido ocurre con la pesca y la explotación de los productos del mar.  Hay quienes temen un pronto agotamiento y la desaparición definitiva de numerosas especies animales y vegetales.

          Por otra parte, la reducción del numero de trabajadores agrícolas, debido a los adelantos técnicos, produce un éxodo incontenible del campo a la ciudad.  Hay que acomodar en las poblaciones periféricas estos millones de familias que difícilmente encuentran vivienda, servicios públicos y trabajos adecuados.

          Muchos autores han señalado que el hambre del Tercer Mundo se debería en gran parte, al food business a escala mundial que transforma la materia prima agrícola barata, alimento de los pobres, en productos sofisticados de alto precio que sólo pueden adquirir los ricos.

                   

COMERCIO.

          Los productos de la industria y de la agricultura deben ser distribuidos.  En la mayor parte del mundo se logra esto mediante el comercio.  Y el comercio se centra en el mercado.  El mercado se ha vuelto mundial.  Por el mercado, el comerciante pone los bienes y servicios al alcance de quienes los necesitan o los desean.

          El mercado goza hoy día de gran prestigio, debido, en parte, al fracaso del socialismo, al menos en la forma que lo han practicado los países comunistas.  Algunos señalan que el mercado puede, en la practica, ser distorsionado, manipulado por los productores y los comerciantes, en perjuicio de los consumidores, que son lo más y suelen ser los más desprotegidos.

 

PUBLICIDAD.

          El comercio hace necesaria la publicidad: hay que dar a conocer al eventual conocer el bien o servicio que se le ofrece.  Hay que competir con quien ofrece bienes o servicios parecidos.  Hay que persuadir al comprador para que adquiera lo que tal vez no le sea necesario  o supere sus posibilidades financieras.  El ofrecimiento de crédito se une a la publicidad para presionar al consumidor potencial.

 

CONSUMISMO.

          Se ha llegado así, poco a poco, a la sociedad consumista.  El supermercado, la agencia de viajes, la venta por catalogo, son como símbolos de la sociedad de la sociedad consumista.  Aun los que carecen de recursos para comprar sienten un placer al ver la abundancia, la variedad y la calidad de lo que se les ofrece.  Piensan que lo que no pueden adquirir hoy, podrán tal vez tenerlo mañana.  Otros, en cambio, se amargan o se rebelan.

          El consumismo es criticado en cuanto atendería  menos las necesidades reales del consumidor que a los intereses económicos del productor y del comerciante.  Privilegiaría el embeleco, lo que se compra sin verdadera necesidad

 

COMUNICACIÓN.

         Ferrocarriles, barcos, automóviles, aviones, han hecho posible el comercio a escala mundial.  Permiten el transporte de las mercaderías y el desplazamiento y el intercambio entre los hombres.  Un europeo del siglo XIX, salvo contadas excepciones, moría sin haber salido nunca de su país de nacimiento; hoy es raro el que no haya estado, una o muchas veces, en el extranjero.  Reuniones y congresos se multiplican a escala nacional y mundial.  Las becas de estudio, los intercambios universitarios, tienden a nivelar el desarrollo científico y técnico.  Las grades corrientes migratorias producen un nuevo reparto de la población mundial y barajan razas y pueblos.  Después de la Segunda Guerra Mundial, los habitantes delas colonias negros, hindúes, árabes invadieron el territorio de sus  exmetrópolis, quienes habían invadido en siglos pasados sus propios países.  Centenares de miles de trabajadores portugueses, españoles, italianos, yugoslavos, griegos o turcos, fueron a trabajar a Alemania o a Canadá; millones y sudamericanos han emigrado a los Estados Unidos, donde la población hispana alcanza a 30 o 40 millones, haciendo de los Estados Unidos uno de los países del mundo más poblado de hispano parlantes.

         Hoy se empieza a percibir un creciente rechazo a los inmigrantes.  La gente quiere vivir en medio de gente como ella.  No es necesariamente racismo; es más bien una incapacidad de adaptarse a quienes son demasiado diferentes, cuando éstos son demasiado numerosos.

         El telégrafo, el teléfono, el télex, el fax, el computador, hacen posible el intercambio a distancia entre las personas.  El equipo de sonido, la televisión grupal.  Finalmente, la prensa, la radio, el cine y sobre todo la televisión, crean redes de comunicación social que llegan prácticamente a todos los hogares y a todas las personas.

         Este desarrollo de las comunicaciones da a quienes las controlan un poder inmenso sobre la cultura, la mentalidad, el estilo de pensar, de sentir, de vivir y de actuar de la gente.  Y ese poder es habitualmente colectivo, anónimo.  Los que lo controlan eluden fácilmente una responsabilidad personal.  Las motivaciones económicas, ideologías dominantes, la moda del momento ejercen una influencia decisiva, muy superior quizás a la de la escuela, de la universidad, incluso de la iglesias.

 

DINERO.

         El denominador común del mundo de la empresa, del comercio, de la comunicación, de la ciencia y de la técnica y, en gran parte, de la o política, es el dinero.  Los bancos, las bolsas de comercio, las torres y rascacielos de IBM o de EXXON son los templos del mundo moderno.  El dinero es el ídolo que en ellos se venera.  Es el principio dinámico que sustenta toda la actividad del planeta.

         El dinero es el que da a la vida y a la cultura moderna su carácter materialista.  Todo es bueno si sirve para ganar dinero:  el alcohol, la droga, el juego, el erotismo, el tráfico de armas, la delincuencia, el  terrorismo, el secuestro, el desprecio de la dignidad de la mujer o de la inocencia de los niños, la pauperización de las muchedumbre humanas.  Y el dinero es todopoderoso, abre todas las puertas, incluso muchas veces las de la conciencia.  La corrupción por el dinero es uno de los grandes problemas del mundo de hoy.

 

 

IDEOLOGÍA.

 

LIBERALISMO.

                    Esta sociedad moderna encontró su ideología, a fines del siglo XVIII, en el liberalismo,  Se la dio Adam Smith (1723-1790).  Su libro célebre sobre la riqueza de las naciones es de 1776.

                    El liberalismo privilegia la libertad de las personas en el campo cultural, en el campo económico y en el campo político.

                    Privilegia el libre examen, el libre pensamiento, la libertad de expresión y la libertad de cultos.

                    Privilegia al iniciativa, al creatividad, el crecimiento, el desarrollo de la producción  y del consumo.  Privilegia la competitividad.

                    Privilegia también la democracia, con tendencias a veces al elitismo y a la manipulación de los ciudadanos no politizados.

 

SOCIALISMO.

          El liberalismo suscitó su antídoto: el socialismo.  Este privilegia la igualdad sobre la libertad, privilegia la centralización, la planificación, la uniformidad.  Lleva a menudo a la burocracia.  Privilegia la distribución antes que la producción y suele llevar a la escasez y al racionamiento.  Privilegia la solidaridad antes que  la competitividad.  Cae a menudo en el autoritarismo del partido o del dictador.

          El socialismo tiene una larga historia que culminó en el marxismo:  Carlos Marx (1818-1883).  Su Manifiesto del Partido Comunista es de 1848.  Su obra definitiva, El Capital, es 1867.

          En los últimos tiempos, ante el colapso del llamado socialismo real, el que se practicaba en los países con gobierno marxista, el socialismo parece desprenderse de la influencia marxista y volver a sus fuentes pre-marxistas.  Se observa también un acercamiento entre liberalismo y socialismo.  Ambos pertenecen a la misma cultura moderna.  Ambos se centran e la producción, distribución y consumo de bienes y servicios.  Ambos tienen una raíz y un estilo materialistas. Pareciera que, con una mejor distribución de los beneficios de la empresa entre accionistas, administradores y trabajadores, podrían llegar a un acuerdo:  esto, al menos, se ha logrado en los países más industrializados y más ricos.  Entre economía social de mercado y socialismo renovado la distancia se acorta día a día.

          Sin embargo, el crecimiento de la población mundial y la aspiración general a mejores niveles de vida y a una mayor igualdad, unidos al previsible agotamiento de las materias primas y de las fuentes de energía y al deterioro del ambiente, pueden, en breve plazo, obligar a los líderes políticos y económicos a reconsiderar una planificación a nivel mundial de la producción , de la distribución y del consumo.  Se hace sentir la presión del mundo de los pobres, cuyos ojos han sido abiertos  por la comunicación al bienestar de que gozan los pueblos y los hombres privilegiados y desean un nivel de vida más cercano al de  ellos.  Una nueva forma de socialismo, más pragmático que ideológico, puede ser una necesaria opción de futuro.  Habrá que conciliarla con la necesidad de preservar la iniciativa y la competitividad que caracterizan al empresario liberal.  En el secular enfrentamiento de las dos grandes ideologías, la última palabra probablemente no ha sido dicha todavía.  No llega aún <el fin fe la historia>

 

¿FIN DE LAS IDEOLOGÍAS?

          El mundo parece haber entrado en un período de pragmatismo.  Se dejan de lado las ideologías, las posiciones intelectuales y teóricas, las palabras y  los discursos.  Se busca soluciones concretas a los problemas, eficiencia y progresos.  La política tiende a volverse más técnica, más  especializada.  La tecnocracia sustituye a las aristocracias  a las plutocracias de ayer y hoy; ella inspiraría y daría eficiencia a la democracia.  Los adversarios teóricos de ayer se unen hoy en concertaciones, buscan acuerdos y prefieren dar un paso juntos en la buen dirección que dos pasos cada uno, en sentido contrario.

          Queda una preocupación y muy grave: los problemas que aborda la política, ¿pueden resolverse con recetas pragmáticas o con fórmulas técnicas solamente? ¿No serán en el fondo problemas humanos, de contenidos por lo tanto espiritual, que ponen en  juego el destino total del hombre?; ¿puede la política desentenderse de la religión, de la filosofía, de la cultura, del arte? ¿Puede sustraerse al debate de ideas?  En cuanto la ideología haya sido una filosofía dogmática y simplista, un recetario o un corta-palos para un pensamiento y una acción disciplinados, podemos tal vez alegraremos de su fin, si es que llega el fin.  Pero la política no puede prescindir de nada de lo que añade al ser humano y a su destino, en toda sus dimensiones y en todas sus direcciones.

  

ESTILO DE VIDA.

 

SALUD.

                    La salud es una de las grandes preocupaciones del hombre de hoy.  Se vive mejor y se vive más tiempo que antes.  La gimnasia, el body-building, el jogging, el deporte, la vida al aire libre, llegan a millones.  Al niño, una vez que ha nacido, se le rodea de mil cuidados, se le educa esmeradamente para que logre una madurez perfecta, física y psíquica.

                    Por otra parte, el alargamiento de la vida unido a la baja de la natalidad, tienden a convertir el mundo en un inmenso hogar de ancianos bien atendidos, pero, a menudo, mortalmente solitarios y aburridos

                    La medicina ha alcanzado un tal alto costo, debido a sus grandes progresos técnicos, que se ha convertido en una carga excesiva para los enfermos y sus familias.  Hay quienes se quejan que s ahorros de toda una vida se consumen en el último mes de esa vida.  Y muy a menudo, al morir enfermo tras una larga  y costosa enfermedad, los parientes se quedan <sin el deudo y con la deuda> (Ver apéndice:  El reencantamiento de la Medicina, al final del volumen.)

 

EDUCACIÓN.

                    Los analfabetos desaparecen.  Todos tienen acceso a la enseñanza, no solamente básica sino media o técnica.  Las universidades se multiplican y el número de profesionales crece en forma acelerada.  La educación altera  renueva la estructura social.  El saber se constituye en riqueza y poder.

                    Se reprocha, sin embargo, a la educación básica y media su carácter superficial, enciclopédico y pragmático.  Los que egresados de la enseñanza básica no sabrían leer ni escribir correctamente.  Los que han terminado la enseñanza media, se dice, han oído hablar de muchas cosas pero no han estudiado nada a fondo.  Muchas aplicaciones y pocos principios.  Se descuidaría los valores morales, y más aún los espirituales, que forman la personalidad.  Y se orientaría a los adolescentes, más que a la vida, a la universidad que, a veces, los rechaza y los hace sentirse fracasados y, otras veces, los acoge, pero no es capaz de asegurarles un futuro.  Son estas crítica que se escuchan con frecuencia.

                    La cultura se desarrolla a la par de la educación.  Los museos norteamericanos están recibiendo 500 millones de visitantes al año.  En 1979, había en USA 20 conjuntos importantes de música de cámara; en 1989 eran 578.  En Japón se han abierto 200 nuevos museos y en Alemania 300.  El Centro Pompidou de París recibe anualmente 8 millones de visitantes.  Y se prevé que, antes de terminar el siglo, las artes, al menos en USA, estarán recibiendo más ayuda de parte de las grandes corporaciones que los deportes.

                    Uno podrá preguntarse si este consumo de arte guarda relación con la calidad y aún con el volumen de la creatividad artística.  Pero no cabe duda que vivimos en un mundo cada vez más culto, más capacitado, mejor educado en todas las ramas del saber humano.

 

ESTILO DE VIDA.

          La cultura moderna presenta paradojalmente dos aspectos contradictorios:  es formal y permisiva.  Pero a su manera.

          El formalismo ha sido estudiado, entre otros, por algunos sociólogos norteamericanos de izquierda.  Corresponde a una sociedad tecnificada que tecnifica también las conductas humanas.  El corte de pelo, la dieta, la vestimenta, el mobiliario de la casa o de la oficina, el auto, las entretenciones, deben corresponder al status de cada cual.  Dentro de cada sector social o de cada ámbito cultural se leen los mismos libros y revistas, se ven los mismos programas de televisión, se va  a los mismos conciertos y a las mismas exposiciones; se veranea en los mismos lugares.  Se habla lo mismo, se dice lo mismo, se piensa lo mismo.  El establishment tiene sus lees no escritas, sus órganos de vigilancia, sus mecanismos de defensa.

          El permisivismo es como un extensión del consumismo.  Se compra el placer, incluido el sexo, como se compran los infinitos gadgets que ofrece el mercado.  Es un permisivismo por abundancia de dinero.  La única regla ética vigente parece ser:  cada cual hace lo que quiere o lo que puede, con tal de respetar el derecho de los demás de hacer también lo que quieren o lo que pueden.  Volveremos sobre este punto más adelante.

 

 

  

2 La actitud religiosa de la cultura moderna

 

ACTITUD HACIA LA RELIGIÓN.

          La nota dominante de la cultura moderna frente  a la religión es tal vez una indiferencia tolerante.  El hombre de la cultura moderna suele ser agnóstico:  aquello de que la religión habla, para él, está fuera del alcance del conocimiento humano; ¿por qué empeñarse en conocer lo inconocible?

          Es frecuente también el eclecticismo: de cualquier religión se toma lo que agrada y se deja lo que no gusta.  Se respeta y se sigue, en parte, a Cristo; pero se cree, por ejemplo, en la reencarnación, lo que no tiene ninguna base en la Biblia; o se acepta una especie de vago panteísmo, ajeno a la fe cristiana en un Dios personal, diferente del mundo del hombre.  A menudo se llega a posiciones incoherentes, contradictorias las unas con las otras.

          Se acepta el pluralismo religioso, no tanto como un hecho, alejado del ideal y que se espera provisorio, sino como un ideal:  viene a confirmar el agnosticismo, el eclecticismo y el sincretismo ya señalados.

          La actitud ante la religión  ate el hombre religioso es tolerante y aún respetuosa.  Siempre que el creyente no pretenda tener la verdad absoluta, que valdría para todos los hombres; y que no trate de imponerla al mundo entero.  Se acepta la religión como un valor relativo, discutible, un opinión personal o grupal y siempre  que no interfiera con el libre parecer y actuar de los demás. 

          En un país de raíz cristiana como el nuestro, muchos se refieren a un humanismo cristiano, a una inspiración cristiana que no implica necesariamente la fe cristiana, aunque derive de ella.  A veces es tan sólo <el perfume del frasco vacío> de que hablaba Renán.

          Esta actitud suele designarse como secularismo.  La palabra puede tener un sentido positivo:  una legítima separación entre las cosas de Dios y las cosas del mundo, entre lo sagrado y lo profano.  Mas a menudo implica una desvalorización de lo sagrado, de lo que a Dios se refiere.  Para el secularismo, la sociedad humana es esencialmente secular, profana y el fenómeno religioso ocupa dentro de ella tan sólo el lugar, por lo general exiguo, que las autoridades seculares le asignan.

          Nos hemos referido ya al permisivismo moral que acompaña la llamada sociedad afluente y consumista.  El acento se pone en la libertad:  cada cual es libre de pensar y de hacer lo que quiere, ya lo dijimos, con tal de que no impida a los demás pensar y hacer también lo que ellos quieren.  Y la ética pasa a ser una opinión personal o grupal, independiente de toda referencia divina;  muchas veces un parecer mayoritario que se establece mediante encuestas o votaciones y esencialmente cambiante.

 

ACTITUD DEL CREYENTE.

          El creyente que vive en esta sociedad agnóstica y pluralista y que quiere permanecer fiel a su religión se siente amenazado.  Sin el apoyo de un ambiente religioso, sin una legislación en consonancia con sus principios, se siente desorientado y debilitado.  A Dios queremos en nuestra leyes, en las escuelas y en el hogar, cantaban nuestros padres ante la amenaza de las leyes laicas.  Y, en 1965, el Cardenal Danielou intitulaba uno de sus libros:  La oración, problema político Un título paradojal pero realista:  la política puede, indirectamente, favorecer o dificultar la oración.

          Amenazados por un ambiente que tiende a asfixiar su vivencia religiosa, los creyentes tienden a formar comunidades pequeñas, pero fuertemente estructuradas y disciplinadas, como una doctrina clara e indiscutida, un culto bien regulado y una ética exigente.  Esto se vio en los países cristianos de Europa Oriental durante los años que estuvieron sometidos a regímenes políticos persecutorios; temieron abrirse a los cambios propuestos por el Concilio Vaticano II.  No eran tiempos para introducir novedades, sino para ser fieles a las tradiciones seculares.  Ellos sentían que la fuerza, el prestigio de su Iglesia ante su pueblo y ante las autoridades residía en gran parte en su continuidad, en su fidelidad.  Algo parecido ocurre en el mundo moderno secularizado, que no encarcela la creyente pero  le quita el oxígeno que necesita para vivir su fe.

          Por eso se desarrollan tanto las sectas, especialmente las más fundamentalistas y los movimientos, especialmente lo más integristas.  Ocurre entre los católicos, como entre los protestantes, los ortodoxos, los judíos o los musulmanes: mecanismo de defensa, condición de supervivencia, apoyo de la fidelidad.

         En el aspecto doctrinario se insiste en la ortodoxia.  Se busca la estabilidad.  Se recela de las novedades teológicas, sin base clara en la tradición.  Se recurre a la autoridad en materias de fe; el contenido de la fe, que es algo objetivo, importa aún más que la intensidad del acto de fe, que es un valor subjetivo.  Incluso hay en algunos un rechazo porfiado de los desarrollos de la ciencia bíblica, aun de los basados en trabajos serios, aprobados y aceptados por las autoridades de las iglesias.  Es el fundamentalismo, que rechaza toda crítica bíblica.  Es el integrismo que desconfía de toda evolución teológica.

         En el aspecto cultural o litúrgico se observa algo parecido:  el ritualismo.  Se dice que el cristianismo perseguido en Alemania Oriental pudo sobrevivir por la belleza tradicional de su liturgia, única manifestación pública de la fe que se permitía.  En la Unión Soviética, la Iglesia ortodoxa, también acorralada, se mantuvo fiel a sus largas celebraciones llenas de belleza, de esplendor y de misterio.  El pueblo sentía que mientras hubiera iglesias en que se veneraran los íconos, se quemara incienso y se cantaran los hermosos y profundos himnos tradicionales, la fe seguiría viviendo, Dios seguiría presente en medio de una sociedad oficialmente atea.

         Lo mismo ocurre con la mora.  Para defenderse del permisivismo excesivo, se tiende a un cierto rigorismo.  Se quiere preceptos claros, indiscutidos, exigentes.  Hay poca compresión y tolerancia para quienes no los cumplen. Por lo general se insiste en la moral familiar, en la conducta sexual, más fáciles de regular que las conductas sociales, económicas y políticas, más complejas y dependientes de circunstancias muy variables.  Se insiste también en los cumplimientos:  la Misa Dominical, la recepción de los sacramentos, el pago de los diezmos.

         Estas actitudes, ya lo hemos dicho, suelen ser necesarias.  Movimientos y sectas, incluso los más fundamentalistas e integristas, son sin duda los sectores de más vitalidad en el mundo religioso de hoy, mientras decaen las corrientes liberales dentro del protestantismo o del judaísmo, del catolicismo o del Islam.  Pero tienen sus peligros.  Señalemos dos:  el formalismo  farisaísmo lo llama el Evangelio y el fanatismo recordemos el Ayatollah en Irán o a ciertas sectas que han terminado en suicidios colectivos.  Pero ¿qué moneda, por valiosa que sea, no tiene su reverso?

Hosted by www.Geocities.ws

1