Vamos
a esbozar ahora un cuadro esquemático de la cultura moderna. Expondremos
después los rasgos principales de la contra-cultura, siguiendo el mismo
esquema.
En un capítulo
posterior procuraremos discernir los rasgos positivos y los rasgos
negativos de ambas culturas. Por ahora trataremos de hacer una exposición
objetiva, anticipando sin embargo desde ya algunas de las críticas que
desarrollaremos después, confrontándolas con las que hagamos también a la
contra-cultura.
FILOSOFÍA.
En los
primeros años del siglo XVII aparecen dos obras filosóficas destinadas a
tener larga repercusión: el Novum Organum de Fracis Bacon en 1620 y el
Discors de la Méthode de René Descartes en 1637. Bacon (1561-1626) es el
iniciador de la corriente racionalista, características, desde entonces,
de la filosofía europea continental.
Por cierto que
la filosofía ha evolucionado a lo largo de estos cuatro últimos siglos y
son muchas las corrientes que se pueden describir en ella. Pero la
filosofía actual se mantiene en la línea inicial, o la acentúa. Hay, por
lo general, poco interés por la metafísica y por todo lo que parece
trascender al hombre. Los filósofos estudian más bien problemas de lógica
o de ética. Estudian lo referente al conocimiento y a la ciencia: y la
epistemología; o al lenguaje: la lingüística; o al comportamiento humano:
la ética.
Para el
racionalista, la verdad se reduce a lo que de ella se puede expresar
“ideas claras y distintas”. Para el empiricista, la realidad se limita a
lo que se puede percibir a través de los sentidos, en la observación y en
el experimento. En el primer caso se privilegia la inteligencia; en el
segundo, la experiencia sensorial, mediada en muchos casos por
instrumentos y técnicas complejas.
CIENCIA.
Esta
revolución filosófica hizo posible la revolución científica. Esta se
encarna, a comienzos del siglo XVII, en Galileo (1564-1642) y, a fines de
siglo, en newton (1642-1727). El estudio de Galileo sobre “la ley de la
caída de los cuerpos” es de 1602. El de Newton sobre “la ley de la
gravitación universal” es de 1687. Entre ellos, o en torno a ellos, se
ubica la labor matemática y física de Descartes, de Pascal, de Fermat, de
Leibniz.
La ciencia toma
entonces un carácter analítico. Hay que descomponer e todo en sus partes
para estudiarlo.
Y un carácter
cuantitativo: todo debe ser pesado y medido; todo dato científico, toda
ley científica, debe poder expresarse en un lenguaje cercano al de la
matemática, la expresión perfecta de las ideas claras y distintas.
El científico
pretende la objetividad. El “aquí dentro” del científico no interfiere,
según él, con el “allá afuera” del objetivo estudiando. El científico es
un ser abstracto, un sujeto neutro, que observa y raciocina, sin
involucrarse en el proceso que estudia.
El sabio, hasta
entonces un aficionado, para a ser un especialista, un profesional de la
ciencia. Se crea un mundo científico, que ocupa cátedras, trabaja en
laboratorios, se reúne en academias, elabora un lenguaje que, poco a poco,
se hace incomprensible al común de la gente, aun culta.
El desarrollo
de las ciencias de la naturaleza se repite en las ciencias del hombre.
Antropólogos, sicólogos, sociólogos, educadores, comunicadores hablan un
lenguaje cada vez más especializado que el común de la gente aprende a
balbucear, en parte por moda, como lo hace con el lenguaje de las ciencias
físicas. Pero la ciencia misma se hace cada vez más inaccesible al hombre
común y aun al científico fuera de su especialidad.
TECNOLOGÍA.
La revolución
científica, a su vez, hizo posible la revolución tecnológica. Y ambas se
potencian mutuamente. La tecnología brota de la ciencia, pero, a su vez,
la provee de los instrumentos que le permiten seguir desarrollándose.
La ciencia es
del orden del saber. La técnica \es del orden del poder. Va poco a poco
transformando las condiciones de vida de los hombres. Se puede decir que
es a trabes de la técnica como la mayoría de los hombres llegan a
interesarse por la ciencia. La tecnología, como la ciencia, es de difícil
y delicado manejo. Solo los ingenieros y los técnicos saben utilizar los
nuevos instrumentos. Entre ellos y el común de la gente se crea una
distancia creciente. Como en el caso de la ciencia, esto vale tanto para
las técnicas de orden físico, químico y biológico como para las que
derivan de las ciencias humanas. El sicólogo, el sociólogo o el educador
saben y pueden más que el hombre común, quien para a depender de ellos,
aun en aquellos que antes resolvía con su criterio y experiencia. La
tecnología cambia el estilo de vida, crea una dependencia del que no sabe
ante el que sabe, el experto.
Hasta hace poco,
por ejemplo, los padres educaban a sus hijos, basados en el sentido común,
la tradición familiar y su propia experiencia. Hoy día, cada vez más,
recurren al orientador, al sicólogo a los libros. Se gana en ilustración
lo que se pierde en instinto.
Se sabe el
desconcierto que produjo en innumerables padres que se habían inspirado
para la educación de sus hijos en los libros del doctor Spock, su ultima
obra en que se declaraba arrepentido de lo escrito en sus libros
anteriores, considerados ahora por él demasiado permisivos. Pero The
common sense book of baby and child care, su obra principal, llevaba ya
28.000.000 de ejemplares vendidos. En cambio, cuentan los biógrafos de
Freud que su esposa, al casarse, le pidió que la dejara a ella educar a
sus niños: nadie al parecer se arrepintió de esta decisión.
ECONOMÍA.
EMPRESA.
La revolución tecnológica ha hecho posible, y
ha vuelto necesario, el desarrollo de la empresa y ha creado un nuevo tipo
de hombre: después del científico, del ingeniero, del técnico, aparece el
empresario.
El empresario es un hombre de iniciativa. Es
capaz de coordinar ideas, hombres y recursos; sabe ofrecer bienes y
servicios apetecibles; está dispuesto a competir, a sumir riesgos,
animado por el deseo de la ganancia y la ambición de crecer. Crecimiento,
desarrollo, maximización y optimización son parte de su vocabulario.
La empresa, porque maneja hombres e ideas,
bienes y servicios, suele alcanzar un gran poder, no sólo sobre quienes
dependen directamente de ella, sino también ante el poder político y ante
las mismas instancias culturales. A menudo la democracia el poder del
pueblo ha debido enfrentarse con la plutocracia el poder del dinero y con
la tecnocracia el poder de la técnica. A veces, se ha dejado dominar por
ellas; otras veces las ha aplastado; en otros casos, se ha logrado una
colaboración provechosa para todos.
Al empresario, sigue en importancia el
ejecutivo. El ejecutivo es el hombre informado, el que tiene los
contactos, el hombre del Know how (saber hacer). Es un funcionario, el de
más alto nivel, el que ejecuta las intuiciones creativas del empresario.
La aplicación
de los adelantos científicos y tecnológicos a la agricultura y a la
ganadería, ha traído consigo cambios revolucionarios: un gran aumento de
la producción mundial de alimentos y una notable disminución del numero de
trabajadores agrícolas.
Se dan grandes
desigualdades en la distribución de los alimentos producidos: escasez y
despilfarro coinciden.
Hay quienes
ven con temor las manipulaciones genéticas de animales y plantas, las
condiciones artificiales de crianza de ciertos animales gallineros
industrializados, por ejemplo como atentados contra la ecología e incluso
contra la ley de Dios. Se suele denunciar el uso abusivo de los
fertilizantes sintéticos y de los pesticidas.
El crecimiento
de la población mundial, por otra parte, exige un aumento continuo de la
producción de alimentos en circunstancias cada vez más difíciles. Algo
parecido ocurre con la pesca y la explotación de los productos del mar.
Hay quienes temen un pronto agotamiento y la desaparición definitiva de
numerosas especies animales y vegetales.
Por otra
parte, la reducción del numero de trabajadores agrícolas, debido a los
adelantos técnicos, produce un éxodo incontenible del campo a la ciudad.
Hay que acomodar en las poblaciones periféricas estos millones de familias
que difícilmente encuentran vivienda, servicios públicos y trabajos
adecuados.
Muchos autores
han señalado que el hambre del Tercer Mundo se debería en gran parte, al
food business a escala mundial que transforma la materia prima agrícola
barata, alimento de los pobres, en productos sofisticados de alto precio
que sólo pueden adquirir los ricos.
COMERCIO.
Los productos
de la industria y de la agricultura deben ser distribuidos. En la mayor
parte del mundo se logra esto mediante el comercio. Y el comercio se
centra en el mercado. El mercado se ha vuelto mundial. Por el mercado,
el comerciante pone los bienes y servicios al alcance de quienes los
necesitan o los desean.
El mercado
goza hoy día de gran prestigio, debido, en parte, al fracaso del
socialismo, al menos en la forma que lo han practicado los países
comunistas. Algunos señalan que el mercado puede, en la practica, ser
distorsionado, manipulado por los productores y los comerciantes, en
perjuicio de los consumidores, que son lo más y suelen ser los más
desprotegidos.
PUBLICIDAD.
El comercio
hace necesaria la publicidad: hay que dar a conocer al eventual conocer el
bien o servicio que se le ofrece. Hay que competir con quien ofrece
bienes o servicios parecidos. Hay que persuadir al comprador para que
adquiera lo que tal vez no le sea necesario o supere sus posibilidades
financieras. El ofrecimiento de crédito se une a la publicidad para
presionar al consumidor potencial.
CONSUMISMO.
Se ha llegado
así, poco a poco, a la sociedad consumista. El supermercado, la agencia
de viajes, la venta por catalogo, son como símbolos de la sociedad de la
sociedad consumista. Aun los que carecen de recursos para comprar sienten
un placer al ver la abundancia, la variedad y la calidad de lo que se les
ofrece. Piensan que lo que no pueden adquirir hoy, podrán tal vez tenerlo
mañana. Otros, en cambio, se amargan o se rebelan.
El consumismo
es criticado en cuanto atendería menos las necesidades reales del
consumidor que a los intereses económicos del productor y del
comerciante. Privilegiaría el embeleco, lo que se compra sin verdadera
necesidad
COMUNICACIÓN.
Ferrocarriles,
barcos, automóviles, aviones, han hecho posible el comercio a escala
mundial. Permiten el transporte de las mercaderías y el desplazamiento y
el intercambio entre los hombres. Un europeo del siglo XIX, salvo
contadas excepciones, moría sin haber salido nunca de su país de
nacimiento; hoy es raro el que no haya estado, una o muchas veces, en el
extranjero. Reuniones y congresos se multiplican a escala nacional y
mundial. Las becas de estudio, los intercambios universitarios, tienden a
nivelar el desarrollo científico y técnico. Las grades corrientes
migratorias producen un nuevo reparto de la población mundial y barajan
razas y pueblos. Después de la Segunda Guerra Mundial, los habitantes
delas colonias negros, hindúes, árabes invadieron el territorio de sus
exmetrópolis, quienes habían invadido en siglos pasados sus propios
países. Centenares de miles de trabajadores portugueses, españoles,
italianos, yugoslavos, griegos o turcos, fueron a trabajar a Alemania o a
Canadá; millones y sudamericanos han emigrado a los Estados Unidos, donde
la población hispana alcanza a 30 o 40 millones, haciendo de los Estados
Unidos uno de los países del mundo más poblado de hispano parlantes.
Hoy se empieza
a percibir un creciente rechazo a los inmigrantes. La gente quiere vivir
en medio de gente como ella. No es necesariamente racismo; es más bien
una incapacidad de adaptarse a quienes son demasiado diferentes, cuando
éstos son demasiado numerosos.
El telégrafo,
el teléfono, el télex, el fax, el computador, hacen posible el intercambio
a distancia entre las personas. El equipo de sonido, la televisión
grupal. Finalmente, la prensa, la radio, el cine y sobre todo la
televisión, crean redes de comunicación social que llegan prácticamente a
todos los hogares y a todas las personas.
Este desarrollo
de las comunicaciones da a quienes las controlan un poder inmenso sobre la
cultura, la mentalidad, el estilo de pensar, de sentir, de vivir y de
actuar de la gente. Y ese poder es habitualmente colectivo, anónimo. Los
que lo controlan eluden fácilmente una responsabilidad personal. Las
motivaciones económicas, ideologías dominantes, la moda del momento
ejercen una influencia decisiva, muy superior quizás a la de la escuela,
de la universidad, incluso de la iglesias.
DINERO.
El denominador
común del mundo de la empresa, del comercio, de la comunicación, de la
ciencia y de la técnica y, en gran parte, de la o política, es el dinero.
Los bancos, las bolsas de comercio, las torres y rascacielos de IBM o de EXXON son los templos del mundo moderno. El dinero es el ídolo que en
ellos se venera. Es el principio dinámico que sustenta toda la actividad
del planeta.
El dinero es el
que da a la vida y a la cultura moderna su carácter materialista. Todo es
bueno si sirve para ganar dinero: el alcohol, la droga, el juego, el
erotismo, el tráfico de armas, la delincuencia, el terrorismo, el
secuestro, el desprecio de la dignidad de la mujer o de la inocencia de
los niños, la pauperización de las muchedumbre humanas. Y el dinero es
todopoderoso, abre todas las puertas, incluso muchas veces las de la
conciencia. La corrupción por el dinero es uno de los grandes problemas
del mundo de hoy.
IDEOLOGÍA.
LIBERALISMO.
Esta
sociedad moderna encontró su ideología, a fines del siglo XVIII, en el
liberalismo, Se la dio Adam Smith (1723-1790). Su libro célebre sobre la
riqueza de las naciones es de 1776.
El
liberalismo privilegia la libertad de las personas en el campo cultural,
en el campo económico y en el campo político.
Privilegia el libre examen, el libre pensamiento, la libertad de expresión
y la libertad de cultos.
Privilegia al iniciativa, al creatividad, el crecimiento, el desarrollo de
la producción y del consumo. Privilegia la competitividad.
Privilegia también la democracia, con tendencias a veces al elitismo y a
la manipulación de los ciudadanos no politizados.
SOCIALISMO.
El liberalismo
suscitó su antídoto: el socialismo. Este privilegia la igualdad sobre la
libertad, privilegia la centralización, la planificación, la uniformidad.
Lleva a menudo a la burocracia. Privilegia la distribución antes que la
producción y suele llevar a la escasez y al racionamiento. Privilegia la
solidaridad antes que la competitividad. Cae a menudo en el
autoritarismo del partido o del dictador.
El socialismo
tiene una larga historia que culminó en el marxismo: Carlos Marx
(1818-1883). Su Manifiesto del Partido Comunista es de 1848. Su obra
definitiva, El Capital, es 1867.
En los últimos
tiempos, ante el colapso del llamado socialismo real, el que se practicaba
en los países con gobierno marxista, el socialismo parece desprenderse de
la influencia marxista y volver a sus fuentes pre-marxistas. Se observa
también un acercamiento entre liberalismo y socialismo. Ambos pertenecen
a la misma cultura moderna. Ambos se centran e la producción,
distribución y consumo de bienes y servicios. Ambos tienen una raíz y un
estilo materialistas. Pareciera que, con una mejor distribución de los
beneficios de la empresa entre accionistas, administradores y
trabajadores, podrían llegar a un acuerdo: esto, al menos, se ha logrado
en los países más industrializados y más ricos. Entre economía social de
mercado y socialismo renovado la distancia se acorta día a día.
Sin embargo,
el crecimiento de la población mundial y la aspiración general a mejores
niveles de vida y a una mayor igualdad, unidos al previsible agotamiento
de las materias primas y de las fuentes de energía y al deterioro del
ambiente, pueden, en breve plazo, obligar a los líderes políticos y
económicos a reconsiderar una planificación a nivel mundial de la
producción , de la distribución y del consumo. Se hace sentir la presión
del mundo de los pobres, cuyos ojos han sido abiertos por la comunicación
al bienestar de que gozan los pueblos y los hombres privilegiados y desean
un nivel de vida más cercano al de ellos. Una nueva forma de socialismo,
más pragmático que ideológico, puede ser una necesaria opción de futuro.
Habrá que conciliarla con la necesidad de preservar la iniciativa y la
competitividad que caracterizan al empresario liberal. En el secular
enfrentamiento de las dos grandes ideologías, la última palabra
probablemente no ha sido dicha todavía. No llega aún <el fin fe la
historia>
¿FIN DE LAS
IDEOLOGÍAS?
El mundo
parece haber entrado en un período de pragmatismo. Se dejan de lado las
ideologías, las posiciones intelectuales y teóricas, las palabras y los
discursos. Se busca soluciones concretas a los problemas, eficiencia y
progresos. La política tiende a volverse más técnica, más
especializada. La tecnocracia sustituye a las aristocracias a las
plutocracias de ayer y hoy; ella inspiraría y daría eficiencia a la
democracia. Los adversarios teóricos de ayer se unen hoy en
concertaciones, buscan acuerdos y prefieren dar un paso juntos en la buen
dirección que dos pasos cada uno, en sentido contrario.
Queda una
preocupación y muy grave: los problemas que aborda la política, ¿pueden
resolverse con recetas pragmáticas o con fórmulas técnicas solamente? ¿No
serán en el fondo problemas humanos, de contenidos por lo tanto
espiritual, que ponen en juego el destino total del hombre?; ¿puede la
política desentenderse de la religión, de la filosofía, de la cultura, del
arte? ¿Puede sustraerse al debate de ideas? En cuanto la ideología haya
sido una filosofía dogmática y simplista, un recetario o un corta-palos
para un pensamiento y una acción disciplinados, podemos tal vez
alegraremos de su fin, si es que llega el fin. Pero la política no puede
prescindir de nada de lo que añade al ser humano y a su destino, en toda
sus dimensiones y en todas sus direcciones.
ESTILO DE VIDA.
SALUD.
La
salud es una de las grandes preocupaciones del hombre de hoy. Se vive
mejor y se vive más tiempo que antes. La gimnasia, el body-building, el
jogging, el deporte, la vida al aire libre, llegan a millones. Al niño,
una vez que ha nacido, se le rodea de mil cuidados, se le educa
esmeradamente para que logre una madurez perfecta, física y psíquica.
Por
otra parte, el alargamiento de la vida unido a la baja de la natalidad,
tienden a convertir el mundo en un inmenso hogar de ancianos bien
atendidos, pero, a menudo, mortalmente solitarios y aburridos
La
medicina ha alcanzado un tal alto costo, debido a sus grandes progresos
técnicos, que se ha convertido en una carga excesiva para los enfermos y
sus familias. Hay quienes se quejan que s ahorros de toda una vida se
consumen en el último mes de esa vida. Y muy a menudo, al morir enfermo
tras una larga y costosa enfermedad, los parientes se quedan <sin el
deudo y con la deuda> (Ver apéndice: El reencantamiento de la Medicina,
al final del volumen.)
EDUCACIÓN.
Los
analfabetos desaparecen. Todos tienen acceso a la enseñanza, no solamente
básica sino media o técnica. Las universidades se multiplican y el número
de profesionales crece en forma acelerada. La educación altera renueva
la estructura social. El saber se constituye en riqueza y poder.
Se
reprocha, sin embargo, a la educación básica y media su carácter
superficial, enciclopédico y pragmático. Los que egresados de la
enseñanza básica no sabrían leer ni escribir correctamente. Los que han
terminado la enseñanza media, se dice, han oído hablar de muchas cosas
pero no han estudiado nada a fondo. Muchas aplicaciones y pocos
principios. Se descuidaría los valores morales, y más aún los
espirituales, que forman la personalidad. Y se orientaría a los
adolescentes, más que a la vida, a la universidad que, a veces, los
rechaza y los hace sentirse fracasados y, otras veces, los acoge, pero no
es capaz de asegurarles un futuro. Son estas crítica que se escuchan con
frecuencia.
La
cultura se desarrolla a la par de la educación. Los museos
norteamericanos están recibiendo 500 millones de visitantes al año. En
1979, había en USA 20 conjuntos importantes de música de cámara; en 1989
eran 578. En Japón se han abierto 200 nuevos museos y en Alemania 300.
El Centro Pompidou de París recibe anualmente 8 millones de visitantes. Y
se prevé que, antes de terminar el siglo, las artes, al menos en USA,
estarán recibiendo más ayuda de parte de las grandes corporaciones que los
deportes.
Uno
podrá preguntarse si este consumo de arte guarda relación con la calidad y
aún con el volumen de la creatividad artística. Pero no cabe duda que
vivimos en un mundo cada vez más culto, más capacitado, mejor educado en
todas las ramas del saber humano.
ESTILO DE VIDA.
La cultura
moderna presenta paradojalmente dos aspectos contradictorios: es formal y
permisiva. Pero a su manera.
El formalismo
ha sido estudiado, entre otros, por algunos sociólogos norteamericanos de
izquierda. Corresponde a una sociedad tecnificada que tecnifica también
las conductas humanas. El corte de pelo, la dieta, la vestimenta, el
mobiliario de la casa o de la oficina, el auto, las entretenciones, deben
corresponder al status de cada cual. Dentro de cada sector social o de
cada ámbito cultural se leen los mismos libros y revistas, se ven los
mismos programas de televisión, se va a los mismos conciertos y a las
mismas exposiciones; se veranea en los mismos lugares. Se habla lo mismo,
se dice lo mismo, se piensa lo mismo. El establishment tiene sus lees no
escritas, sus órganos de vigilancia, sus mecanismos de defensa.
El
permisivismo es como un extensión del consumismo. Se compra el placer,
incluido el sexo, como se compran los infinitos gadgets que ofrece el
mercado. Es un permisivismo por abundancia de dinero. La única regla
ética vigente parece ser: cada cual hace lo que quiere o lo que puede,
con tal de respetar el derecho de los demás de hacer también lo que
quieren o lo que pueden. Volveremos sobre este punto más adelante.
2 La actitud religiosa de la cultura moderna
ACTITUD HACIA LA RELIGIÓN.
La nota
dominante de la cultura moderna frente a la religión es tal vez una
indiferencia tolerante. El hombre de la cultura moderna suele ser
agnóstico: aquello de que la religión habla, para él, está fuera del
alcance del conocimiento humano; ¿por qué empeñarse en conocer lo
inconocible?
Es frecuente
también el eclecticismo: de cualquier religión se toma lo que agrada y se
deja lo que no gusta. Se respeta y se sigue, en parte, a Cristo; pero se
cree, por ejemplo, en la reencarnación, lo que no tiene ninguna base en la
Biblia; o se acepta una especie de vago panteísmo, ajeno a la fe cristiana
en un Dios personal, diferente del mundo del hombre. A menudo se llega a
posiciones incoherentes, contradictorias las unas con las otras.
Se acepta el
pluralismo religioso, no tanto como un hecho, alejado del ideal y que se
espera provisorio, sino como un ideal: viene a confirmar el agnosticismo,
el eclecticismo y el sincretismo ya señalados.
La actitud
ante la religión ate el hombre religioso es tolerante y aún respetuosa.
Siempre que el creyente no pretenda tener la verdad absoluta, que valdría
para todos los hombres; y que no trate de imponerla al mundo entero. Se
acepta la religión como un valor relativo, discutible, un opinión personal
o grupal y siempre que no interfiera con el libre parecer y actuar de los
demás.
En un país de
raíz cristiana como el nuestro, muchos se refieren a un humanismo
cristiano, a una inspiración cristiana que no implica necesariamente la fe
cristiana, aunque derive de ella. A veces es tan sólo <el perfume del
frasco vacío> de que hablaba Renán.
Esta actitud
suele designarse como secularismo. La palabra puede tener un sentido
positivo: una legítima separación entre las cosas de Dios y las cosas del
mundo, entre lo sagrado y lo profano. Mas a menudo implica una
desvalorización de lo sagrado, de lo que a Dios se refiere. Para el
secularismo, la sociedad humana es esencialmente secular, profana y el
fenómeno religioso ocupa dentro de ella tan sólo el lugar, por lo general
exiguo, que las autoridades seculares le asignan.
Nos hemos
referido ya al permisivismo moral que acompaña la llamada sociedad
afluente y consumista. El acento se pone en la libertad: cada cual es
libre de pensar y de hacer lo que quiere, ya lo dijimos, con tal de que no
impida a los demás pensar y hacer también lo que ellos quieren. Y la
ética pasa a ser una opinión personal o grupal, independiente de toda
referencia divina; muchas veces un parecer mayoritario que se establece
mediante encuestas o votaciones y esencialmente cambiante.
ACTITUD DEL CREYENTE.
El creyente
que vive en esta sociedad agnóstica y pluralista y que quiere permanecer
fiel a su religión se siente amenazado. Sin el apoyo de un ambiente
religioso, sin una legislación en consonancia con sus principios, se
siente desorientado y debilitado. A Dios queremos en nuestra leyes, en
las escuelas y en el hogar, cantaban nuestros padres ante la amenaza de
las leyes laicas. Y, en 1965, el Cardenal Danielou intitulaba uno de sus
libros: La oración, problema político Un título paradojal pero realista:
la política puede, indirectamente, favorecer o dificultar la oración.
Amenazados por
un ambiente que tiende a asfixiar su vivencia religiosa, los creyentes
tienden a formar comunidades pequeñas, pero fuertemente estructuradas y
disciplinadas, como una doctrina clara e indiscutida, un culto bien
regulado y una ética exigente. Esto se vio en los países cristianos de
Europa Oriental durante los años que estuvieron sometidos a regímenes
políticos persecutorios; temieron abrirse a los cambios propuestos por el
Concilio Vaticano II. No eran tiempos para introducir novedades, sino
para ser fieles a las tradiciones seculares. Ellos sentían que la fuerza,
el prestigio de su Iglesia ante su pueblo y ante las autoridades residía
en gran parte en su continuidad, en su fidelidad. Algo parecido ocurre en
el mundo moderno secularizado, que no encarcela la creyente pero le quita
el oxígeno que necesita para vivir su fe.
Por eso se
desarrollan tanto las sectas, especialmente las más fundamentalistas y los
movimientos, especialmente lo más integristas. Ocurre entre los
católicos, como entre los protestantes, los ortodoxos, los judíos o los
musulmanes: mecanismo de defensa, condición de supervivencia, apoyo de la
fidelidad.
En el aspecto
doctrinario se insiste en la ortodoxia. Se busca la estabilidad. Se
recela de las novedades teológicas, sin base clara en la tradición. Se
recurre a la autoridad en materias de fe; el contenido de la fe, que es
algo objetivo, importa aún más que la intensidad del acto de fe, que es un
valor subjetivo. Incluso hay en algunos un rechazo porfiado de los
desarrollos de la ciencia bíblica, aun de los basados en trabajos serios,
aprobados y aceptados por las autoridades de las iglesias. Es el
fundamentalismo, que rechaza toda crítica bíblica. Es el integrismo que
desconfía de toda evolución teológica.
En el aspecto
cultural o litúrgico se observa algo parecido: el ritualismo. Se dice
que el cristianismo perseguido en Alemania Oriental pudo sobrevivir por la
belleza tradicional de su liturgia, única manifestación pública de la fe
que se permitía. En la Unión Soviética, la Iglesia ortodoxa, también
acorralada, se mantuvo fiel a sus largas celebraciones llenas de belleza,
de esplendor y de misterio. El pueblo sentía que mientras hubiera
iglesias en que se veneraran los íconos, se quemara incienso y se cantaran
los hermosos y profundos himnos tradicionales, la fe seguiría viviendo,
Dios seguiría presente en medio de una sociedad oficialmente atea.
Lo mismo ocurre
con la mora. Para defenderse del permisivismo excesivo, se tiende a un
cierto rigorismo. Se quiere preceptos claros, indiscutidos, exigentes.
Hay poca compresión y tolerancia para quienes no los cumplen. Por lo
general se insiste en la moral familiar, en la conducta sexual, más
fáciles de regular que las conductas sociales, económicas y políticas, más
complejas y dependientes de circunstancias muy variables. Se insiste
también en los cumplimientos: la Misa Dominical, la recepción de los
sacramentos, el pago de los diezmos.
Estas
actitudes, ya lo hemos dicho, suelen ser necesarias. Movimientos y
sectas, incluso los más fundamentalistas e integristas, son sin duda los
sectores de más vitalidad en el mundo religioso de hoy, mientras decaen
las corrientes liberales dentro del protestantismo o del judaísmo, del
catolicismo o del Islam. Pero tienen sus peligros. Señalemos dos: el
formalismo farisaísmo lo llama el Evangelio y el fanatismo recordemos el
Ayatollah en Irán o a ciertas sectas que han terminado en suicidios
colectivos. Pero ¿qué moneda, por valiosa que sea, no tiene su reverso?