Apuntes Filosofía Moderna y Contemporánea

Gestación de la racionalidad moderna.

Mi intención es convencer a todos los que encuentran de algún valor ocuparse en el estudio de la metafísica, de que es absolutamente necesario, antes de emprender su trabajo, que consideren como no sucedido todo lo que ha pasado hasta aquí, y, ante todo, se formulen esta pregunta: ¿es posible algo semejante a la metafísica?[1]

 

La modernidad se encontró con un escenario cultural donde nuevas necesidades y aspiraciones se van concretando en acontecimientos históricos sin precedentes. El siglo XVI vive una verdadera revolución científica que será decisiva en la formación de la imagen moderna de ciencia. Esta revolución se hace patente primero a nivel astronómico en los trabajos de Kepler y Copérnico, aunque su figura central es Galileo. Por lo mismo surge la necesidad cultural de nuevos enfoques en el conocimiento, lo cual se va a notar fuertemente en autores como Descartes y Hume, quienes pretenden refundar el conocimiento. Asistimos a una serie de nacimientos, la modernidad, la ciencia, el sujeto, el antropocentrismo, el humanismo, entre otros, nos  van a mostrar los nuevos valores que fundan una época distinta y una nueva modalidad del pensamiento. Graficaré estos gestos especialmente a partir de Kant.

 

 

Descartes: El nacimiento de la subjetividad.

La fascinación que ejerce la eficacia de las matemáticas es fácilmente apreciable en Descartes. El intento fundamental de este filósofo francés será trasladar el tipo de certeza que las matemáticas ofrecen al estudio de la naturaleza hasta el ámbito del pensamiento filosófico. Es decir, la fundación de una “mathesis universal”, una forma de conocimiento que consiga el mismo tipo de certezas que la matemática consigue. De modo que, se pueda aplicar un ejercicio crítico sobre los conocimientos que hemos considerado verdaderos y eliminar la proliferación de opiniones inciertas y erróneas o las discusiones tan inútiles, como interminables, que atentan contra un conocimiento seguro y cierto de las cosas. Así lo atestiguan sus palabras al iniciar el libro Meditaciones Metafísicas.

He advertido hace ya algún tiempo que, desde mi más temprana edad, había admitido como verdaderas muchas opiniones falsas, y que lo edificado después sobre cimientos tan poco  sólidos tenía que ser por fuerza muy dudoso e incierto; de suerte que me era preciso emprender seriamente, una vez en la vida, la tarea de deshacerme de todas las opiniones a las que hasta entonces había dado crédito, y empezar todo de nuevo desde los fundamentos, si quería establecer algo firme y constante en las ciencias.[2]

La pretensión cartesiana esta impregnada de totalidad, le interesa empezar todo desde los fundamentos. Pretende someter a crítica los supuestos básicos desde donde provienen nuestros conocimientos para establecer algo firme y constante en las ciencias. Por tal razón acomete su examen en torno a los sentidos pues siguiendo su propio testimonio, ellos son la base de nuestros conocimientos. Cito nuevamente la primera meditación

Todo lo que he admitido hasta el presente como más seguro y verdadero, lo he aprendido de los sentidos o por los sentidos; ahora bien, he experimentado a veces que tales sentidos me engañaban, y es prudente no fiarse nunca por entero de quienes nos han engañado una vez[3]

A pesar que Descartes reconoce que los sentidos constituyen la base de nuestros conocimientos; sin embargo, se trata de un fundamento que no entrega confiabilidad, pues los sentidos nos han engañado en múltiples ocasiones. Los ejemplos son múltiples desde algo tan extremo como la locura, o tan cotidiano como los sueños. En todo caso, los sentidos nos entregan datos equívocos, diversamente interpretables; miro por el balcón y pienso que abajo hay una señora volviendo de las compras del supermercado, pero al acercarme me doy cuenta que son dos niños jugando disfrazados uno con un sombrero grande, como el que usan algunas señoras para cubrirse del sol. De pronto escucho una voz y pienso que hay alguien cerca, pero se trata de un ringtone de celular. Seguramente todos hemos tenido experiencias similares, donde nos parece ver una cosa que resulta ser otra, o nos parece que un sonido proviene de un lugar, y efectivamente nos desvía al rebotar contra una pared. En el fondo, Descartes pone en suspenso la objetividad del mundo, no porque el mundo no exista, sino porque desde el punto de vista del conocimiento la preeminencia la tiene el sujeto que conoce; pues es este sujeto quien determina el mundo que conoce. Del mismo modo, nos damos cuenta que los sentidos a veces nos engañan, justamente porque otras veces no lo hacen. El tema sigue siendo fundamentar el conocimiento; desde tal perspectiva, el mundo-objeto no es un fundamento suficientemente válido, puesto que puede someterse a duda. Por el contrario, el sujeto es el que somete a crítica el conocimiento, la primera certeza que encuentra el sujeto es el sí mismo. Tal es el alcance de la afirmación cartesiana “Cogito ergo sum”, pienso por lo tanto existo. Efectivamente, podemos someter a duda al mundo y a los datos que los sentidos nos entregan de él, pero en cualquier caso, soy yo el que duda, soy yo el que esta pensando, criticando, examinando. Esto tiene una consecuencia lógicamente impecable: si soy yo el que dudo, entonces yo existo. Sin embargo, esto afirma mi existencia como un ente pensante, una “res cogitans” en términos cartesianos. Leámoslo en sus propias palabras.

Así, pues, hablando con precisión, no soy más que una cosa que piensa, es decir, un espíritu, un entendimiento o una razón[4].

Asistimos en estas afirmaciones al nacimiento del sujeto moderno. Es decir a la idea de que el fundamento es el sujeto y no el mundo u otra cosa ajena al mundo; ni dios, ni el mundo; sino el Sujeto. La razón como fundamento del conocimiento y la certeza. Posteriormente, se considerará que el sujeto, entendido como razón fundante, es también el fundamento de la moral, de la vida política y social, en suma fundamento de la realidad en su conjunto. El ámbito de la certeza es el ámbito de las afirmaciones racionales y abstractas, ellas son afirmaciones simples, como las de la lógica o las matemáticas; pues no se refieren a cosas del mundo, sino a abstracciones del pensamiento. El ámbito de las matemáticas coincide con el fundamento del Cogito. Atendamos, a este respecto a la siguiente cita también extraída de la primera meditación.

Por lo cual, acaso no sería mala conclusión si dijésemos que la física, la astronomía, la medicina y todas las demás ciencias que dependen de la consideración de cosas compuestas, son muy dudosas e inciertas; pero que la aritmética, la geometría y demás ciencias de este género, que no tratan sino de cosas muy simples y generales, sin ocuparse mucho de si tales cosas existen o no en la naturaleza, contienen algo cierto e indudable. Pues, duerma yo o esté despierto, dos más tres serán siempre cinco, y el cuadrado no tendrá más de cuatro lados; no pareciendo posible que verdades tan patentes puedan ser sospechosas de falsedad o incertidumbre alguna[5]

 

 

Kant: El desarrollo de la Razón trascendental

La filosofía de Kant puede ser entendida como un correlato de Newton, en un sentido similar a lo que planteé respecto de Galileo y Descartes. Lo que la matemática significó para Descartes resulta muy similar a lo que la física newtoniana resulta para Kant, es decir, un interlocutor científico que ofrece un modelo desde el cual explicitar ciertas cuestiones. En el caso kantiano este modelo sirve para las delimitaciones generales del pensamiento científico. Donde Descartes instala la Duda metódica, Kant va a instalar la Crítica trascendental. De todos modos, asistimos a un gesto muy similar, un ejercicio crítico de carácter radical que quiere llegar a las condiciones últimas de posibilidad y explicación.

Kant bebe del optimismo ilustrado y de los éxitos de la razón moderna, su pensamiento tiene una intención epistemológica; pero también ética y política. Este ‘estado de ánimo’ puede notarse con claridad en las primeras palabras de su texto ¿Qué es la ilustración?

La ilustración es la salida del hombre de su minoría de edad. El mismo es culpable de ella. La minoría de edad estriba en la incapacidad de servirse del propio entendimiento, sin la dirección de otro. Uno mismo es culpable de esta minoría de edad cuando la causa de ella no yace en un defecto del entendimiento, sino en la falta de decisión y ánimo para servirse con independencia de él, sin la conducción de otro. ¡Sapere aude! ¡Ten valor de servirte de tu propio entendimiento! He aquí la divisa de la ilustración[6].

¡Atrévete a saber! Se trata de una máxima y de una exhortación que confía en el valor del entendimiento y de la razón. La mayoría de edad es una máxima política, se trata de una cierta liberación de los tutelajes que impiden pensar y desarrollarse. La crítica trascendental está también al servicio de esta máxima, su finalidad es delimitar las formas del conocimiento al mismo tiempo que fundamentarlas. Examinemos a este respecto la obra principal de Kant. La crítica de la Razón pura.

La Crítica de la Razón Pura se divide en tres momentos, primero se presenta la Estética trascendental. [7] En ella Kant presenta las condiciones que hacen posible el conocimiento sensible y el modo en cómo se articulan las intuiciones sensibles. Luego presenta la Analítica trascendental, donde analiza las funciones de conceptualización del entendimiento. Por último emprende la Dialéctica trascendental donde presenta el pensamiento como acto propio de la razón. La Analítica y la Dialéctica en su conjunto, conforman la Lógica trascendental.

En la Estética Kant presenta el tipo de conocimiento que tenemos por los sentidos. Este se da en la intuición sensible, se trata de un conocimiento directo que percibimos a través de los sentidos. Los sentidos nos entregan una suerte de caos sensorial, es decir, sensaciones múltiples y difusas que articulamos gracias a las formas puras de la sensibilidad. Estas formas son espacio y tiempo. Acá encontramos dos elementos importantes, primero que el conocimiento sensible es retomado por Kant; pero permanece la primacia cognoscitiva del sujeto; puesto que las formas puras de la sensibilidad (espacio y tiempo) no son categorías exteriores al sujeto, sino que estructuras formales del mismo. Lo que se constituye en esta articulación es el fenómeno. A partir del caos sensorial y de las formas puras de la sensibilidad. Este será un aspecto importante pues la ciencia trata justamente acerca de los fenómenos, es decir de los resultados de estas intuiciones sensibles. Hay que entender que el objeto de la sensibilidad no es la cosa, sino el fenómeno.

La analítica nos muestra como el entendimiento a partir de una multiplicidad fenoménica conceptualiza, es decir, establece una aproximación universal que articula los distintos fenómenos particulares en un mismo concepto; esto es también lo que permite formular juicios. A la base de un concepto hay una serie de fenómenos particulares, y así como las intuiciones sin conceptos son ciegas. Los conceptos sin intuiciones  son vacíos.

La Dialéctica se aproxima a la forma en la cual la razón  articula ideas orientadoras de carácter general. Es decir, a partir de los conceptos diversos que el entendimiento conoce, la razón genera ciertas ideas rectoras, que permite unificar los conceptos bajo parámetros de sentido y totalidad. Kant las llama ideas trascendentales e identifica tres principales: Dios, Alma, Mundo.

Para Kant la Metafísica trata de estas ideas trascendentales, y por lo tanto no puede ser considerada dentro del ámbito de la ciencia, sino justamente dentro del ámbito del sentido, la orientación, la creencia o la esperanza. La ciencia, por el contrario trata sobre fenómenos.

Si nos detenemos un poco en esta monumental sistematización kantiana, e interpretamos su sentido, nos encontramos con un desarrollo que va más allá del cogito cartesiano. En el caso de Kant, está presente la supremacía cognoscitiva del sujeto sobre el objeto, pero la razón ya no depende en su fundamento de una res divina; eso no quiere decir que Dios haya dejado de existir o que Kant deseche la creencia; pero sí quiere decir que es la razón la que se juzga a sí misma se pone sus propios límites, dice lo que puede y no puede hacer, delimita el conocimiento científico y la creencia. En otras palabras nos encontramos ante una razón que se auto-valida y se auto-engendra. Una razón trascendental, que es una expresión mucho más depurada del sujeto cartesiano, es decir que se establece como fundamento. La razón así entendida, es razón fundante y auto-fundante, ya no requiere de otro fundamento; más aún, puede delimitar los sentidos del mundo, del alma y de dios. Aun cuando no pueda hacer ciencia de aquello; pues es la misma razón la que declara los límites de su proceder científico. Asistimos al emerger de un tipo de racionalidad, que plasmará la cultura moderna, un tipo de racionalidad autosuficiente, optimista de sus logros, capaz de dominio de las fuerzas naturales y que se pretende a la vez capaz de fundar las formas políticas y morales de la cultura. Se trata no sólo de una imagen científica del mundo; sino de una imagen que empapa la vida social y política y establece los fundamentos de la cultura. Razón trascendental.

 

Síntesis

El pensamiento moderno implica no sólo un giro; sino una renuncia al pensamiento metafísico anterior. Hemos atestiguado la pretensión de fundar todo de nuevo. Pretensión cartesiana; pero que también está presente en Kant. Nos encontramos ante una forma nueva del pensar, una forma eminentemente científica y que pone a la razón como nuevo fundamento para la cultura. Sin embargo esta pretensión sigue teñida del antiguo sabor de la metafísica. Reemplazar al Ser o a Dios, por la Razón es la contracara de un mismo gesto. El pensamiento moderno reemplaza a Dios por la Razón y le entrega la tarea de volver a fundamentar la cultura. El humanismo como metaideal moderno subyace a los distintos movimientos políticos, desarrollos económicos y expresiones artísticas. El antropocentrismo humanista se constituye en una nueva metafísica.

El paradigma cognoscitivo de esta nueva metafísica moderna será la idea de ciencia. En ella se encuentran el racionalismo que sitúa al sujeto-razón como sustento del conocimiento y también el empirismo que propone como soporte a la experiencia y que explica el fracaso de todo sistema filosófico anterior, justamente por su falta de acercamiento a la experiencia. “Del mismo modo que la ciencia del hombre es el único fundamento sólido para la fundamentación de las otras ciencias, la única fundamentación sólida que podemos dar a esta ciencia misma debe basarse en la experiencia y en la observación”[8]. Tanto racionalismo como empirismo son asumidos por Kant quien afirma la razón como razón trascendental y a la vez le asigna un punto central a la experiencia, bien vale su testimonio en el prólogo a la segunda edición de la Crítica a la Razón Pura.

La razón debe acudir a la naturaleza llevando en una mano sus principios, según los cuales tan sólo los fenómenos concordantes pueden tener el valor de leyes, y en la otra el experimento, pensado según aquellos principios; así conseguirá ser instruida por la naturaleza, mas no en calidad de discípulo que escucha todo lo que el maestro quiere, sino en la de juez autorizado, que obliga a los testigos a contestar a las preguntas que les hace[9].

La Razón juez y discípula sólo de ella misma. Esta idea es el centro de la modernidad y a partir de ella es necesario desvincularse del uso coloquial del concepto modernidad. Cuando hablamos de modernidad nos referimos sobretodo a una forma de sentir cultural que ha plasmado el desarrollo de toda una época y que es fundamentalmente distinta de la metafísica cristiano-platónica; pero a su vez establece una suerte de nueva metafísica, no basada esta vez en la Idea de Ser, sino sobre la hegemonía de la Razón.


 

[1]  Kant, Emmanuel. Prolegómenos a toda Metafísica del porvenir. Versión electrónica disponible en http://www.philosophia.tk

[2]  Descartes, René. Meditaciones Metafísicas. Versión electrónica disponible en http://www.philosophia.tk

[3]  Descartes, René. Meditaciones Metafísicas. Versión electrónica disponible en http://www.philosophia.tk

[4]  Ídem.

[5]  Ídem.

[6]  Kant, Emmanuel. ¿Qué es la Ilustración? Versión electrónica disponible en http://www.philosophia.tk

[7] El término estética puede resultar confuso en un principio, en cuanto las acepciones más comunes que se manejan relacionan la estética con una teoría del arte, o filosofía de la obra de arte. Acepciones más metafísicas podrían hablar incluso de una teoría de lo bello o de la belleza. En el caso de Kant, la estética se relaciona con un estudio crítico de la sensibilidad, especialmente del conocimiento que se realiza a través de los sentidos. Este uso que Kant pone en práctica recoge el sentido del griego ‘Aisthasis’ como experiencia, sensibilidad.

[8] Hume, David. Tratatado Sobre la Naturaleza Humana. Versión electrónica disponible en http://www.philosophia.tk

[9] Kant, Emmanuel. Crítica a la Razón Pura. Versión electrónica disponible en http://www.philosophia.tk

 

 

 

   
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