
Oh, corazón
que, a latigazos,
sigues el ritmo implacable
que marca incansable
el martillo de Dios;
encadenado al remo
impulsas sin descanso
la nave
y no sabes
adónde vas
pues no estás al mando...
Sólo eres un esclavo
sin otro sueño mejor
que el de hundirte
con tus cadenas
para ser libre
al fin...
Aurelio Miní Sánchez
Pueblo Libre, 7 de Septiembre de 1998