"El último alquimista"
 

Existe consenso entre los analistas del decursar de la escena musical cubana de las más recientes décadas en cuanto a que a finales de los ochenta comenzó a gestarse un momento composicional e interpretativo muy diferente al de los patrones clásicos o convencionales por los cuales ha transitado la cancionística nacional. Dentro de la movida a la que hago referencia, un núcleo de obligada alusión es el del grupo de cantautores vinculados a la Peña de 13 y 8. Perteneciente a dicho taller creativo, desde hace ya más de dos lustros Raúl Ciro Hernández Gómez integra el destacamento de avanzada que pugna por aportar lo suyo al emergente espíritu renovador de nuestro universo musical.

Músico de carácter propositivo, tanto en sus primeros trabajos como en los últimos que ha realizado en Granada (España) se percibe el claro objetivo de subvertir el canon valorativo al uso con miras a no dejarse arrastrar por algo tan efímero e insustancial como la moda. Mientras escribo las presentes consideraciones, recuerdo el impacto que me causó hace ya casi quince años escuchar su tema "Bachiller" , para mí una excelente canción que devenía una suerte de retrato de grupo de los por entonces graduados de preuniversitario, una pieza que imperdonablemente Raúl Ciro nunca ha grabado. Ya por aquella fecha se notaban muchos de los rasgos que han caracterizado su obra autoral con posterioridad.

Entre los signos distintivos en el quehacer del cantautor sobresale su vocación por rendir tributo a la sonoridad y en general a la cultura de los sesenta. "Ciro crack" e "Imágenes que sanan" representan en su repertorio el gusto que él tiene por la onda retro. Asimismo, en sus creaciones se trasluce el remarcado interés que experimenta por la atmósfera sonora del folk, cosa perceptible en la labor de los distintos proyectos en los que se ha involucrado pero en particular destacable en piezas suyas como "De todos los ángeles" y todavía de manera más acentuada en "No cruces tan rápido el puente". Igualmente, en él se hacen presentes los aires de blues, como lo demuestran "Dinero y miel" y sobre todo, esa pequeña joya titulada "Déjame cuidarte", así como inspiraciones de corte marchoso como son los casos de "Películas de sábado" y "Mi mono y yo".

Aunque en las disímiles formas de hacer música asumidas por Raúl Ciro, quien lo escucha se da cuenta que ahí detrás hay un profesional, creo que como compositor su verdadero lado fuerte está en la elaboración de canciones. Dentro de tal vertiente, entre mis favoritas figuran "Elefantes", que no me aburro de oír gracias a la belleza de su línea melódica, "Natalia", que en la versión realizada con el proyecto denominado Queso posee una coda de estupenda factura, y de un modo muy especial "Villa de París", de la cual una vez más vuelvo a hacer mío lo ya afirmado por mi buen amigo Humberto Manduley: si un día tuviese que marcharme a una isla solitaria y me dieran a elegir una única canción para llevar conmigo, Villa de París, de Raúl Ciro, sería por mí la escogida.

Con textos desgarrados y juguetones por momentos, irónicas asociaciones e imágenes dignas del tecnicolor, en lo concerniente a la poética del cantautor, la misma esboza una alternancia entre un lenguaje metafórico, lírico e introspectivo y otro en el que está presente cierto toque de humor ácido y la mirada aguda en torno a nuestra realidad, sin caer en el hipercriticismo. Compárense las diferencias de discurso en los siguientes fragmentos:

Todo el mar beberé / si al mirarte tus pies rozan lo azul siempre azul / y a la sombra de labios que dancen estará mi nadir.

Todo marcha tan bien / que a pedazos tu piel es el vacío cenit / y en lo enfermo de mí la rapiña gira y gira en lo alto.

Quiero verte dormir / quiero verte dormir / y que nadie me hale la manga si me hallo tan alto / (...) si me hallo tan alto que ya me pierdo, que ya te pierdo / que ya te pierdo, que ya me pierdo / quiero verte dormir / quiero verte dormir. (Villa de París)

Siempre en clases solíamos cabecear / tan distante nunca di que decir / hoy en tus ojos hay tanto de aquellas / tardes

De literas podría bien sermonear / filos, "kikos", talco y lejos mamá / pero en tus ojos dan tanto de aquellas / luces que me voy

Elegir nunca asegura acertar / procrear tan atado va al placer / tan unido va que todo un sol me tragué / y su serpiente guardián de la luz me marcó / como ves

Siempre en clases solíamos cabecear... (Pasillo aéreo)

Tras la desintegración del nunca bien ponderado ensamble de Superávit y la fructífera experiencia de Queso, este perseverante creador nos entregó su ópera prima como solista. Ciro 3C no es un disco de fácil asimilación para una audiencia no entrenada. Resulta un álbum hecho sin concesiones, que transita por los senderos de la canción y del acid rock, por momentos cercano a la psicodelia. En el material predomina el procesamiento de los sonidos, ya sean procedentes de las ondas radiales o tomados directamente del ambiente. En piezas como  "El carné del grupito" o "Canción precoz", la manipulación del material sonoro en aras de transmitir determinados mensajes es de altos quilates.

Disco pletórico de guiños que hay que decodificar; nos atrapa y cautiva en (y desde) su complejidad hermosa. En todo caso, como se afirma en su contraportada: ¡que viva y goce quien por bueno no lo estime!

 

Joaquín Borges-Triana. Juventud Rebelde. 26/9/2002.

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