Mala semana, se jodió
la mentira
sobre la que tan bien navego
a diario. Levemente
me siento gordo
y viejo.
Agredido, ridículo, hablando sin tener para qué
y a destiempo.
Esta ropa que extraño,
este abrigo
adiposo
de señor
mayor,
de señor
obeso.

No debería estar aquí, debería
estar en casa, escribiendo,
masturbándome, tuve una novia
bien guarra, fue
un ser humano, su boca
fue un hogar, un sitio a resguardo.
Y era hermosa y fiera.

El noventaymuchoporciento de los que estáis aquí
sois un problema.
Cada uno en la medida en que he de enfrentarme a el/la.
A sus ojos. Por qué
han de mirarme esos ojos
inquisitivos, agresores,
dubitativos,
temerosos (algunos
no; algunos
me buscan, me piden,
y me conmueven. Unos pocos
me quieren.)

Tú eres,
más que nadie,
problema.
Quizá porque sabes mucho,
de forma que yo nunca sé
qué piensas.
Y porque tu respuesta
es la misma
que si no supieras nada.
Un “qué bien”;
un “qué interesante”.
La puta politesse. Tú
me haces daño, un daño
que no sé describir
y que no es tu culpa: es cierto
que nunca preguntaste
ninguna de todas esas respuestas.
Tú.

***

Mala semana
de mierda.
De mierda.
De la puta mierda.


 
 
 
 
 
López
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