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Si me paro sobre la arena encharcada de la playa, si miro fíjamente mis pies. Si me columpio despacio sobre esos mismos pies, atrás-adelante-atrás y observo cómo se hunden en el suelo y en el agua. Levantando un poco los empeines tengo zapatos de arena. Mira, mis paredes de arena, mis camper de arena, mis yanko de arena, mis bally de arena. También mis keds de arena, mis gorila de arena, mis boyero de arena. De arena y agua. De lodo, mis zapatos de. En cambio, si muevo los dedos con furia, una furia relativa, una furia de corcho, una furia brumosa y sin prisas en esta mañana en la playa, si así los muevo ellos asoman intermitentes por entre el barro y juegan a peces. Peces en el fango, peces blandos, peces blancos, peces con boca de beso, peces que protestan, peces sin ojos, peces pies. Se paran los peces y por los pies sepultos siento la vida que viene de abajo, del agua encharcada, calentada por el sol, la siento subir por las piernas heladas por el mar de abril, subir y extenderse como una onda amarilla por mi carne azul.
Si me paro sobre la arena encharcada de la playa enterrando lentamente mis pies, si me paro así, con los pelos de punta y los brazos levantados hacia el sol, soy un árbol. Como del agua tibia y de la luz del sol. Crezco siempre. Un poco hacia arriba, pero sobre todo hacia los lados, hacia acá, hacia allá, hacia allá. Desde hoy, voy a tener ramas. Muchas ramas. Ramas y ramas. Una rama para hacer músicas, una rama para hacer dibujos, una rama para hacer letras. Una rama para la paciencia, una rama para tratar de entender alguna cosa, una rama para tratar de entender a alguna gente. Una rama gorda para no perderme de vista. La rama más gorda, para quererte a tí y a tí. Un montón de ramas. Todas creciendo para todos lados. Todas creciendo todo el tiempo. Porque me dicen que, tal y como están ahora las cosas, voy a crecer cada vez menos. Y, en todo caso, sólamente hacia arriba. Y después, en vez de crecer, menguaré. Mejor que no. Mejor tener ramas. Además, de las ramas pueden salir flores, flores-dibujo, flores-letras, flores-amores. En las ramas habrá frutos. Con sabores, olores, colores. Frutos duros, frutos blandos, frutos con heridas pegajosas. En las ramas habrá hojas, en las hojas habrá gotas, en las gotas, reflejos. Reflejos de pájaros, reflejos de cielos, reflejos de ojos. Ojos donde estarán mis hojas reflejando esos ojos y sus reflejos.
Si tengo cuidado, se marchitarán sólo unas pocas.
Se puede pedir poco más. Está casi decidido. Aún me falta saber: ¿qué quiero ser? Puedo ser un ficus, puedo ser un haya. Puedo ser un pino, también un almez. Puedo ser roble, puedo ser castaño. Sabina, sequoia, un sauce, un ciprés...

 
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