| Cuentos intransigentes | ||
| Un niño de cincuenta y tantos... Notas para un estudio algo más profundo de la naturaleza humana
|
||
| 1 Un niño de cincuenta y tantos años plantó una sequoia para no poder verla nunca grande y tener así una certidumbre. Como eso no es posible, vivió siglos.
|
||
| 2 Gramáticas Adverbios de mood
Así son, y no de otra forma. El verbo sopar, verbo reflexivo Yo me sopaba Yo me sopare o sopase Si nosotros nos sopáramos
|
||
| 3 El emmenthal Algo elemental. El cuerpo de los animales o los animales y sus cuerpos o los animales, con esos cuerpos, etc. sirven para ser algo elemental. Si yo quisiera ser un sonido sería un pez. Si quisiera ser el frío o el calor o el viento, sería un pájaro. Si una canción tan hermosísima como ésta que ahora oigo, entonces practicamente cualquier bicho porque cualquier bicho me parece capaz de ser lo bastante abstracto, un guepardo, una serpiente. O una roca, un río. Hasta un cerdo me parece abstracto (siento lo del “hasta”, hope I’m not getting sued) si no está metido en un camión de esos como casas de pisos en los que se les transporta y es gracioso que lo mencione ahora porque tiene que ver con el final de este artefacto. Inciso: No así este cuerpo en el que me transporto y sobre todo esta cara,
que me sirven para preguntar la hora o parar un taxi sin que el pánico
sea excesivo (una vez pregunté la hora y el paciente me aseguró
tajante que no tenía ni reloj ni dinero, pero tienen razón,
me estoy yendo por las ramas) así que la hora y un taxi, y me sirven
para nadar, sacarlos a pasear, quedar no demasiado mal un viernes por
la noche (no quisiera que parezca que me estoy quejando), pero no para
las cosas que he citado al principio. No si esta mañana quiero
ser una mariposa o una seta. O una mujer. O un hombre. Si deseo salir
volando, si de hecho estoy volando, nada peor que tomar conciencia repentina
de estas barbas. De esta nariz. De estas gafas. Ya, sí, son unas
buenas gafas, ligeras, a la moda. Son como un camión sin trufas,
qué quiere que le diga.
|
||
| 4 Son tus ojos tus ojos sin fondo, tus ojos verdes, castaños, azules, rojos. Tus ojos mágicos de lagarto.
|
||
| 5 Daltónicos No es que la gente se muestre impertinente o cosas tales; no, nada de eso. De hecho a menudo afectan una comprensión algo condescendiente y se murmuran al oído: “es daltónico”, de suerte que nuevamente todo encaja para ellos y no temen ya nada ni encuentran razón para inquietarse. Y es cierto, no hay más remedio que reconocer que la mayoría de la gente está de acuerdo en este tema si nos ceñimos a lo que comunmente se denomina “gente” (ni toros, ni perros, et cætera) y a un periodo de tiempo más o menos cercano, pero no obstante. Está la felicidad redonda e inmensa que se esconde entre la seda de tu pelo verde, en tus labios verdes, en tu sexo dulce y verde. Está amarte en un atardecer verde tirados entre las amapolas verdes. Mirar tus ojos rojos como mares rojos, pasar siempre con los semáforos en rojo, romper una sandía roja y hundir la cara en su carne verde, en su sangre verde. Beber con mi boca verde las lágrimas color día que resbalan por tu rostro blanco en tus ratos azules. Felicidad redonda y verde, Como un fuego verde.
|
||
| Cantito
|
||
| Pues hoy estoy harto Estoy harto de tantos síes Estoy harto de palabras, De los saberes, Estoy harto de que haya guerras, De la televisión
|
||
| Notas para un estudio algo
más profundo
|
||
|
||
| Marines Yo me planteo de pronto que ese iraquí que ya no está (porque
el marine, en principio, sigue entre nosotros con el arma dispuesta para
lo que haga falta) fuera un gran sabio, o tan sólo una persona
razonable, que se le parece bastante, que fuera pianista en sus ratos
libres, o jardinero; que fuera pintor. O que tuviera una tienda o que
sólo fuera padre o compañero de alguien. O que se pasara
el día en el bar. Sea como fuere, duele igual que un robo, una
humillación, un desperdicio, una estafa el haber muerto a manos
de un perro de presa que ni siquiera tuvo que mancharse con su sudor o
con su sangre para finiquitarlo, a manos de un hombre joven cuya corta
vida se ha consagrado exclusivamente a aprender a matar con eficacia y
con impunidad, a manos del sargento Jones o, como se estila más
ahora, el sargento Sánchez o la sargento Jennifer. Un asesino a
sueldo, un matarife con los gastos pagados y un computador donde debería
haber cerebro y/o alma. Eso aprieta el interruptor y yo ya no voy a pensar
más, no voy a escribir más, no voy a concebir nada más,
más ideas, más amor, más de nada. Ya no soy, ya no
estoy para la mujer que me hace pensar que soy bueno ni para el niño
que me hace sentir que soy necesario. Todo aquello aplastado como un insecto.
Y lo que pasa es que aquello y el insecto son infinitamente más
complejos, más delicados, más necesarios para un mundo mejor
que la producción en serie de tipos sin ojos, de tipos sin vida,
de tipos que nunca han pisado un lugar de trabajo, que nunca han luchado,
nunca se han angustiado por algo que de veras tuviera que ver con la vida.
Extranjeros en este mundo que no conocen, como los reyes y los políticos
que los mandan y que a veces parecen ser los únicos habitantes
de nuestros paises. Vamos, que te tenga que matar eso... Y con tu dinero, encima. Noviembre de 2004 |
| Habrá público escarmiento (y fuego eterno) para quien no respete este © Copyright Nannicantipot Faciebat Annis 2000-2004. |