Desde que era
adolescente, Roberto fantaseaba intensamente. El se encontraba en un
paraíso tropical, en un penthouse con enormes espejos, paredes de
vidrio y un enorme domo de cristal que permitía ver un cielo
estrellado y en el horizonte, la inmensidad del mar. Allí, cada
noche, una decena de mujeres desnudas mostraban su belleza y cualidades
para ganar el privilegio de ser elegidas por este joven ardiente.
En su lecho, en
su bata de seda china disfrutando de agradables fragancias y bebidas
exóticas, Roberto observaba la competencia. Los rostros y cuerpos
más excitantes se le ofrecían generosos para saciar su
exigente apetito sexual. Sin embargo, sólo dos serían las
afortunadas: una rubia y otra morena. Ambas, como buenas cortesanas,
sabían de las artes amatorias más sofisticadas y estaban
dispuestas a llevar al adolescente a un placer ilimitado.
Esta
fantasía acompañó a Roberto por muchos años.
Cuando deseaba excitarse acudía a esta candente historia. Ya en
la vida adulta, en diversas ocasiones él había acariciado
la idea de hacer realidad esa fantasía, claro, con ciertos
ajustes; es decir, deseaba tener una experiencia sexual con dos mujeres
a la vez, independientemente del lugar o que fueran rubias o morenas.
No obstante, también se cuestionaba si eso era correcto. Se
preguntaba cómo tomaría su novia una propuesta de esa
naturaleza. Ambos llevaban una vida sexual satisfactoria, con una buena
dosis de comunicación, pero ¿cómo decirle eso?
El asunto era muy
arriesgado, así que no se atrevió. Más adelante,
luego de haber estado en una fiesta, se presentó la oportunidad.
Fue a dejar a un par de chicas a su departamento. Lo invitaron a pasar y
cuando menos se lo esperaba, ya se encontraba en la cama con esas dos
bellezas. Emocionado, trató de seguir la estrategia amatoria que
utilizaba en su fantasía. Sin embargo, en esas circunstancias no
todo era tan hermoso ni mágico; la excitación tampoco era
la misma...
Es más,
pronto se puso nervioso cuando las dos chicas le quitaban el
bóxer. En ese instante percibió el olor desagradable a
tabaco y alcohol que se desprendía del ambiente. Roberto
cayó en la cuenta de que eso no era para él. Dijo que iba
al baño, tomó su ropa y rápidamente abandonó
el lugar.
No toda
realización de las fantasías es desagradable como en este
caso. Mas bien la moraleja de esta historia nos enseña que muchas
fantasías conviene que se queden en esa dimensión
mágica y que nunca trasciendan a la realidad.
Las
fantasías sexuales son posibles en virtud de nuestro circuito
cerebral, conformado de estructuras altamente evolucionadas. Así,
cuando las emociones, influenciadas por ideas religiosas, culturales y
de aprendizaje, no reprimen la imaginación erótica, los
seres humanos podemos crear en la mente historias, situaciones y
aventuras sumamente placenteras.
Estas inician
desde la niñez o la adolescencia. Su papel consiste en ser
inductoras o potenciadoras de la excitación sexual, como
elementos que ayudan a salir de la rutina y como ensayos imaginarios de
situaciones y conductas que muchas veces no estan al alcance, o bien
porque la sociedad no lo acepta o el propio código moral nos
prohibe llevarlas a la practica.
Es de sobra
conocida la estrecha relación que existe entre el impulso sexual
y las fantasías. Comúnmente las personas con pocos deseos
eróticos son quienes menos fantasías sexuales tienen. No
obstante, el hecho de que alguien imagine algo sexual, no presupone que
necesariamente deba llevarla a cabo. Es más, a una gran
mayoría de personas nunca se les ocurriría realizar un
acto real de esas fantasías. Muchas veces, tal como le
ocurrió a Roberto, el traslado de la fantasía a la
realidad es decepcionante, desagradable y pierde su valor erótico
como fantasía.
Para decidir
sobre la realizacion de una fantasía en los hechos, es
conveniente revisar de manera profunda cómo ésta
podría llegar a afectar e impactar la vida emocional, en lo
personal y en la pareja.
En un estudio
reciente se encontró que cerca del 80 % de hombres y mujeres
acuden a fantasías sexuales para acrecentar su excitación.
En cuanto al contenido de aquellas, los temas sobre los que fantasean
damas y caballeros son muy parecidos: sexo en una playa solitaria, una
pileta, en un bosque, entre otras. Quizá la diferencia estriba
en que las mujeres realizan guiones un tanto más elaborados
donde sus compañeros tienen una personalidad más
definida, son tiernos, románticos y manifiestan una profunda
emoción en la historia. Pero evidentemente, no hay
límites.
Las
fantasías, al igual, entran comúnmente en acción,
sin mayor problema en la masturbación, en el autoerotismo, lo
mismo que en la práctica sexual con la pareja. En el acto sexual
es común que la mente viaje tan lejos como la imaginación
quiera, pero estrechamente ligada a la experiencia de ese momento y
motiva sensaciones agradables en la relación sexual en su
conjunto.
Una
polémica que surge en torno de la comunicación de la
pareja es determinar hasta qué punto conviene compartir aspectos
sobre las fantasías sexuales. Este tema es harto delicado, pues
algún miembro de la pareja, aunque quede claro que es algo
irreal, puede llegar a sentirse lastimado. Por ejemplo,
¿qué sentiría un hombre si su pareja le comenta que
cuando están haciendo el amor ella se imagina que lo está
haciendo con otro hombre? Tal vez para algunos significaría un
golpe tan fuerte que optarían por la ruptura de la
relación, y para otros, no representaría mayor amenaza.
Todo depende de las ideas, valores y conceptos de cada uno de los
integrantes de la pareja, y del grado y manejo de la intimidad entre
ambos.
Es recomendable
considerar lo anterior, analizar el contexto de la pareja, personalidad
y sentimientos antes de abrir la boca.
Para concluir,
vale la pena señalar que tanto los hombres como las mujeres
tienen normalmente fantasías sexuales. Ello no conlleva
ningún problema toda vez que la persona no tenga culpa, se
angustie, se preocupe o se avergüence por tenerlas. La
imaginación erótica, capacidad solamente de los humanos,
es un extraordinario recurso que se puede poner al servicio del placer y
para disfrutar de una plena vida sexual.