BARBITÚRICOS
Y SEDANTES
Son los fármacos más utilizados en los países
desarrollados. En 1887 se describieron los primeros cuadros de
dependencias a tranquilizantes como el paraldehído,
habiéndose extendido posteriormente a sustancias como cloral,
barbitúricos, bromureído, diacepan, meprobanato,
matacuolona, etc. El consumo de estas sustancias está extendido
en toda la población sin haberse detectado grupos sociales o de
edad determinados, aunque están más predispuestas las
mujeres. En pequeñas dosis se utilizan como ansiolíticos,
es decir, como fármaco que mitigan la angustia e intranquilidad,
y en grandes cantidades sus efectos son embriagadores, similares a los
que puede producir el alcohol.
La síntesis del primer barbitúrico se sitúa en
1863, habiendo en la actualidad más de 2.500 derivados de esta
sustancia. El barbital o dietil-barbitúrico fue comercializado en
1903, teniendo gran difusión años después. Estas
sustancias provocan una dependencia física y psíquica,
así como tendencia a aumentar el consumo por el grado de
tolerancia que poseen. Los sujetos con base neurótica son los
más predispuestos a la dependencia de esta sustancia, al desear
aliviar la ansiedad que sufren. La mortalidad por sobredosis es
elevada, siendo el tipo de fármaco más usado para el
suicidio. El consumo simultáneo con alcohol es frecuente, creando
interacciones potenciadoras de los efectos de ambas drogas,
caracterizadas por trastornos en la coordinación psicomotriz y
por el descenso del nivel de conciencia. A grandes dosis pueden
presentarse cuadros comparables al "delirium tremens" del alcohol.
Determinados toxicómanos consumen esta sustancia en unión
de otras como alcohol, café o anfetaminas, llegando a situaciones
de perturbación psíquica y física muy importantes
y afectando muy notoriamente el autocontrol. La dependencia aparece
después de varios meses de haber ingerido dosis diarias, aunque
depende del tipo de barbitúrico. El consumo continuado durante
años llega a cambiar la personalidad, transformándola en
más irritable, depresiva, y comporta pérdida de memoria y
concentración. Con el tiempo los síntomas van
instalándose en el sujeto pudiendo quedar una
obnubilación mental permanente. En fases muy avanzadas aparecen
crisis crepusculares, desorientación y alucinaciones que remiten
en varios días tras disminuir o abandonar el consumo pero que
pueden extenderse hasta dos meses.