HEROINA
Los efectos de la heroína y la morfina son similares. La
principal diferencia es la mayor potencia de la heroína, ya que
un gramo equivale a entre 1,80 y 2,66 de morfina en sulfato. La
heroína (diacetilmorfina) es un narcótico opiáceo
depresivo del SNC de gran intensidad que produce una mayor toxicidad
neuropsíquica. Se presenta en forma de fino polvo blanco o como
un líquido claro. Su consumo se realiza por ingestión o
inyección. Es sin duda alguna, una de las más peligrosas
drogas, de mayor difusión y cuya dependencia más
rápidamente se contrae (dos a tres semanas). Sus efectos se
sienten a los 10 minutos del suministro, alcanzando el cenit a los 60,
cesando a las 3 ó 4 horas. Estos efectos son muy distintos,
según se la consuma por primera vez o habitualmente. En las
primeras tomas el efecto psíquico es muy fuerte, pero se va
reduciendo hasta ser desplazado por la necesidad física para
combatir el síndrome de abstinencia. En un período de
tiempo extremadamente corto, el adicto renuncia a otro tipo de vivencias
y actividades, para dedicar su vida a la obtención y consumo del
estupefaciente. Los adictos suelen consumirla mezclándola con
otras sustancias, como cocaína, anfetaminas, cánnabis o
benzodiacepinas. La mezcla tiene dos motivos: la adulteración por
el traficante y la reducción de sus efectos, ya que la
ingestión de heroína en estado de alta pureza puede causar
la muerte. La mezcla o corte suele ser hecha con otras drogas como
anfetaminas, o excipientes tales como yeso, talco, quinina y
estricnina, sustancias que son fáciles de confundir con el
elemento principal.
A dosis promedio sus efectos son relajación, insensibilidad al
dolor, disminución de la atención, euforia, alucinaciones.
Dosis superiores producen casi inmediatamente un estado de estupor, coma
profundo y muerte. El nivel de dosis letal varía entre 0.001 a 1
miligramo.
Pasividad y reducción de impulsos agresivos son consecuencias
típicas del tóxico, pese a la acción euforizante
que también posee. Tomada por vía nasal o fumada, la
heroína tiene efectos similares a la morfina. Luego del efecto
placentero de la droga sigue un estado de malestar generalizado (que no
debe confundirse con el síndrome de abstinencia) que produce un
descenso en picada con sentimientos de profunda depresión, que
derivan en necesidad de una nueva toma. Ello comporta el riesgo de tomas
sucesivas, que pueden llevar a la muerte por sobredosis, algo que que,
además, es habitual entre los consumidores de esta sustancia. La
dosis varía de 60 mg en personas sin tolerancia a 5 gr en quienes
ya la poseen. El consumo regular de la droga conduce a la frigidez y la
falta de potencia sexual. Además, provoca conductas homicidas y
suicidas, así como implicaciones en accidentes. El
toxicómano entra en una fase degenerativa en la que no puede
realizar razonamientos complejos teniendo escasa o nula capacidad de
concentración.