COCA
La coca, hoja del arbusto americano "Erythroxylon coca", pertenece al
grupo de los estimulantes. Su consumo es ancestral en ciertas partes de
Latinoamérica, donde es una práctica habitual mascar las
hojas, siendo una gran mayoría de los consumidores de las zonas
donde se cultiva. Su efecto sobre el sistema nervioso central es menor
que el de la cocaína, dado que para extraer un gramo de esta
sustancia se necesitan 160 hojas de coca. La coca es mascada con polvos
alcalinos como cenizas vegetales o cal. También es fumada tanto
sola como mezclada con tabaco o marihuana. La masticación de coca
fue objeto de estudio por varios facultativos, como CHOPRA (1958),
comprobando síntomas de abstinencia, depresión, fatiga,
toxicidad y alucinaciones, seguidos por NEGRETE (1967), BRUCK (1968)
quienes recogían lesiones cerebrales en masticadores frecuentes.
COCAINA
La cocaína es un alcaloide contenido en las hojas del arbusto
"Erythroxylon coca" siendo químicamente un derivado de la
latropina. Es un estimulante cerebral extremadamente potente, de efectos
similares a las anfetaminas. Además, es un enérgico
vasoconstrictor y anestésico local, siendo absorbido por las
mucosas nasales cuando se la aspira, se metaboliza en el hígado
y se elimina por la orina. Fue usada inicialmente para el tratamiento
de trastornos respiratorios y depresivos. Por su efecto
analgésico, se usó en intervenciones quirúrgicas.
Posteriormente se empleó con fines militares por su efecto
vigorizante y el componente de agresividad que otorga. A comienzos del
Siglo XX comienza a consumirse por aspiración nasal. En esta
época, eran desconocidos sus efectos perjudiciales por lo que
estaba presente en las fórmulas de bebidas, jarabe contra la tos,
lociones capilares y cigarrillos. En 1909 existían en EE.UU.
más de 70 bebidas registradas con componentes de cocaína,
lo que incrementó la producción en los países
donde se cultivaba coca, fundamentalmente Perú. Los estudios del
uso de cocaína comenzaron, con FREUD, al que siguieron HEMMOND
(1887) y BOSE (1902), los cuales encontraron sintomatología
aguda y crónica en el consumo. En la década de 1980, los
experimentos sobre patrones de consumo y cantidades certificaron sus
efectos sobre la adrenalina, muy relacionada con la agresividad. El
consumo de esta sustancia se relaciona estrechamente con hechos
delictivos y de violencia. En las dos útimas décadas hubo
un enorme incremento en la cantidad de personas adictas a la
cocaína, resaltándose como dato significativo la
adicción simultánea a otras sustancias. Las consecuencias
de su consumo son complejas, involucrando daños de muy diversa
índole: cerebrales, sociales, familiares, medioambientales, etc.
La cocaína estimula el sistema nervioso central, actuando
directamente sobre el cerebro. Sus efectos fisiológicos
inmediatos son: sudoración, aumento en la potencia muscular,
midriasis, incremento de actividad cardíaca y presión
sanguínea, dilatación de los vasos sanguíneos
periféricos, convulsiones, aumento en el ritmo respiratorio y de
la temperatura corporal. Estos síntomas pueden provocar la muerte
por paro cardíaco o fallas respiratorias. Además se
presentan irritaciones y úlceras en la mucosa nasal.
Comúnmente causa congestión nasal, que puede presentarse o
no con secreción liquida. El uso por vía inyectable
expone al adicto a infecciones de SIDA, hepatitis B y C, tétanos
y otras enfermedades infectocontagiosas. La infección con el HIV
puede producirse por transmisión directa de virus al compartir
agujas y otros dispositivos contaminados. Además, puede
producirse indirectamente por transmisión prenatal a un
niño cuya madre está infectada con el HIV. El uso y abuso
de drogas ilícitas, incluyendo el crack y la cocaína, se
ha convertido en el principal factor de riesgo de contagio con el virus
HIV. Sumado a ello, la hepatitis C se está difundiendo
rápidamente entre los adictos que se inyectan; el índice
de infección varía entre el 65 y el 90 por ciento en este
grupo de personas, de acuerdo al país. Hasta hoy, no se ha
descubierto una vacuna contra el virus de la hepatitis C, y el
único tratamiento disponible es caro, muchas veces infructuoso y
con serios efectos colaterales.
La cocaína es una droga extremadamente adictiva, cuyos efectos
se perciben en un lapso de 10 segundos y duran alrededor de 20 minutos.
Actúa directamente sobre los centros cerebrales encargados de las
sensaciones del placer. Dada su alta capacidad de producir daños
y hasta destrucción celular, las sensaciones que eran
placenteras en sujetos recién iniciados se convierten en efectos
desagradables como agitación, llanto, irritabilidad,
alucinaciones de tipo visual, auditiva y táctil, delirio
paranoide, amnesia, confusión, fobias o terror desmedido,
ansiedad, estupor, depresión grave y tendencias suicidas. Los
efectos psíquicos reconocidos por la mayoría de los
autores y recogidos en publicaciones recientes incluyen euforia,
inestabilidad, aumento de la comunicación verbal y de la
seguridad en uno mismo, inquietud, anorexia, insomnio e
hipomanía. El adicto experimenta pérdida de interés
e imposibilidad de sentir placer ante la falta de la sustancia, para
convertirse en su único objetivo y motivo en la vida y
desplazando todo tipo de sentimientos. La relación con los
fenómenos criminales es expresamente citado por los autores,
asociándose su consumo a la predisposición al delito.
La cocaína es consumida por muy variados tipos de sujetos y
motivos. Los consumidores ocacionales son sujetos con personalidades
débiles e inestables que desarrollan una rápida
dependencia psicológica. La adicción posee condicionantes
que la desencadenan, que pueden ser el reforzamiento de una personalidad
insegura, que recibe un apoyo en el estímulo del tóxico.
En lugar de tratar este déficit patológico con
antidepresivos o fármacos estabilizadores del estado de
ánimo se recurre a una vía aparentemente rápida.
Los adictos habituales presentan tolerancia y necesitan de mayores dosis
para alcanzar iguales resultados. A ésto puede llegarse por
causas diversas pero siempre relacionadas con factores familiares,
sociales y ambientales determinantes. Dado que los efectos de la
cocaína sobrepasan su punto álgido a los treinta minutos,
el individuo precisa varias dosis durante el día para alcanzar
cierta estabilidad emocional y evitar el efecto disfórico que la
propia droga ocasiona luego de varias horas desde la ingesta.
COCAINA Y DESARROLLO EMBRIO-FETAL
El uso de cocaína es altamente susceptible de producir
daños irreparables en recién nacidos, cuyas madres
mantuvieron su adicción durante el embarazo. Esto último
hizo que algunos Estados de los EE.UU. obliguen a las adictas
embarazadas a realizarse tratamientos forzosos con privación de
libertad mientras dura el embarazo. Aún se desconoce la total
extensión de los efectos de la exposición prenatal a la
cocaína, pero los estudios indican que estos bebés nacen
prematuramente e insuficientemente desarrollados: con menor peso,
diámetro craneal inferior y menor longitud. La
determinación exacta de las consecuencias para el recién
nacido es compleja, y varía de acuerdo a la droga que fue
consumida por la madre. Sumado a ello, se sabe estadísticamente
que las madres adictas a la cocaína abusan de otra u otras
sustancias. El cuadro se complica al considerar la cantidad y variedad
de drogas consumidas, falta de cuidados prenatales, el status
socioeconómico, pobre alimentación, la exposición a
enfermedades infectocontagiosas, otros problemas de salud, y
muchos otros factores que intervienen directamente sobre la salud del
feto y el recién nacido. Se ha descubierto que la
exposición a la cocaína durante el desarrollo fetal puede
provocar retrasos y otras deficiencias mentales, como así
también imposibilidad de mantener la atención y la
concentración por períodos de tiempo mínimos como
para permitir el aprendizaje. A pesar que las modernas técnicas
de tratamiento permiten una recuperación significativa, es un
hecho que estas terapias son sólo paliativas, y no pueden tomarse
como verdaderamente eficaces.