ANFETAMINAS
Fueron sintetizadas por primera vez
entre la última década del siglo XIX y la primera del
siglo XX. Los primeros experimentos clínicos se iniciaron hacia
1930, y desde 1935 se comercializó con gran difusión en el
Reino Unido, Francia y Alemania. Durante la Segunda Guerra Mundial fue
utilizada indiscriminadamente por todos los bandos, dado el
carácter euforizante que contiene la sustancia y la agresividad
otorga.
El consumo de este excitante está ampliamente extendido y
distribuido por todas las clase sociales. A diferencia de lo que sucede
con la cocaína que la consumen preferentemente los sectores
medios y altos, las anfetaminas son consumidas tanto por ejecutivos que
pretenden sobreexcitación como por amas de casa que buscan un
anoréxico para sus dietas o por estudiantes que preparan
exámenes. Al incidir en el sistema ortosimpático causan
hipertensión, taquicardia, hiperglucemia, midriasis,
vasodilatación periférica, hiperpnea, hiporexia, etc. El
estado de ánimo del adicto oscila entre la distrofia y la
hipomanía, presentándose ansiedad, insomnio, cefalea,
temblores y vértigo. Pueden aparecer cuadros depresivos y
síndromes paranoides anfetamínicos. A dosis normales, sus
efectos varían de acuerdo al individuo y las condiciones de
ingesta. Pueden producir efectos placenteros, hiperactividad y
sensación desbordante de energía, pero también
causan temblor, ansiedad, irritabilidad, ira inmotivada y repentina,
trastornos amnésicos e incoherencia. En la última fase se
describen depresión, cuadros paranoides y delirios paranoides,
alucinaciones y trastornos de conducta. El consumo de anfetaminas puede
conducir a actuaciones agresivas, al igual que los barbitúricos y
el alcohol, por su gran efecto euforizante, unido a un descontrol en
los instintos inhibitorios. Tales situaciones se producen cuando las
dosis suministradas, generalmente por vía endovenosa, superan los
2 gr. Está demostrado un mayor potencial en las anfetaminas que
en la cocaína, tanto en su punto más álgido como
en la duración de los efectos. Reacciones muy graves se producen
al consumirlas con barbitúricos en el conocido fenómeno
de la pluritoxicomanía. Tomadas en dosis importantes son
causantes de confusión, tensión, ansiedad aguda y miedo.
También pueden precipitar psicosis paranoide en sujetos no
psicóticos. La psicosis anfetamínica desarrollada por el
sujeto se asemeja a la psicosis paranoica y a la esquizofrenia
paranoica.
ÉXTASIS o MDMA
La metilendioximetanfetamina (MDMA) (también conocida como
"éxtasis", "ectasi", "XTC", "tiza", "cristal", "X", etc.) es una
droga sintética sicoactiva con propiedades alucinógenas de
gran potencial emotivo y perturbador psicológico, con efectos
similares a las anfetaminas. Es una droga peligrosa en extremo por sus
propiedades neurotóxicas y alta adicción, afectando a
diversas zonas del sistema nervioso central. Su producción se
realiza en laboratorios clandestinos a partir de materias primas
relativamente fáciles de conseguir. De color blanco, sin olor
pero con sabor amargo, se presenta en forma de comprimidos,
cápsulas o en polvo cristalino que se disuelve en
líquidos, pudiendo ser bebida, ingerida o inyectada. Sus
consumidores son principalmente jóvenes adultos, que buscan en
ella un estimulante que los lleva a bailar durante extensos
períodos de tiempo (por ello se las suele denominar
"disco-drogas", "club-drugs", "dance-drugs", etc.). Durante los
años sesenta se utilizó con fines terapéuticos dado
que según determinados sectores de la psiquiatría ayudaba
a la comunicación y al tratamiento de neurosis fóbicas.
Surgió entonces la polémica médico - legal,
atribuyendo a su consumo repercusiones en la delincuencia, por lo que
finalmente fue ilegalizado.
El éxtasis produce efectos síquicos de gran potencial
perturbador, cuya duración fluctúa entre las 3 y las 6
horas desde su consumo. Inicialmente el sujeto experimenta sensaciones
de confianza y excitación, a las que sigue un estado de
hiperactividad e incremento en los pensamientos morbosos. Los efectos
del estimulante se diluyen provocando trastornos sicológicos,
confusión, problemas con el sueño (pesadillas, insomnio),
pérdida de memoria, deseo incontenible de consumir nuevamente
drogas, depresión, violencia, ansiedad grave, psicosis y
paranoia. Estos efectos se presentan incluso luego de varias semanas del
consumo. También se informaron casos graves de psicosis. Entre
los síntomas físicos se citan: hiperpnea, taquicardia,
anorexia, tensión y trastornos musculares similares a los
presentes en la enfermedad de Parkinson, bruxismo, náuseas,
visión borrosa, nistagmus, desmayos, escalofríos y
sudación excesiva, signo característico durante la
intoxicación. Se ha comprobado que el aumento de la frecuencia
cardíaca y la tensión arterial es causal de ataques
cardíacos y otros trastornos cardiocirculatorios. Informes
forenses indican que es causal de muerte súbita. La
hiperactividad acarrea, además de los problemas
cardíacos, hipertermia, deshidratación y fallas renales.
Su estructura química, 3-4 metilendioximetanfetamina (MDMA), se
asemeja a la estructura de la metilendioxietilanfetamina (MDEA), la
metilendioxianfetamina (MDA) y la metanfetamina (MA), todas ellas drogas
sintéticas causantes de daños cerebrales. La MDA, el
fármaco de origen de la MDMA, es una droga similar a la
anfetamina que también ha sido abusada, presentando efectos
psico-físicos similares a los de la MDMA. Las investigaciones
demuestran que la MDMA destruye las neuronas productoras de serotonina,
que regulan directamente la agresión, el estado de ánimo,
la actividad sexual, el sueño y la sensibilidad al dolor. Es
probable que esta acción sobre el sistema productor de serotonina
sea el origen de las propiedades síquicas. La MDMA
también guarda relación en su estructura y sus efectos con
la metanfetamina, la cual ha demostrado ser causante de la
degeneración de las neuronas que contienen la sustancia
neurotransmisora dopamina.
En experimentos de laboratorio, una sola exposición a la
metanfetamina en dosis elevadas o el uso prolongado en dosis bajas
destruye hasta un 50% de las células cerebrales. Aunque
éste daño no sea inmediatamente aparente, los estudios
científicos muestran que con el envejecimiento o la
exposición a otros tóxicos pueden aparecer síntomas
de la enfermedad de Parkinson. Estos comienzan con falta de
coordinación y temblores y a la larga pueden causar una forma de
parálisis.