ALCOHOL
La producción de bebidas alcohólicas existe desde que el
hombre conoce el fenómeno de la fermentación. Hay
evidencia de su uso y consumo por pueblos prehistóricos. En el
neolítico se comienza a fabricar cerveza. Hay citas en documentos
egipcios sobre su consumo (3.700-2.700 a.C.), y los hebreos dejaron
constancia de su uso en la Biblia. Ya el Código de Hammurabi
fijaba normas represivas contra su consumo, llegando a establecer la
pena de muerte. Entre los griegos eran conocidos sus efectos, y aparece
citado en innumerables obras, entre ellas la Ilíada, la Odisea,
y la Historia de Herodoto. Los romanos lo consumían
habitualmente, y se conoce el descontrol reinante en las orgías
de los emperadores. La fermentación y destilación natural
de los productos agrícolas cedió su espacio a la
destilación artificial (S. XIV), y posteriormente a la
industrial, que produjo una explosión en el consumo (S. XIX).
Durante el primer tercio del S. XX se produjo en los Estados Unidos el
fenómeno prohibicionista, con la llamada "Ley Seca" que
proscribió la fabricación y venta de alcoholes; tan solo
el vinagre, la sidra y el vino destinado a misa quedaron exentos de
ella. Estas medidas fueron no sólo ineficaces sino además
provocaron un fenómeno criminal sin precedentes. Por estar
culturalmente arraigado y por la pésima experiencia
norteamericana, ningún Estado occidental optó la
vía prohibicionista; las campañas de prevención
tuvieron resultados desiguales. Los más recientes informes
indican que en EE.UU. el consumo de alcohol por parte de menores de edad
alcanzó niveles epidémicos: del total de bebedores
habituales, el 25% tiene menos de 21 años. Por otra parte, la
proporción de mujeres consumidoras iguala a la de varones. Los
países árabes poseen una legislación restrictiva
del consumo de alcohol, que tan sólo puede efectuarse en locales
específicos, siendo prohibido en otros. El consumo del mismo
está extendido, aunque el factor religioso frena su influencia.
ETIOLOGIA DEL ALCOHOLISMO
Las causas son muy variadas, no habiendo acuerdo científico
sobre este aspecto. Los factores cultural y biológico -
genético explican gran parte de la patología. Esta
adicción afecta a todas las clases sociales, por lo que no es
aceptable una teoría que atienda al carácter sociocultural
bajo como factor predisponente a la adicción, dado que en las
clases altas el consumo es extensivo. En cuanto al nivel de estudios es
evidente que la falta de escolarización y cultura condiciona la
adicción, pero no es específico del alcohol, sino de
todas las drogas. No se puede atribuir una explicación
única de las toxicomanías, ya que influyen problemas
sociales tan variados como el delito, los problemas familiares, la
anomia, el desempleo o la salud. La adicción al alcohol posee
aspectos culturales importantes desde el momento en que el consumo es
lícito y los menores, a pesar de las prohibiciones, no tienen
problema para consumirlo. La publicidad y la permisibilidad aumentan el
número de consumidores.
El perfil etiológico del alcohólico se hizo de diversas
formas, atendiendo a teorías biológicas, socioculturales,
económicas, ambientales y psicológicas. Las teorías
dinámicas y psicopatológicas entienden que los
alcohólicos llegan a la adicción condicionados por una
patología anterior, que unida a situaciones ambientales
desencadenan el fenómeno. El entorno familiar puede ser
determinante: ante la situación familiar distorsionada el sujeto
erige defensas psicológicas contra la ansiedad. Por otra parte,
los menores tienden a seguir el ejemplo de sus mayores. Otros motivos
del alcoholismo son los deseos de evasión y de
autodestrucción, dados el gran número de suicidios que
presenta esta enfermedad.
Se han logrado importantes progresos en la comprensión de la
predisposición genética al alcoholismo. Estudios hechos
sobre gemelos y hermanos mellizos indican que hay más de un gen
responsable de esta predisposición. Las investigaciones no han
descifrado exactamente la forma en que los genes actúan;
aún se desconoce si los genes son específicamente
determinantes del alcoholismo, o si interactúan en forma
más general sobre el temperamento incrementando la
vulnerabilidad. El éxito en el descubrimiento de los genes
involucrados en la predisposición al alcoholismo ayudaría
a reconocer los individuos vulnerables, y además ayudaría
a prevenir y desarrollar tratamientos contra el alcoholismo.
EFECTOS DEL ALCOHOL
Los efectos son inmediatos debido a que es absorbido casi
instantáneamente, pasando al torrente sanguíneo. Al llegar
al cerebro, narcotiza las neuronas dificultando primero e impidiendo
luego la comunicación entre ellas. Esto se produce en primer
término en las regiones del cerebro encargadas del razonamiento
y otros procesos complejos. A medida que la alcoholización
progresa se afectan las regiones primitivas.
Dosis de 15 a 20 cc. de etanol en bebida diluida producen bienestar,
calor en el rostro por vasodilatación periférica.
Aumentando hasta 34 cc. disminuyen de forma homogénea los
reflejos más sencillos. La exactitud de los movimientos
habituales automáticos, como andar, comer, etc., disminuye
sensiblemente, aumentando los errores hasta el 40 %. Experimentos sobre
la materia indican que con dosis de 11 cc. se producen errores
mecanográficos, de coordinación y de memoria. Con
alcoholemia superior a 0,25 % g./l., hay doble riesgo de accidentes,
dado que el alcohol perturba los reflejos y acentúa la
sensación ilusoria. El consumo de alcohol altera la visión
periférica, afectando la atención y el control motor
ocular.
Los estudios demuestran una disminución significativa en la
capacidad de reacción ante estímulos visuales y auditivos,
que explican la gran cantidad de accidentes que producen. Se ha
demostrado que la convergencia visual intencional disminuye a partir de
300 mg./l. de alcoholemia y se debilita progresivamente al sobrepasar
esa cifra. Entre 50 y 150 mg./l. la fusión binocular y la
convergencia quedan afectadas. A 800 mg.n. es notable la dificultad
para apreciar las distancias, reduciéndose la capacidad de
visión binocular. La reacción auditiva disminuye en un 16
% con alcoholemia de 500 mg/I. Respecto a la coordinación y
dirección, los tests acreditan un aumento de errores y
disminución en la velocidad de ejecución, con deterioro
de la capacidad de atención en un 30 %. Un 0,05 % de alcohol en
la sangre deprime las respuestas aprendidas recientemente, disminuyendo
las inhibiciones y restricciones sociales y afectando al juicio. A un
nivel de 0,10 % se narcotizan los centros cerebrales más
antiguos y se dificultan relativamente la locución y la
actividad motora. Un 0,20 % afecta profundamente el área motriz
del cerebro. A partir de 0,30 % se altera gravemente la
percepción sensorial, entrando en un estado de estupor y
comienza el riesgo de muerte por intoxicación. A nivel de 0,40 %
prácticamente se anula la percepción al igual que los
reflejos, y la persona se encuentra narcotizada y en coma. Con niveles
del 0,60 al 0,70 se afectan los centros cerebrales primitivos que
controlan la respiración y la frecuencia cardíaca, y
sobreviene la muerte.
La tolerancia al alcohol se desarrolla en un periodo de entre 5 y 10
años, por lo que no pueden predecirse resultados inmediatos.
Durante este tiempo, el adicto comprueba que con la misma cantidad o
incluso más se obtienen menos resultados. Ello lleva a la
convicción errónea de que al sufrir respuestas menores la
nocividad del tóxico también lo es, entendiendo que se
resiste mejor la droga. Las últimas investigaciones indican que
la tolerancia se relaciona con las funciones del sistema nervioso
central y con el proceso hepático. El hígado se deteriora
por la absorción del tóxico, evitando parcialmente el
deterioro en otras zonas del cuerpo, especialmente el cerebro. Uno de
los primeros síntomas del avance de la patología son las
amnesias alcohólicas que se caracterizan por ser totales. No
obstante, el sujeto puede realizar actividades que precisan cierta
racionalización, como tratos económicos o mantener
conversaciones. La toxicomanía alcohólica sufre varias
etapas hasta llegar a su cronicidad; se han descrito cuatro fases:
" a) Prealcohólica: su duración oscila
entre seis meses y dos años durante los cuales la bebida es usada
para rebajar la tensión y aliviar el nerviosismo y la ansiedad.
El sujeto comienza a sentirse diferente de sus amigos, advirtiendo un
rechazo por parte de la sociedad al tiempo que aumenta el
autodesprecio. Se comienza a ser consciente del problema del alcohol,
pero no se encuentran soluciones y persiste el consumo.
" b) Promódica: la extensión es de dos
a cinco años. El alcohol pasa a ser una droga necesaria,
apareciendo los primeros síntomas graves. Se manifiestan
periodos de amnesia (apagones, tinieblas) y signos de lesión
cerebral. Se sufren sentimientos de culpa, remordimientos, estados
crepusculares. Se produce una perturbación psíquica en el
agente. Se incrementan los hechos delictivos y los accidentes de
tránsito y laborales.
" c) De toxicomanía crucial: se caracteriza
por la pérdida del autocontrol, eliminándose la capacidad
inhibitoria, con conducta autojustificable del abuso del alcohol. Se
pierden la autoestima y seguridad en uno mismo. El sujeto puede asumir
actitudes de grandiosidad, gestos extravagantes, discursos
grandilocuentes u ostentaciones, y atribuye la culpa a los demás,
con signos agresivos tales como insultos y humillaciones que suelen
desembocar en violencia física. La interpretación es
paranoide, existiendo la sensación de persecución por los
demás. Persisten la lástima de sí mismo y los
remordimientos. Se pierde el interés por las cosas, excepto por
el alcohol que pasa a ser el centro de la vida del sujeto. Se producen
lesiones orgánicas que producen trastornos de toda la
personalidad. Los celos, la conducta paranoide, la agresividad son
síntomas graves de la patología mental.
" d) Crónica: se produce una
destrucción progresiva de la moralidad, con debilitación
grave de las facultades mentales, pensamiento confuso, lento y
prolongado. Aparecen las psicosis alcohólicas, las alucinosis, la
depresión y los delirios. El sueño es conflictivo, con
pesadillas y miedo infundado, crisis de angustia y confusión de
ideas.
Se asocian íntimamente al consumo y abuso de bebidas
alcohólicas: muerte súbita; síndrome de alcoholismo
embrio-fetal; dipsomanía; cáncer: bucal, de
esófago, de estómago, de páncreas, de
hígado; cirrosis hepática; coma alcohólico;
intoxicación letal aguda; "delirium tremens" ; enfermedad de
Wernicke o poliencefalitis hemorrágica superior; alucinosis
alcohólica; demencia alcohólica; trastorno amnésico
alcohólico o psicosis polineurítica de Korsakoff;
enfermedad de Marcchafava y Bignami; esclerosis cortical laminar de
Morel, mielinólisis; angustia; depresión con
sintomatología somática; depresión secundaria en
enfermedades orgánicas; y otras.
La recuperación del alcohólico consta de diferentes
etapas. Inicialmente el tratamiento se realiza bajo estricto control
médico. La terapia consiste en la total supresión de su
consumo coadyuvado con dietas especiales que equilibran el organismo.
Paralelamente, puede ser necesario el uso de fármacos que
disminuyan los síntomas de abstinencia. Logrado un equilibrio
metabólico y psicológico aceptable, comienza el
tratamiento psiquiátrico que normalmente se realiza en grupos
terapéuticos y que suelen incluir programas de apoyo al grupo
familiar. Esta etapa se basa en la abstinencia total, sin límite
temporal.
ALCOHOL Y SIDA
Existen dos motivos fundamentales para investigar la conexión
entre alcohol y SIDA: A) el alcohol afecta al sistema
inmunológico; y B) el alcohol influye en el comportamiento sexual
de alto riesgo.
" A) Alcohol y sistema inmunológico: el
alcohol afecta la capacidad normal de respuesta a las enfermedades,
produciendo un descalabro en el sistema inmunológico. Se ha
demostrado científicamente que el consumo crónico de
alcohol reduce el número de glóbulos blancos, la
producción de anticuerpos y otras células
inmunológicas, llegando a suprimir la producción de
células macrófagas, que son las que libran de infecciones
a los pulmones. Además, los alcohólicos están
expuestos a desarrollar diversas clases de cáncer en un
porcentaje que quintuplica al correspondiente a personas no
alcohólicas. Los efectos inmunodepresores del alcohol pueden
resumirse en dos factores fundamentales: 1) aumento en la vulnerabilidad
contra infección de HIV; 2) la inmunodepresión hace que
los portadores de HIV desarrollen más rápidamente el SIDA
y las enfermedades relacionadas, y en formas exacerbadas.
" B) Alcohol y comportamiento sexual: las
prácticas sexuales consideradas de alto riesgo para el contagio
con el virus HIV son frecuentes durante los estados de
alcoholización. El peligro de estas relaciones sexuales se
explica de dos formas: 1) su consumo hace que el sujeto asuma
comportamientos riesgosos: quienes beben alcohol se enganchan en una
larga serie de actividades de alto riesgo, que incluyen prácticas
sexuales inseguras (síndrome de comportamiento
alcohólico); 2) el alcohol disminuye el juicio crítico y
las inhibiciones. Los estudios indican una relación directa
entre su consumo y actividades sexuales riesgosas. Investigaciones
hechas en grupos heterosexuales evidencian una dramática
disminución en el uso de condones durante relaciones sexuales
no-monógamas en grupos de hombres y mujeres que combinan sus
encuentros sexuales con bebidas alcohólicas. Un estudio similar
hecho en grupos homosexuales demostró que el consumo de alcohol
y otras drogas es un importantísimo factor para el incremento de
situaciones de alto riesgo: incluso quienes beben sólo
ocasionalmente antes o durante las relaciones sexuales, duplican los
riesgos con respecto a quienes no beben. Además, los hombres que
no beben tienen tres veces menos probabilidades de asumir
comportamientos de alto riesgo.