| El Dormitorio de Gryffindor |
Resumen: Secuela de Sociedad Ilimitada. Después de casi un año juntos, Harry y Draco se ven involucrados en un caso peligroso su sociedad tanto profesional como personal se ve reafirmada
N/A: Varios amigos querían que llevara más lejos esta historia para ver cómo se integraban como familia. Al final no pude resistirme y escribí esta pequeña historia. Pueden utilizarla para darle sabor a su té, si quieren.
17 de Junio. Harry tenía una relación de odio-amor con esa fecha. Era el aniversario del día en que mató a Voldemort. Desde entonces, cada año se daba una cena formal y una ceremonia conmemorativa en el Ministerio. Hermione y Ron lo obligaron a ir el primer año para que pudieran recibir la Orden de Merlín juntos. Pero desde entonces la había evitado cada año inventando excusas débiles para esconderse en su departamento. Sin embargo, este año, Draco había insistido en que tenía que ir. Draco se había visto muy involucrado en la planeación del evento. Se iba a dedicar una nueva estatua conmemorativa en el vestíbulo principal del Ministerio para aquellos que habían caído en la guerra contra el mal.
Draco observó a Harry fruncir el ceño ante su reflejo en el espejo mientras intentaba hacerse el nudo de la corbata por tercera vez. Tristemente le volvió a quedar chueco.
Draco caminó casualmente detrás de él y se rió, “El Salvador-del-Mundo, un pepino.” Apuntó la varita a la corbata y de inmediato quedó perfecta. “Ni siquiera puede acordarse de utilizar la magia para hacerse la corbata de moño.”
Harry puso los ojos en blanco y se dirigió a la cama para tomar su túnica. “No entiendo por qué tengo que ir.”
“Porque eres Harry Potter y yo estuve en el comité organizador.”
“Odio este tipo de cosas.”
“Sobrevivirás.”
Mientras Harry se ponía la túnica, Draco le dirigió una amplia sonrisa coqueta. “Dios, te limpiaste bien,” comentó antes de darle un beso casto en los labios.
La recepción comenzó con unas copas y andar circulando con Harry pegado a un costado de Draco como si de ello dependiera su vida. Después de tres copas de champagne, Harry se pegaba a su costado mas por el soporte físico que por el emocional. Las sillas estaban acomodadas en círculo alrededor de la estatua. Harry y Draco estaban sentados en la primera fila junto a Hermione y Ron.
Afortunadamente, los discursos no fueron demasiado largos ni cansados. El diseñador de la estatua explicó que tenía piedras especiales con los nombres grabados de aquellos que habían caído. Cuando se tocaba la piedra, se escuchaba el nombre en voz no muy alta debido a un hechizo perenne.
Llamaron a dos miembros ya grandes del Wizengamot junto con Harry para que tocaran las primeras piedras.
“¡Harry, no la toques!” gritó Draco al tiempo que brincaba de su asiento y sacaba la varita.
Harry, paralizado, volteó a mirar dos cuerpos en el piso, a Draco a su lado lanzando un hechizo de contención y a Ron corriendo hacia él con la varita en ristre. El ruido en la habitación se hizo mas fuerte conforme cundió el pánico.
“Vacía la habitación,” le gritó Draco a Ron.
Ron le hizo señas a Kinsgley Shacklebolt para indicarle que iba a vaciar la hacitación. Kingsley rápidamente asignó a un puñado de Aurores para ayudarlo. Los Aurores comenzaron inmediatamente a imponer el orden y fueron alineando a la gente para que saliera del vestíbulo. A los dos miembros ya mayores del Wizegamot se los llevaron mediante Aparición a San Mungo. La escena y la adrenalina le regresaron rápidamente la sobriedad a Harry. Levantó ambas manos y comenzó a sentir la naturaleza de la maldición.
“Es una maldición Paragon,” le gritó a Kingsley.
Kingsley mandó inmediatamente a uno de los Aurores a San Mungo para que les informara a los Sanadores.
Harry siguió probando los límites de la magia de la maldición. Ron regresó a la habitación y se paró junto a Kingsley que observaba a Harry meter y sacar su magia dentro del hechizo de contención de Draco. Éste levantó la varita y la apuntó a la estatua.
Ron se inclinó hacia Draco y le preguntó, “¿Necesitas una mano?”
“Estoy bien,” replicó Draco.
“¿Hace todo esto sin varita?” preguntó Kingsley asombrado.
Tanto Ron como Draco asintieron. Si, Harry mantenía cerca su varita, pero Draco no lo había visto utilizarla en meses.
Varios minutos después, Harry declaró en voz baja, “Muy bien, ahora voy a levantarla.”
Draco asintió cuando Harry volteó a verlo.
Unos cuantos segundos después, una luz brillante roja emanó de la estatua y luego se desvaneció en el aire.
Draco bajó su varita y corrió hacia Harry. Se abrazaron y Draco le susurró al oído, “¿Estás bien?”
“Si.”
“Me diste un buen susto.”
“Y tu reaccionaste rápido.”
“Ese es mi trabajo.”
Se separaron y se sonrieron.
Ron le dio una palmada a Harry en el hombro y dijo, “Buen trabajo. Voy a decirle a Hermione que todo está bien. Quería quedarse, pero el bebé…”
Harry y Draco asintieron.
Kingsley los miró a ambos durante varios minutos antes de preguntar finalmente, “¿Qué era?”
“Era una maldición Paragon altamente concentrada, colocada para stun a cualquiera que toque las piedras. No es nada peligroso, pero si ciertamente una advertencia,” replicó harry.
“¿Puedes saber quién la puso?” preguntó Kingsley.
“No, pero tengo que decirle que fue alguien con la Marca Tenebrosa.”
“¿Estás seguro?” preguntó sorprendido Kingsley.
“Si.”
“Pero todos están muertos o en Azkaban,” comentó Draco confundido.
“Definitivamente pude sentir la presencia de la Marca Te -”
Antes de que Harry pudiera terminar su réplica, Hermione y Ron entraron rápidamente a la habitación. Bueno, Hermione entró tan rápidamente como le permitió la panza de treinta y dos semanas de embarazo. Cuando llegó hasta Harry, lo abrazó con fuerza. “Gracias a dios que estás bien.”
“Estoy bien, gracias a los reflejos de gato de Draco.”
Hermione liberó a Harry y luego abrazó un poco incómoda a Draco. “Me alegra que tu también estés bien.”
Kingsley preguntó casi con sospecha, “¿Cómo fue que supiste alertar a Harry?”
“Con el rabillo del ojo vi caer a Ms. Marchbanks. Reaccioné por instinto.”
“Aún así, se me hace una coincidencia sorprendente que -”
Harry lo interrumpió. “No se atreva a acusar a Draco de nada.”
“Simplemente estaba -” Kingsley comenzó a defenderse, y lo único que logró fue encender el coraje de Harry.
“Guarde su saliva. Draco está libre de sospecha. ¿Me escucha¿”
“Te escucho, Harry. Quizá deberías escucharte a ti mismo. Creo que necesitas ver esto objetivamente.”
“¿Objetivamente?” gritó Harry.
“Está bien, Harry. No me importa contestar algunas pregunta,” dijo Draco con voz calmada.
“No, no está bien,” dijo Harry entre dientes.
Kingsley lo observó y dijo suavemente, “Solo porque estén durmiendo juntos no significa que esté absuelto de los procedimientos del Ministerio.”
“¿Qué?” escupió Harry.
“Vamos, Harry. Sé razonable.”
“Draco está libre de toda sospecha,” declaró por segunda vez.
Las luces del techo comenzaron a parpadear cuando Harry apretó los puños a sus costados y miró a Kingsley como si estuviera retándolo a contradecirlo. Ron y Hermione se miraron nerviosos.
“Harry,” susurró Draco al tiempo que colocaba gentilmente la mano sobre la espalda del otro.
Kingsley miró a Draco y luego a Harry. Con rostro inexpresivo, dijo, “Mis Aurores encargados del caso los contactarán.”
“Perfecto,” se burló Harry.
“Vamos, Harry. Vamos a casa.” Draco lo tomó de la mano para dirigirse a la salida.
Harry se volvió por un momento hacia Hermione y Ron, “Quiero saber qué es lo que está pasando.”
“Por supuesto, te llamaré mañana,” replicó en voz baja Hermione.
Cuando regresaron a la Mansión, Draco respiró profundo y le dijo a Harry, “Voy a checar a Orión.”
“Yo también voy.”
Pasaban de las diez de la noche y Orión estaba dormido en su cama sujetando una Snitch Dorada de peluche. Draco y Harry lo observaron desde el umbral.
“No puedo creer que ha estado durmiendo con eso todas las noches desde que la trajiste el mes pasado,” susurró Draco.
Harry lo besó gentilmente en la mejilla, salieron de la habitación y cerraron la puerta.
Caminaron hacia su suite sin hablar. Se desvistieron y se alistaron para dormir en silencio. Harry se metió debajo de las mantas vestido sólo con sus bóxers y Draco se le unió desnudo, como siempre.
Draco se acercó para descansar la cabeza sobre el pecho de Harry. Éste respondió deslizando suavemente los dedos a lo largo de la espalda de su amante.
“Mmm, eso se siente bien,” suspiró Draco.
“Mmm,” suspiró también Harry y le besó la coronilla.
“Me asustaste un poco hoy,” susurró Draco.
“¿Eh?”
“El espectáculo de las luces parpadeantes.”
“Oh.”
“Me sorprendió.” Draco ladeó la cabeza para mirarlo.
“No debería. Nunca dejaría que nadie se metiera contigo.”
“Qué posesivo.”
“Haría lo mismo por Hermione, Ron, bueno, en realidad cualquiera de los Weasley, tu, Orión, todos ustedes son mi familia.”
“Todo un macho Alpha.”
“Qué comico.”
“¿Por qué? ¿Por que eres un gran gay pasivo?”
“Esta noche no.” Harry los volteó para presionarlo contra la cama. Dejó escapar un gruñido suave mientras le lamía la parte externa de la oreja.
“¿Acabas de gruñir?”
“¿Hay algún problema?”
“No, señor,” replicó Draco y fue recompensado inmediatamente con un beso profundo y apasionado.
Las manos de Harry viajaron por sus costados mientras se besaban. Dejó un sendero de besos a lo largo de la quijada y oreja de Draco. “No puedo esperar,” susurró. “Te necesito ya.”
“Entonces tómame,” susurró Draco sin aliento.
Harry buscó su varita y murmuró una serie de encantamientos.
“De verdad que tienes prisa esta noche,” musitó Draco.
Estando arriba de Draco, Harry lo miró a los ojos y declaró confiado, “Para llegar a donde quiero, si, pero planeo quedarme ahí un rato.”
Harry tomó su pene con la mano para guiarlo dentro del trasero de Draco. Lo penetró lentamente. Cuando estuvo completamente dentro, hasta los testículos, ambos dejaron escapar un gemido suave. Harry cumplió su palabra y lo cogió a consciencia. Comenzó con unas embestidas lánguidas, gentiles para ir subiendo metódicamente hasta llegar a un ritmo rápido y duro.
Draco buscó su propio pene gimiendo incoherentemente y se lo acarició hasta lograr un clímax poderoso. Harry continuó cogiéndolo durante varios minutos mas antes de correrse finalmente dentro de su amante.
Unos diez minutos después, estaban abrazados frente a frente intercambiando besos cariñosos. Draco enterró la nariz en el hueco del cuello de Harry y la dejó ahí.
“Tu eres mi familia, Draco,” declaró Harry en voz baja. “Si estuviéramos casados, tipos como Shackelbolt no te hablarían de la forma en que él lo hizo.”
“Siempre va a haber personas que sospecharan de fechorías si el apellido Malfoy está involucrado.”
“¿Escuchaste lo que dije?”
“No me debes nada, Harry.”
“¿Y si es lo que yo quiero?”
“Dejemos que las cosas sigan su curso,” contestó Draco nervioso.
“¿Qué sigan su curso? No me habría mudado para acá si no pensara que esto era permanente.”
“Como cualquier otra cosa en la vida.”
“Ya en serio, Draco, esto es lo que quiero.”
“Estarías renunciando a muchas cosas.”
“¿Como qué?” preguntó Harry completamente perplejo.
“No lo sé… ¿una esposa? ¿hijos?”
Harry lo miró fijamente, incrédulo. “¿Y qué querría yo con una esposa?”
“¿Niños?” enfatizó Draco.
“Bueno, ya he pensado en eso,” admitió tímido Harry.
Draco levantó la cabeza para mirarlo a la cara. “¿Si?”
“De hecho fue hace mucho tiempo, y luego hace poco…” se interrumpió.
“¿Qué?” Draco se sentó para poderlo ver con mayor comodidad mientras hablaban.
“Bueno, este es el tercer hijo de Hermione y Ron. Ya no planean tener otro después de este. Ella me recordó que hace algunos años se ofreció, así que quizá en uno o dos años…”
Draco era plenamente consciente de que Harry no era muy bueno explicando las cosas, pero esto se llevaba las palmas. “¿Qué tanto estás balbuceando?”
“Hace unos años, Hermione se ofreció para tener uno o dos hijos míos.” Harry lo miró a los ojos y le sonrió incómodo.
“¿Y Weasley lo sabe?”
Harry asintió.
“¿Y Weasley lo sabe?”
Harry asintió.
“¿Y no le importa que te acuestes con su esposa?”
“¡No! Dios, no,” exclamó Harry sorprendido. “Quizá utilizaríamos una jeringuilla como las que se utilizan para el pavo o algo por el estilo.”
“¿Una qué?” preguntó Draco completamente confundido.
“Una jeringuilla de pavo, ya sabes, la que se utiliza para inyectarle el jugo.”
Draco la dirigió una mirada que indicaba que en ese momento le parecía el mayor payaso del planeta.
“Está bien, Don Nunca He Estado en una Cocina. En fin, te sorprendería saber que en realidad muchos muggles las utilizan para ayudar a un embarazo poco convencional.” Harry se rió. “Mira.” Harry convocó una pluma y la transfiguró en una jeringuilla.
Draco la miró fijamente impresionado y susurró, “Estás loco. Los muggles están locos.”
“Verás, yo me, tu sabes... en una taza o algo parecido... y luego ella puede, ya sabes, tomar la jeringuilla y...” Harry intentó explicarle mientras apretaba la jeringuilla.
“Es la cosa mas vulgar que haya visto.”
“Pero funciona.”
“¿Y Hermione haría eso por ti?”
“Si.”
“¿Y tendría el bebé para ti?”
“Si.”
“¿Y te dejaría criarlo?”
“Si, y...”Harry hizo una pausa para mirarlo directamente a los ojos, “nos dejaría criarlo o criarla.”
“Desaparece esa jeringuilla. Me está dando escalofríos.”
Harry se rió y la volvió a transformar en una pluma. “¿Draco?”
“Si, te escuché.” Pudo sentir que Harry le acariciaba suavemente la espalda.
“¿Lo harías? ¿Te gustaría educar a otro niño? ¿Conmigo?”
“No sé. No he pensado en ello.”
“Yo si quiero... contigo.”
“Oh, Harry. Eres un...” Draco lo abrazó con fuerza. “Oh, al diablo. Te amo.”
El ‘mo’ apenas si se escuchó porque Harry aplastó su boca contra la de Draco.
A la mañana siguiente, Draco, Harry y Orión estaban almorzando tarde, como era costumbre en los domingos. Draco estaba comiendo pan tostado, huevos, salmón ahumado, alcaparras y té. Orión estaba masticando bísquets de mora azul. Harry tenía un capuchino en una mano y un cruasán de chocolate en la otra.
Draco tenía el Diario El Profeta abierto frente a si, revisaba el artículo con la noticia del evento de la noche anterior. “Aquí dice que las brujas serán dadas de alta hoy de San Mungo.”
“Qué bueno,” contestó Harry mientras se lamía el chocolate de los dedos.
Draco lo miró con el ceño fruncido. “Tienes una servilleta, ¿lo sabías?”
Harry sorbió un poco de Harry con una amplia sonrisa.
“Qué grosero,” lo amonestó Draco. “Orión, prométeme que no aprenderás ni uno solo de los horribles modales para comer de Harry.”
“Lo prometo, papá,” contestó Orión en tono juguetón.
En ese momento entraron Hermione y Ron al comedor familiar.
“Buenos días,” dijo Hermione son una sonrisa suave.
“Buenos días,” contestaron los tres de la mesa.
“Creí que iban a llamar,” dijio Harry sacando su celular del bolsillo de su pantalón para confirmar que no tenía mensajes.
“Creímos que sería mejor venir a hablar.”
“Buenos días, por favor, siéntense,” dijo Draco con elegancia. “¿Gustarían un poco de café o té?”
Ron se sentó rápidamente. “Té sería maravilloso, y esos bísquets se ven buenos también.”
“Sírvete,” contestó Draco.
“Ron, acabas de desayunar,” dijo Hermione exasperada. “Pero no me caería mal otra taza de té.”
Cuando hubieron vaciado sus tazas y limpiado los platos, Draco le pidió a Orión que subiera a su recámara y le dijo que Harry y él lo llevarían a volar mas tarde.
“¿Qué pasó?” preguntó Harry una vez que Orión hubo dejado la habitación.
Ron contestó primero,”Bueno, yo soy uno de los tres Aurores asignados al caso.”
Draco, estudiando a Hermione le preguntó, “¿Y qué es lo que tu sabes?”
“Me conoces demasiado bien.” Hermione se sonrojó un poco y sacó un pequeño pedazo de pergamino de la túnica. “En los meses posteriores a la guerra se compiló una lista sobre el estado de los mortífagos conocidos o sospechosos de serlo. La lista que se publicó, la lista oficial, tenía dos categorías: aquellos cuya muerte había sido confirmada y aquellos que se presumían muertos. Ayer ya tarde me enseñaron esta... lista no oficial.” Levantó el pequeño pedazo de pergamino doblado. “Tiene tres categorías: muerte confirmada, presunta muerte y estado desconocido.”
Ron siguió adelante con la actualización, “De los seis nombres que están en la parte de ‘desconocido’, solo uno era un mortífago confirmado. Los Aurores se están concentrando en él.”
“¿Quien?” preguntó Harry al tiempo que la palabra se formaba en los labios de Draco.
“Rodolphus Lestrange,” replicaron Ron y Hermione al mismo tiempo.
Draco podía sentir los latidos de su corazón en el pecho. Miró a Harry quien también se veía agotado.
Hermione continuó, “Al Ministerio le gustaría contratarlos para consultar el caso. Cualquier cosa que puedas saber, Draco.”
“Hermione,” le advirtió Harry.
“Era su tío. Sinceramente, Harry, ni por un segundo creo que -”
Draco la interrumpió, “Tiene razón, Harry. Pero el hecho es que nunca tuve mucho contacto con él.”
“¿Y quién si?” preguntó Hermione.
Ron añadió, “Todo el mundo en las listas de inteligencia o está muerto, o le dieron el beso y los que quedan en Azkaban fueron removidos del círculo interno.”
“Greg Goyle podría saber algo,” replicó Draco llanamente.
“¿Goyle?” preguntó Ron.
“Si, se entrenó con Lestrange. Pero nunca hablará con ustedes. Le dieron... ¿qué?... ¿veinte años por ser el hijo de un mortífago?”
“¿Hablaría contigo?” preguntó Hermione.
“Quizá.”
“Veré qué puedo arreglar para mañana. Draco,” dijo Hermione con gentileza. “Hay algo más.”
“¿Qué?”
Hermione le pasó lentamente el pergamino por encima de la mesa. Él lo abrió y la lista de ‘Desconocido’ llamó inmediatamente su atención. Cerró un momento los ojos conteniendo el aliento.
“¿Qué pasa?” preguntó Harry.
Cuando Draco volvió a abrir los ojos, lo único que puedo ver, fue a Harry mirándolo con los ojos llenos de preocupación. Le entregó el pergamino.
Harry necesitó un minuto para ver lo que era y luego dejó escapar un largo suspiro.
“Lo sien -” comenzó a decir Hermione pero Draco la interrumpió.
“Mi madre está muerta,” dijo contundente.
“Pero Drac –“ intentó Harry.
“Mi madre está muerta.” Draco se levantó y se volteó para marcharse. “Estaré arriba. Llama después a Harry por ese teléfono ridículo si consigues hacer que vea a Goyle.”
Hermione llamó mas tarde esa misma tarde con los detalles para la visita de Draco a Akaban al día siguiente. Draco se negó categóricamente a discutir ago mas sobre su madre con Harry.
“¡Traidor!” escupió Goyle.
“Supongo que es una manera de verlo,” replicó Draco mientras le sostenía la mirada confiado.
“¿Qué quieres?”
“Siéntate y te lo diré. Si no, puedes regresar a tu celda.”
Goyle sonrió burlón y se sentó reticente en la silla frente a Draco. “¿Y bien?”
“Estoy buscando a Rodolphus Lestrange.”
“Que tengas buena suerte,” rió por lo bajo Goyle.
“Tu vas a ayudarme.”
“¿Y qué hay para mi en esto?”
“Recibiste una sentencia de veinte años, si quieres mi opinión fue algo duro.”
“Nadie te preguntó.”
“No, claro que no,” comentó comprensivo Draco. Luego suavizó la voz y continuó, “Eras un niño, Greg. Todos lo éramos. Éramos jóvenes, ingenuos y amábamos a nuestros padres.”
“Evítame los juegos mentales.”
“Estoy siendo honesto.”
“No sabía que supieras cómo.”
Draco colocó un pedazo largo de pergamino y una pluma sobre la mesa. “Este es un pergamino Veritas. No puedes escribir nada que sepas que es una mentira. Inténtalo y verás.”
Goyle levantó la pluma y garabateó, Mi nombre es Draco Malfoy. En el momento en que terminó de escribir la oración, la tinta se desvaneció del pergamino. Goyle sonrió y luego escribió, Draco Malfoy es un payaso pomposo. Las palabras permanecieron.
Draco bajó la mirada al pergamino y sonrió. “Es bueno ver que has conservado el sentido el humor.”
“No he podido conservar mucho mas.”
“Puedo sacarte.”
“¿Y de dónde tienes palancas? No tenías las manos precisamente limpias.”
Draco le entregó el artículo del Diario El Profeta del año anterior en el que se anunciaba la nueva aventura de negocios Potter-Malfoy Ilimitado.
Goyle lo miró durante varios minutos. Finalmente habló, “¿Cómo sé que no lo falsificaste?”
Draco sonrió ampliamente y tomó la pluma de la mano de Goyle y escribió, Soy el compañero de Harry Potter.
“Tan solo escribe cualquier lugar en el que creas que pueda estar escondido Rodolphus Lestrange. Si alguno de ellos produce una pista, puedo hacer que entres en un programa de libertad condicional monitoreada.”
Goyle lo estudió cuidadosamente.
Draco lo miró directamente a los ojos y dijo, “Dudo que alguien mas vaya a venir con una oferta semejante antes de que terminen tus veinte años. Lo único que necesitas dar son los nombres de la gente que podría ayudarlo y los lugares en donde podría esconderse.”
Al final, Goyle escribió los nombres de seis personas y cuatro casas seguras. Draco sabía que dos de las personas estaban muertas. También sabía que el Ministerio había hecho redadas hacía ya un tiempo en dos de las casas seguras. Pero aún así, había algunas pistas en donde no había habido nada.
Al tiempo que Draco levantaba el pergamino y se volvía para marcharse, Goyle le gritó, “¿Qué piensa tu madre del negocio con Harry Potter?”
Draco no se dio la vuelta para no revelar su expresión de asombro. Intentó desesperadamente tranquilizar la voz. “No tiene ningún problema.” Tomó la perilla de la puerta e hizo la finta de marcharse haciendo una pausa con la esperanza de que Goyle le diera alguna otra pista.
“¿Y Artois?”
Girando la perilla, replicó, “Tampoco tiene problemas.”
“No vayas solo. Es una locura,” le suplicó Harry.
“Necesito que te quedes con Orión.”
“Llévalo con Pansy y Fabricio.”
“No podrían proteger ni a una planta doméstica. Necesito que tu lo protejas. Además, voy a estar bien. Gideon Artois es mi primo por el amor de dios. Si le ayudó a mi madre, por supuesto que me lo dirá.”
“Creí que tu madre estaba muerta.”
“Estoy pensando lo contrario.”
“Draco,” susurró Harry.
“Artois tiene una villa en el norte de Francia. Regresaré mañana.”
Harry respiró profundo y estudió su cara. “Está bien, cuando menos llévate esto.” Sacó dos Galeones de su bolsillo y pasó la varita por encima mientras murmuraba un conjuro. Luego le dio una de las monedas a Draco.
“¿Qué es?” preguntó Draco mientras tomaba la moneda.
“Una vieja forma de alerta.”
Draco lo miró fijamente y enarcó una ceja.
“Solo mantenla en tu bolsillo. Si te metes en problemas, la mía se pondrá caliente.”
“¿Cómo lo sabrá?”
“Magia,” replicó Harry con unas amplia sonrisa y un brillo en los ojos.
Draco puso los ojos en blanco y se metió la moneda en el bolsillo. Le tomó la mano y lo jaló para darle un fuerte abrazó. “Estaré bien.” Le dio un besito en la mejilla. “Cuida de Orión.”
“De acuerdo. Te amo,” susurró Harry al tiempo que lo abrazaba un poco mas fuerte.
“Por supuesto que si.”
Hacía mas frío del que había previsto. Draco se ajustó mas el abrigo mientras tocaba la vistosa aldaba de bronce. Momentos después llegó un elfo doméstico. Cuando le explicó que era un Malfoy, el elfo lo escoltó a una salita y fue a llamar al amo Gideon. Draco miró a su alrededor nervioso en busca de alguna señal de su madre o cualquier otra pista que pudiera revelar algo del primo que no conocía para nada bien. Era la típica salita exuberante Malfoy, llena de artículos finos de colección y con una decoración fastuosa. Bien podría haber estado en Wiltshire sino fuera por la salvedad de que los libros de las estanterías tenían títulos en francés.
“Ah, mi joven primo,” Gideon entró en la habitación con el susurro de una túnica fina. “No te he visto desde que eras un niño. Bienvenido, bienvenido, ¿qué te trae a Francia?”
Draco se quedó ahí parado extendiendo la mano tan solo para que Gideon lo jalara para darle un abrazo ligero y le besara ambas mejillas.
“Bonjour Gideon. Debería haber llamado antes. Espero abusar de tu hospitalidad.”
“Seguro siéntate. Tomemos una copa.” Gideon dio una palmada y apareció el elfo doméstico.
Diez minutos después, Draco tomaba un delicioso Bordeaux y platicaba sobre las últimas políticas del Ministerio Inglés y las relaciones con Francia.
“Pero ése no es el motivo por el que te encuentras aquí, ¿verdad?” le preguntó Gideon después de que se hubo terminado el vino.
“No, no lo es. He estado buscando a mi madre.”
“¡Accio varita!” escuchó Draco por encima del hombro. Buscó su varita dentro del bolsillo de la túnica, pero fue demasiado tarde. Ésta salió y cruzó la habitación. Cuando Draco se levantó y se volvió, vio a un Rodolphus Lestrange de aspecto sombrío regresarle la mirada.
“¿Esto significa que no podré terminar mi vino?” preguntó con voz deliberadamente inexpresiva.
“En verdad odio hacer esto puesto que eres de la familia, pero no deberías haber venido aquí,” dijo Gideon al apuntarlo con la varita.
“¡Basta de juegos!” gritó Lestrange al aproximarse a Draco. “¿Cuál es el verdadero motivo por el que estás aquí?”
“Recibí una pista de que mi madre podría haber venido aquí.”
“Así fue,” dio Gideon severo, “pero eso fue hace mas de diez años., regresó con tu padre antes de que la guerra terminara.”
Lestrange estudió cuidadosamente a Draco. “Leo el Profeta. No soy estúpido. Estas involucrado con el Ministerio y mucho mas involucrado con Harry Potter.”
Solo quiero saber qué fue lo que le pasó a mi madre,” replicó suavemente Draco.
“Murió hace mucho,” declaró Lestrange.
Las palabras le retumbaron en los oídos. Siempre lo había sabido, pero sintió como si la hubiera vuelto a perder al escucharlo tan llanamente, con tanta rudeza, tan casual.
“¿Ahora qué?” le preguntó Gideon a Lestrange.
“Déjenme ir.”
“Para que le avises a tu novio,” se burló Lestrange. “No creo.”
“No te estaba buscando a ti, sino a mi madre. Podrías Obliviarme. Gideon me diría lo que sabe y me marcharía. Nadie te va a venir a buscar aquí.”
“No creo.” Replicó Lestrange para luego volver su atención a Gideon. “Llevémoslo abajo y luego busquemos la forma de arreglar todo este desastre.”
Lestrange y Artois lo bajaron y lo condujeron entre unos calabozos serpenteantes. Lo encerraron en una celda pequeña y se marcharon susurrando molestos entre ellos. Draco se puso a trabajar inmediatamente en buscar una forma de escapar. Desafortunadamente la celda estaba bien protegida mágicamente y pronto se encontró maldiciendo por haber venido a ver a Artois sin un plan. Se había olvidado del galeón en su bolsillo
Harry salió de la chimenea con Orión detrás. “¡Ron! ¡Hermione!” gritó.
“¡Estamos en la cocina!” contestó Hermione.
Harry se encontró con que Hermione, Ron y Charlie estaban cenando.
“¿Qué pasa?” preguntó Hermione al ver a Harry con su Capa de Invisibilidad en la mano.
“¿Podrías darle algo de cenar a Orión mientras platico con Ron?” preguntó Harry cauteloso.
Hermione asintió con complicidad y contestó, “Seguro. Orión, ¿Por qué no te sientas junto a Charlie y yo te sirvo un plato?”
“Gracias, si tengo un poco de hambre,” contestó Orión mientras se sentaba. “Hola, Charlie.”
“Hola.”
Harry jaló a Ron hacia la sala.
“¿Qué pasa?” preguntó Ron en voz baja.
“Ron, necesito que mañana no vayas a trabajar, repórtate enfermo o lo que sea y quédate con Orión esta noche contigo y con Hermione.”
“Por supuesto. ¿Qué pasa?” preguntó Ron con la cara llena de preocupación.
“Algo le pasó a Draco y necesito ir por él. Pídele a Hermione que verifique con sus contactos en el Ministerio sobre Gideon Artois. Es un pariente de los Malfoy que vive en Francia. Llámame al celular si descubre algo útil.”
“¿Estás seguro de que no quieres que vaya contigo?”
“Le prometí a Draco que no dejaría a Orión desprotegido. Necesito que lo mantengas a salvo. Yo les llamaré al celular de Hermione tan pronto como pueda.” Tentó el bolsillo de sus jeans para asegurarse de que llevaba el teléfono. Maldijo en silencio a Draco por no querer ceder ni un milímetro en lo concerniente a la tecnología muggle y se maldijo a sí mismo por dejar que fuera solo. Miró a Ron, “Y su pudieras, mándale una lechuza a Pansy y a sus padres para avisarles lo que ha pasado.”
“De acuerdo. Sé que no tengo que decirlo, pero ten cuidado.”
Harry asintió y regresó a la cocina para despedirse de Hermione y de Orión.
Era después de media noche cuando Harry se quitó la Capa de Invisibilidad y se apareció frente a la celda de Draco.
“Me alegra poder contar con que nunca me hagas caso,” dijo Draco adormilado al incorporarse.
Abrió la celda con un movimiento de la mano. Draco salió a encontrarse con los brazos anhelantes de Harry.
“¿Estás bien?” preguntó Harry.
“Si. ¿Cómo me encontraste?” preguntó Draco en voz baja en el hueco de su cuello.
“Por la moneda, porque también le puse un Encantamiento Rastreador.” Le dio un beso en la sien. “¿Qué pasó?”
“Espera, ¿en dónde está Orión?”
“Lo dejé con Ron y Hermione. ¿Qué pasó?”
“Es a Lestrange a quien está escondiendo Artois. Me tomaron desprevenido.”
“¡Accio varita!”
La varita que estaba en el bolsillo trasero de los jeans de Harry salió volando hasta el otro extremo de la habitación hacia un Artois enojado y un Lestrange aún mas enojado.
“Otro con la guardia baja,” lo provocó Lestrange una vez que tuvo a salvo la varita en su mano. “Tu padre habría estado bastante decepcionado.”
“Haz lo tuyo, cariño,” le susurró Draco a Harry.
“¡Accio varitas!” gritó Harry. Su varita salió volando al instante junto con las de Lestrange y Artois. “¡Incarcerous!”
En un parpadeo quedaron firmemente atados Artois y Lestrange, sus caras estaban llenas de sorpresa.
Draco les sonrió y les explicó, “No necesita una varita. Muy conveniente, ¿no lo creen?”
Después de unos hechizos rápidos de levitación y cerrojo, Harry los dejó encerrados en la celda que Draco había ocupado antes.
Harry sacó su celular. “Será mejor que llame a Hermione para pedirle que se ponga en contacto con Kingsley.”
Draco lo bromeó entre risas, “Tu y tus estúpidos juguetes muggles.”
“Vamos, subamos. Allá arriba deberá haber mejor recepción.”
“También podrías invocar mi varita.”
“Si, señor.”
Se sentaron en el sofá de la sala, mientras esperaban a que llegaran los Aurores.
“¿Averiguaste algo sobre tu madre?” preguntó Harry con cautela.
“Está muerta.”
“Lo siento mucho.”
“Te lo agradezco, pero estoy bien. De verdad.”
Permanecieron en silencio durante unos instantes.
“He estado que deberíamos cobrar el doble por la captura de Lestrange,” declaró Draco interrumpiendo la tranquilidad.
“¿Y eso por qué?”
“Tuve que pasar varias horas en una celda incómoda. Eso debe contar.”
“Lo que tu digas, jefe.”
“Y gracias por venir a rescatarme.”
Harry le respondió abrazándolo, “Siempre iré a rescatarte.”
Ron fue el primero en llegar a la escena, seguido de Kingsley y otros tres Aurores. Esperaron a las autoridades francesas para que ellos lidiaran con Artois. Draco no pudo evitar sentir que no iba a pasar nada en su caso. Casi amanecía cuando terminaron de explicar todos los detalles y Lestrange fue llevado a Londres.
Ron, Draco y Harry regresaron para encontrar a Hermione desayunando con Darius, Charlie y Orión.
“¡Papá!” gritó Orión corriendo a los brazos extendidos de Draco.
Después de que todos se hubieran saludado, Ron se sentó a la mesa frente a una gran pila de pan tostado. “¡Genial! Me estoy muriendo de hambre.”
Harry, Draco y Orión se quedaron a desayunar antes de regresar a la Mansión. Una vez que Orión estuvo listo para que su nana lo llevara a la escuela, Harry y Draco subieron a su habitación. Solo les tomó un minuto desvestirse y meterse debajo de las cobijas.
Draco dejó escapar un suspiro largo y se acurrucó junto a Harry. Pensó en su madre mientras descansaba la cabeza sobre su pecho. Pronto sus pensamientos se desviaron hacia Harry y lo fácil que le había resultado capturar a Lestrange. Harry se volvía mas poderoso cada día que pasaba. Era emocionante y aterrador al mismo tiempo. Draco se concentró en las respiraciones lentas y suaves de Harry. Contento de que estuviera durmiendo, Draco se relajó y permitió que el sueño se apoderara de su cuerpo.
Se voltearon en algún punto de su sueño. Draco se despertó para encontrarse acostado de lado con Harry contra su espalda. También sintió la presión inequívoca de una erección contra su trasero.
“Mmm,” ronroneó.
“Mmm a ti,” susurró Harry juguetón.
“¿Cuánto tiempo llevas despierto?”
“Unos minutos. Te sientes bien.” Harry se acercó más y lo besó en la nuca.
Estirándose como un gato, Draco se volteó para quedar de frente a su amante. Le dio un beso suave en los labios, pero Harry tenía otras ideas. Lo acercó mas y abrió la boca para darle un beso urgente. Draco lo recostó sobre su espalda para acomodarse encima de él. Profundizó el beso y enterró su erección creciente contra la del otro.
Draco descendió con una lluvia de besos por su quijada, su cuello, por su pecho y por su estómago. Le tomó tan solo un instante quitarle los bóxers. Sacó la lengua para lamer la cabeza con forma de hongo. Unas pequeñas gotas de líquido pre seminal comenzaron a brotar y Draco las lamió con un brillo perverso en los ojos.
“Me estás matando,” suspiró Harry.
“Haz algo útil y convoca mi varita,” le ordenó Draco antes de devorarlo por completo. Deslizó la lengua por toda su longitud y lo succionó con gentileza. Extendió la mano y sintió que Harry le depositaba la varita sobre su palma. Sin dejar de succionar, apuntó la varita al trasero de Harry y lanzó un encantamiento limpiador y lubricante en silencio. Aventó a varita a un lado para después introducir el dedo corazón en la entrada de Harry. Lo metió y sacó lentamente unas cuantas veces mientras Harry se relajaba. Añadió otro dedo y lo succionó con mas fuerza mientras le acariciaba el interior.
“Oh, fóllame,” logró decir Harry entrecortadamente.
Draco succionó su pene unas cuantas veces mas antes de colocarse arriba de su amante.
“Ruégame,” susurró mirándolo a los ojos con intensidad.
“Por favor.”
Draco sacudió la cabeza acariciando su propio pene juguetón con la mano llena de lubricante.
“Por favor, Draco, fóllame,” suplicó Harry con mas pasión.
Draco asintió y guió su pene dentro del trasero de Harry. Presionó unos cuantos centímetros y se detuvo para permitir que Harry se adaptara. Sus ojos no se apartaron un segundo de los de Harry sino hasta que quedó completamente enterrado, solo entonces los cerró para saborear el sentirse rodeado por Harry. Se retiró un par de centímetros con gentileza antes de volverlo a penetrar hasta donde le fuera posible.
Harry gimió en voz baja y levantó las piernas por encima de los hombros de Draco. Éste lo sujetó de los tobillos para ayudarlo a acomodarse. Establecieron un ritmo lento y metódico. A Draco le encantaba tomar el control y a Harry le encantaba cederlo. Pero después de un rato Draco ya no pudo controlarse. Lo folló rápida y furiosamente, con una intensidad que no habían compartido en algún tiempo. Ambos dejaron atrás todas las expectativas que la vida les había impuesto y se concentraron únicamente en sus orgasmos inminentes. Harry se bombeó el pene lo más rápido que le permitió la mano. Al escucharlo gritar su nombre, Draco llegó al clímax.
Después de un rápido hechizo limpiador, se abrazaron y se quedaron dormidos por segunda vez ese día. Solo se despertaron cuando el elfo doméstico les susurró que Orión los esperaba a cenar dentro de una hora.
Harry se estiró y acercó a Draco hacia su pecho.
“Supongo que ahora esperas que me case contigo,” murmuró Draco en un tono casual.
“¿Qué te parece la semana que viene?”
“¿La semana que viene? Estas cosas necesitan planearse,” declaró Draco indignado.
“¿Un mes?”
“Supongo que para ese entonces podría organizar algo.”
“Hazlo.”
“Si.”
“Qué bien.” Harry le besó la coronilla.
“Vamos a decirle a Orión.”
Fin