| El Dormitorio de Gryffindor |
N/A: Esta historia me vino a la mente por algo muy parecido que le sucedio Nalero. Como a Michi Chu, estando en el dentista se me ocurrió casi toda la historia, salvo por el final, en donde me atoré y poco y Nalero (en honor a la verdad), entró al rescate.
Se encontraba recargado en un pilar platicando con alguien de Hufflepuf cuando sintió un familiar cosquilleo en la base de la cabeza, ese cosquilleo que sentía siempre que lo observaban de forma insistente. Alguien lo estaba observando. Sin ser descortés con su interlocutor, recorrió con la mirada el salón. Todos se encontraban contentos, ya fuera bailando al ritmo de las brujas de Macbeth- o platicando en grupitos alrededor de la pista de baile. Desvió la mirada hacia la entrada del vestíbulo. Nada fuera de lo normal, con excepción de unas cuantas parejitas que se dirigían hacia el bosque o el lago.
No parecía haber nadie observándolo, pero el cosquilleo seguía ahí.
"¿Qué piensas hacer después de Howgarts?" preguntó su acompañante.
"Pienso convertirme en auror." Maldición, la sensación no se iba. "Voy a buscar algo de tomar, ¿me disculpas?"
Empezó a caminar lentamente hacia donde se encontraban las bebidas examinando a todas las personas que se encontraban allí. Sentía perfectamente cómo lo recorrían de pies a cabeza. Se sirvió un poco de jugo de calabaza.
"Espero que ese jugo no esté alterado." Le llegó a sus espaldas la voz de la profesora McGonagall.
"Por supuesto que no profesora." Respondió cortés.
"¿Porqué no se encuentra bailando como el resto de sus compañeros?" preguntó la profesora.
"De momento no tengo ganas." Desvió la mirada hacia un grupo de personas que se hallaban en la esquina opuesta del salón y que habían quedado a la vista cuando se abrió un hueco en la pista de baile.
Ahí estaba. Se encontró con esa mirada familiar que siempre lo hacía estremecer y la música pareció silenciarse, porque lo único que llegaba a sus oídos era el fuerte palpitar de su corazón, la luz se volvió difusa, salvo por la imagen que permanecía en el centro de su atención, como si fuera lo único que se encontrara en el cuarto.
La profesora McGonagall seguía conversando ignorante de su perturbado estado. Desde que tenía once años la intensidad de esos ojos lo había perturbado. Claro que en ese entonces no sabía lo que era y siempre había reaccionado con animosidad. Habían pasado ya seis años. Por fin había descubierto lo que se encontraba en el fondo de esa 'animosidad'.
Deseo. Amor. Pero después de tanto tiempo y tantas peleas no sabía ahora como derrumbar las paredes que se habían levantado entre ellos y acercarse a ese muchacho que en este momento lo estaba observando. Incapaz de sostenerle la mirada por temor a revelar sus verdaderos sentimientos bajó la cabeza.
McGonagall hablaba algo sobre Voldemort, pero no sabía con certeza qué. Le preguntó su opinión, sin saber qué responder se limitó a emitir un gruñido de asentimiento.
Perdió la noción del tiempo. Ahora a McGonagall se había sumado el profesor Binns y se hallaban enfrascados en una discusión acerca de la posible rebelión de los duendes.
"Son criaturas traicioneras que solo buscan la oportunidad de pelear." Aseguró el profesor Binns "Ya verá Minerva, solo es cuestión de tiempo."
"Tiene razón profesor, pero no creo que se vayan a pasar del lado de Quién Usted Sabe." Comentó McGonagall. Para ella, los duendes eran criaturas que no se dejaban ver la cara. "O ¿usted qué piensa joven?"
"¿Perdón?" estaba distraído, sentía mariposas en el estómago.
"Le pregunté que qué piensa" repitió McGonagall.
"Ah... claro, estoy de acuerdo." Contestó para salir del paso y se movió inquieto en su lugar
"¿De acuerdo con quién?" preguntó Binns.
"¿Eh?... ah... con... la profesora."
Después de eso ya no supo de qué hablaban los profesores. No podía seguir el ritmo de la plática. Estaba inquieto. Cambió de postura, quizá eso lo relajara un poco.
¡Demonios, deja de mirarme!
Se cruzó de brazos. No, no sirve de nada. Se volteó de forma tal que quedó de espaldas a su observador. Pudo sentir perfectamente como la mirada de éste lo recorría de arriba abajo, deteniéndose de tanto en tanto
Volvió a voltearse para enfrentar al muchacho que tan descaradamente lo veía. Lo que vio en su rostro lo dejó sin aliento. Deseo. Deseo puro. Su mirada estaba fija a la altura de su pecho y se humedecía los labios con la lengua de una forma que le dieron ganas de ir hasta donde estaba y morderla hasta arrancársela de raíz.
"¡Hey!" al escuchar a sus profesores, volteó asustado. "Te hemos estado hablando durante cinco minutos y tu pareces en otro planeta. ¿Qué te pasa?"
"Nada, creo que necesito aire fresco."
Sin una palabra más, salió hacia el jardín en busca de aire.
¿Será verdad? Pensó esperanzado
Estaba muy cansado, era lo único que sabía, si por él fuera, no habría venido a esta fiesta. No importaba que fuera su graduación. No había dormido, el único pensamiento que ocupaba su mente era que no lo vería más.
Por fin había aceptado sus verdaderos sentimientos hacia su enemigo, pero ahora no sabía que hacer para hacérselos saber.
Se vistió como un autómata. No soportaba la idea de verlo una vez más. Quizá la última.
Ya una vez en la fiesta había intentado bailar con varias chicas, pero no había conseguido concentrarse. Cansado, se fue a una de las esquinas del salón, con un vaso de jugo de calabaza. Estaba pensando en lo agradable que sería estar en la cama, en lugar de tener que estar aquí fingiendo divertirse, cuando lo vio.
Estaba recargado en un pilar, conversando amigablemente con alguien de Hufflepuf.
Maldito. Sabe lo que siento por él y se exhibe delante de mi con alguien más para darme celos. Pensó irritado. ¿Cómo habría de saber lo que sientes? Intervino una voz. Jamás has hecho algo que le demuestre lo que sientes.
Aún más molesto admitió que era verdad. Él jamás sabría lo mucho que lo deseaba. Lo mucho que lo amaba. Diablos... ¿porqué no hice nunca nada? Recorrió con la mirada al otro muchacho. De pronto, sintió que lo invadía una nueva vitalidad. Conforme iba bajando la vista de su cabeza a los pies, sintió como su cuerpo se iba llenando de energía.
Lo vio recorrer el salón con los ojos. Se ha dado cuenta de lo que lo estoy observando... pero no sabe quién soy. Perfecto. Subió la vista hacia la ancha espalda. Dios, cuánto le gustaría delinear con la lengua cada músculo, cada línea.
Lo vio observar la entrada. Ummm está inquieto, maravilloso. Seguía de espaldas a él, lo que le daba una oportunidad perfecta de admirarlo a sus anchas.
Bajo hasta la estrecha cadera. Mmm, mm, mm. Lo vio disculparse con su acompañante y dirigirse hacia donde estaban las bebidas. Lo vio servirse jugo de calabaza. Ahh, me gustaría verter ese jugo sobre su cuerpo y lamerlo poco a poco.
Observó a la profesora McGonagall acercarse a su presa. Si, su presa. Ahora estaba invadido por un sentimiento predatorio que no había sentido jamás.
Siguió observándolo como un cazador que está analizando los movimientos de su presa, de pronto un hueco se abrió entre la multitud y quedó perfectamente visible a los ojos de su víctima.
Cuando sus miradas se encontraron, lo primero que vio en los ojos del otro muchacho fue temor. Está nervioso. Antes de que pudiera descifrar algo más, el otro bajó la mirada.
Dios, lo deseo tanto. Ahora el profesor Binns también estaba con ellos. Observó a su víctima cambiar de postura. Ja, esto me gusta, no sabe qué hacer.
Parecía que estaba teniendo problemas de concentración, pues alcanzaba a ver perfectamente como contestaba con monosílabos. Luego le dio la espalda y él volvió a recorrerlo lentamente con la mirada. Volvió a darle la cara. En ese momento descubrió que tenía secos los labios y se los humedeció.
En ese preciso instante, el otro chico levantó la vista. Sus miradas se encontraron. Decidió no jugar más y dejó que su rostro revelara lo que sentía por él en ese momento.
Lo vio ponerse de un rojo carmesí que no había visto nunca, decir algo a los profesores y retirarse al jardín. Decidió ir tras él.
Detrás suyo oyó una voz femenina llamarlo.
Pero no se detuvo.
El aire de la noche sopló en bienvenida en cuanto salió del castillo. Comenzó a caminar por los límites del Bosque Prohibido para sosegar los acelerados latidos de su corazón. El agonizante cosquilleo que había dominado su cuerpo hacía tan solo unos instantes se había calmado.
Llegó al borde el lago. No podía dejar de pensar en la expresión del otro muchacho cuando sus miradas se encontraron. Sin duda alguna había deseo. ¿Pero cómo era eso posible? En todo el tiempo que tenían de conocerse solo se habían demostrado odio.
La luna se encontraba oculta tras las nubes. Las muchas parejas que se encontraban afuera estaban ocultas tras los árboles, así que podría decirse que estaba solo. Se hallaba tan sumido en sus pensamientos que no sintió los pasos de otra persona acercarse a donde estaba parado.
Se sobresaltó cuando sintió un par de brazos rodear su cintura por detrás. "Draco..." vino la voz cerca de su oído. Un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Cerró los ojos. Esta vez sintió una boca caliente besar su cuello, de forma inconsciente ladeó la cabeza para permitirle un mejor acceso a Harry y rodeó con sus propias manos las del otro muchacho.
La boca de Harry trazó una línea de besos desde detrás de la oreja de Draco hasta el punto donde se unen cuello y hombro, luego pasó la lengua por la misma zona y por último se alejó un poco para soplar algo de aire. Draco se sintió morir.
Instintivamente se volteó hacia Harry y fue encontrado por un par de ojos verdes que ahora estaban casi negros de deseo.
"Oh dios," murmuró, incapaz de pensar en algo más.
"Shh, no sabes hace cuánto he deseado hacer esto." La voz era ronca y sensual
Draco no podía dar crédito a sus oídos. ¿Harry Potter lo deseaba a él, Draco Malfoy? Trató de contestar, de decir que él también había sentido lo mismo, pero las palabras se negaron a salir de su boca, en parte porque no quería y en parte porque ésta se vio obstruida por unos labios cálidos que lo besaron primero tentativamente, como temerosos; pero poco a poco la presión de éstos fue subiendo. Cuando Draco por fin abrió la boca, una lengua invadió su interior, recorriendo primero sus dientes, luego penetró más y fue encontrada por otra lengua dispuesta a luchar con ella. Se entrelazaron en un juego en el que no importaba quién ganaba o perdía, solo el placer mutuo.
Draco pasó las manos alrededor del cuello de Harry para profundizar el beso. Harry entrelazó las suyas en la cintura de Draco y presionó su cadera contra la del rubio. Éste dio un pequeño brinco de sorpresa. La firmeza de Harry se sentía perfectamente a través de la ropa.
Sintiendo que las piernas no le respondían Draco los arrastró a ambos hasta que quedaron sobre el césped, Harry encima de él acariciando los costados de su cuerpo. Draco subía y bajaba las manos por la espalda del moreno hasta que encontraron su nido en el cabello negro, en donde se entretuvieron enredando los dedos, jalándolo, acariciándolo.
Los gemidos de ambos se entremezclaron con los ruidos de la noche. Manos febriles luchaban por pasar el obstáculo de la ropa. Harry sintió la dureza de Draco y por los jadeos entrecortados que el otro muchacho emitía, adivinó que no le faltaba mucho para llegar al clímax.
Entonces empezó a frotar su cadera contra la otra y sintió como le era devuelta la presión. Establecieron un ritmo rápido, desigual, hasta que todo estalló en un mundo de fuegos artificiales que momentáneamente nublaron sus sentidos.
Con la respiración entrecortada, el rostro sudoroso y el cuerpo palpitante, ambos quedaron ahí, Harry todavía sobre Draco.
Después de unos momentos, Harry se rodó hasta quedar con la espalda al suelo, junto a Draco. Un cómodo silencio se hizo entre ellos y ninguno parecía dispuesto a romperlo. Ambos estaban perdidos en sus propios pensamientos de asombro ante la perfección y ante el descubrimiento de que eran correspondidos sus sentimientos.
"Eso fue..."
"Algo inesperado..."
"Pero también..."
"Algo que quería que sucediera desde hace mucho tiempo..."
"Entonces ya somos dos."
La luna reapareció de entre las nubes iluminando sus ojos. La mutua comprensión reflejada en ambas miradas. De pronto, Harry comenzó a reír. Muy suave primero y luego una fuerte carcajada que fue seguida por otra igual haciéndole eco.
Gradualmente sus risas fueron apagándose y Draco se giró hasta quedar casi sobre Harry, mientras tomaba la quijada de Harry con la mano derecha para obligarlo a verlo a los ojos, "No vuelvas a hacerme eso en público".
"¿Hacerte qué?," fue la divertida y falsamente inocente pregunta.
"Mirarme de esa forma, no finjas." Contestó Draco amenazador.
"¿Cómo?," los ojos de Harry delataban su diversión.
"Cómo si fueras el gato cazando al ratón," contestó gruñón Draco, luego su gesto se volvió grave, incapaz de ocultar sus temores un momento mas "¿Y ahora qué?"
"No sé. ¿Tu que piensas?," preguntó Harry con una horrible sensación de tragedia en el estómago, pero al mismo tiempo maravillado de que Draco le estuviera preguntando que harían después, en lugar de irse con un 'Gracias, muy amable de tu parte. Adios'
"Bueno, no será precisamente fácil." Aventuró Draco, deseando fervientemente que las cosas no volvieran rápidamente al anterior status quo.
De repente Harry sintió como si le quitaran un enorme peso de encima y todo pareció volverse mas claro, más brillante. No había reclamos, no había sarcasmos, ni necesidad de aclaraciones o disculpas. Con un dedo recorrió la atractivas facciones del otro muchacho. Una nueva sensación de alegría se había instalado en su corazón. Si esto era mutuo, podrían vencer cualquier contratiempo, aún los linajes y odios mas antiguos. Incluso Ron entendería.
"Si permanecemos firmes y juntos, no será tan difícil," dijo con tono suave. Arqueó una ceja en una muda pregunta, poniendo su corazón y su vida en ella. Draco permaneció pensativo por unos instantes, un tumulto de emociones pasó por sus ojos enturbiándolos, luego se aclararon para oscurecerse de deseo cuando le dirigió diabólica sonrisa.
"Está bien, pero yo escogeré donde nos instalaremos." Con esto, sus labios buscaron nuevamente los de Harry, reclamándolos en un beso posesivo, marcando su propiedad.
Harry se perdió en el beso, dejándose guiar y olvidándose de lo que lo rodeaba. Con Draco a su lado, podría enfrentar cualquier cosa que le deparara el destino.
Draco se separó respirando entrecortadamente, sintiendo la urgencia de saber un millón de cosas al mismo tiempo que no deseaba detenerse y seguir besando a Harry eternamente.
"¿Cuándo comenzó esto?," preguntó entre breves mordiscos al labio inferior de Harry.
"No sé." Harry solo deseaba seguir sintiendo los labios de Draco sobre los suyos.
"¿Cuándo te diste cuenta de lo que sentías?," Draco comenzó a deslizar los labios por el cuello de Harry, dando suaves mordiscos.
"No sé." Harry no podía pensar claramente. Su mente y su cuerpo estaban inundados de Draco.
"¿Te ibas a ir sin intentarlo?," comenzó a subir hacia la oreja derecha.
"No sé." Harry volvió el rostro hacia Draco tratando de capturar sus labios de nuevo, pero el chico rubio no se lo permitió, se detuvo y se incorporó un poco.
"Diablos Potter, ¿Hay algo que si sepas?" preguntó con tono divertido.
"Si." Contestó Harry claramente, pasó los brazos alrededor de la cintura de Draco y lo atrajo hacia sí con un firme y posesivo movimiento. "Que te amo."
"Yo también."
No sin esfuerzo, Harry se dio la vuelta hasta quedar sobre Draco. Ahora era su turno, pensó recorriendo todo el cuello de Draco con la lengua, arrancando gemidos de placer de esa deliciosa garganta.
El manto de la noche los cubrió, dando la bienvenida a la unión perfecta de los antagonistas, los complementos. Griffyndor y Slytherin.