El Dormitorio de Gryffindor
Lo Único que Quiero Para Navidad
Escrita por: Alexis Kemp
Traducida por: Nalero y Val

En el enorme salón en el que Draco celebraba anualmente las fiestas, el techo centelleaba con una oleada de luces de hadas que flotaban alrededor de unos adornos de vidrio soplado de color verde azulado y chocolate. Gruesas telas brillantes de un rico color agua iridiscente fluían hacia el suelo, las mesas estaban llenas de entremeses exquisitos y cocteles espumosos delineaban el área cerca de la pista de baile.

La pieza central de la habitación era un impresionante árbol de Navidad dorado hecho de champagne decorado con ricos listones de seda, flores invernales resplandecientes y adornos de vidrio brillantes. Debajo había acomodados regalos de diferentes tipos, todos envueltos con papel brilloso y gruesos listones de terciopelo.

Pero la decoración no era el problema, ya que el salón de la mansión era un banquete para los ojos y nadie que entrara podía negar su magnificencia, pero era ahí donde yacía el problema. Agraciaban su vestíbulo cientos de magos y brujas, que bailaban, comían, bebían y en general estaban contentos, pero no estaba ahí la única persona que hubiera querido que asistiera.

La banda Manheim Steamrollers tocaba de fondo y sus dedos comenzaron a tocar automáticamente sobre su copa el acompañamiento para piano de ‘Greensleeves’. Nunca había estado en una fiesta de Navidad tan aburrida, algo que resultaba bastante triste ya que era su propia fiesta.

Afortunadamente nadie mas aparte de él parecía encontrarla igual de aburrida y las risas llenaban el salón al mismo tiempo que las personas iban y venían contándose historias insulsas en esta alegre tarde de Navidad. Y Draco no podía apartar los ojos de la puerta en espera de que llegara su invitado de honor.

Durante casi una década lo había invitado a cada una de sus fiestas y ni una sola vez el chico lo había considerado lo suficientemente digno o célebre como para asistir. Tal pareciera que nada de lo que hacía era suficiente para impresionar al héroe de guerra que ahora era profesor de Defensa en Hogwarts. Ni siquiera después de que comenzara sus propias caridades con lo recaudado en beneficio de la víctimas de la guerra y sus familias, ni cuando se aseguró un lugar dentro del Wizengamot, ni después de que el año pasado ganara el título como el mago soltero mas codiciado en la revista W.Q. en lugar de Potter (del que hubiera sido su octavo año consecutivo).

Nada, ni su prestigio, ni sus amigos poderosos, ni su riqueza ni sus buenas obras habían captado la atención del hombre como deseaba desesperadamente que pasara.

“Una fiesta verdaderamente encantadora como siempre, Draco,” murmuró una suave voz femenina, él desvió la mirada de la entrada hacia la delgada mujer a su lado dedicándole una reverencia y una sonrisa.

“Gracias, Pansy,” murmuró distraídamente antes de regresar la mirada hacia la puerta pues no quería perderse el momento en que llegara Potter.

“Veo que sigues esperando a Potter,” suspiró ella recargándose sobre el brazo de él y riendo ligeramente cuando Draco pareció un poco sorprendido por su observación.

“¿Cómo?” comenzó a preguntar, pero ella se limitó a poner los ojos en blanco.

“¿De verdad crees que soy tan ciega que no puedo ver cuando mi mejor amigo está vuelto loco por alguien?” le preguntó arrogante. “En serio, Draco. Ya tienes años detrás de él, desde que te lo encontraste en… ¿dónde era?” meditó en voz alta.

“El Café de Tandy,” soltó Draco sonrojándose ante la sonrisa cómplice de Pansy. Era evidente que le había puesto una trampa y él cayó derechito en ella. “De acuerdo. Reconozco que siento una ligera atracción por el hombre, pero digo, yo no me enamoraría de cualquiera.”

“No, es cierto. De entre toda la gente te tenías que enamorar de Harry Potter, el rey de los bienhechores de Gryffindor,” comentó ella de mal humor aunque era obvio que la idea le parecía divertida.

“Ya no estamos en Hogwarts, Pansy,” la regañó Draco. “Ya no estamos limitados a esos títulos.”

“Quizá tu no, pero Potter si. Es el Jefe de la Casa de Gryffindor. Rojo y dorado de por vida,” lo bromeó.

Draco puso los ojos en blanco golpeando nerviosamente su anillo de plata contra su copa. “¿Crees que sea por eso que nunca viene? ¿Porque todavía me ve como el tonto Slytherin con el que fue a la escuela?”

Pansy hizo una mueca frunciendo sus rasgos un poco, provocando que su nariz pareciera la de un conejo. “No estoy segura, Draco... pero ya es bastante tarde y no creo que vaya a venir.”

“Yo creo que si. Creo que esta noche vendrá finalmente,” suspiró Draco sin siquiera esforzarse por convencerse a sí mismo o a Pansy de que hablaba en serio. Sabía que Potter nunca se presentaría, nunca antes lo había hecho y no había nada que le indicara que esta noche sería diferente.

“Estoy segura de que tienes razón,” concedió Pansy a sabiendas de que era inútil discutir con Draco acerca de Harry Potter. Siendo honestos, él había colocado en un pedestal al héroe de guerra poco después de que ésta terminara, pero para ella era obvio que Draco sabía poco acerca del hombre que idolatraba.

Draco continuó incrementando su poder, fama y riqueza y era evidente que todo ello le importaba poco a Potter. No había que olvidar que había rechazado el puesto de Ministro y que seguía viviendo en Hogwarts como si la vida real no existiera. Le dolía en el alma verlo, pero la forma en que su amigo vivía su vida nunca le iba a ganar la atención de Potter.

Motivo por el cual este año había tomado cartas en el asunto y había interceptado la invitación de Potter antes de que llegara a las manos del famoso profesor.

Junto con la invitación regular que recibiría todo el mundo, la de Harry incluía una notita de puño y letra de ella, claro, en la que detallaba el afecto de Draco y en la que le además le suplicaba que se presentara si creía que podía llegar a sentir lo mismo. Ella esperaba, por el bienestar de su amigo, que Potter apareciera, pero si no lo hacía, entonces pasaría al plan de emergencia con el que pretendía sacar de la mente de Draco de una vez por todas a ese héroe renuente.

Sin embargo, el reloj continuaba su marcha y entre la enorme cantidad de invitados que pululaban por los pasillos de la mansión no había ninguna señal de un invitado de ojos verdes y cabello desordenado.

Le acarició el brazo a modo de despedida antes de regresar para mezclarse con otros invitados mas animados y Draco siguió observando la puerta mientras pensaba en su primera conversación real con Potter.

Como había balbuceado anteriormente, fue en el Café del Callejón Diagon, Harry estaba solo en una esquina leyendo un librito de poesía. Todavía no sabía qué era lo que lo había hecho ir a sentarse directamente frente al chico, pero todavía le causaba risa recordar la chispa de sorpresa en los ojos de Potter y el ligero rubor rosado que cubrió sus mejillas cuando vio a su acompañante no invitado.

“¿Poesía, Potter? Habría esperado que estuvieras leyendo manuales de Auror o de lo contrario, nada,” se burló arrebatándole el libro.

Lo hojeó brevemente, en realidad no quería leerlo, sino mas bien quería ver estremecerse a Potter. Harry se limitó a mirarlo con ojos brillantes y muy abiertos. “Regrésamelo, Malfoy,” dijo al fin evidentemente molesto.

“Vaya, vaya. Las cosas que escribiría Rita Skeeer si supiera de tu predilección por las tonterías románticas,” lo provocó. “Ya en serio, ¿qué has hecho estos...? ¿cuántos? ¿dos años desde que terminó la guerra?”

Harry sacudió la cabeza porque el repentino cambio de conducta de Draco lo tomó desprevenido. “He... estado entrenando,” murmuró.

“¿Como Auror?” preguntó Draco sintiendo que ya sabía la respuesta y Harry se imitó a asentir. “Lo sabía,” anunció e hizo a un lado el libro. “¿Lo disfrutas?”

Harry abrió la boca como para contestar algo obligatorio como ‘si’, ‘por supuesto’ o incluso un ‘bastante’, pero la volvió a cerrar rápidamente y un rastro de sonrisa dibujó sus labios. “Lo odio,” replicó al fin. “Todo me recuerda a la guerra y todas las cosas que andan mal en el Ministerio. De hecho, creo que voy a salirme.”

Ahora fue el turno de Draco de verse desprevenido, pues nunca había imaginado que el Chico Que Vivió fuera tan honesto con él. “¿Lo... eh... odias?”

“Absolutamente,” anunció Harry con un suspiro pesado de alivio. “Me sentí muy bien al decirlo en voz alta,” meditó. “No le he dicho a nadie que pienso salirme. Ron está demasiado contento de que estemos los dos en el programa, Hermione se siente orgullosa de que haya estudiado lo suficientemente duro como para ser aceptado y todos los Weasley esperan que me convierta en el mejor Auror, pero no quiero... y tampoco quiero decepcionarlos,” admitió.

“¿Por qué... me estás contando esto?” le preguntó Draco todavía un poco sorprendido por su candor.

“Tu me preguntaste,” replicó Harry encogiéndose de hombros. “Y, vaya, no fui yo el que invadió tu tranquilo desayuno, ¿o si?”

“Touché, Potter,” replicó Draco haciendo una pequeña reverencia de broma. “¿Y qué piensas hacer si no quieres ser Auror?”

Harry se encogió de hombros, mismos que se elevaron cuando estiró los brazos detrás de él, revelando un pecho bronceado visible por debajo de su camiseta holgada. Antes de eso, Draco no se había percatado de que Potter iba vestido como muggle. La camiseta desgastada tenía estampado en terciopelo un árbol retorcido negro y las siluetas de lo que parecían ser varios cuervos a lo largo del pecho y terminaban en el hombro. Tenía cruzada relajadamente la pierna derecha sobre la izquierda, sus pantalones desgastados eran grises, casi negros y hasta donde podía ver le quedaban muy bien.

De pronto se aclaró la garganta y apartó la mirada del cuerpo bien formado de Harry para prestar atención a su respuesta.

“He estado pensando en la enseñanza. Espero que tengan un lugar para mi en Hogwarts, pero si no se da, podría intentarlo en algún otro lado,” replicó con el rastro de una sonrisa en su cara. Draco esperaba que no lo hubiera descubierto en su cuidadoso escrutinio.

“Oh, si, estoy seguro de que te adorarían en Beauxbatons,” comentó sonriendo.

Harry se movió incómodo y sacudió la cabeza. “No, ahí no. No necesito ese tipo de distracciones, estaba pensando en dar clases en una escuela muggle.”

Draco ignoró la blasfemia que suponía que un mago de reconocimiento mundial considerara dar clases en una escuela muggle y fue directo hacia lo que mas le interesaba. “¿Qué tipo de distracciones son las que necesitas?” preguntó con una sonrisa traviesa.

Se sintió complacido al ver el sonrojo que subió por el cuello de Harry, aunque su respuesta lo sorprendió un poco. “Necesito compañía,” susurró al fin pero mas bien fue como si estuviera hablando consigo mismo en vez de con Draco. “Alguien con quien compartir las noches frías, que cuide de mi cuando esté enfermo, que se ría de mis bromas sin importar lo terribles que sean... alguien que valga la pena.”

No era algo frecuente que Draco sintiera cómo todo su cuerpo se acaloraba en respuesta a otra persona, pero en ese momento sintió que se parecía demasiado a Harry, mas de lo que se había sentido con nadie mas. No podía recordar alguna ocasión en que su corazón hubiera latido tan rápido golpeteándole el pecho como lo hacía ahora, ni siquiera al estar parado frente al imponente y malvado Voldemort.

Quería a Potter y sentía que tenía que poseerlo en todo el sentido de la palabra y Potter mismo le había dado la clave. Draco tenía que hacerse merecedor de los afectos de Potter y no se detendría hasta que no hubiera ganado al chico.

Estuvieron platicando cosas sin importancia durante otra hora, cada minuto de la cual, Draco estuvo intentando impresionar a Harry contándole un poco sobre su posición, sus amigos o los lugares en los que había estado hasta que finalmente Harry se levantó y le ofreció la mano.

Lo único que Draco pudo hacer, fue mirarla fijamente mientras su corazón se aceleraba por el anhelo que había sentido por estrechar la mano del chico diez años atrás. La sujetó e inmediatamente sintió la chispa entre ellos, como si en ese momento un rayo hubiera decidido recorrer su cuerpo para conectarse con el de Harry. No sabía a ciencia cierta si Potter lo había sentido también, pero juraría que vio brillar con satisfacción esos ojos verdes.

“Te veré después, Malfoy,” dijo dejando caer la mano a un costado mientras Draco buscaba furiosamente una razón válida para volverlo a ver. “Fue realmente... agradable... platicar contigo. ¿Quién lo hubiera pensado?” lo bromeó y Draco soltó una risa forzada.

“Bueno, voy a tener una fiesta este fin de semana, ¿querrías darte una vuelta?”

“Eh...” respondió Harry viéndose incómodo.

“Es una reunión del Ministerio, estarán presentes muchos miembros del Wizengamot, incluido el Ministro,” sugirió esperando convencerlo con sus amigos poderosos.

“Este fin de semana estaré ocupado... ¿quizá en alguna otra ocasión?” replicó Harry vagamente pasando a su lado rumbo a la puerta. “Te veré por ahí, Malfoy,” dijo al fin antes de desaparecer en la calle llena de gente.

Cuando Draco se percató de que Harry había dejado su libro era demasiado tarde para alcanzarlo por lo que se lo metió en el bolsillo de la túnica. Pensó en utilizarlo como excusa para volverlo a ver, pero mientras mas tiempo tenía consigo ese librito de poesía, mas débil se volvía la excusa. Y es que no podía aparecerse en Hogwarts así como así y decirle, ‘Oh, andaba por aquí y creí que querrías tener de vuelta tu libro después de los diez años que lo he tenido yo.”

Se aferró al libro manteniéndolo siempre cerca de si y sin haberlo abierto ni una sola vez. Quería preservar para siempre ese pedacito de tiempo que había estado con Harry, pues mientras mas pasaba el tiempo sin que hubiera contacto entre los dos, mas dudas lo asaltaban de que pudiera volver a haber otro momento para ellos.

Después de esa mañana, Draco intentó con todo su ser volverse digno del hombre con el que había sentido una conexión instantánea y profunda, pero nada funcionó, y todas y cada una de sus invitaciones pasaron de largo sin ser atendidas. Incluso pensó en enviarle una lechuza con sus sentimientos descritos sutilmente en espera de que Harry le contestara, pero sintió que un acto de semejante naturaleza parecería desesperado por lo que lo descartó de inmediato.

Si Potter hubiera estado remotamente interesado en él, habría aceptado una de las cientos de invitaciones que le había enviado. El hecho de que no lo hubiera hecho le demostraba a Draco que tenía que esforzarse mas en atrapar la atención del hombre con el que soñaba todas las noches.

Una fuerte palmada en el hombro lo sacó de sus pensamientos y volteó para mirar al Ministro, Clive Edgecomb que estaba parado junto a él. “Brillante como siempre, muchacho,” comentó efusivo.

“Gracias, señor. Me alegra que se esté divirtiendo,” replicó con una sonrisa forzada.

“¿Te veremos en la gala la semana entrante?” le preguntó el Ministro con un brillo expectante en los ojos.

“No me la perdería por nada, señor,” replicó Draco, el señor Edgecomb asintió disponiéndose a marcharse. “Feliz Navidad, señor,” le gritó Draco.

El Ministro fue el primero de los muchos que se marcharon y después de que las campanas anunciaron las dos de la mañana, Draco quedó solo en el vestíbulo desolado. Echó un vistazo al vasto espacio y se preguntó por qué aún estando lleno de gente lo sentía tan vacío como en ese momento.

“Draco, cariño, lo siento mucho,” comentó Pansy un poco mas allá del vestíbulo conforme se acercaba a él, era la última invitada de la fiesta de Navidad.

Draco suspiró encogiéndose de hombros elegantemente, intentando demostrar que le importaba muy poco que la presencia de Harry fuera lo único que había faltado en su vestíbulo decorado. “Nunca antes ha venido. No sé porque pensé que esta noche sería diferente.”

“Bueno, es un tonto si no ve lo que yo veo,” le dijo ella parándose de puntitas para darle un beso en la mejilla. “¿Quizá podría hacerte una cita con algún sujeto guapo que si atienda a las invitaciones para la Gala del Ministerio?”

Draco sacudió la cabeza una vez acompañándola hacia la salida. “Gracias, pero no, gracias, Pansy. Tengo que superar esta decepción a mi manera.”

“Está bien,” resopló ella. “Pero no te quedes despierto enfurruñado toda la noche, ¿de acuerdo?”

Draco sonrió débilmente asintiendo. “Haré mi mejor esfuerzo,” murmuró.

Después de acompañar a su amiga hasta la puerta y observarla Desaparecerse, Draco regresó al interior y apagó las luces, de tal forma que el árbol en el centro de la habitación brillaba como una joya multifacética. Era realmente bello, pero no había otro regalo debajo de ese árbol que prefiriera mas que la presencia de Harry en su casa y en cada una de las festividades.

¿Qué otra cosa podía hacer para impresionarlo? Tenía los amigos y aliados mas poderosos. Se había despojado de todos los libros de Magia Tenebrosa que su padre había escondido; incluso había reducido su personal a dos elfos domésticos, pues sabía que Granger, la amiga de Potter era la jefa de la Unión de Igualdad Elfica.

Ya estaba casi exhausto de todos sus intentos por hacer que Potter lo notara, cuando lo único que quería hacer era sentarse frente a la chimenea con Harry y una buena taza de chocolate caliente.

“¿Me perdí la fiesta?” preguntó una voz profunda detrás de él. Se volteó para ver a ese invitado de último minuto e incluso en la oscuridad del vestíbulo pudo ver las luces de las hadas reflejada en unos brillantes ojos verdes.

“Harry,” susurró, su voz apenas fue perceptible a través de la distancia que los separaba. Se aclaro la garganta mientras se acercaba a donde Harry estaba parado. “Llegas tarde,” señaló con una sonrisa juguetona.

“No me gustan mucho las multitudes,” replicó Harry.

Draco quería gritar por todos los cielos que Harry Potter estaba finalmente, después de una larga espera, aquí, frente a él, en su casa y sólo para él. “No creí que fueras a venir. Nunca antes atendiste a mis invitaciones.”

“Hubiera sido mejor recibida una invitación para tomar el té, que una para una fiesta bulliciosa,” le informó Harry sonriendo tímidamente.

“¿Entonces qué te hizo cambiar de parecer esta ocasión?” preguntó Draco guiándolos hacia la terraza en donde la nieve todavía caía en remolinos sobre los adoquines y el jardín cuyos árboles y arbustos estaban podados en diversas formas. Era difícil distinguir las estrellas en medio de la noche, sobre todo cuando nevaba así, pero Draco no tenía ojos para las estrellas.

Harry se volvió hacia él analizándolo con ojo crítico y Draco lo soportó firme, sabiendo que había echo todo lo que podía para volverse digno de los afectos de Harry.

“¿Es una broma?” preguntó Harry blandiendo un pergamino doblado cuidadosamente, y en respuesta a la confusión evidente en la cara del rubio, se lo dio para que lo leyera.

Draco leyó la nota por encima, alcanzando a distinguir frases como ‘mi amigo se siente completamente atraído por ti’ y pudo sentir cómo se le acaloraba la cara con una mezcla de vergüenza y rabia. “Voy a matar a Pansy,” anunció al aire entre dientes mientras se resistía a la idea de hacer bolita la nota para tirarla a un lado.

Sentía los ojos ardientes de Harry sobre él, pero no parecía ser capaz de reunir la energía necesaria para verlo a los ojos después de ver escrita su pasión por Potter con garabatos pequeños. “¿Entonces fue una broma pesada?” escuchó exhalar a Harry y levantó la mirada a tiempo para ver al hombre de sus sueños alejándose nuevamente.

Lo sujetó del brazo y lo volteó, Potter tenía una mirada casi molesta en los ojos. “No. No fue una broma. Digo, es evidente que yo no la escribí, aunque no creo que lo hayas pensado,” indicó señalando la escritura delicada y evidentemente de chica. No quería que Harry pensara que le ponía los puntos a las ‘i’ en forma de corazón. “Pero la intención no fue maliciosa.”

Harry ladeó la cabeza estudiándolo una vez mas. “¿Entonces es verdad lo que dice la nota?” preguntó genuinamente curioso.

A Draco se le secó la boca y le fallaron las palabras. Pensó en la nota y en las profesiones de amor para el hombre parado frente a él delicadamente descritas, las súplicas casi poéticas de su amiga para que Harry recapacitara sobre sus sentimientos hacia él y acudiera a la fiesta si sentía algo parecido.

Miró los ojos expectantes de Harry y dejó que llenara su mente la parte mas importante de la nota. “¿Estás aquí porque sientes lo mismo?”

Harry se cruzó de brazos con los labios apretados a la defensiva. “Yo te pregunté primero, Malfoy,” señaló rechazando claramente contestar a la pregunta.

“Cada palabra es verdad,” admitió finalmente Draco pues no deseaba que su frágil ego se interpusiera en la que parecía ser una oportunidad única en la vida para hacerle saber a Harry lo que sentía. “Me siento ridícula, inequívoca e irracionalmente atraído por ti.”

Un jadeo fuerte escapó de los labios de Harry que abrió ligeramente los ojos. “¿Por qué no dijiste nada antes?”

“¿Cuándo?” exigió saber Draco. “Te he invitado a mi casa en no menos de cincuenta ocasiones y te he buscado la misma cantidad de veces, solo para descubrir que eras el único invitado faltante.”

“No me gusta que me guíen del brazo por un salón para que me puedas presumir a tus amigos como si fuera un especie de trofeo,” ladró Harry al parecer molesto.

“¿Qué? ¿Creíste...? eso es ridículo,” lo reprendió Draco. “Esa nunca fue mi intención. Tu eras el único que de verdad quería que asistiera. Si hubieras estado a mi lado habría ignorado a todos los demás.”

El rostro de Harry se suavizo y lo miró con ojos curiosos. “¿Entonces por qué la invitación a una fiesta? ¿Por qué no una reunión privada, un té, un almuerzo o el cine? Si te sentías así, ¿por qué no invitarme a una cita formal?”

Era rara la ocasión en que Draco se sonrojaba, y esta fue una de ellas. Pudo sentir la oleada de calor subir por sus venas mandando rápidamente toda la sangre a su cuello y mejillas. “Escuché lo que dijiste esa mañana en el café. Me esforcé por convertirme en alguien digno de ti.”

“Oh, Draco,” gruñó Harry suavemente como si estuviera consolando a un niño pequeño.

No dejó que lo distrajera lo que sintió al escuchar su nombre de pila de los labios de Harry, de igual manera no dejó que pasara desapercibido el tono ligeramente de regaño en su voz. “Supuse que si iba a lograr volverme alguien digno, tu responderías a alguna de mis invitaciones.”

Harry suspiró y lo tomó de la mano, sobresaltándolo cuando volvió a sentir ese fuego que sintió esa mañana hacía diez años atrás y enredó los dedos entre los de Harry como una serpiente que se enrosca al prepararse para atacar.

Se maravilló al sentir los círculos lentos y suaves que Harry trazó con su pulgar sobre su palma y todo lo que quiso fue hundirse en él.

“¿Todavía tienes mi libro?” preguntó Harry de pronto sorprendiéndolo.

“¿El libro de poesía?” replicó y Harry asintió con una pequeña sonrisa. “Si, lo tengo,” contestó sin estar seguro acerca de cuánto mas deseaba revelar sobre su atracción. ¿Debería decirle a Potter que todos estos años lo había mantenido en su mesita de noche o debía dejar de lado esa pequeña obsesión?

“¿Alguna vez lo leíste?” inquirió Harry acercándose un paso.

“No,” contestó Draco sinceramente.

“Quizá deberías haberlo hecho,” sugirió Harry. “Te habría ahorrado demasiados problemas.”

“¿Por qué?” preguntó Draco sin entender cómo era que un libro de poemas lo habría ayudado.

“No era un libro de poesía. Era mi diario,” se rió Harry sacudiendo la cabeza divertido. “De verdad no lo leíste,” meditó más para sí mismo que para Draco.

Draco abrió la boca ligeramente y los ojos desmesuradamente. “¿Qué? Pero ese día, cuando estuve en el café...”

“Un sencillo encantamiento máscara,” le informó Harry. “Pero lo quité cuando me marché.”

Draco metió la mano en el bolsillo de su túnica y sacó el librito. Siempre lo llevaba consigo durante las fiestas ante la remota posibilidad de que Harry se presentara finalmente y así podérselo regresar. Y ciertamente, al mirar y abrir el libro forrado en piel, pudo apreciar que no tenía poesías dentro. Solo contenía la escritura irregular de su Gryffindor favorito y si hubiera sabido que podía leer los pensamientos mas íntimos del chico, dudaba que hubiera podido resistir la tentación.

“No lo sabía,” susurró. “Yo... espera, ¿entonces sabías que yo lo tenía?”

Harry se sonrojó violentamente. “Lo dejé para ti,” admitió. “Pensé... ese día sentí una conexión contigo y pensé que podía hacer que sintieras alguna especie de afecto hacia mi.”

“Ya la sentía,” susurró Draco sujetando con mas fuerza la mano que seguía entrelazada con la suya. Abrió el libro al azar leyéndola por encima rápidamente, sacando la lengua para mojarse los labios mientras leía sobre el temor de Harry de decepcionar a todo el mundo, que no creía que fuera a sobrevivir a la guerra y que creía que Voldemort lo mataría.

“¿Durante cuánto tiempo llevaste este diario?” le preguntó entonces. De pronto quería leerlo de cabo a rabo.

“Desde que comencé Hogwarts,” admitió.

“¿Es demasiado tarde para que lo lea?” preguntó Draco mortificado ante la idea de ya no tener esa oportunidad.

“¿Lo quieres leer ahora?” preguntó con la voz gruesa por la diversión.

“Si, por supuesto,” replicó. “¿Te gustaría un poco de chocolate caliente?” preguntó mientras lo conducía a sus habitaciones.

“¿Eh... chocolate caliente?” preguntó Harry observando la Mansión con ojos muy abiertos mientras subía por las escaleras y se dejaba guiar entre pasillos de mármol brillante.

“Ya sabes, el chocolate líquido y espeso que bebes al contrario de las barras que se muerden,” lo bromeó Draco.

Harry puso los ojos en blanco. “Ya sé que es, es que me da curiosidad saber qué tiene que ver conmigo y mi diario.”

“Quiero que estés cómodo mientras leo,” señaló Draco al abrir un par de puertas blanco con dorado por las que escoltó a Harry hacia su salita de estar privada.

La chimenea ya crujía suavemente, le ofreció un asiento a Harry en el enorme sillón blanco. Harry deslizó la mano sobre la superficie aterciopelada y le sonrió confundido. “¿Hablas en serio? ¿Pretendes leerlo en este mismo momento?”

“Evidentemente,” replicó Draco con una expresión que indicaba que la respuesta era obvia. “¿Y bien? ¿Chocolate caliente o ponche?”

“Chocolate caliente, por supuesto,” replicó Harry intentando imitar la expresión de Draco.

Éste desapareció para traerle la cocoa y cuando regresó con Harry, tuvo que hacer una pausa para apreciar la vista. El sexy profesor de Gryffindor estaba acurrucado en la esquina del sofá, su cabello negro azabache contrastaba completamente con el blanco aperlado del sofá, los colores anaranjados y rojizos de la chimenea mostraban un espectáculo vibrante en su rostro.

Le dio su taza a Harry y se acurrucó junto a él mientras se acomodaba para leer todo acerca de la vida de Harry Potter. Llevaba leída una cuarta parte del libro cuando levantó la mirada para ver que a Harry se le cerraban los ojos, por lo que le frunció el ceño.

“Lo eché todo a perder en serio, ¿verdad?” preguntó al fin.

“¿Qué?” preguntó Harry como si lo hubiera sacado de una ensoñación. “No. ¿Cómo fue que lo echaste a perder?”

“Intenté llamar tu atención de todas las maneras equivocadas. No quieres ser la celebridad, quieres algo mas substancial que la fama y la fortuna mal entendidas,” susurró inclinándose hacia él y deslizando los dedos entre la suave melena de Harry.

Un gemido suave escapó de sus labios cuando Harry asintió para confirmar lo que había dicho. “Quiero un compañero que valga la pena,” susurró repitiendo las palabras que había dicho hacía ya tantos años en el café.

Draco respiró profundo y dejó que sus dedos cayeran por su quijada, en donde se detuvo para acariciarle suavemente la cara. “¿Soy digno, Harry?” preguntó al fin, preparándose para el rechazo de Harry.

Harry cerró los párpados al escuchar la voz de Draco, pero cuando los volvió a abrir, sus ojos eran como unas esmeraldas hirvientes. “Creo que siempre lo fuiste.”

Draco no dejó escapar ni un momento antes de que sus labios encontraran los de Harry. Se estrelló contra él, buscando, explorando y anhelando mas. Era mas embriagador de lo que había imaginado y tuvo que controlarse para no presionarlo por mas. Sus manos vagaron hasta que encontraron su cintura y lo acercó hacia sí, sus cuerpos se fundieron como un helado sobre la acera caliente.

Cuando se separaron, ambos dejaron escapar un suspiro de alegría al mismo tiempo. “Y... ¿crees que soy digno?” le preguntó Draco sonriendo suavemente.

“Eres fuerte, inteligente, apasionado y hermoso, Draco. No podrías ser mas digno,” señaló Harry antes de volverlo a besar.

Harry logró quitarle el diario a un Draco renuente y lo dejó a un lado. “Creo que tendrás tiempo suficiente para leerlo después, si es que todavía quieres hacerlo” señaló.

“¿Tiempo suficiente?” preguntó Draco. “Entonces, ¿te vas a quedar un rato?”

“¿Es lo que quieres de Navidad?” preguntó Harry con una sonrisa pícara.

“Si. Es exactamente lo que quiero para esta Navidad, y para la siguiente y la siguiente,” Draco suspiró mientras se acurrucaba contra el cuerpo cálido de Harry.

“Me parece bien,” replicó. “Feliz Navidad, Draco.”

“Feliz Navidad, Harry,” susurró Draco contra su oreja mientras dejaba que el sueño lo invadiera frente a la chimenea. Estaba contento, caliente, lleno de chocolate caliente y de un amor que no creía fuera correspondido. Pero Harry se acomodó a su lado, envolviendo su cuerpo con sus brazos cálidos como si ése fuera su lugar.

Ahora veía que sus sueños se volverían realidad y supo que este año debía haberle escrito la carta adecuada a Santa porque le había traído un regalo precioso.

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