El Dormitorio de Gryffindor
El Majestuoso Arte de la Auto Conservación
Escrita por: Rickey_a
Traducida por: Nalero y Val

Una niebla extraña pareció apoderarse de la vida de Draco Malfoy en las semanas siguientes a la derrota del Señor Tenebroso a manos de Potter. Le parecía como si fuera un sueño, como si la estuviera observando pero no viviendo. Pareciera que su padre no era su padre. Bueno, ciertamente no era el hombre que conoció durante sus primeros dieciocho años de vida. Si Azkaban lo había destrozado, el reformado Ministerio de Magia había venido a barrer los pedazos. Draco no era estúpido. Sabía que su padre consideraba que su vida estaba echada a perder y estaba haciendo todo lo posible por asegurarles un futuro a él y a su madre.

Lucius Malfoy admitió sus culpas por primera vez en su vida, y para cooperar accedió a todo tipo de términos obscenamente humillantes que se le pudieron ocurrir a los del Ministerio. Cantó como un pájaro, dijo todo lo que sabía sobre otros Mortífagos, quién estaba bajo la Maldición Imperius, quién estaba siendo chantajeado con las vidas de sus familias, quiénes eran los principales partidarios del Señor Tenebroso y hasta el último trozo de información que sabía sobre ellos. La Masión Malfoy estuvo ocupada durante cerca de dos semanas por Aurores del Ministerio que buscaron y consignaron todo tipo de artefactos cuestionables. A cambio no se presentaron cargos en contra de Narcissa ni Draco y Lucius sufriría arresto domiciliario durante dos años. Esto incluía aceptar utilizar un brazalete mágico de rastreo para el tobillo que además limitaba el tipo de magia que podía utilizar, incluyendo la Aparición. Si cumplía con los términos de su arresto durante dichos años, podría aspirar a un período de prueba de diez años.

Lucius andaba por la Mansión enfurruñado como un fantasma miserable de su antiguo yo. Esa muestra repugnante de autocompasión hacía que a Draco se le revolviera el estómago pero al mismo tiempo lo conmovía el sacrificio de su padre prefería guardarse sus pensamientos.

Fue su madre la que le mostró el reportaje principal en El Diario El Profeta sobre la reconstrucción de Hogwarts. Después de varias semanas de descanso y reclusión, Harry Potter y sus amigos habían regresado para ayudar al personal de Hogwarts. Había un llamado para todos los magos y brujas que quisieran ayudar de cualquier forma, ya fuera un día, tres o durante el resto del verano para ayudar a preparar a la escuela para el primero de septiembre. El mismo artículo anunciaba también que todos los estudiantes repetirían el año anterior, incluyendo a los de séptimo, quienes regresarían como los de ‘octavo’ para presentar sus EXTASIS.

“Tienes que regresar a Hogwarts, Draco. De otra forma nunca encontrarás un lugar en este mundo,” dijo Narcissa con una mirada urgente en sus ojos azules habitualmente tristes.

“¿Cómo?” preguntó Draco no estaba seguro de cómo volver a unir los fragmentos de su vida.

“Ve a ayudarles.”

“¿Cuándo?”

“De inmediato. Ve hoy. Tírate a sus pies, a los pies de Harry Potter si fuera necesario. Él te ayudará. Lo sé,” contestó su madre, luego, le retiró el cabello de los ojos con cariño con sus dedos delgados. “No hay pena en la supervivencia.”

Draco no pudo evitar preguntarse si su madre se había referido a él o a su padre con ese último comentario. Lo mas probable era que se refiriera a los dos.

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“Potter,” le gritó Draco a unos cuantos metros.

Potter estaba trabajando con cerca de una docena de personas mas en el Gran Comedor. Volteó justo cuando Draco se había acercado.

“¿Malfoy?” preguntó genuinamente sorprendido.

El corazón le palpitaba en el pecho a Draco. “La profesora McGonagall me envió a buscarte.”

“¿La profesora McGonagall?” preguntó Potter mirándolo sospechoso y con Granger y Weasley flanqueando sus costados también asombrados.

“Si.” Draco respiró profundo manteniendo los ojos fijos en los de Potter en un intento por ignorar a su séquito. “Le pregunté si podía regresar este año a presentar los EXTASIS. Me dijo que no había problema, pero cuando le pregunté en qué podía ayudar con la reconstrucción, me dijo que viniera a verte.”

“Oh,” declaró Potter ahora mas confundido que nunca.

“¿Quieres ayudar?” preguntó Granger con las cejas tan enarcadas, que Draco creyó que le desaparecerían de la frente.

“Si,” replicó intentando desesperadamente mantener la voz firme y el cuerpo quieto.

“¿Por qué?” preguntó Potter.

“Porque esta es mi escuela y quiero asegurarme de que esté lista para el primero de septiembre.” Finalmente pudo decir la respuesta que había practicado durante todo el camino de venida. Los tres se limitaron a mirarlo extrañados para luego retroceder unos cuantos pasos para discutir entre ellos rápidamente. Conforme Draco fue paseando la mirada por el resto del Comedor, se dio cuenta de que ahora todo el mundo había dejado de trabajar y lo miraba. Volvió a respirar profundo y se mantuvo firme en su decisión.

Potter dejó atrás al grupito y dijo en voz baja, “Ven conmigo.” No esperó a que le contestara, sino que pasó seguro a su lado en dirección de la entrada. Draco necesitó de unos cuantos segundos para lograr hacer que su cuerpo reaccionara y comenzara a caminar a su lado. Lo siguió en silencio hasta la entrada principal y a través de los terrenos. Potter no decía nada. Como siguieron caminando, tuvo el nefasto presentimiento de que lo estaba escoltando a la salida de la propiedad, pero no, dieron vuelta y se dirigieron a la cabaña del guardabosques. Draco pudo ver que Hagrid estaba moviendo piedras para reconstruir un pequeño muro de contención a lo largo del perímetro. Esta idea se le debía haber ocurrido a Granger.

“Hola, Harry,” gritó Hagrid. “Creía que hoy estabas trabajando en el Gran Comedor.”

“Hola, Hagrid. Así es, solo traje a Malfoy para que te ayudara.”

“Buen chico, Malfoy,” comentó Hagrid sonriendo.

Draco no podía imaginarse de qué podía estar sonriendo el zoquete gigante. Pero podía reconocer una prueba cuando la veía. “Hola, Hagrid. Si, estoy aquí para ayudar. Sólo dime qué hacer.”

Potter y Hagrid intercambiaron miradas de aprobación aunque asombradas. Hagrid le dio unas palmadas en la espalda que lo empujaron unos cuantos metros. Draco tuvo que morderse la lengua para no insultarlo.

“Bueno, entonces te dejo,” declaró Potter mientras se volvía lentamente para alejarse.

Draco se pasó la tarde haciendo la mayor labor física que recordara en su vida entera. Cierto, estaba utilizando algunos hechizos de levitación, pero estaba utilizando la varita vieja de su madre y su magia estaba desafinada. En su mayor parte era trabajo físico. Estaba sudando. Los Malfoy no sudaban. Era completamente vergonzoso. Incluso tuvo que recogerse el cabello que le llegaba a los hombros, en una cola de caballo porque lo sentía muy caliente contra su cuello. Pero de alguna forma, con cada piedra que movía, con cada palada de tierra, sentía que se aliviaban sus dolores espirituales al irse formando los físicos. Potter reapareció cuando el sol comenzó a bajar en el cielo. Si no se equivocaba, el tarado se veía sorprendido de que siguiera ahí y de pie.

“Hola, Hagrid. ¿Cómo estuvo?” preguntó Potter.

“Creo que Malfoy hoy tuvo un día de trabajo honrado.”

Draco resistió la urgencia de hacer un gesto de fastidio y guardó silencio mientras los observaba a unos cuantos metros.

“Finalmente terminamos con el Gran Comedor. Los elfos domésticos van a servir la cena ahí en una media hora.” Potter miró a Draco. “Eres bienvenido a quedarte.”

“No, gracias,” dijo Draco con tanta educación como le fue humanamente posible. “Le dije a mi madre que regresaría para la cena.”

“Como quieras,” replicó Potter encogiéndose de hombros (un gesto suyo típicamente molesto) para luego volverse hacia Hagrid. “Estamos planeando tomar un descanso esta noche para comenzar mañana con los salones del segundo piso.”

“Será mejor que me vaya a lavar.” Hagrid se volvió hacia Draco antes de dirigirse a su cabaña. “Gracias por la ayuda de hoy. Muchos deben estar pensando que lo hiciste por presunción, pero yo sé que no.” Hagrid guiñó uno de sus enormes ojos y se marchó.

“Bueno, será mejor que me vaya. ¿A dónde voy mañana?” preguntó Draco.

“¿A qué te refieres?” preguntó Potter casi tan confundido como cuando se había aparecido en el Gran Comedor.

“Mañana. ¿Debo encontrarme aquí con Hagrid otra vez o necesitas ayuda con los salones?”

¿Vas a regresar?”

“Si me aceptas, si.”

“Oh. ¿Cuánto tiempo?”

“El que sea necesario.”

Potter estudió su rostro. Draco lo encontró exasperante.

“¿Quieres ayudar de tiempo completo?” preguntó finalmente.

“Si.”

“Muy bien,” dijo Potter nervioso. “El desayuno es a las ocho. Comenzaremos con los salones a las nueve. Oh, y no necesitas caminar hasta las puertas para Aparecerte; todavía no se han puesto las protecciones. Todavía están trabajando en ello McGonagall y otros profesores.”

“Bien. Buenas noches.” Draco estaba a punto de Aparecerse pero se dio cuenta de que Potter seguía mirándolo. “¿Algo mas?”

“¿Por qué estás aquí?” preguntó Potter otra vez.

“Ya te lo dije. Quiero regresar el primero de septiembre y quiero ayudar a alistar el castillo. Además, es necesario que haya algún representante de Slytherin por aquí.”

Potter le regresó la sonrisa. Maldición, era una sonrisa agradable. Draco intentó mantenerse concentrado.

“Bueno, si vas a estar aquí de tiempo completo, serás bien recibido si quieres mudarte para acá. Aparte de los profesores, habemos unos treinta viviendo aquí. La mayor parte de la gente viene a ayudar un día o dos cuando tienen tiempo.”

“Gracias. Lo consideraré. Te veo mañana.”

“Nos vemos mañana,” replicó Potter.

Draco se Desapareció inmediatamente para evitar cualquier otra conversación.

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Se pasó los días siguientes ayudando a reparar mágicamente varios salones y pasillos. Hablaba cuando era absolutamente necesario y cuando los elfos domésticos traían sándwiches para almorzar siempre encontraba alguna esquina alejada para comer rápidamente y luego regresar a trabajar. Las miradas sucias y los susurros no eran tan malos. Lo que le alteraba los nervios eran los saludos diarios de Potter así como los cumplidos que le hacía al pasar. “Buen trabajo, Draco.” “Gracias por venir hoy, Draco.” “Buenos hechizos, Draco.” ¿Por qué diablos había decidido Potter comenzar a llamarlo Draco?

Al final del tercer día, Potter lo acorraló en el salón de Encantamientos.

“Hoy ayudaste mucho, Draco. ¿Por qué no te quedas a cenar?”

“Gracias, Potter,” contestó Draco haciendo un fuerte énfasis en el apellido, “pero tengo otros planes esta tarde.”

“¿Por qué estás aquí?” volvió a preguntar Potter.

“Te dije que quiero regresar a la escuela. Quiero ayudar a alistarla.”

“Esa respuesta es una tontería.”

“Es la verdad,” replicó Draco a la defensiva, se sentía mucho mas cómodo retándolo que aceptando los cumplidos del hombre.

“Quizá lo sea en parte, pero tiene que haber mas.”

“¿Por qué te importa?”

“No lo sé,” replicó Potter con voz suave. “No me malinterpretes, creo que es bueno que estés aquí. Solo quiero saber.”

“¿Por qué estás siendo tan amable conmigo?” preguntó Draco sorprendido por su propia honestidad.

“Estoy cansado de pelear. Podemos reconstruir Hogwarts. Podemos reconstruir el mundo mágico. ¿Por qué no podemos hacerlo como nosotros queramos? ¿Por qué tenemos que ser enemigos?”

Draco miró fijamente los ojos solemnes de Potter. Joder, eran tan verdes. Una parte suya quería decirle a Potter que se largara, pero la otra... bueno, quizá había tres partes. Una quería hacer las paces con él y la otra quería tirarlo al suelo para fajarlo hasta la saciedad, deslizar los dedos por ese cabello rebelde y restregarse contra él.

Finalmente se decidió por una respuesta diplomática. “Nunca fuiste mi enemigo, quizá rival, pero no mi enemigo.”

“No, supongo que no.” Potter se pasó una mano por el cabello. Al observarlo, Draco pudo sentir su pene endurecerse.

Después de un momento en silencio, Potter volvió a preguntar, “¿Por qué estás aquí?”

“Quizá sea que en casa todo es tan jodidamente deprimente que prefiero estar aquí haciendo algo.”

Harry sonrió.

“¿Qué?” preguntó Draco nervioso.

“Creo que es lo mas sincero que me hayas dicho jamás.”

“No dejes que se te suba a la cabeza.”

Harry volvió a sonreír, se volvió y salió despidiéndose con la mano.

Maldición, ¿desde cuándo era Harry?

Esa tarde Draco empacó su viejo baúl escolar y le informó a sus padres que viviría en Hogwarts. Su padre asintió sin mostrar ni pizca de emoción. Su madre se vio aliviada.

En la mañana, después de dejar su lechuza en la lechucería, Draco arrastró su baúl a la sala común de Slytherin. Fue a echar un vistazo rápido al dormitorio y confirmó lo que ya sospechaba: nadie mas se estaba quedando aquí. Meditó si debería dormir en su viejo dormitorio, pero al mirar la cama de Crabbe sintió que lo invadía una sensación nauseabunda, por lo que desempacó unas cuantas cosas sobre la mesa de la sala común y decidió dormir en el sofá.

Cuando iba de salida se tropezó con el profesor Slughorn.

“Ah, creí haber escuchado a alguien,” dijo Slughorn.

“Si, me voy a quedar aquí. Es extenuante la Aparición diaria para venir y regresar a Wiltshire.”

“No te culpo para nada. De hecho, me alivia ver que se mude para acá alguien de la casa de Slytherin. Avísame si necesitas lo que sea.”

Draco asintió. Conforme Slughorn se marchaba, se percató de que nunca antes le había dado ni tan siquiera la hora. Era un hecho que el mundo estaba cambiando y era algo atemorizante.

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Una semana de arduo trabajo después, Draco estaba desayunando en el Gran Comedor cuando se percató de un cambio significativo en la Lista Maestra. Dicha Lista era idea de Hermione. Un enorme pergamino (una especie de póster) enumeraba todos los diferentes trabajos que necesitaban realizarse, así como las fechas e iniciales de quienes trabajarían en qué, el tiempo para realizarlo y la inspección final. Habían añadido la reparación del campo de Quidditch y parecía como si al menos una docena de jugadores profesionales fueran a llegar al día siguiente para trabajar en él. No pudo evitar que su mente vagara hacia esos días despreocupados de Quidditch y su eterna rivalidad con Harry. Por supuesto, esto lo llevó a un recuerdo mas reciente de Harry lanzándose en picada en una escoba para salvarlo del fuego mágico salvaje. Sobresaltado, salió de sus recuerdos cuando alguien se sentó junto a él.

“¿Te importa si me siento aquí?” era Harry.

“No hay problema,” dijo Draco intentando desesperadamente parecer indiferente.

“Me alegra haberte alcanzado hoy. Generalmente terminas y sales antes que todos.”

“No quiero echarle a perder el apetito a nadie.” Draco pudo ver por el rabillo del ojo que Harry frunció el ceño.

“En fin,” dijo Harry ignorando obviamente el comentario, “quería asegurarme de que supieras del trabajo que se va a hacer mañana en el campo de Quidditch.”

“Si, es difícil no ver la monstruosidad de Granger ahí.” Draco tomó su tenedor para jugar con sus huevos.

“¿Entonces ayudarás?”

Draco no podía entender por qué Harry se mostraba tan ansioso al respecto. Se atrevió a mirarlo, Harry ahora masticaba un pedazo de pan tostado cubierto completamente de un buen centímetro de mermelada. “Sé que se está volviendo redundante pero, ¿por qué te importa?”

Harry terminó de masticar antes de contestar, “No sé, siempre te gustó el Quidditch. No creo que se lleve todo el día y sería divertido poder jugar con los profesionales.”

“Quizá,” fue la mejor respuesta que se le ocurrió, le dio un sorbo a su té y rezó porque Harry lo dejara terminar su desayuno en paz.

“El profesor Slughorn dijo que te mudaste al dormitorio de Slytherin.”

“Así es.”

“No tienes que quedarte allá solo. Podrías venirte para el dormitorio de Gryffindor con nosotros. Hay mucho espacio.”

Draco le dirigió lo que esperaba fuera su mejor mirada de ‘debes estar completamente loco’. Harry puso los ojos en blanco, por lo que debió haberle salido algo decente.

“Como quieras,” dijo, “pero la oferta sigue en pie.”

Por suerte para Draco, Harry tenía mas hambre que interés en torturarlo con los hábitos sociales de los Gryffindor, por lo que pudo terminar su té y partir antes de que el resto e las tropas arribaran.

Ciertamente, el día siguiente fue el mas entretenido de los que había pasado desde su regreso a Hogwarts. Fue interesante trabajar en reparar el campo con otras veinticinco personas, pero el regocijo real vino cuando después del almuerzo todos se pusieron a volar y a marcar goles con varias Quaffles. Era la primera vez en mas de un año que Draco hacía algo remotamente divertido. Eran un poco desconcertantes las ocasionales miradas furtivas de Harry, pero ni siquiera eso le arruinó el día.

Todos cenaron al aire libre junto al lago y los ánimos parecían estar mas altos. Incluso logró mantener una conversación educada con Neville Longbottom en la que le dijo que le ayudaría con los invernaderos la semana siguiente.

Eventualmente Draco se separó del grupo principal y se mantuvo a una distancia segura. La melancolía era algo nuevo para él, pero la había estado sintiendo con mas y mas frecuencia desde el final de la guerra. Al principio creyó que la soledad sería la respuesta para su supervivencia, pero ahora mientras observaba a los grupos intercambiar historias y pasar de mano en mano las botellas de whisky de fuego, no pudo evitar dudar de sus instintos.

Sin embargo, tuvo poco tiempo para reflexionar, pues lo subieron abruptamente a una escoba. Unos brazos fuertes abrazaron su cuerpo y subieron la escoba mas y mas hacia el cielo que estaba oscureciendo. No necesitaba voltear la cabeza, pero aún así lo hizo. Harry Potter y sus feroces ojos verdes eran fácilmente visibles incluso bajo la cada vez menor luz del día.

“¿Qué estás haciendo?” gritó por encima de las ráfagas de viento que le azotaban la cara.

“Te estoy llevando a volar.”

“Si, puedo ver eso. ¿Vas a explicarme por qué?”

Solo que Harry no le explicó. En cambió, voló temerario a través del aire nocturno. Draco cerró los ojos y sujetó con mas fuerza la escoba. Sentir el pecho de Harry contra su espalda y sus brazos alrededor de su cuerpo era mas excitante que el vuelo mismo. La situación entera era intolerable.

“¡Bájame!” demandó con toda la fuerza que pudo tomando en cuenta que era mucho mejor de lo que recordaba estar con Harry sobre una escoba a solas, sobre todo ahora que sus vidas ya no estaban en peligro de extinguirse en cualquier momento.

“Primero tenemos que hablar.” Harry guió la escoba hacia la Torre de Astronomía.

Draco sintió que su corazón latía aún mas deprisa. No había estado ahí desde la noche de la muerte de Dumbledore. Harry los condujo por la ventana de la torre y los depositó suavemente sobre el suelo.

Trastabilló varios metros antes de voltearse para encarar a la única persona que había estado tratando de evitar. “¿Y bien?” preguntó.

“No hay nadie mas aquí. Solo tu y yo y lo que digamos se queda aquí, ¿de acuerdo?”

“¿De acuerdo qué?” Draco concluyó que nunca aprendería a hablar como los Gryffindor.

“Tan sólo saquémoslo y contestemos todas esas preguntas.”

“Tu eres el que tiene todas las preguntas, Potter.”

“¿Y tu no? Te veo mirarme. Te estás muriendo por preguntarme algo. Creo que te vas a volver loco de la curiosidad.

“¿Qué?”

“Me escuchaste,” dijo Harry con esa expresión presuntuosa tan exasperante.

“De acuerdo. Yo haré la primera pregunta ¿Por qué estás siendo tan amable conmigo?” preguntó Draco como si fuera la ofensa mas terrible del universo.

Harry lo miró directamente a los ojos y pareció meditar su respuesta. “Porque creo que mereces una segunda oportunidad. Creo que te estás esforzando, creo que Dumbledore tenía razón. Y también porque lo lamento. Lamento no haberlo intentado antes.”

“¿Intentado qué?” preguntó Draco comprendiendo apenas lo que Harry estaba diciendo.

“Me refiero a esa noche en sexto, en el baño de Mirtle la Llorona.”

Draco lo miró fijamente y esperó a que continuara.

“Hubo un momento en el que pensé que... quizá... no sé. Pensé que quizá podría hablar contigo, pero entonces sacaste la varita y yo la mía.”

Draco hizo una pausa al darse cuenta de que su varita actual lo dejaba completamente vulnerable. Replicó, “Ahora no hay ninguna varita afuera, Harry.” Abrió la boca ante su error y se pregunto si Harry se habría dado cuenta.

“Lo sé, Draco.” Sí se había dado cuenta.

Retrocedió unos pasos hasta que se topó con una pared en la que se apoyó para deslizarse hasta el suelo. Harry se acercó lentamente y se sentó junto a él.

“También lamento lo de esa maldición,” confesó suavemente. “No sabía lo que hacía. Todos los días doy gracias de que Snape haya aparecido en ese momento.”

Draco asintió y Harry continuó. “Estuve ahí la noche en que murió Dumbledore.”

“¿Qué?” Draco casi se tragó la palabra.

“Estaba debajo de mi capa de invisibilidad. Dumbledore me petrificó para que no interfiriera.”

Draco sacudió la cabeza mirándolo directamente a los ojos.

“Sé que bajaste la varita. Sé que no podías matarlo y Dumbledore lo sabía también.”

“Pero no importó.”

“Pero, verás, si importó. Dumbledore ya se estaba muriendo. Lo había arreglado todo con Snape. Sabía que valía la pena salvar tu alma al igual que Snape.”

Draco no cabía en sí mismo. Esto era demasiado, eran demasiadas las cosas de las que no había estaba enterado. Sin importarle ya que Harry lo viera, parpadeó y dejó que las lágrimas que se le habían acumulado cayeran por sus mejillas, al diablo con el orgullo. Se sorprendió cuando Harry no reaccionó sino que simplemente lo observó con lágrimas también en los ojos.

Después de una corta pausa Harry dijo, “Creí que merecías saberlo.”

Draco asintió dos veces para luego sacar un pañuelo de su bolsillo. Se secó la cara y respiró profundo varias veces. “Gracias.”

Los labios de Harry formaron una leve sonrisa antes de preguntar, “¿Puedes contarme acerca de cuando Greyback nos llevó a la Mansión?”

“¿Qué quieres que diga? ¿Qué estaba aterrorizado? ¿Que un día desperté y mi vida era una pesadilla?”

“Si es la verdad, entonces si.”

“Bueno, lo fue desde el momento en que enviaron a mi padre a Azkaban. Y si quieres escucharme decirlo, lo haré... estaba equivocado,” escupió Draco. Sorprendentemente Harry no aprovechó la oportunidad para reclamarle nada y en cambio se quedó ahí sentado mirándolo en silencio.

“El Señor Tenebroso no era para nada como lo había imaginado. Destruyó a mi padre, él era un mago orgulloso y noble de sangre limpia y el Señor Tenebroso lo convirtió en un sirviente lloriqueante. No comprendí sino hasta demasiado tarde lo enfermo y pervertido que era. Después de que mi padre regresó de Azkaban le pregunté por qué estaba tan obsesionado contigo el Señor Tenebroso y me dijo que era porque se había profetizado que tu tendrías el poder de destruirlo. En ese momento me di cuenta de que era la única manera de que pudiera volver a ser libre. Entonces, cuando tu, Granger y Weasley fueron capturados... no pude...”

“¿Qué?” preguntó Harry gentilmente.

“Fui un cobarde, ¿de acuerdo?”

“No lo fuiste.”

“Si lo fui. No podía hacer mucho, pero hice lo que pude.”

“¿Y en el Cuarto de los Requerimientos?” preguntó Harry.

“Igual de cobarde. Me estaba escondiendo. Fue la fortuna la que hizo que te aparecieras tu otra vez. ¿Por qué?”

“Estábamos buscando la-”

“No, me refiero a ¿por qué siempre te apareces? ¿El baño de Mirtle la Llorona? ¿La Torre de Astronomía? ¿La Mansión? ¿El Cuarto de los Requerimientos?”

“Yo también he estado pensando en eso. No tengo una respuesta, es por eso que quería platicar. Intentar darle algún sentido.”

“Ja, buena suerte. Pero si intenté ayudar.”

“¿Cuándo?”

Cuando estabas buscando la diadema. Crabbe y Goyle no tenían idea de cómo era realmente el Señor Tenebroso. Yo quería ayudarte. Harry...” Harry levantó los ojos bruscamente hacia los suyos. “Me alegra que lo hayas matado, yo quería que lo mataras.”

“No eres un cobarde, Draco.”

“¿De dónde sacas eso?”

“Regresaste a Hogwarts.”

“Eso es instinto de conservación.”

“Pero aún así no eres un cobarde. No veo aquí a ninguno de tus compañeros.”

Draco se encogió de hombros. Después de unos minutos en silencio, se puso de pie y declaró, “Mira, estoy exhausto. ¿Podemos dejarla ahí?”

Si,” suspiró Harry y extendió la mano para que Draco lo ayudara a levantare.

Después de vacilar un poco, Draco tomó la mano de Harry. Era cálida y su piel se sentía un poco seca, pero agradable. Lo jaló para ponerlo de pie y por una fracción de segundo quedaron nariz con nariz hasta que Harry lo soltó y retrocedió un paso.

“Gracias,” dijo con una expresión que sugería que estaba pensando en otra cosa.

“Si, y gracias a ti también.”

“Umm,” murmuró Harry mientras sujetaba su escoba. “¿Necesitas un aventón para bajar?”

“Gracias, pero caminaré.” Podrían haber desnudado sus almas, pero el infierno todavía no se había congelado.

“De acuerdo. Buenas noches.”

“Buenas noches.” Draco suspiró aliviado cuando finalmente Harry se montó en su escoba y salió volando por la ventana.

Nunca se imaginó que estaría acostado en la sala común de Slytherin masturbándose pensando en Harry Potter sobre una escoba, pero a eso había llegado. O mas bien, estaba llegando. Intentó pensar en Blaise y sus manoseos nocturnos, pero siempre regresaba a Harry, heterosexual y salvador del mundo. Era una completa locura. Incluso se atrevió a preguntarse si Harry estaría haciendo exactamente lo mismo.

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Los dos días siguientes estuvieron marcados por una calma extraña. La ausencia de Harry era notable, así como la de Granger y a de Weasley. Intentó no pensar en su último encuentro con él, pero sin éxito. Ayudó a un grupo de unas seis personas mas (incluida Lunática Lovegood) a restaurar y volver a colgar varios retratos sobre la escuela. Ella era casi igual de mala que Harry para ocultar sus miradas. Al final del segundo día lo alcanzó cuando iba saliendo del Gran Comedor después de cenar.

“Está bien extrañarlo, ¿sabes?” declaró como si él supiera de lo que estaba hablando. Lo mas triste de todo era que sí lo sabía.

“¿A quién?”

“A Harry. Regresará mañana. Han estado ayudando con la reapertura de los Sortilegios.”

“¿Los qué?”

“La tienda de los gemelos. Bueno, supongo que ahora es de George, qué tristeza. En fin. La mayoría de las tiendas en el Callejón Diagon reabrieron hoy.” Lo miró con sus enormes ojos esperando a que contestara.

“Oh,” fue todo lo que se le ocurrió decir sin ser grosero. Había estado esforzándose demasiado para no ser intencionalmente grosero y no era fácil.

“En fin, creí que querrías saberlo.”

“¿Por qué creíste que querría saberlo?” preguntó Draco algo desconcertado.

“Porque puedo ver que lo extrañas.”

“No extraño a Harry.”

Ella sonrió sabiamente al escucharlo utilizar su nombre. “Está bien, Draco. No tienes que decírmelo, pero creo que deberías saber que creo que también le gustas. Habla bastante de ti.”

“¿Qué dice?” Draco hizo una mueca por lo rápido que se le salió la pregunta.

“Nada en particular, solo que le preocupa que estés tan solo. Creo que también quiere asegurarse de que todo el mundo lo sepa para que no te la pongan difícil. Por cierto, creo que es genial que estés aquí.”

“¿Si?”

“Si. La gente no debería odiar a los de Slytherin mas de lo que los mortífagos odiaban a los hijos de muggles.”

Draco se alarmó por el hecho de que le estaba encontrando sentido a lo que estaba diciendo. Decidió que era mejor cortar la conversación antes de que fuera demasiado lejos. “Bueno, está bien. Gracias y buenas noches.”

“Buenas noches,” dijo ella con una gran sonrisa, y luego se marchó por el pasillo.

Luna lo volvió a acorralar al día siguiente durante el desayuno y lo invitó a unirse a un grupo que estaba trabajando ese día en el dormitorio de Ravenclaw. Accedió antes de enterarse de que el Trío Dorado también estaba dentro del grupo de trabajo. Intentó mantenerse a distancia de Harry pero resultó ser inútil porque por supuesto, él fue el primero en darse cuenta de los problemas que estaba teniendo con los hechizos de levitación.

“¿Estás bien?” preguntó con mucha mas preocupación de la que tenía derecho.

“Estoy bien,” contestó Draco entre dientes.

“Es que pareciera ser que tienes problemas con -” Harry miró la varita en la mano de Draco y el reconocimiento se manifestó en su expresión. “¿De dónde es ésa varita?”

“Es una vieja de mi madre.” Luego añadió antes de que Harry pudiera preguntar, “Ella está utilizando otra que era de su abuela.”

“Oh.” Harry frunció el ceño y pareciera que se lastimaría de pensar tanto.

“No te preocupes, no quiero que me regreses mi varita vieja.” Draco miró a su alrededor y se percató de que los demás fingían estar trabajando pero en realidad los estaban escuchando.

Harry se vio aliviado. “La guardé en Gringotts. Decidí que sería mejor si -”

“En serio, Harry, no hay problema. Además, siento que mi magia ha cambiado tanto que dudo que me funcionara bien.”

“¿Qué vas a hacer?”

“Todavía no lo sé.”

“Ollivanders volvió a abrir sus puertas.”

“No creo que sea una opción.”

“Oh.”

“Voy a ver al profesor Slughorn. Habíamos planeado poner las protecciones y la contraseña del dormitorio de Slytherin hoy.”

“Muy bien. ¿Te veo en la cena?”

“Seguro. Y si sirve de algo, me alegra que hayas utilizado mi varita. De una forma oscura me hizo parte de todo.” Draco se quedó lo suficiente para ver sonreír a Harry antes de voltearse y salir de la habitación. Una oleada de pláticas se inició tan pronto como salió del dormitorio de Ravenclaw hacia el pasillo.

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No bajó a cenar esa noche por comerse unos pastelillos que su madre le había enviado ese día. Miró fijamente al pergamino casi vacío que tenía enfrente. En el suelo había cuatro cartas desechadas.

La puerta del calabozo se abrió con un fuerte rechinido que lo sacó sobresaltado de sus pensamientos. Por supuesto, era Harry.

“Hola,” dijo entrando en la sala común. “La puerta estaba abierta. ¿No iban a poner la contraseña hoy?

“McGonagall llamó al profesor Slughorn para no sé que cosa.”

“Oh. ¿Todo está bien? No fuiste a cenar.”

“No tenía hambre,” contestó Draco y luego bajó la mirada a la carta que todavía no escribía. Quizá si aparentara estar ocupado Harry se iría.

Desafortunadamente, Harry no era de los que captan las indirectas sutiles. Se sentó en una de las sillas junto al sofá y estudió las posesiones de Draco que estaban regadas por ahí y las sábanas. “¿Estás durmiendo aquí?”

“En su momento me pareció buena idea. Soy el único aquí.” Draco mantuvo los ojos en el pergamino y mordió la punta de su pluma como si estuviera pensando en algo.

“Te dije que eres bienve -” Harry se detuvo al ver la mirada penetrante de Draco que lo estaba clavando contra el respaldo de la silla. “Está bien, ya entendí. El dormitorio de Gryffindor no es para ti.” Añadió riendo un poco.

Draco regresó la mirada al pergamino.

“¿Qué estás escribiendo?” preguntó Harry sin captar todavía la indirecta.

“Nada que te importe.”

“¿Oh, en serio? ¡Accio!” el pergamino voló por los aires para caer en la mano de Harry.

“¡Es privado!” siseó Draco.

“Lo siento,” contestó Harry viéndose ligeramente aterrado. “Solo estaba jugando. Toma.” Se paró y fue hacia Draco para regresarle la carta.

Draco se negó a tomarla. “No importa,” dijo y salió como una tromba de la sala común desesperado por alejarse de él antes de que volviera a perder la compostura.

Un Harry desconcertado miró el pergamino que tenía en la mano.

Estimado Sr. Ollivander,

Sé que no tengo derecho a pedirle nada, pero

Harry tomó un pergamino limpio y la pluma.

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Cuando Draco regresó de dar un largo paseo a paso ligero por la escuela, lo último que esperaba era ver a Harry dormido en el sofá, su sofá, el sofá en el que dormía en la noche.

“Tarado,” murmuró y estaba a punto de despertarlo cuando se fijó de la carta que estaba sobre la mesa. La levantó indeciso.

Estimado Sr. Ollivander,

Confío en que se encuentre bien. Tengo un favor que pedirle. Draco Malfoy ha estado ayudándonos con la reconstrucción de Hogwarts. Como bien sabrá, hace unos meses le quité su varita de espino. Por razones obvias esa varita ahora está guardada. Actualmente, Draco está utilizando una que le prestó su mamá que dista mucho de ser la óptima para él. Apreciaría enormemente que le permitiera comprarse una varita nueva. Sé que no es cualquier cosa, pero pienso de verdad que su única intención es darle un buen uso. Me siento un poco responsable por no poder regresarle su varita. Nos gustaría visitar su tienda tan pronto como sea posible. Por favor avíseme si usted está de acuerdo.

Mis mas sinceros saludos,

Harry Potter.

Draco tragó con dificultad el nudo que se le había hecho en la garganta y volteó a mirar a Harry que ahora tenía los ojos abiertos y lo observaba. “¿Por qué?” logró balbucir.

Con los ojos fijos en Draco, Harry se sentó y estiró la espalda. “Este sofá es muy incómodo. Deberías dormir en una cama.”

“¿Por qué?” lo presionó Draco.

“Porque quise hacerlo.” Le quitó la carta. “¿Tienes una lechuza en la lechucería?”

“Si.”

“Qué bien, necesito mandar esto.” Se dirigió hacia la puerta y volteó la cabeza hacia Draco. “¿Vienes?”

No dijeron nada de camino a la lechucería. Después de que Harry hubo mandado a la lechuza de Draco, el silencio continuó durante el trayecto de regreso. Cuando llegaron al punto en el que debían separarse para continuar hacia sus respectivos dormitorios, Harry dijo, “Buenas noches.”

“No sé qué decir, Harry. Tienes motivos mas que suficientes para odiarme.”

“Pero no lo hago, así que di, buenas noches.”

“Buenas noches.”

»»»»»»»»»»»»

Draco estaba terminando su té cuando los de Gryffindor llegaron a desayunar. Unos momentos después llegó una lechuza a dejarle una carta a Harry. Su sonrisa se amplió al leer la carta y le hizo señas para que se acercara. Draco le dio un último sorbo a su té renuente y se dirigió a su mesa.

“Buenos días,” saludó al grupo. “Hoy voy a estar en el pasillo del segundo piso,” añadió con la esperanza de poder escapar a cualquier tipo de interacción social.

“De hecho, estaba pensando que podríamos ir al Callejón Diagon después de desayunar.” Harry se veía mas contento de lo legalmente permitido.

“De acuerdo.” Draco pudo escuchar que su voz tembló un poco.

“¿Te veo en el vestíbulo de la entrada en un hora?”

“Está bien, nos vemos entonces.”

»»»»»»»»»»»»

Draco casi se murió de la impresión cuando el Sr. Ollivander lo saludó cálidamente. Por supuesto, Harry estaba a su lado, pero aún así el hombre se veía mucho mas amigable y relajado de lo que se hubiera imaginado.

Después de probar una media docena de varitas, lo escogió una de acebo de treinta y un centímetros y medio con núcleo de corazón de dragón.

“Es un cambio considerable a tu varita anterior,” declaró Ollivander críptico.

“No creo que nadie sea el mismo de antes,” dijo Draco sin necesitar especificar a qué ‘antes’ se refería.

“No, supongo que no,” dijo el Sr. Ollivander mirándolos a ambos.

Harry no dijo nada hasta que hubieron salido de la tienda. “Voy a ir a ver a George. ¿Quieres venir?”

“Adelante. Voy a ir a casa a regresarle su varita a mi madre. Quizá también pase la noche allá.” Draco no estaba seguro de por qué estaba dándole tantos detalles a Harry.

“De acuerdo. Nos vemos mañana.”

Draco asintió. “Y, ¿Harry?”

Harry lo miró a los ojos.

“Gracias.”

»»»»»»»»»»»»

La semana siguiente estuvo extremadamente ocupada en Hogwarts. Había muchas caras nuevas de voluntarios y el progreso se estaba empezando a ver realmente. Draco hizo su mejor esfuerzo por pasar desapercibido y evitó tanto como le fue posible al Trío Dorado. Todas las mañanas verificaba la lista de trabajo de Granger y se aseguraba de alistarse en algo que estuviera al otro extremo del castillo de donde estuvieran ellos. Harry siguió sin captar las indirectas y siguió mostrándose amigable e intentaba entablar conversación con Draco a cada oportunidad. Esto lo dejaba mas confundido y vacío que nunca.

“Esta noche me van a hacer una fiesta de cumpleaños en el Gran Comedor,” dijo Harry alcanzándolo después del almuerzo.

“Bueno, feliz cumpleaños,” dijo Draco con un aire decididamente neutral.

“Vendrás, ¿verdad?”

“No fui invitado.”

“Es mi fiesta y te estoy invitando.”

“No creo que sea buena idea.”

“Al diablo con eso. Vamos, di que irás.”

“Quizá.”

Harry sonrió como si Draco hubiera dicho ‘si’.

Mientras Harry se alejaba, Draco meditó en el hecho de que no había celebrado su cumpleaños número dieciocho. En cambio ese día se lo había pasado temiendo por su vida y transcurrió completamente sin que sus padres se acordaran.

»»»»»»»»»»»»

El Gran Comedor estaba decorado de colores contrastantes y lleno de unas cien personas, incluyendo a los Weasley de todas formas y tamaños imaginables (esto no significaba que Draco se anduviera imaginando semejantes cosas). Lovegood fue la primera en acercarse a él y demostró ser útil en protegerlo de los demás invitados, ya fuera que quisieran charlar con él o hechizarlo. Así que se limitó a asentir y a darle tragos a un vaso de ponche fino mientras ella platicaba de Nargles y Nymphmites, que solo dios sabía qué cosas eran. De cuando en cuando, Harry volteaba a mirarlo y le sonreía provocando que sus rodillas temblaran ligeramente. La primera vez Draco levantó su vaso e hizo un brindis, pero después de eso hizo su mejor esfuerzo por fingir que no le veía.

Después de una hora, que tomando en cuenta las circunstancias, Draco creyó era una aparición mas que aceptable, estaba a punto de marcharse cuando la chica Comadreja se acercó.

“Hola, Luna.” Sonrió la Comadrejita y luego le preguntó desdeñosa, “¿Qué estás haciendo aquí, Malfoy?”

“Estaba a punto de marcharme. Que ambas disfruten de la tarde,” dijo con tanta educación como le fue posible.

“Vaya que eres descarado,” le escupió ella justo cuando se estaba dando la vuelta.

“Yo lo invité, Ginny.” Dijo alguien suave y amablemente.

Draco se volvió para ver a Harry tan seguro y confiado como el día que conquistó al Señor Tenebroso.

“Si, tuviste la amabilidad de hacerlo y ahora me marcho.” Habló Draco con formalidad e hizo una pequeña reverencia.

“No tienes que irte.” Si Draco no lo conociera mejor, le habría parecido que Harry era sincero, o quizá no lo conocía mejor.

“Feliz cumpleaños, Potter. Buenas noches a todos.” Draco se dio la vuelta rápidamente y caminó lo mas tranquilamente posible hacia la salida. Para el momento en que llegó al patio frontal estaba temblando y decidió que le sentaría bien una caminata a la luz de la luna alrededor del lago. De otra forma no podría dormir.

Cuando regresó al vestíbulo de entrada, se detuvo abruptamente al escuchar la voz de Harry a la vuelta de la esquina. Incapaz de contenerse, pegó la espalda a la pared y escuchó.

“En serio, no entiendo por qué lo invitaste.” Draco no podía creerlo. Era la Comadrejita y estaban hablando sobre él.

“Ya te lo dije. Nos estamos volviendo... amigos o algo parecido.”

“Ten cuidado, Harry. Malfoy es un oportunista y se está aprovechando de tu generosidad.”

“No, no lo creo. Es mas que eso. No puedo explicarlo.”

“¿Podrías intentarlo?” se escuchaba desesperada.

“Son todas las cosas. Ummm... las cosas que han pasado entre nosotros, desde nuestros duelos, los partidos de Quidditch, las peleas, todo ello ha llevado a...”

“¿A qué, Harry?”

“Que casi lo matara en sexto, su intento de asesinar a Dumbledore, que yo utilizara su varita, todo.”

El corazón de Draco latía tan fuerte que estaba seguro de que podían escucharlo.

“No entiendo. ¿A qué te refieres?”

“No quería entregarnos a Voldemort.”

“Eso no quiere decir -”

“Si, así es,” declaró Harry comprensivo.

“Oh, Harry.” Se escuchaba impresionada. “Es veneno, escucha mis palabras.”

“¡Es absurdo!”

“No, no lo es. No estuviste aquí el año pasado. Tenía una buena reputación como seductor y estoy segura de que tiene muescas en el poste de su cama que lo demuestran.”

“¿Qué?”

“Bueno, escuché que en su mayor parte estuvo con Zabini, pero en algunas ocasiones sedujo a otros de Slytherin o de Ravenclaw.”

“¿Hombres?” preguntó Harry horrorizado.

“Si. Por favor, eso no debería sorprenderte.”

“No, supongo que no. Pero ya en serio, ¿crees que está intentando seducirme? ¿No se te hace un poquito rebuscado?”

“En realidad no.”

“Ginny,” se quejó Harry y Draco pudo escuchar el susurro de las túnicas, como si se estuvieran abrazando.

“Harry, escúchame,” le dijo ella bastante seria. “Sigo creyendo que hay una razón por la que no has regresado a mi.”

“Ya te lo dije, todavía no estoy listo para -”

“Escúchame, Harry. Escucha. Te amo, pero no puedo evitar preguntarme... de hecho siempre me he preguntado...

“¿Preguntado qué?”

Olvídalo.”

“No, ¿qué?”

“No quieres escucharlo.”

“No puedes decir algo así y marcharte como si nada.”

Ciertamente, Draco esperaba que no lo hiciera.

“De acuerdo, pero no creí que tu fiesta de cumpleaños fuera el momento o el lugar par hacer esto.” Hubo una pausa larga y Draco pudo escucharlos moverse.

“No creo que me ames de verdad.” Dijo muy rápido.

“¡Si te amo!”

“Si, pero no de esa manera.”

“¿De qué manera?” Harry se escuchaba mas desconcertado que nunca.

“He logrado aceptarlo.” Salió estrangulado, como si estuviera llorando. “Crees que se supone que debes amarme. Y probablemente lo hagas, pero como a una amiga, como a una hermana.”

“¿De dónde viene todo esto?” se escuchaba como si Harry también estuviera llorando. “¿Quién te dijo eso?”

“Nadie. Viene de aquí adentro, Harry.” Empezó a sollozar. “No puedes decirme que no es cierto, ¿o si?”

“Solo porque no quiero estar contigo en este momento, no quiere decir que -”

“¡Si!”

“Oh, dios, Ginny. Lo siento mucho.”

Ambos estaban llorando y Draco dedujo que estaban abrazados. El estómago le dio un vuelco y la culpa de haber escuchado algo tan privado corrió por sus venas. Recordó una conversación terriblemente parecida que tuvo con Pansy el año anterior. Draco no pudo evitar preguntarse por qué era que las chicas parecían enterarse antes que ellos. Se quedó ahí parado en silencio escuchándolos llorar y recobrar la compostura.

“Regresemos antes de que vengan a buscarte. Es tu cumpleaños. No quería arruinártelo.”

“Oh, Gin, no lo hiciste. Desearía que me lo hubieras dicho antes.”

“No estabas precisamente a la mano. Digo, te fuiste inmediatamente a Australia con Hermione y Ron, y luego regresaste aquí. Eso me obligó a examinar las cosas.”

“Oh, Gin. Soy un tarado. Ron me advirtió que no te lastimara. Debería haberle hecho caso.”

“Regresemos. ¿Estás listo?”

“Si.”

“Sólo prométeme una cosa, ¿si?”

“Seguro, lo que sea.”

“Ten cuidado con Malfoy.”

“De acuerdo.”

Draco estaba seguro de que seguían platicando mientras se alejaban, pero ya no podía escucharlos. Se tragó el nudo de la garganta y recorrió el camino por los pasillos vacíos de regreso al dormitorio de Slytherin.

Transcurrieron varios días en los que evitó cuidadosamente a Harry. Estaba tomando su té matutino cuando se dio cuenta de que la Lista Maestra tenía sus iniciales y las de Harry anotadas a un lado de ‘El Cuarto de los Requerimientos’ con la fecha de hoy. Cuando regresó la atención a su desayuno Harry estaba jalando la silla a su lado.

“Buenos días,” lo saludó alegre.

“Buenos días,” replicó Draco suavemente.

“Creo que es hora de que veamos lo que le pasó al Cuarto de los Requerimientos.”

“¿No crees que Weasley y Granger estarían mas capacitados para trabajar contigo?”

“No, de hecho creo que tu eres perfecto...” Harry dejó que la palabra quedara en el aire un momento antes de continuar, “para el trabajo.”

Draco casi se mordió el dedo al morder su pan tostado.

“Además, tu sabes mas sobre la maldición que utilizó Crabbe.”

“¿Alguien ha visto el daño?” preguntó Draco.

“No desde ese día. Bill Weasley fue a ver y confirmó que el fuego se había apagado y sacó el cuerpo de Crabbe, pero no creo que alguien mas haya ido allá. Podemos ir después de desayunar.”

“No creo que pueda ir. Le diré a Granger todo lo que recuerdo, pero...”

“¿Qué?”

“No quiero ir,” escupió Draco pero se arrepintió de inmediato. Luego añadió mas tranquilamente, “Ese cuarto me trae un montón de recuerdos desagradables.”

“No habrá problema. Iremos juntos.”

“Deja eso,” dijo Draco firmemente, pero intentó no sonar antagonista.

“¿Que deje, qué?”

“De pensar que soy un Kneazle perdido que necesitas adoptar. No necesito tu compasión”

“No es compasión. Tan solo pensé...” Harry se presionó el puente de la nariz y respiró profundo. “Hemos pasado por muchas cosas. Creí que podríamos ayudarnos.”

“Tienes muchos amigos, Harry, muchos amigos que estuvieron ahí, que saben. ¿Por qué yo?

“Porque quizá no tienen lo que necesito.”

Draco levantó la mirada de su té. Replicó lentamente y pronunciando con cuidado cada palabra, “Yo no tengo nada que puedas necesitar.”

“No creo que eso sea cierto.”

Se miraron directamente a los ojos, ninguno se atrevió a hablar. Draco le dio un último trago a su té y se levantó.

“Te veo en el pasillo del séptimo piso en treinta minutos,” dijo Harry mientras Draco se alejaba. No respondió.

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Todas las fibras de su ser le gritaban que no fuera, pero cuarenta minutos después Draco dio la vuelta en la esquina para encontrarse a Harry dando vueltas frente al Cuarto de los Requerimientos.

“Acaba de aparecer la entrada,” dijo Harry. “Estaba empezando a creer que no vendrías.”

Draco extendió la mano mientras se dirigía a la puerta. “Terminemos de una vez con esto, ¿si?”

Harry abrió la puerta y se quedaron parados en el umbral observando boquiabiertos la escena frente a ellos. El cuarto estaba medio lleno de objetos carbonizados y marcas de quemaduras en los muebles y las paredes, pero era obvio al instante que estaba cambiando constantemente. Las marcas por aquí y por allá se iban encogiendo y los objetos carbonizados regresaban a su estado original.

“Es como si estuviera curándose a sí mismo,” comentó Harry sorprendido.

Ambos entraron. Harry tomó el camino de la izquierda, por lo que Draco se fue hacia la derecha. La puerta se cerró detrás de ellos, caminaron por el cuarto de arriba abajo, iban tocando las cosas conforme pasaban. Se encontraron a la mitad del otro extremo.

Draco soltó un largo chiflido y luego susurró, “Es asombroso.”

“Este castillo tiene mas magia de la que nadie sabe.”

“Creo que nosotros no podemos ha -” Draco fijó los ojos en el gabinete evanescente medio chamuscado. Se quedó paralizado.

“¿Draco?” entonces se dio cuenta de qué era lo que estaba mirando. “Draco,” dijo suavemente y le puso una mano en el hombro.

“Estoy bien,” susurró Draco pero no podía apartar los ojos del gabinete.

“Draco, mírame.”

Draco volteó la cabeza y se encontró atrapado por la mirada de Harry que estaba a unos cuantos centímetros. Harry le tomó la mano y el contacto de su piel hizo que Draco se estremeciera.

“Todos hemos tenido que tomar decisiones difíciles y en ocasiones no hemos tenido opción alguna,” dijo Harry suavemente.

“Yo tenía una,” declaró Draco.

“Y sientes remordimientos,” dijo Harry para luego inclinarse un poco para cerrar la distancia entre ellos.

Draco cerró los ojos y dejó escapar un pequeño gemido cuando los labios de Harry tocaron los suyos. Harry le pasó una mano por la espalda y lo acercó mas hacia sí, luego abrieron las bocas. Sabía a te y pan tostado, se sentía cálido, muy cálido contra su cuerpo. Draco no pudo luchar mas. Harry era el sol y lo atraía con la pura fuerza de su gravedad. Lo envolvió con los brazos y lo besó tirando toda la cautela por la ventana. Sus lenguas exploraron, sus labios presionaron y amenazaron una y otra vez.

Finalmente retrocedieron tan solo un par de centímetros en busca de aire.

“¿Eso era lo que estabas buscando?” preguntó todavía jadeando.

Harry asintió repetidamente boquiabierto tratando de jalar mas aire desesperadamente. .Draco nunca desaprovechaba una oportunidad, por lo que volvió a besar esa boca a conciencia. Llevó las manos hasta los hombros de Harry para meterlas en esa larga melena negra. Se sentía tan bien apretarla entre sus dedos. ¿Cuánto tiempo llevaba anhelando hacer esto? ¿Semanas, años?

Poco a poco Harry lo fue empujando hasta que se toparon con la pared. Presionó su cuerpo completo contra Draco y ambos jadearon ante el contacto. Deslizó las manos por su espalda para sujetarse de sus hombros como si de ello dependiera su vida.

“Si,” gimió entre besos Draco en voz alta cuando Harry comenzó a empujar su dolorosa erección contra la suya.

“No puedo detenerme,” le jadeó Harry al oído.

“No, por favor, no te detengas.” Aplastó su boca otra vez contra la de Harry, sus dientes se estrellaron, pero siguieron besándose.

Harry se restregó contra él una y otra vez, mientras Draco le jalaba el cabello y dominaba su boca. Siguieron restregándose cada vez mas rápido, Harry era el que marcaba el ritmo, hasta que terminó con fuertes exclamaciones de su parte, una serie de ‘Oh’ y ‘Ah’ para finalmente morderle el cuello a Draco mientras se corría en los pantalones.

Draco esperó un minuto mientras Harry recuperaba el aliento recargado sobre él, para después tomar su mano y colocarla sobre su entrepierna. “Termina, por favor,” le suplicó.

Con unas cuantas caricias fuertes Draco se corrió con fuerza gritando el nombre de Harry. Se dejaron caer quedando sentados lado a lado contra la pared.

Harry recuperó primero el aliento y dijo, “Nunca había hecho eso.”

“Yo tampoco me había corrido nunca sobre los pantalones. Vaya desastre.” Draco sacó su varita y los limpió a ambos con un Hechizo Limpiador no verbal.

“Gracias.” Harry sonrió y lo miró con cariño. “Me refería a que nunca había hecho algo así.”

“¿Nada?” preguntó Draco sorprendido.

Harry sacudió la cabeza.

“¿Estás bien?”

“Mas que bien. Eso fue... eso fue... asombroso.”

Draco soltó una risita y se recargó sobre su hombro. Pronto la respiración se ambos se regularizó y se quedaron dormidos.

“Draco, despierta.”

Draco se estiró mientras Harry lo sacudía suavemente y le seguía susurrando que se despertara.

“¿Eh?” se limpió los ojos. “¿Qué hora es?”

“Ya pasan de la una. Nos perdimos el almuerzo.”

“Eso es lo primero que se te ocurre decirme,” comentó Draco con una enorme sonrisa.

“Tengo hambre.”

“Bueno, yo también,” dijo Draco seductoramente al tiempo que se inclinaba para darle un beso.

Harry accedió feliz. Después de unos buenos minutos de besos, Draco se alejó un poco para decir, “Qué bueno.”

“¿Que bueno, qué?”

“Que todavía quieras besarme.”

“Si, todavía quiero besarte y mucho mas que eso. Pero primero...” Harry se paró y le extendió la mano. “Necesito alimento.”

Draco le tomó la mano y dejó que lo guiara hasta la cocina en donde se encontró felizmente sorprendido con media docena de elfos domésticos que se peleaban por prepararles el almuerzo. Ya con las panzas llenas le dieron un trago a un té de Earl Grey y se reclinaron en sus sillas.

“¿Puedo preguntarte algo?” le preguntó Harry ligeramente dudoso.

“Seguro.”

“¿Zabini y tu?”

“Ah... si, pero eso fue hace ya un rato.”

Un elfo doméstico bastante viejo y andrajoso se les acercó a preguntar, “¿Hay algo mas que necesite el amo Harry?”

“No, sería todo, gracias, Kreacher.”

“¿Es tuyo?” preguntó Draco incrédulo.

“Si. Me lo heredó mi padrino, Sirius Black.”

“¿Sirius Black era tu padrino? ¿Mi primo?” Draco nunca había escuchado eso. “¿No estaba en la cárcel por haber asesinado a un montón de muggles?”

“No, ése fue Peter Pettigrew que traicionó a mis padres y le puso una trampa a Sirius.”

“¿Colagusano?’

Harry asintió. Draco escuchó embelesado durante las dos horas siguientes la historia sobre sus padres, Sirius Black, el profesor Lupin y Pettigrew. Le contó cómo fue que conoció a Black al final de tercero y cómo era que había muerto en el Departamento de Misterios bajo la varita de su tía Bellatrix. Draco no pasó por alto que conocía muy poco sobre su pasado e incluso hasta de los eventos mas recientes. Harry se veía exhausto cuando llegó a la parte de su herencia.

“Ven conmigo,” le dijo gentilmente al tiempo que extendía la mano.

Caminaron tomados de la mano de regreso al calabozo de Slytherin. Apenas si había cruzado la puerta cuando ya se estaban besando otra vez. De alguna forma Draco logró conducirlos hasta el sofá e hizo que Harry se acostara boca arriba.

Draco lo miró y sonrió ampliamente cuando Harry lo miró con necesidad desesperada. Lo bromeó, “Me gustas así.”

“¿Así cómo?” balbució Harry.

“Esperándome.” Draco se trepó encima de él y puso las piernas en medio de las de Harry. Se miraron con anticipación con las narices casi pegadas.

“No me hagas esperar demasiado,” le suplicó Harry.

Draco lo besó duramente presionándolo contra los cojines del sofá. Intentaron ponerse de lado para quitarse las camisas, pero casi se cayeron. Harry sacó la varita y alargó el sofá hasta hacerlo del tamaño de una cama matrimonial.

“¿Mejor?” preguntó.

Draco se rodó a un costado para comenzar a quitarle la camiseta por la cabeza. “Mucho mejor,” dijo aventando la camiseta a donde fuera para después colocar una serie de besos por su pecho.

Harry soltó una risita.

“¿Estás bien?” preguntó levantando la mirada.

“Mmm, me haces cosquillas.”

“¿Nunca has hecho nada? ¿Ni con una chica?”

“Sólo besos,” contestó Harry.

“¿Y nunca habías pensado en los chicos?”

Harry se encogió de hombros. Draco estudió un momento su expresión avergonzada antes de declarar, “Estabas ocupado.”

Harry asintió y Draco lo volvió a besar, sintiendo un hormigueo ante la idea de que estaba besando al salvador del mundo mágico, un chico de dieciocho años y para más, virgen.

Draco traía puesta una camisa blanca de lino de manga larga a pesar de ser verano. Harry comenzó a desabrocharle los botones mientras le mordía la oreja. Ambos se sentaron y Harry fue abriendo poco a poco la camisa bebiendo con la mirada su suave piel lisa. Draco sacó los brazos y Harry miró fijamente el antebrazo izquierdo sin marcas.

“No tienes la Marca,” dijo sorprendido.

Draco sacudió la cabeza al decir, “No me consideraron digno.”

Harry llevó su brazo hasta sus labios, lo besó desde la muñeca hasta el codo. Luego levantó la mirada y dijo, “Yo creo que eres digno.”

Draco lo sujetó de la nuca y lo jaló par darle otro beso salvaje. La confianza de Harry aumentó conforme Draco lo besaba y sus manos acariciaron su pecho, brazos y espalda. Draco gimió dentro de su boca al tiempo que bajaba la mano hacia el botón de sus pantalones.

Cuando sintió que Harry se paralizaba, le preguntó, “¿No hay problema?”

Harry respondió besándolo con fuerza y deslizando los dedos dentro de la cintura de sus finos pantalones de sastre. Se besaron, acariciaron y desvistieron en medio de una nube de sorpresa. Dejaron escapar un fuerte gemido cuando sus cuerpos desnudos se tocaron en su totalidad. Draco tomó el pene de Harry y le bajó el prepucio. Harry bajó la mano para sujetar el de Draco y comenzó a imitar sus movimientos. No necesitaron de muchas caricias para correrse sobre la mano del otro gritando ante el dulce alivio.

Después de que se limpiaron y cuando se encontraban acurrucados debajo de una manta, Draco le dio un beso suave en la sien y le comentó, “Van a venir a buscarte.”

“Le mandaré mi Patronus a Hermione.” Harry se sentó y tomó su varita. Un minuto después, su ciervo se alejaba galopando con el mensaje de que se encontraba bien y que estaba descansando con Draco.

“Eso es fantástico,” lo halagó Draco.

“¿Qué forma tiene tu Patronus?” preguntó Harry.

“No sé, nunca he hecho uno.”

Harry recogió su varita de la mesa y se la entregó. “No hay mejor tiempo que el presente.”

“No estoy seguro de saber cómo hacerlo,” dijo Draco al tomar la varita.

“Solo di ‘Expecto Patronum’ y piensa en algún recuerdo feliz, algo que te haga sentir bien y contento.”

“Creo que se me puede ocurrir algo,” replicó Draco con una sonrisa tímida. Respiró profundo para tranquilizarse y dijo el hechizo, “¡Expecto Patronum!”

Del extremo de su varita erupcionó girando una voluta plateada hasta tomar la forma de una liebre. El animal rodeó dos veces el cuarto corriendo y luego se disolvió.

“Excelente,” proclamó Harry antes de llevarse la varita de Draco a los labios para besarla suavemente.

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El sábado 30 de agosto hubo una ceremonia pública con motivo de la reapertura de Hogwarts. Naturalmente en el evento estuvieron implicados Harry, Weasley y Granger. Tuvo lugar justo afuera de la entrada principal. Draco se quedó en la parte de atrás junto con sus padres. El Ministerio le había otorgado a Lucius un permiso especial para que pudiera asistir, Draco sospechaba que era obra de Harry, pero no dijo nada y decidió disfrutar de la mañana junto a sus padres sin preocuparse por las implicaciones. Afortunadamente el servicio no duró mucho y terminó con una dedicatoria a todos aquellos que murieron durante la batalla final. Fue durante el minuto de silencio cuando Draco aceptó que la pesadilla había terminado realmente.

Haciendo gala de su buen juicio, sus padres decidieron saltarse el recorrido y la recepción en el Gran Comedor que seguirían después. Su padre sonrió y le dio unas palmadas a Draco en el hombro al despedirse. Draco pensó que su padre se veía mucho mejor que desde hacía mucho tiempo.

Su madre le dio un abrazo cálido y le susurró, “Sabía que encontrarías tu futuro aquí.”

“Gracias, madre.”

“Te amo, Draco.”

“Yo también te amo.”

Observó a sus padres dirigirse hacia la puerta tomados del brazo. Cuando regresó hacia Hogwarts vio que la última multitud se alineaba para pasar por las enormes puertas del castillo. Una figura solitaria permaneció a la izquierda, observándolo.

“¿Todo bien?” preguntó Harry cuando Draco se le unió.

“Creo que si.”

Harry le sonrió y Draco no pudo evitar sonreír también.

“Te luciste ahí arriba,” dijo Draco refiriéndose a su actuación en la ceremonia.

“Me ayudó saber que estabas ahí.”

“No me lo habría perdido por nada del mundo.”

“¿Estás listo?” Harry extendió la mano y Draco la sujetó.

“Si. Entremos.”

Fin.

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