El Dormitorio de Gryffindor
Desayuno en la Cama
Escrita por: Regret
Traducida por: Nalero y Val

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Nunca se queda. Yo nunca se lo pido. Pero s� que ve la s�plica constante y silenciosa que hay en mis ojos, quiz� es lo que hace que se aleje. Saber que es necesitado, temer necesitarme tambi�n. Demasiado orgulloso para admitirlo, �El amor es para los d�biles,� �se es su lema. Eso me duele en lo profundo, �acaso piensa que soy d�bil? �D�bil porque lo amo? �D�bil porque necesito que me ame? Necesito que me lo diga en vez de venir en medio de la noche, siempre en sus t�rminos, march�ndose antes de que despunte el d�a, como si mi cama fuera en el d�a su prisi�n. �Terreno de juego en la noche? S� que le importo; si no, �por qu� regresar�a? Si fuera s�lo por el sexo se habr�a aburrido desde hace mucho. Trato de consolarme con ese pensamiento, pero con demasiada frecuencia es el que me hace llorar. Y aqu� est� nuevamente. �Qui�n soy yo para negarlo?

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���Por qu� vengo aqu�, noche tras noche, a su cama?!? S� que lo lastimo al irme. Me lastima lastimarlo. Pero algo en sus ojos siempre me aleja. Me asusta que me necesite, que me ame. El amor es para los d�biles y yo no soy d�bil. Un Malfoy no tiene debilidades. Pero �l es eso justamente. Una debilidad. Un h�bito. Uno que parece ser no puedo dejar. Mis pies me traen hasta aqu� (�o es mi coraz�n?), como la luna atrae a las mareas. Y mientras tanto mi cabeza grita que debo regresar, alejarme de �l. Y luego inventa excusas para justificar mi comportamiento �sta �ltima vez. Pero, �terminar� alguna vez? �Se puede? �Lo deseo siquiera? De eso no estoy seguro. No quiero lastimarlo...

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Viene por m�, desliz�ndose en silencio en medio de la oscuridad. Siento el pulso rugir en mis o�dos, sostengo la respiraci�n cuando me toca suavemente. Tan suave, sin palabras. Sus formas son esmeradas y gentiles, como si fuera la primera vez (�o la �ltima?). La idea de que se vaya me asusta m�s de lo que puedo admitir. Hace un gran esfuerzo para asegurarse de que yo disfrute, lo disfrute a �l. Se toma su tiempo antes de amarme por completo, su boca deposita besos ligeros y juguetones sobre mi est�mago. Unas pesta�as insoportablemente largas dejan un rastro de cosquillas en su camino cuando yo me arqueo para encontrarlo. Nunca antes se hab�a tomado tanto tiempo para asegurarse de que estuviera listo, para asegurarse de que ha aprovechado por completo de mis sentidos exaltados. Normalmente no me deja tocarlo. Pero algo apenas perceptible ha cambiado y ahora yo me esfuerzo por regresarle sus sentimientos. Lo tomo lentamente dentro de mi boca, en un intento por regresarle el placer que siempre me ha dado y lo encuentro dulce y salado a la vez. Despu�s me muestra su agradecimiento. Se toma su tiempo para deslizarse en mi, me murmura peque�as tonter�as. Lentamente me lleva a la orilla del precipicio, y espera hasta que ambos gritamos desesperados en busca de la liberaci�n. Entonces, inesperadamente, me arrastra a su lado. Intento desesperadamente ocultar lo asustado que estoy, pues nunca me ha abrazado as�. Me acuna como si fuera a romperme, como si las piezas pudieran escurr�rsele de entre las manos. No deber�a preocuparse; podr�a devastarme salvajemente; yo le perdonar�a cualquier cosa; ya lo he hecho. Mientras me abraza, me encuentro saciado, contento. Se aferra a mi como un ahogado a su �ltimo aliento. Quiz� est� listo. Quiz� est� intentando decirme que me ama, que esta vez se puede quedar. Al tiempo en que me voy sumiendo en el letargo, c�lido con �l todav�a dentro de m�, susurro suave, pero claramente, �Qu�date�. Oh dioses, permitan que est� aqu� ma�ana.

�Qu�date...�

�sa peque�a palabra me saca de mis pensamientos. �Lo escuch� bien? �Lo escuch� siquiera? Esta noche fue diferente. Tierno; desgarradoramente tierno. Suave y lento, como la primera vez, �o nuestra �ltima? Lo asust�, lo s�. No sab�a qu� pensar de mi cambio. Ni siquiera yo s� que pensar de ello. Al sentir c�mo me tocaba, estar dentro de �l, abrazarlo, ah� me sent� en paz. Por primera vez. Para siempre. Se pregunta por qu� no me quedo, porque el d�a nunca deja de alejarme. �l es pureza, es la luz. Y yo no tengo derecho a ella, a �l, pues yo soy la oscuridad, su solemne contraparte. Y no puedo obligarme a quedarme. No puedo obligarme a verlo bajo sus t�rminos. Me zafo de �l, de su abrazo, me retiro de su cama. De pie ante la ventana, viendo sin ver, pienso en c�mo la noche y el d�a siempre, siempre se encuentran en el borde. Al escucharlo moverse detr�s de m�, me volteo y lo descubro murmurando mi nombre, extendiendo un brazo hacia mi calidez. Hacia el vac�o que he dejado. Al verlo buscarme con mi nombre en sus labios, algo dentro de m� se rompe y ahora entiendo. Unas l�grimas furtivas se deslizan por mis mejillas, prohibidas y desapercibidas. Regreso a su lado, me agacho y lo beso suave, dulcemente. El suspiro contenido que escapa de sus labios es de alegr�a. S�lo esta vez me gustar�a darle el desayuno en la cama.

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