| El Dormitorio de Gryffindor |
Tarareo una melod�a ausentemente mientras abro las llaves del agua caliente y fr�a de los vestidores de Quidditch, repasando mentalmente estrategias y jugadas que fueron sugeridas durante nuestra pr�ctica exitosa. Todos est�n volando bien; la Quaffle pasa de Cazador a Cazador sin ning�n problema; mis reflejos de Buscador son m�s r�pidos que nunca y se pronostica que el clima para el d�a del juego ser� despejado con una ligera brisa. Las cosas no podr�an estar mejor.
Suspiro y recargo la frente acalorada y sonrojada contra las lozas fr�as y h�medas y repaso nuevamente lo que creo ser� el plan de juego mas exitoso desde el que utilizamos el del a�o pasado. Mi cuerpo aprecia el agua caliente, que va lavando el sudor del d�a y el estr�s, incluso alivia algo de la tensi�n resultante del rigor de la pr�ctica y la intensidad de los estudios a la que han estado sometidos los de s�ptimo.
Me enjabono el cabello, escucho que se cierra la puerta de los vestidores y me imagino que es tan solo un compa�ero del equipo o alguien mas que decidi� utilizar el campo para luego darse un ba�o refrescante. Me sigo duchando, y ciertamente, escucho que se abre una llave a unos metros escasos, el sonido del agua al caer fue interrumpido por el cuerpo que se encontraba debajo de la corriente.
La otra persona que se est� ba�ando suspira y me percato de que es un chico, pero esto no tiene nada de raro, por lo que me enjuago y cierro la llave. Tomo mi toalla, y me dirijo al vestidor para ponerme la ropa, con la plena intenci�n de regresar al castillo para almorzar algo antes de continuar con mis estudios en la biblioteca.
��A d�nde vas tan pronto?� pregunta una voz.
Frunzo el ce�o, dejo de secarme el cabello con la toalla y me doy la vuelta para terminar viendo directamente a los ojos a la persona que mas odio en Hogwarts.
Inhalo para responder, pero �l es mas r�pido y habla antes de que yo lo haga.
�Acabo de llegar,� me explica, me sujeta de las mu�ecas y me aleja de los vestidores con un brillo predador en los ojos.
�Si, pero yo ya termin� de ba�arme y me gustar�a ir a almorzar� contesto yo, bajo la mirada hacia mis mu�ecas que tiene atrapadas fuertemente y luego la subo a sus ojos. No tengo miedo, pero tampoco quiero jugar este juego.
�He estado esperando por esto,� dice sin apartar nunca los ojos de los m�os, me miraba intensamente mientras que yo intentaba decidir qu� hacer a continuaci�n. Me percato de que me ha llevado de nuevo a las regaderas y me voltea para dejarme de frente a la pared de azulejo que sigue teniendo gotas de agua procedentes de mi ducha.
��Por qu�?� pregunto tentativamente intentando voltear la cabeza ligeramente para poder ver su cara, que tiene esa sonrisa animal y que deja al descubierto sus dientes blancos y brillantes. Me levanta las manos por encima de la cabeza y da un chasquido con los dedos, y aparecen una cuerdas en su mano todo sin soltarme las mu�ecas.
Mientras ata mis manos en el tubo de la regadera, contin�a, �Tu tambi�n lo has estado esperando� puedo verte observando desde el otro lado del Gran Comedor. Eres muy obvio.� Deja de atarme y se inclina hacia el frente para mirarme a la cara. No me gusta su proximidad y ciertamente no me gusta la forma en la que me est� mirando.
��De qu� diablos est�s hablando?� exijo saber forcejeando contra las ataduras en mis mu�ecas. Gru�o medio frustrado, medio sofocado por el esfuerzo de liberarme de las ataduras. Lentamente siento que mis dedos pierden el sentido del tacto y que la sangre abandona mis brazos. No me ha pasado por alto el hecho de que estoy completamente desnudo; de hecho es el primero de mis pensamientos. Puedo sentir el aliento del otro chico que roza mis muslos y caderas mientras habla.
Lo que mas me asusta es que tiene raz�n. Lo observo en todas las comidas. Lo observo en todas las clases que tomamos juntos. Me intimida su apariencia de autoridad, esa que hace que todo el mundo se detenga y lo mire mientras camina entre los pasillos. Al parecer estoy obsesionado. Me maldigo mentalmente por dejar que se vuelvan obvios mis afectos y pensamientos. Luego lo maldigo a �l por haberse percatado y actuado en consecuencia de los mismos.
Mi consciente regresa a la realidad y se concentra en lo que est� pasando. Vuelvo a forcejear y lo �nico que logro es apretar las ataduras en vez de aflojarlas. Abro desmesuradamente los ojos cuando siento que una mano roza ligeramente mi pene fl�ccido, la otra mano sube por mi costado dej�ndome la piel de gallina a su paso.
�J�dete,� gru�o torci�ndome para desviar la mirada.
�Ah, eso te gust�, �verdad?� se endereza y acerca su boca sensual y rosada a mi oreja, sus labios apenas si rozan mi l�bulo. �Est�s temblando de deseo,� susurra caminando alrededor para mirarme directamente a la cara. Su mano acun� y acarici� mi trasero.
Dejo escapar un gemido involuntario y dej� caer la cabeza cuando me dio un apret�n particularmente firme.
�Mhmm,� dice �l inclin�ndose para deslizar su lengua rosada sobre mi clav�cula y plantar una serie de besos a lo largo de mi piel. Yo jadeo sorprendido cuando �l me muerde y yo bajo la mirada para ver la l�nea perfecta de sus dientes sobre mi piel. �Sabes delicioso,� me dice lami�ndose los labios.
Me retuerzo un poco mas contra las ataduras, en un intento por aflojarlas, pero nuevamente se aprietan ante mis esfuerzos. Debi� haberse percatado de ello porque dijo, �Est�n encantadas para apretarse si forcejeas demasiado.�
Quiero borrarle esa sonrisa burlona de la cara de un pu�etazo.
Continua con su viaje tortuoso hacia abajo, lamiendo, besando y chupando a todo lo largo del camino. Deslizando las manos por mi torso, vuelve a subir y desliza los dedos sobre mi boca, haci�ndome cosquillas en los labios. Me resisto a la urgencia de abrir la boca para dejar que me penetren los dedos.
�Abre esa boquita preciosa,� dice haciendo un puchero y acomodando un mech�n de cabello detr�s de mi oreja. Sus dedos h�biles dibujan c�rculos sobre mi ombligo para luego bajar a provocar a mi pene semi duro.
Suelta una risita al ver mi reacci�n ante sus atenciones, y contin�a delineando mis labios con sus dedos mientras susurra, �R�ndete.�
Y eso hago. Abro la boca y acepto sus dedos, llen�ndolos de saliva e introduci�ndolos a�n mas profundo, rode�ndolos con la lengua. Observo triunfal cuando mi perpetrador pone los ojos en blanco y deja que sus p�rpados se cierren.
Se restriega contra mi, provocando una gloriosa fricci�n. Le muerdo el dedo con un poco de rudeza y como respuesta, recibo una fuerte nalgada del lado izquierdo y se baja llev�ndose los dedos consigo. Me muerde un pez�n y lame la marca de nacimiento que tengo debajo del t�rax. Yo gimo en aprobaci�n y me pongo de puntitas intentando alcanzar esa boca caliente que siento tan cerca de mi excitaci�n.
Sus dedos mojados se dirigen hacia la abertura de mi trasero y lo acarician haci�ndome temblar. Al mismo tiempo, me lame el pene (ya humedecido) de la base hasta la punta. Se me escapa un gemido gutural y ahora ya casi es insoportable la forma en que la punta de un dedo ha logrado pasar el m�sculo, girando y provocando.
Me embisto hacia esa boca y siento que mi pene toca la base de su garganta, me muerdo un labio cuando siento una succi�n poderosa cuando lo retiro; mientras tanto el dedo me est� torturando. Lo retuerce y lo dobla tantito provocando que vea fuegos artificiales. Parpadeo y jadeo cuando las dos sensaciones me golpean al mismo tiempo y maldigo el d�a en que se dio cuenta de mis afectos.
Pero es un pecado delicioso.
Siento que se abre camino un segundo dedo y estando as� de rodillas, murmura algo y mis ataduras se liberan, mis brazos caen pesada y dolorosamente mientras la sangre regresa a ellos. Coloco las manos sobre la pared, prepar�ndome para lo que est� a punto de venir.
Los dos dedos se retuercen casi dolorosamente, me abren con su deliciosa tortura, el chico arrodillado me mira lujurioso y estoy seguro de que dirige su respiraci�n pesada hacia mi pene rojo e hinchado. Sus dedos vuelven a embestirme, esta vez un poco mas profundo y llega a ese punto una� y otra... y otra vez, hasta que siento las rodillas d�biles. Me descubro casi deseando que mis ataduras siguieran en su lugar para mantenerme de pie.
Pongo la mano sobre su nuca con la plena intenci�n de poner su boca caliente otra vez sobre mi pene necesitado, pero �l se resiste y sigue respirando sobre �l, provocador y er�tico, provocando que tome un pu�ado de su cabello. Un aliento caliente y h�medo me llega en jadeos pesados desde su boca decadente, y sus dedos h�biles me penetran una y otra vez, esos malditos ojos que me suplican que me rinda por completo porque �l sabe que no lo he hecho.
Recargo la frente sobre los azulejos y gru�o audiblemente cuando un tercer ap�ndice se une a los otros dos, provocando que me impale contra la presi�n insistente.
�As�. No puedes negarte a lo que has deseado durante tanto tiempo,� dice con voz ronca, como la tendr�a cualquiera si le hubieran empujado un pene en la garganta. Saca la lengua para atrapar una gota de un l�quido blanco aperlado de la cabeza de mi pene, luego la introduce en su boca, presiona la lengua en la hendidura, y me rodea el miembro con la lengua mientras me penetra con tres dedos, que poco a poco han incrementado su velocidad.
Su cabello no me es suficiente para sujetarme, pero con eso me tendr� que conformar por ahora. Me toma en su boca al mismo tiempo que sigue manejando sus dedos aumentando la sensaci�n cuando gime. Me impalo hacia esos dedos, de deleito con este pecado, esta nueva maldad que he descubierto en mi enemigo. Quiz� es este descubrimiento lo que me manda a la orilla, gimiendo audiblemente puesto que no ha sacado sus dedos, sino que sigue masaje�ndome ese punto interno.
Es demasiado.
Tomo dos pu�ados de su cabello y bajo a�n mas su cabeza, hasta que su nariz toca mi abdomen, sintiendo como mi longitud se desliza sobre su lengua hasta su garganta. �l me responde levantando la mirada hacia mi, y la sonrisa que no puede mostrar se ve en sus ojos y sus dedos contin�an con su tormento. Est� disfrutando de esto tanto como yo, sino es que m�s.
Verme deshecho es su meta del d�a.
Veo doble y gru�o cuando suelto chorros de fluido blanco y caliente por su garganta, mi cl�max me dej� sin aliento y d�bil. Mi respiraci�n se vuelve entrecortada e un intento por regular los latidos de mi coraz�n con mi cuerpo. Estremeci�ndome y gimiendo audiblemente, aprieto sus dedos y mantengo su cabeza en su lugar cuando lo �ltimo de mi orgasmo me barre de pies a cabeza nuevamente. Arquea un poco, sin embargo se lo pasa todo y solo le queda un poco de remanente en la comisura de la boca.
Parpadeo varias veces y me doy cuenta de que todo se ha vuelto negro y que mi parte media se siente coartada, tengo algo enredado y estoy sudado, pegajoso e inc�modo.
Muevo las manos sobre la ropa h�meda y las s�banas revueltas; estoy en mi cama, en mi dormitorio. Pateo las s�banas y me quito la ropa, dejando que el aire fr�o me pegue provocando que la piel se me ponga de gallina, la corrida se me seca sobre el est�mago y mi pene baja lentamente. Descanso la cabeza sobre las almohadas y suspiro cuando me doy cuenta de que solo fue un sue�o.