Digimon Káiser

 

10: Recuérdame

 

La fortaleza del Káiser estaba flotando, inmóvil, como invitándolos a entrar.

-No hay nadie vigilando- dijo Taichi.

-Tal vez es una trampa y nos atacarán cuando nos confiemos- dijo Takeru.

-No me importa si está todo el Digimundo esperándonos para pelear, pero yo los derrotare a todos- dijo Daisuke, temblando de ira -¡Veemon, vamos!-

Los cuatro Digielegidos con sus Digimon bajaron la colina en la que estaban, y siguieron a Daisuke. Taichi estaba casi tan rabioso como él, pero sabía contenerse mejor. Pero si el Káiser tocaba a Yamato...

 

“No debo dormir” se decía Ken.

“¿De qué te servirá estar agotado?” le preguntó una voz que él conocía muy bien.

Cherrymon.

Estaban de nuevo en el lago

-Ahora no, por favor- dijo Ken, con la voz quebrada –No lo soportaré-

-Calma, no te haré daño- le dijo el Digimon –Sólo que si no duermes, lo más seguro es que te enfermes. Y, aunque quisieras, no podrías hacer nada cuando Káiser venga por ti-

-No soportaré si alguien más sale lastimado... No sé qué le pasó a Yamato, o a los otros-

-Están bien. Káiser no maltratará su cuerpo, y el espíritu de Yamato estará encerrado en el cuerpo del otro Káiser hasta que uno de los dos muera... Pero no sé qué sucederá con el cuerpo-

-Basta-

-Es la verdad, Ken. Ya estás perdido. Por tu culpa, todos tus amigos y tu familia sufrirán... ¿Estás contento ahora?-

-¡Basta!- Ken cayó de rodillas, tapándose la cara con las manos.

-Las tres lanzas que usó Káiser, ¿sabes de dónde vinieron?-

Ken levantó la cabeza. Todavía tenía lágrimas en el rostro.

-Son las tres lanzas que el dios del agua del Digimundo, el mismo que fue liberado cuando destruyeron la última piedra sagrada, fabricó. El agua representa el tiempo y el espacio, los seres etéreos, lo que está más allá de lo físico. Quien maneje las tres lanzas podrá manipular el pasado, el presente y el futuro-

Cherrymon calló, viendo con una sonrisa en los labios a Ken, quien esperaba atónito.

-Tal vez, si logras tomar una de las lanzas, puedas modificar la historia, y esto no habría pasado nunca- hizo una pausa, viendo cómo algo de esperanza retornaba a Ken y hacía que su rostro se iluminara –Pero nada es gratis, y debes dar algo a cambio-

-¿Qué?- preguntó Ken. Estaba ansioso por saberlo.

-Lo que identifica a los seres etéreos es no recordar con exactitud los hechos pero sí los sentimientos que les causaron... Y aprecian mucho el mayor de los sentimientos. El más conocido y descrito por los poetas. Debes dar ése sentimiento, pero no es seguro que lo logres... –

Ken se quedó helado. ¿Debía dar el más grande de todo sus sentimientos? ¿Acaso... ?

-Sí, debes olvidar a ésa persona especial para ti... A Daisuke, si tomas la lanza del futuro. O tal vez él te olvide, y no sienta más ése sentimiento espacial hacia ti, con la lanza del pasado. O que Daisuke te olvide y tú pierdas ése sentimiento, la capacidad para expresarlo, con la lanza del presente. Depende de la lanza que elijas, y no me preguntes por qué es así-

Ken no habló por un buen rato. No dejaba de mirar a Cherrymon, quien sonreía con satisfacción. Debía hacerlo. Todos ya se habían sacrificado y habían sufrido por él, y ahora debía hacer algo por sí mismo. Apretó los puños con fuerza y cerró los ojos, algunas lágrimas se le salieron... Pero ya lo había decidido.

-¿Dónde están las tres lanzas?- le preguntó al Digimon, levantándose, todavía con el rostro húmedo.

-Están con el Káiser, siempre las lleva con él-

-¿Por qué me ayudas? ¿Acaso no estaban con él?-

-La esencia del Káiser se ha perdido. El Káiser sólo debe odiar. Creía que todo esto contigo era un simple juego mental, pero cuando ví que el Káiser que hizo Yamato iba en serio, dejé que el primero actuara. Pero él también ha perdido su esencia, y los dos deben regresar a su lugar de origen-

-Tu lago-

-Exacto-

-¿Cómo hiciste aparecer al primer Káiser?-

-Hay muchos allí abajo... Y sólo yo los conozco a todos. A veces uso a alguno, pero han estado demasiado tiempo fuera del lago, y se han extraviado. Cuando los dos hijos pródigos regresen, les daré un buen castigo por desobedecerme-

-Pero... ¿Tú los mandas a ellos? ¿No era al revés?- Ken estaba atónito.

-Jo, jo, jo, jo, jo, eso es lo que hago que crean... Pero a veces el dominante es el dominado. Y eso es lo que sucede ahora. Y hablando de ahora, Ken, ¿qué vas a hacer?-

 

En realidad, Ken se veía muy hermoso durmiendo. Había caído en los brazos de Morfeo apenas se había acostado, y el Káiser, en el cuerpo de Yamato, lo miraba a través de sus cámaras.

-Duerme bien, Ken-kun, me reuniré contigo para celebrar la victoria... – y sonrió.

 

Un camino lleno de obstáculos los hubiera inquietado menos. No había nadie, ni un Digimon, dentro o fuera de la fortaleza. Los Digielegidos y sus Digimon corrieron por pasillos y pasadizos antes de llegar a una gran sala circular. Cuando el último de ellos había entrado, las puertas se cerraron y las luces se apagaron.

-¡Maldición!- gritó Daisuke.

Una luz se prendió al otro extremo de la habitación. Era una reflector, que alumbraba a...

-¡YAMATO!- exclamaron Taichi y Takeru al mismo tiempo -¿Estás bien?-

-Mejor de lo que creen- dijo el Káiser, con la voz de Yamato.

-¿Dónde está Ken?- preguntó Daisuke.

-Está esperando que yo llegue junto a él para celebrar la victoria ésta noche... En mi cuarto- dijo el Káiser, con su verdadera voz.

Los Digielegidos entendieron de inmediato lo que pasaba. Se prendieron más luces, iluminando todo el lugar. Era una gigantesca arena de combate.

-¡No te atrevas a hacerle eso a Ken!- gritó Hikari -¡Gatomon!-

-¡Sí!-

Gatomon evoluciono a Nefertimon, y los otros tres la imitaron. Yamato hizo salir a un Gomamon con un aro maligno, y lo hizo evolucionar a Icekamon.

-Veremos cuánto resisten sus Digimon de juguete- dijo Káiser, sonriendo. Sabía que Taichi y Takeru no podían tocar su cuerpo sin hacerla daño a Yamato, y que ellos dos lo sabían.

La batalla comenzó, pero Icekamon era más fuerte de lo que parecía. Los Digimon, heridos y magullados, se esforzaban por seguir peleando, pero se notaba que no iban a poder durar mucho más. Káiser sonreía de antemano, pensando en cómo despertaría a Ken... Con un largo beso en los labios, cuando los dos estuvieran sin camisa.

Pero entonces algo pasó. Alguien se asomó por una puerta que estaba detrás del Káiser, y miró la batalla. El corazón se le encogió al ver a Daisuke, pero ya había tomado una decisión, y no iba a retroceder. Salió de su escondite y se dirigió corriendo hacia el Káiser, pero éste lo escuchó y se dio vuelta antes de poder tocarlo.

Icekamon se detuvo. Los Digielegidos y sus Digimon miraron hacia el Káiser, quien ahora estaba pegándole un puñetazo a Ken en la cara. Daisuke grietó y le dijo a su Digimon que rescatara a Ken, pero Icekamon reaccionó y lo detuvo.

-¿Qué estás haciendo?- chilló Káiser.

Ken sonrió, levantándose a medias.

-Tengo una- y mostró algo que parecía un cilindro de metal, que después se alargó hasta tomar su verdadera forma. Una lanza.

Káiser se llevó la mano a la cintura, y vio que solo tenía dos. Entendió de inmediato lo que estaba por pasar, y se abalanzó sobre Ken, pero ya era tarde. Una energía extraña empezó a llenar la habitación, proveniente de la lanza que Ken sostenía en sus manos. Una luz brillante los cegó a todos, y eso fue lo último que recordó el Káiser.

 

Cuando despertó, se sintió extraño. Demasiado liviano. Cuando algo rugoso lo golpeó en la cara abrió los ojos, y vio que estaba sobre la orlilla del lago, y Cherrymon lo había golpeado. El Digimon tenía un brillo de maldad en la mirada que nunca había sido tan intensa.

-Bienvenido- dijo Cherrymon –Para siempre- y siguió golpeando al Káiser, haciéndolo retroceder, hasta que pisó el agua.

Muchas manos lo agarraron, incluso las del Káiser rubio. Lo estaban esperando, y lo tiraban hacia el agua. Káiser intentó zafarse, pero un último golpe lo envió al agua, donde muchos estaban ansiosos por recibirlo... Y para darle su merecido.

 

Ken abrió los ojos. Estaba en su cama. Miró a su lado, donde Minomon dormía abrazado a él. Lo había logrado. De alguna forma lo había logrado. Pero ¿qué lanza había tomado? ¿Acaso los otros lo recordarían todo, como él? Se levantó, dejando a Minomon con cuidado a un lado, y fue hacia la cocina. Allí estaba su madre y su padre. Aún después que Ken se hubiera ido, los dos se preguntaban qué había pasado para que su hijo los hubiese abrazado llorando.

 

Llegó a casa de los Motmiya, y tocó el timbre con insistencia. Daisuke abrió la puerta, bostezando. Los domingos se levantaba al mediodía, si madrugaba. Se sorprendió al ver a Ken.

-Ken, ¿qué pasa? ¿Por qué estás llorando?- le preguntó Daisuke.

Ken no contestó. Lo abrazó con fuerza, sabiendo que al menos él estaba bien... Daisuke se despabiló del todo, y le preguntó qué le pasaba.

-¿Tú no lo recuerdas?- le preguntó Ken.

-¿Recordar qué?-

-Lo que pasó cuando fuimos al Digimundo la última vez-

-¿De qué estás hablando, Ken? Si sólo fuimos de picnic... –

-Entonces los otros tampoco... – Ken no sabía si reír o llorar, así que abrazó con más fuerza a Daisuke.

-Eh, ¿por qué estás tan cariñoso hoy?- le preguntó Daisuke.

Ken levantó la vista. Daisuke ya no lo miraba con ésa mirada dulce, ésa que sólo le dirigía a él, sino que lo miraba preocupado. Daisuke no lo sentía... Y no lo sentiría nunca. Ken entendió, y se separó de él.

-Discúlpame- le dijo, sin mirarlo –Yo... debo volver a casa- y miró a Daisuke a los ojos –Pero me hace muy feliz el que estés bien, aunque no recuerdes ése sentimiento-

-Ken, ¿te sientes bien?- le preguntó Daisuke.

-Ahora sí- dijo Ken, sonriendo, aunque todavía tenía la cara húmeda. Después se la secó y se despidió de Daisuke, quien se quedó extrañado en la puerta de su casa.

 

Todo había vuelto a la normalidad. Vio a Taichi y a Yamato en la piaza, y los saludó. Recordó que no volvería a estar jamás con Daisuke como lo habían estado antes, pero al menos nadie había resultado herido.

-Al menos Daisuke está bien- se decía Ken en su cuarto, aunque le dolía el saber que ya no sentía lo mismo por él que antes –Podremos seguir como amigos, aunque no pueda olvidar lo que sentí por él... Espero que Hikari le guste-

Le dolía saber que Daisuke no le correspondería como antes. Pero al menos todos se habían salvado. Había tomado la lanza del pasado. Modificando el pasado, el futuro también cambia. Y tal vez, algún día... Daisuke recordara ése sentimiento...

 

 

FIN

 

Guts! El final! Después de meses sin poder terminarlo, al fin está listo!!! Si alguien me quiere matar –yo me quería matar al ver lo que pasó- lo entenderé, pero así pasaron las cosas. A mí también me gusta el Daiken... Tal vez en otro Fanfic haga la continuación donde Daisuke recupere los sentimientos que tiene hacia Ken... Si es que puedo hacerlo antes de irme a estudiar –empiezo en el 2004- porque entonces apenas voy a tener tiempo para sentarme a la compu.

Nos vemos en el próximo Fanfic!

Chau

Nakoruru

[email protected]

 

 

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