Digimon Káiser

 

7: El viejo Káiser regresa

 

Ken no podía moverse. Tal vez por el miedo y la sorpresa, pero después se dio cuenta que era la fuerza invisible la que lo mantenía inmóvil. Y ahora podía verla: eran delgados cables negros similares a los de computadora. Conque así lo controlaba...

-Ken- le dijo el Káiser con voz suave –Sé que me escuchas. ¿Me dirás tu decisión o tendré que tomarla yo por ti? No esperaré más tiempo-

Por supuesto que no esperaría. Estaba prácticamente sobre Ken, y podía sentir lo excitado que estaba el Káiser. Ken empezó a respirar agitadamente, y el otro lo notó. Sonrió, viendo el terror que le causaba.

“¿Acaso vas a dejarlo?”

Era su voz, cuando era el Káiser, la misma voz del lago.

“Vamos Ken, ¿pudiste conmigo y no podrás con él? No seas soberbio, él no va a parar”

El Káiser rubio le desabrochó la camisa y se sacó los guantes. Pasó sus frías manos sobre el pecho de Ken, quien estaba en medio de dos mundos, intentando pensar rápido. Cuando el Káiser lo besó en los labios tomándole la nuca, se decidió. Mientras le besaba el pecho a Ken, le envió un mensaje al otro Káiser.

“De acuerdo, ¿pero cómo lo harás?”

“Yo tengo mis trucos, algunos que olvidaste y otros que no alcanzaste a inventar”

Cuando el Káiser rubio volvió a besarlo, sintió que una energía extraña entraba en Ken. Se detuvo un segundo extrañado, antes que los cables negros lo atacaran a él. Lo levantaron tres metros y lo azotaron contra el piso, mientras Ken podía verse a sí mismo como Káiser. Su imagen lo abrazó, y pudo sentir que los dos se mezclaban en un solo ser, mientras los cables negros seguían golpeando al Káiser rubio. Cuando pararon volvieron hacia Ken, y lo oprimieron, se hizo cada vez más pequeño, hasta que sólo era una pequeña parte de su propio cuerpo.

Mientras tanto, el antiguo Káiser se levantó de la cama y se desperezó. Hacía tanto tiempo que no volvía a ése cuerpo, ya lo estaba extrañando. Tomó su látigo y se dirigió hacia donde el otro yacía, casi inconsciente, sólo despierto por la sorpresa.

-¿Acaso creíste que podrías derrotarme?- le preguntó el Káiser al otro, quien estaba demasiado dolorido para responder -¿A mí, el creador de los aros y de las espirales malignas? ¿El único y legítimo dueño de Ken?-

-¿Cómo demonios... ? –empezó el rubio, pero fue interrumpido por un latigazo en la sien que lo tiró al suelo.

-Te dirigirás a mí como Digimon Káiser, ¿has entendido?- dijo el otro empuñando el látigo, con la voz llena de maldad y alegría –Y si quieres saberlo, yo nunca desaparecí... Tomaste lo necesario de mí y te creaste una copia, una vulgar copia sin originalidad cuya única finalidad era preparar el camino para mi regreso. Ahora irás con Daisuke y los demás, y te quedarás allí hasta que sepas quién manda ahora-

El otro intentó atacarlo, lleno de furia, pero Webmon, el mismo que había atrapado a los tres Degielegidos, se lo llevó con Daisuke, Taichi y Yamato.

-Y ahora empezaremos de nuevo. ¡Nunca más se borrará el nombre del Digimon Káiser en éste mundo, ni en el otro!-

 

Ken estaba medio dormido. El agotamiento físico y emocional habían casi acabado con él, pero pudo escuchar a los dos Káiser, y ver lo que había pasado. Lo habían engañado de nuevo, pero ya no podía pensar más. Y lo aterraba la posibilidad de dormirse, podría encontrarse con Cherrymon y las cosas podían empeorar. Había sido un tonto en confiar en él y en el viejo Káiser. Ninguno de los dos quería ayudarlo, y ahora estaba tan lejos como antes de ayudar a Daisuke, Yamato y Taichi.

Después miró a su alrededor. Los cables negros lo sostenían en medio de un lugar extraño, vacío excepto por él, los cables y una luz roja que daba a todo un aspecto deprimente. Algunos de los cables lo sostenían, pero otro lo atravesaban. Tiró de uno de ellos, pero fue tan grande el dolor que no lo resistió. Se desvaneció.

 

Taichi, Daisuke y Yamato vieron cómo Webmon traía al Káiser rubio, maltrecho y resentido, a su prisión. Los cables que les impedían hablar se retiraron cuando colgaron al Káiser debajo de los tres. Después Webmon se retiró.

-Maldito Ken... – musitaba el Káiser.

-¿Qué les has hecho?- le gritó Daisuke -¡Confiesa!-

-¡Cállate, pelo de erizo!- le chilló él a su vez.

-¿Qué ha sucedido?- preguntó Yamato con ironía -¿Acaso te derrotaron tus propios sirvientes?-

-¡CÁLLATE!- gritó el Káiser, mirándolo con odio.

-Oh, no, no pienses mal, Yamato- empezó Taichi –Sólo cometió un error en pensar que Wormmon no podría venir aquí, pero creo que se equivocó-

-¿¡Y DÓNDE ESTÁ KEN AHORA, SI ES SU AMIGO!?- les chilló el Káiser –¡Ni su mugroso Digimon ha venido, cerré todas las puertas de acceso al Digimundo en toda la Tierra por dentro!-

-¿Entonces?- le preguntaron los tres al mismo tiempo.

-Quédense con la curiosidad, pero les aseguro que nunca van a volver a ver a Ken tal como lo conocían... – terminó el Káiser, con una maligna sonrisa.

Daisuke empezó a insultarlo.

 

-Ah, no ha perdido el tiempo- exclamó el viejo Káiser, frente a los controles –Pero yo puedo hacerlo mejor, ya lo verán... – Y empezó a teclear.

En media hora ya tenía todo su plan armado. Las tropas de Digimon más destructivas y poderosas irían a Tokio, Washington, Oriente Medio y Berlín, para destruir todo el armamento y las defensas militares. Después se expandirían a otros países, en los cuales dejarían la marca del Káiser... el verdadero y único. Y cuando todo el planeta Tierra sucumbiera bajo su poder, él aparecería, como no pudo hacerlo antes, como el único ser capaz de tener bajo su control a dos mundos.

 

Ken había regresado al lago de Cherrymon. Pero ésta vez no quería verlo: cayó sentado en el pasto y allí se quedó, con la cara entre las manos, sollozando. Ahora sí que no habría salida.

Algo lo tomó por la cintura y lo tiró para atrás. Su espalda golpeó contra algo rugoso, y pudo ver que lo que lo había agarrado ara una raíz de árbol. De inmediato supo quién lo había atrapado, pero antes que pudiera pronunciar Cherrymon, más raíces lo atraparon y le taparon la boca, sujetándolo al tronco de un árbol. Ken no podía moverse ni hablar, y sólo entonces el Digimon se presentó.

-Hola, Ken-chan, te estaba esperando... No puedo permitir que interfieras en mis planes, así que tendré que dejarte aquí... No te preocupes, no te morirás de hambre ni de sed- ante la sorpresa de Ken, quien no sabía si creerle o no, continuó, ampliando sus sonrisa –El Káiser es sólo un reflejo, pero si se apodera de un cuerpo asume la identidad de un humano... Si es que el cuerpo se queda sin alma. Yo tengo más poder del que tú crees, y por eso te quedarás aquí... Hasta que decidas entrar en mi lago por última vez... y quedarte para siempre-

 

 

 

Bueno, después de superar un ligero bloqueo creativo he vuelto a la carga. La verdad es que eso ni yo me lo imaginaba... Y en el próximo capítulo de...

Digimon Káiser

...esperen cualquier cosa, porque ni yo sé que esperar.

 

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