En Viaje al fondo de la tierra, el dibujo y la pintura han vuelto a ganar preminencia. En recorrido hist�rico hecho a conciencia, bas�ndose en grabados y dibujos publicados en libros que hoy son cl�sicos de los estudios arqueol�gicos e hist�ricos de la Am�rica antigua, el artista ha intervenido decenas de im�genes para poder refigurarlas. En algunas vemos dibujadas, en medio de los personajes trazados hace siglos por el artista original, las h�bridas figuras de bulto que encarg� a artesanos de varios talleres. En otras, algunos de esos personajes aparecen travestidos con las orejas de Mickey, modalidad que tiene la virtud de no alterar demasiado la imagen que le sirve de base a la operaci�n.
Las im�genes intervenidas por Nad�n Ospina tienen que ver todas con la Am�rica reci�n descubierta. El an�nimo grabado del artista espa�ol que, sin haber puesto nunca los pies en el Nuevo Mundo, os� imaginar este lejano continente, se ha visto enriquecido con el Mickey nacido en la Am�rica de los mass-media, urbana y moderna. Se trata de un grabado tomado de Historia de los Incas, escrito por Garcilaso Inca de la Vega, que ahora presenta la paradoja de que es m�s fiablemente americano su irrisorio Mickey que el pr�ncipe y la princesa incas all� representados.
Junto a este grabado intervenido, impreso en tela burda con ayuda de computador, tenemos seis de las im�genes creadas en los primeros a�os del siglo XVII por Felipe Guam�n Poma de Ayala para la relaci�n que titul� Nueva cr�nica y buen gobierno. Dada la obra a la imprenta en 1613, este gran artista divulg� en cientos de ilustraciones algunas costumbres y hechos hist�ricos del Tawantinsuyo o Imperio Inca. Se puede concluir que si Marcel Duchamp le dibuj� bigotes a la Mona Lisa, Nad�n Ospina le ha injertado orejas de rat�n a la obra de Guam�n Poma de Ayala. �De qu� manera? En el grabado titulado Pregunta el autor, una Minnie agustinizada aparece junto al autorretrato de Guam�n, introduciendo en el �mbito peruano un aporte del �mbito colombiano que por contera est� refigurado. En Mojonadores o alba�iles del Per�, un edificio construido en piedra y que tiene la forma de la cabeza del Mickey mochica est� remplazando la chullpa que figura en la colina. En El Inca Atahualpa sentado en su trono en la ciudad de Cajamarca con el Almagro, Pizarro, Fray Vicente y el indio Felipe, el traductor, Ospina cambia a Atahualpa por la cabeza de un Mickey que en la escultura funge de cham�n sentado, de manos y pies serpentiformes estilo tairona. En Andas del Inca Pillco Ranpa sobre las que parte, a la conquista de Coyambis, el Inca Huayna Capaz, imagen heroica como pocas dentro del vasto y genial ciclo del ilustrador colonial peruano, el Inca Huayna es reemplazado por una estatua agustiniana de doble yo en la que identificamos, superpuestas, las cabezas de Mickey y Minnie. Finalmente, en �dolo y huacas en las monta�as del Anti Suyo, Ospina ha reemplazado el oto congo o deidad jaguar por un Bart Simpson agustinizado.
Tras recibir de conformidad las im�genes tridimensionales que encarg� a los artesanos, Nad�n Ospina se ha empe�ado en la tarea de darles un contexto hist�rico que las haga respetables a los ojos del mundo. Para poder lograrlo, las manda a dibujar y las hace incorporar en ilustraciones de reconocido valor documental. Dispuesto a ensayar todas las posibilidades de tan vers�til lineamiento conceptual, el artista ha realizado --como parte de su compromiso con la Fundaci�n Guggenheim-- tres cajas de acuarelas y dibujos realistas y concisos como los que acostumbran los arque�logos, pero de su propia obra. El correlato hist�rico involucra ahora a dos investigadores y viajeros no considerados en el proyecto original, los alemanes Alphons St�bel y Wilhelm Reiss, primeros en excavar cient�ficamente un sitio arqueol�gico del continente americano.
La familiaridad con la obra de estos dos exploradores, cuyo recorrido se extendi� de 1868 a 1877 y toc� centros importantes de Colombia, Ecuador, Per� y Bolivia, la obtuvo Ospina luego de visitar repetidas veces la magnifica exposici�n que a fines de 1996 tuvo lugar en la Biblioteca Luis �ngel Arango de Bogot�, titulada Tras las huellas -- Dos viajeros alemanes en tierras latinoamericanas. Al concebir las tres cajas de dibujos arqueol�gicos, Ospina se ha apoyado en dibujantes y acuarelistas con estilos diferentes, parodiando las limitaciones que tuvieron los dos investigadores alemanes al desplazarse de un sitio a otro y hallarse a veces en la dif�cil situaci�n de no encontrar un solo pintor profesional en los lugares visitados, vi�ndose en la obligaci�n de tener que recurrir a dibujantes aficionados. Ocurri� adem�s que en ocasiones agotaron las existencias de papel, circunstancia que los forzaba a trabajar en papeles de calidades y tama�os muy diversos, cortados algunos de manera irregular, lo que produc�a --al ser reunidos-- un curioso mosaico. Esto se refleja en esa combinaci�n de magnificencia y relativa precariedad de las im�genes que St�ber y Reisss incorporaron a su acervo durante el recorrido de nueve a�os por los Andes, detalle que el ahora "arque�logo" Nad�n Ospina procura revivir. Sus precolombinos contempor�neos han adquirido as� el fingido estatus de obra reconocida, estudiada y catalogada cient�ficamente.
Los conceptos de arte y etnograf�a han chocado entre s� muchas veces. Cuando se trata de objetos antiguos, predomina lo etnogr�fico en detrimento de lo art�stico. Al llegar al museo las que nosotros desde nuestro punto de vista consideramos obras de arte, el etn�logo las trata como objetos y de all� que prefiera la proliferaci�n repetitiva a la selecci�n cualitativa, lo que necesariamente desemboca en el amontonamiento propio del gabinete de curiosidades. Esta misma ha sido la estrategia de Ospina al exhibir en febrero y marzo de 1999. Al proceder de este modo el artista no puso en detrimento la calidad con tal de favorecer la cantidad, ya que consigui� realzar la cantidad apoy�ndose una vez m�s en las series, compuestas de diez, doce, catorce y m�s copias, semejantes pero no id�nticas porque jam�s usa moldes.
Por el solo hecho de desplegarlas en vastos conjuntos, Ospina recre� la museograf�a propia de la muestra etnogr�fica, usando para ello plataformas y vitrinas, pero sin limitarse a imitar la museograf�a caracter�stica de ese tipo de exposiciones. Es de recalcar que tambi�n innov�. Para conseguirlo, enfatiz� la proliferaci�n repetitiva y le sac� partida al abigarramiento, alcanzando su mayor logro en Impostores (1998), instalaci�n mural de treinta elementos colocados en soportes individuales minimizados al m�ximo y que comunicaban por lo mismo la sensaci�n de que el conjunto flotaba a pocos cent�metros de la pared. El aprovechamiento del espacio era excelente y muy intensa la interacci�n entre el espectador y la obra, sobre todo porque en Impostores alcanz� Ospina una monumentalidad sorprendente y extraordinaria.
Simult�neamente incursion� Ospina en la gran pintura, expandiendo de manera notable su campo de acci�n. Esta vez, el artista contrato pintores de buen m�tier para que ejecuten lo que �l esboza para ellos. Ya hab�amos podido conocer algo de la nueva orientaci�n en la muestra que hizo en la Galer�a Santaf�, en Bogot�, en abril de 1997, como uno de los diez seleccionados a participar en el "Premio Luis Caballero". Dicha muestra se  titul� Estrellas de piedra. Lo que entonces expuso dio pie para que el cr�tico Eduardo Serrano acertara al se�alar que en este caso espec�fico "el pintor no es el artista", con lo cual quer�a poner de presente que el verdadero creador no era el que materialmente hubiera podido pintar uno de aquellos lienzos sino el Nad�n Ospina que lo hab�a concebido.
Chac Mool. 1999. Piedra tallada. 50 x 70 x 30 cm
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