El mundo de la ópera: Cantantes y CANTANTES
Los operófilos atacan de nuevo, esta vez venimos en pareja pues desde el mes pasado hacemos este artículo Guillermo Bachur, una bestia sagrada en esto del conocimiento de la ópera, quien corrige pacientemente mis errores y me da con la regla en los nudillos cuando me voy por las ramas y el texto se convierte en sábana, y la de siempre. Aunque no hemos solucionado completamente nuestros problemas informáticos confirmando una vez más que esto de los ordenadores "no es lo nuestro", hemos vuelto dividiendo estas líneas en dos secciones: la primera en la que soltamos el rollo y una segunda que consiste en una especie de apéndice que contiene la información necesaria para escuchar los archivos de sonido-ejemplos musicales, los cuales esperamos que muy pronto estén disponibles en la página. usar. Mientras tanto, imposible subir los archivos de sonido a esta página, aquel que tenga interés en escucharlos puede escribirme a la dirección de correo electrónico del final y con gusto se los haré llegar.
No olviden que para abrir los archivos de sonido hace falta haberse bajado primero de Internet el programa de Realnetworks "Real Juke box", lo cual pueden hacer gratuitamente.
Dicho esto, ¡A por los cantantes!.
Una de las primeras cuestiones que nos llaman la atención cuando escuchamos a la Caballé o a Plácido es ¿Por qué tienen que cantar de esa forma? ¿Por qué pegan esos "gritos"? ¿Qué tienen Plácido y "la Monse" que no tengan Julio Iglesias y La Pantoja? Para comprender las diferencias entre unos y otros tenemos que atender a dos cuestiones.
La primera tiene que ver con la naturaleza de la música que cantan. De ninguna manera entramos en cuestiones tales como que la ópera es un género culto y estilizado y la música popular uno burdo y chabacano, a lo que nos referimos es a que la ópera y la música clásica en general tienen un grado de complejidad mayor que la música popular y esto hace que sea necesario para su ejecución el contar con una serie de elementos técnicos que para cantar "Me olvidé de vivir" no hacen falta.
Esto todos lo sabemos y aunque no sepamos nada de música podemos reconocer que una pieza de Chopin requiere mucho más estudio y ejercitación que lo que puede necesitar el tocar una canción popular. La fórmula es más compleja pero nada más, se deja totalmente de lado el tema de la emoción, porque no por más compleja la música tiene la obligación de emocionar más, si no pongamos como ejemplo "Al alba" de Luis Eduardo Aute, una de las canciones más desgarradoras con las que uno se pueda encontrar.
Con las composiciones líricas pasa lo mismo. En las piezas clásicas sin ceñirnos al mundo operístico, hay que cantar una serie de agudos y de graves, hay que ser capaz de cantar con suavidad o con potencia, susurrando o "con fuoco", de ejecutar unos adornos vocales, exigidos o no por la partitura, que si uno no aprendió y practicó antes y durante años lo suficiente es imposible que salgan bien.
Por otro lado y volvemos a lo mismo, las óperas cuentan la historia de unos personajes a través de la música y entonces el compositor tiene que afanarse para poder ser capaz de expresar a través de ella no sólo la fuerza principal del drama, sino también la gran diversidad de matices que la historia contiene, la intencionalidad que mueve a cada uno de los personajes, los estados de ánimo por los que atraviesan, etc. por lo cual debe echar mano de todas sus posibilidades, exprimirla al máximo digamos para lograr su objetivo.
Cuando escuchamos a Julio Iglesias cantando "Abrázame", escuchamos el canto de un enamorado que le canta a su amada que no esta presente en el escenario aunque sí en la historia que cuenta (Está preparando las maletas para pirarse si mal no recuerdo ¿no?), esa historia está expresado a través de una melodía que representa el punto de vista de Julio, pero en una ópera no es Plácido Domingo el que canta y el que canta solo, sino que es su personaje el que se relaciona con otros personajes en una historia que se empieza a contar desde la primera nota de la overtura.
No hace falta haber cantado en un coro para saber que hay cuatro o seis categorías principales dentro de la voz humana1: soprano, mezzosoprano y contralto, en las voces femeninas y tenor, barítono y bajo en las masculinas. O sea: voces agudas y voces graves de uno y de otro sexo. Cualquiera que haya tenido la oportunidad de presenciar una clase de canto o un ensayo de coro, o que tenga la desgracia de tener un vecino cantante, estará acostumbrado a escuchar los ejercicios vocales, que suelen consistir con muchas variedades en pasar por toda la escala musical que se va repitiendo en lo que se llaman octavas a lo largo del piano, no por todo el piano obviamente sino una limitada cantidad de octavas partiendo desde una posición determinada del piano según la cuerda de cada uno.
Todo esto es para decir que una soprano tiene una extensión de alrededor de dos octavas por encima del Do central del piano hacia vuestra derecha que es donde están las teclas más agudas.
La voz de Mezzosoprano-Contralto tiene una extensión desde el LA abajo del Do central del piano a La dos octavas más agudo, en otras palabras puede llegar a cantar más abajo allí a donde las sopranos arrojan la toalla pero no pueden cantar las notas altas por las que las sopranos se suelen o solían convertir en divas.
La voz de Tenor usualmente tiene una extensión de dos octavas empezando a contar desde el Do en clave de Fa, y el Bajo se extiende sobre una octava y media o más desde el Fa por debajo del pentagrama de bajo. El barítono es alrededor de un tono más agudo, que el anterior, desde Sol a Sol.
Dentro de este esquema rígido y de librito, tenemos muchas variedades, tanto más si consideramos que las voces como los rostros son irrepetibles y que los estilos operísticos creados por los compositores han variado a lo largo de la historia haciendo evolucionar los tipos de voz y con ello a los propios cantantes. En la actualidad tenemos sopranos ligeras que son aquellas que tienen las voces más agudas y son capaces de verdaderas virguerías por su agilidad y que para bien o para mal se han apropiado del repertorio rossiniano y del Bel Canto, tenemos sopranos líricas que nos cantan a Verdi y a Mascagni y tenemos sopranos dramáticas que son verdaderos camiones cantando Wagner.
Tenemos también tenores ligeros o "di grazia", tenores dramáticos o heroicos cuyo color tiende al del barítono en sus notas centrales. Clasificación semejante puede llegar a alcanzar también a las mezzos y a los barítonos y después tenemos, los lírico-ligeros, los lírico-dramáticos, los bajos profundos, las mezzos de coloratura, etc. y finalmente tenemos a unos pocos "monstruos" de la canción que pueden cantar casi cualquier cosa,
Ahora bien, para reconocer las peculiaridades de cada tipo de voz no hay nada como escuchar amigos, escuchar y cuanto más mejor, ahí no hay libro que valga, pero una cuestión muy importante la cuestión del "color". Todas las voces tienen un timbre único e irrepetible, que perdura aún cuando la voz ha sido educada, pero el color de una voz cantada podríamos definirlo como una especie de sello particular que tienen las voces según la cuerda a la que pertenezcan una vez que se han educado. Lo verán más claro en los ejemplos musicales. Una mezzosoprano por ejemplo si se afana puede llegar a dar notas agudas que corresponden a las de una soprano dramática pero una soprano es más difícil que pueda dar las notas graves que da la mezzo o al menos no, con la misma fuerza y calidad, con el mismo "color". De modo semejante ocurre con los hombres luego, no es exclusivamente la extensión de su registro lo que define la cuerda a la que pertenece un cantante sino también el "color" de su voz. Y esta cualidad sí se reconoce fácilmente a poco que nos lancemos con confianza e ilusión a escuchar canto lírico.
Finalmente hay que decir algo sobre como hacer para reconocer a un "buen cantante".
Mauricio Rábago, tenor y compositor escribía un artículo excelente en una página Web dedicada al mundo de la ópera, en el que trataba la cuestión de la crítica artística. Decía que para "evaluar" conscientemente el rendimiento de un cantante lírico había que atender a los siguientes parámetros:
-"Técnica vocal:
¿Supera fácilmente las dificultades de la obra? ¿El esfuerzo hecho al cantar es el adecuado o se esfuerza más de lo que requiere su papel? Canta con voz natural o la disfraza para obtener un timbre más oscuro o más grande? ¿Tiene agilidad vocal? ¿Su tipo de voz es el adecuado para la obra que está interpretando? - Dicción: ¿Se entiende perfectamente lo que canta? ¿Lo pronuncia correctamente? - Musicalidad: ¿Va a tiempo con la orquesta y sigue correctamente al director? ¿Es su fraseo hermoso y elegante? ¿Se integra a los conjuntos vocales -dúos, tríos, concertantes, etc.-o se trata de destacar a toda costa o en su defecto no logra hacerse escuchar? ¿Es afinado? - Personalidad artística: ¿Está el artista a la altura de la fama que lo precede? ¿Hizo lo que se esperaba de él o su actuación fue mediocre? - Técnica actoral: ¿Es creíble su actuación o es exagerada, o fuera del género teatral? ¿El grado de emotividad que imprime a su canto y actuación son los adecuados para el papel que está interpretando o son exagerados, o son insuficientes? - Presencia escénica: ¿Son agradables su figura, su postura, sus desplazamientos en el escenario?)"
Como ven, puede ser verdaderamente frustrante el que uno tenga que aprender sobre todas estas cuestiones primero para poder saber si a un cantante vale la pena comprarle un CD, pero no es para asustar por lo que les contamos estas cosas sino para que se crezcan ante el peligro, porque no sólo los neófitos no sabemos evaluar a un cantante siguiendo estos criterios, sino que tampoco suelen saber hacerlo los críticos, que se ganan la vida con ello, ni tampoco los marisabidillos que se pasan toda una función de ópera dando el peñazo, cuchicheando sobre cuestiones "técnicas", en vez de intentar disfrutar de la función.
Algunas de estas cuestiones propuestas por Rábago Palafox las podremos contestar a medida que vayamos escuchado y viendo óperas, pero sobre todo, debemos confiar en nosotros mismos, para este género artístico como para los demás, a la hora de elegir, conforme a nuestros propios gustos y necesidades y teniendo en cuenta que los cantantes son también, seres humanos.
Con todo y ya para finalizar que hay una sola cosa que uno no puede perdonarle a un cantante lírico y es "que no nos emocione". Cuando un cantante no es capaz de transmitirnos toda la fuerza y el sentimiento de lo que está cantando, ese cantante no habrá llegado a nosotros y es difícil que lleguemos a quererlo. Cuando por el contrario, es capaz de hacernos pasar por alto sus "fallos técnicos" porque nos ha tranasportado al séptimo cielo, se convierte en nuestro objeto de adoración, lo seguiremos a donde vaya y lo defenderemos a muerte
El mes que viene vamos a comenzar a recorrer la "Historia de la Opera" y con ella como herramienta podremos ser capaces de adentrarnos en el interior de las óperas para ver como son por dentro y reconocer los elementos escenciales del estilo... y con suerte y cabezonería a lo mejor hasta podemos solucionar la cuestión de los archivos de sonido. "Confiar y esperar" como decía el Conde de Montecristo.
María Laura Martínez: [email protected] - Guillermo Bachur.
Madrid - Buenos Aires, octubre de 2000
Ficha técnica de los archivos de sonido:
No hemos incluido esta vez los textos de los ejemplos que muestran la diferencia entre las cuerdas, por su extensión y porque volveremos sobre ellos más adelante ya que son lo suficientemente significativos y las óperas a las que pertenecen lo suficientemente valiosas como para que dedicarles toda nuestra atención y estudio.
Como ejemplo de soprano, de La flauta mágica de Mozart la archiconocida aria de la Reina de la noche: "Der Hölle Rache kocht in meinem Herzen" , en una versión del año 1989 de la Orquesta y coro de la Academia de St. Martin in the fields, dirigidas por Neville Marriner del sello Philips, cantada por la soprano Cheryl Studer.
Como ejemplo de mezzosoprano, de La Cenicienta de Rossini, el aria y trío "Una volta c'era un re", en una versión del año 1993 de la Orquesta y coro del Teatro Comunale di Bologna, dirigidos por Ricardo Chailly, del sello Decca, cantado por la mezzo Cecilia Bartoli como Cenicienta y Fernanda Costa y Gloria Banditelli como Tisbe y Clorinda, las hermanastras.
(Observen de paso cómo en este aria queda plasmada la horripilancia de las hermanastras a través de la voz)
Como ejemplo de tenor, de Rigoletto de Verdi, la también recontra conocida aria "La donna é mobile", en una versión del año 1956 de la Orquesta y coro del teatro Alla Scala, dirigidos por Tulio Serafín, del sello Emi, cantando el papel del duque de Mantua, Giuseppe Di Stefano.
y como ejemplo de barítono elegí de El barbero de Sevilla de Rossini el aria "La ran la le ra, la ran la la" cantado por Tito Gobbi, en una versión del año 1958 y del sello Emi, de la orquesta y coro del teatro Alla Scala, dirigidos todos por Alceo Galliera.