A estas alturas es ir contracorriente afirmar que no me ha gustado la ultima película de Almodovar.
En principio me pareció un Almodovar muy menor, con un guión descuidado y tramposo, me pareció una reedición de El Derecho de Nacer, o de algún melodrama del año cincuenta, sólo que como somos muy modernos los protagonistas son unos travestis. No me extrañó que le dedicara su Oscar al Cristo de Medinaceli, ni que los obispos la hayan calificado con cuatro estrellas, hacia tiempo que no veía un film tan clerical y tan profundamente católico. Desde luego Almodovar aprendió bien el catecismo. El malo -peor, el personaje interpretado por Tony Cantó ( premio Yoga de este año a la peor actriz), paga con su sufrimiento y su muerte toda su maldad; la monja peca, pero en castigo queda embarazada, enferma (no se plantea ni siquiera abortar),y muere. Y ya para terminar el milagro final: el niño enfermo de SIDA se cura de milagro, después de que Agrado rezara todo lo rezable por el muchacho. Al margen de toda esta parefernalia católica el guión está lleno de trampas, como ya he señalado más arriba, para provocar la lágrima. Igual que en las películas americanas de gags, tipo Aterriza Como Puedas, se acumulan los gags, para provocar la risa, dejando al margen una mínima coherencia del guión , Almodovar lleva el melodrama al paroxismo, inundándolo de anécdotas directamente creadas para provocar el llanto, descuidando totalmente el desarrollo de la historia. Supongo que esta nueva originalidad de Almodovar ha sido buscada por el cineasta, y desde luego ha tenido su éxito y ha gustado a multitud d e personas, cosa que no discuto, y que me parece muy bien, pero también es verdad que los que seguimos a Almodovar desde sus primeros films nos hemos podido sentir un poco decepcionados, tal vez porque estamos acostumbrados a ese delicioso costumbrismo de ¿Qué He Hecho Yo Para Merecer Esto?
Spectator