Los verbos del nacer
- Dedicado a Xavier y a Adrián, muy especialmente. Y a Ariadna, 10 años ya -
"….Acepción 1: salir el animal del vientre materno…"
(Del Diccionario de la Lengua Española, Real Academia Española, Vigésima Primera Edición)
El acto de nacer encierra en sí mismo todo el misterio de la vida. Llegado el momento, con la grata experiencia de haber estado en el lugar más cómodo que la naturaleza nos ha podido reservar, iniciamos ese viaje fantástico desde el vientre materno hasta ver la luz, si es que no se vislumbra ya a través del líquido amniótico, para llegar e iniciar un proceso inmediato de destapar los conductos respiratorios y llorar, con ganas, como diciendo aquí estoy y qué ganas tenía ya de acabar con esto de una vez, y empezar a acumular datos y más datos que llenen nuestras ansias de saber y que nos han de permitir vivir en este mundo que nos ha tocado vivir. Si se es vida o no en las entrañas de la madre y desde cuándo, no es motivo de debate aquí y ahora. Son argumentos tradicionales, pro o antiabortistas, que podemos dejar para otro momento. Lo que se quiere resaltar es que en ese acto, el nacer, se ocultan muchos verbos, muchas acciones más. Vamos a ver unas cuántas.
Nacer es esperar. Largas horas. Una eternidad, en la que es compañera de viaje imprescindible la paciencia. El proceso se desencadena por motivos conocidos, pero en muchos casos, incontrolados. Y es necesario saber esperar, analizar cada momento, ver como cambia la situación, cómo pasan las horas y estar preparado para cada fase.
Nacer es sufrir. Acude a la embarazada y a su entorno mil preguntas sin respuesta, momentos de angustia, dolores desconocidos, cambios en el cuerpo, irreversibles por el momento, dudas de tener los deberes bien hechos y llevar la lección bien aprendida. Y de tener la suficiente serenidad en el momento clave. Sentir la vida dentro de la vida despierta emociones, pero igualmente despierta temores. Y se sufre, vaya si se sufre.
Nacer es llorar. De emoción contenida, de sufrimiento invisible, de nervios agarrotados. De alegría, al ver que los distintos sucesos se acumulan satisfactoriamente y que los momentos difíciles ayudan a fortalecer el espíritu familiar para salir victoriosos de la prueba que la naturaleza nos plantea. De sentir, también, que se alejan los temores.
Y nacer es, claro, reir. Incontroladamente, a ratos a carcajadas, olvidando tensiones, tranquilizando el alma. Pasó lo peor. Sonreir con infinita bondad cuando se ven los bebés, agotados tras el esfuerzo, hacen carantoñas con las que intentan relajar la faz de una carita que ha sufrido lo indecible. Reir con familiares, amigos y conocidos por las felicitaciones, las palmaditas, los abrazos, los juegos de los parecidos. Reir para espantar los malos momentos pasados. Reir, en fin, de felicidad.
Nacer es, para acabar por hoy, una experiencia única. Ni sabemos cómo es de agotador, ya que no recordamos el día que nos tocó enfrentárnos a la dura prueba, pero viendo cómo es el nacer de otros pequeños, cercanos, queridos, protegidos, debemos aceptar que nacer es lo más grande que nos ha pasado en nuestra vida. Es el momento original, el repto mayor, el esfuerzo por vivir, las ganas por llegar y saber, que nos permitió estar aquí y ahora y ver cómo otros nacen para relevarnos, llenando el mundo de renovada esperanza.
FRANCESC CASAUS, mayo de 2000