A todos aquellos para quienes la Opera… Por María Laura Martínez Beceyro

se les antoje ser una manada de individuos gritando sin cesar, disfrazados con los trajes más ridículos… o a todos aquellos a quienes la Opera no os mueve ni a rascaros una oreja… o a todos los que piensan que es un entretenimiento de elites… y a todos los que piensan que hay que ser musicólogo y filólogo en cuatro idiomas para poder "entenderla"… a todos ellos me dirijo porque estoy convencida de que todos los que sienten rechazo, indiferencia, resentimiento o la falta de "educación" necesaria, disfrutan plenamente del arte escénico a través de la televisión del cine, del teatro o de los recitales o del fútbol… y la Opera es eso ni más ni menos una combinación de arte escénico y música en posibilidades infinitas.

Hay Operas espectaculares, óperas cómicas extremadamente divertidas, hay dramas y dramones, hay farsas y romances históricos, hay buenas óperas, óperas malas y óperas tremendamente aburridas, lo mismo que podemos decir de las películas de cine.

Pero si no execramos el cine porque veamos una peli muy mala, o descartamos de nuestra vida los libros porque nos topamos con uno que es un verdadero tostón, tampoco deberíamos alejar a la Opera de nuestra vida cuando nos encontramos con una que nos parece insoportable. (Lo cual suele suceder cuando por casualidad encontramos alguna mientras sintonizamos la radio, siempre resulta que justo la que están pasando es aquella en la que sale esa manada de individuos gritando a lo loco.)

Liberándome de los prejuicios ahora mismo!

A mi entender, el único motivo por el que la Opera no es apreciada por mucha más gente es por su falta de difusión. Ni más ni menos. Las entradas a un espectáculo de Opera suelen costar aproximadamente lo mismo que las entradas a los campos de fútbol y los discos de música clásica suelen costar igual o incluso menos que la música pop, pero la mayoría de nosotros estamos convencidos, "se nos ha convencido" de que disfrutar de ambos espectáculos es incompatible. En este sentido el "factor elitista" suele intervenir de forma determinante.

Concluimos, -porque esas son las imágenes que se suelen mostrar por la televisión, y tenemos los ejemplos frescos de los estrenos del Teatro Real y del Liceo- en que es un entretenimiento destinado a las elites y que los teatros líricos son los templos sagrados de encuentro de esas elites en donde nos codearemos con duques y duquesas luciendo sus joyas y mirándonos de reojo. Imaginamos que tendremos que pasar previamente por el sastre para estar "a la altura".

Esa visión inducida ciertamente, nos aleja del hecho de que las diferencias "sociales" que nos podemos encontrar en un teatro de Opera son el calco de las diferencias sociales actuales en nuestra sociedad es decir, basadas exclusivamente en nuestro poder adquisitivo y no en nuestro "linaje" como en las sociedades del pasado. Algo hemos avanzado después de todo.

Por ello, hoy los teatros están abiertos a todo aquel que pague su entrada en la ubicación que quiera y con la vestimenta que quiera y además tenemos muchos otros espacios: auditorios, salones, bares temáticos y hasta restaurantes, en los que podemos gozar de este entretenimiento.

Mucha gente desdeña la Opera porque la tacha de artificiosa y simplona, por contar con argumentos tan fantasiosos como los una telenovela latinoamericana. Después de todo, estamos familiarizados con los argumentos de Verdi o de Wagner en donde las obras suelen acabar porque no queda ni uno vivo (La fuerza del Destino, Aída, Tristán e Isolda y tantas otras), o porque "en la vida real" las personas no nos cantamos y se bailamos las unas a otras, a menos que nos cantemos las cuarenta.

Si esto es cierto, también es cierto que este "impedimento" no impidió el éxito de las comedias musicales de Fred Astaire y de Judy Garland ni tampoco el de John Travolta y Olivia Newton-Jon o la experiencia de Madonna y Antonio Banderas o el del dúo Pimpinela… a pesar de que tal vez en este último caso hubiera sido mejor, pero esa es otra cuestión.

Y podemos decir que tampoco solemos dialogar en verso, como lo hacen los personajes de Lope, ni solemos estar fijados a un lienzo dentro de un marco como la Gioconda o el Rey Juan Carlos. Y esto es así porque ninguna de las formas artísticas intentan imitar la vida real, sino "recrearla".

Quizá parezca que hay una gran distancia entre John Travolta y Miguel Fleta, entre Madonna y María Callas pero una vez que uno se asoma al mundo del canto y de la danza, es muy fácil proyectarse hacia el mundo de la Opera y que la Opera forme parte de nuestras vidas, como de hecho y subrepticiamente ya lo hace, a través cómo no? del cine y la televisión. Si sino ahí van unos ejemplos:

¿Quién no se acuerda de la magistral escena de Tom Hanks en Philadelphia, cuando transmite todo su dolor a través del aria de Andrea Chenier "La mamma morta", cantada por Callas? ¿ O

del bellísimo dueto de amor Barcarolle que aparece en La vida es bella y que pertenece a "Los Cuentos de Hoffman"? ¿O de la Obertura de Carmen que uno de los protagonistas de Algo pasa con Mary emplea para masturbarse? Y si pasamos a la televisión tenemos el trilladísimo dueto de Las Flores de Lakmé que ha servido para vender desde perfumes hasta coches o el no menos trillado Brindis de La Traviata otro que tal baila, y ¿Qué tenemos que decir de La donna é móbile, de Rigoletto? La Opera da para todo amigos.

Finalmente tenemos la objeción de nuestra falta de educación. Como dije antes, nos parece que si no somos filólogos y musicólogos no tenemos nada que hacer con la Opera y debemos resignarnos a escuchar Lola Flores o a los Pimpinela en mi caso.

Hay un aspecto que es cierto y es el del texto. Escuchar una ópera o verla representada y no entender lo que están cantando es como ver una película de tres horas en chino sin subtítulos, no hay nadie que lo soporte por más que se trate de una música celestial y es lógico que así sea. Pero hoy contamos con la gran ventaja de que los teatros hay incluido los subtítulos en los escenarios y que las grabaciones traen los libretos en cuatro idiomas, y aunque el castellano no suele ser uno de ellos, nunca falta el inglés lo cual es muy útil porque el nivel requerido para entender los libretos no suele ser muy alto, vamos que no hace falta sacarse el First.

Con respecto a la formación musical, hay que decir que así como no necesitamos ser filólogos para emocionarnos con un poema de Garcilaso, no nos hace falta saber qué forma musical empleó Giordano para componer La mamma morta, ni que elementos técnicos le aporta Callas para embellecerla de tal forma. Oscar Wilde dijo: "¡solo el subastador tiene que saber apreciar todas las formas y estilos de arte! Pero el subastador lo que hace es vender y de lo que de aquí se trata es de entretenerse y de emocionarse.

Hacia una definición convincente.

Me gusta esta definición de Charles Osborne: "La ópera es una obra en la que el argumento se desarrolla más por medio de la música y el canto que por el diálogo (…) en donde los sentimientos se transmiten por el sonido".

La fuerza de esta combinación reside en el contenido concreto de las palabras y en la abstracción natural de la música, de modo que la música viene a subrayar y aumentar la fuerza expresiva del lenguaje, para ponerlo en sencillo no tenemos más que recordar que el origen los géneros literarios fue la lírica, los poetas griegos habían acudido ya a la musicalidad de las palabras para crear combinaciones persuasivas, ejemplo que fue seguido después por la Epica y el teatro, géneros estrella durante más de veintiún siglos.

Por eso como bien sigue Osborne, podemos leer la obra de Beaumarchais Las Bodas de Fígaro, y si bien es entretenida, no sentiremos deseos de leerla más de dos? veces al año, poniendo mucho empeño y sin embargo podemos escuchar la genial opera de Mozart cien veces en un mes y aún así seguiremos gozando de ella como la primera vez pues la música transforma al texto hablado en una experiencia diferente y única cada vez.

Creo finalmente que para acercarnos a la Opera la mejor forma de todas es hacerlo poco a poco, como un caramelo que se deshace paulatinamente y sin prisas en la boca o como un licor que se saborea sorbo a sorbo y una vez que hemos descubierto su gusto, entonces sí, cuánto más escuchemos más querremos aprender y cuánto más aprendamos más la disfrutemos y más querremos escuchar.

El mes que viene vamos a hacer un paseo vertiginoso por la Historia de la Opera, desde papá Monteverdi hasta José María Cano, tanto como para pillar un marco cronológico general y distinguir estilos grosso modo para después sí pasar al comedor y ver cuáles son los elementos fundamentales de las Operas y hablar y escuchar cada obra en particular para ver en donde reside su belleza. Pero como para que esto realmente tenga sentido hay que escuchar, ya que ni mil palabras ni una equivalen a la fuerza de la música, estamos buscando frenéticamente la posibilidad de incluir archivos sonoros en estos artículos. Ya veremos qué sale.

Dos recomendaciones finales: El libro de Charles Osborne: "Cómo disfrutar de la Opera", Ed.Gedisa. Barcelona, 1985, en donde encontrarán las cosas que les cuento pero mejor tratadas y los programas de radio Ciclos de Máximo Pradera de lunes a viernes de 22 a 23hs. por Sinforadio.

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