El ratón

 

Pequeño era el ratón cuando lo descubrí en mi casa, no había forma de atraparlo. Al principio hice varios intentos por apresarlo pero sentía que el bandido se burlaba de mí. Esa cosa gris tan pequeña se salía con la suya. Finalmente opté por ignorarlo. Un pequeño ratón no era suficiente para impedirme continuar mi vida familiar en forma tranquila.

 

En mi casa había dos gatos, pero ninguno de ellos hacía nada por cazarlo. Incluso me pareció que lo consideraban de su misma especie o al igual que yo se habían dado por vencidos, incluso sin antes realizar ningún esfuerzo previo.

 

Esa noche salí a caminar por el pueblo solo, había llovido, y las calles y aceras además de la basura estaban acompañadas de barro. Algunos locales estaban ya cerrados. Me acerqué a uno de estos y luego de mirar las opciones terminé solicitando algo aceptable de comer. Solamente habían unas personas sentadas en un grupo y una joven se levantó y me atendió. Una vez que me sirvió, me fui a mi mesa y se vino detrás de mí. Le di a entender que tan pronto terminará de comer o incluso antes le iba a pagar. Mi respuesta no la tranquilizó. Aparentemente las ventas no estaban muy bien, y urgentemente necesitaba ese pago, ya que ganaba por comisión y necesitaba su porcentaje para irse. Le pedí que se sentara y me explicará mejor el asunto. Finalmente y sorprendido por esta vivencia me apresuré a pagarle y darle una propina extra y decirle unas palabras de consuelo. Ella se levantó y me dijo, ¿qué pensaría su esposa o alguien que lo conociera si lo viera a estas horas de la noche sentado a la mesa conmigo?. Le expliqué que su preocupación era absurda ya que esto se encontraba totalmente alejado de toda situación inmoral. Me despedí un poco confundido y volví a mi casa.

 

Al día siguiente vi de nuevo al ratón. Este ya se paseaba por la sala con absoluta tranquilidad. Pero lo peor era que había crecido tanto que ya había alcanzado el tamaño de un gato. Me era muy incómodo verlo ahí haciendo de las suyas sin que nadie lo pudiese controlar. En un arranque de enojo, tome el gato y como si fuera su jefe, le dije que parte de su trabajo era cazar ratones. Entonces lo puse sobre el lomo del ratón y para mi agrado el gato se aferró al ratón. Este corrió por la sala con el gato montado y finalmente vi en el suelo una pata arrancada. Me pareció que al fin las cosas se estaban poniendo en orden. Pero esa pata desgraciadamente era del gato y fue el ratón el que la tomó y se la comió volviéndome a ver con ojos retadores.

 

Muy a pesar mío, el ratón continuó viviendo en mi casa con un desprecio cada vez mayor de mi parte. Y creció tanto que finalmente tomó forma humana. Era un tipo jactancioso, conciente de su poder y que a la vez se comportaba agradable con el resto de mi familia. En sus comentarios siempre sentía que me hacía ver sobre mi imposibilidad de sacarlo de la casa.

 

Finalmente un día que se me acercó a mi esposa y a mí para tomar el control de la conversación, nos tomó a cada uno de un brazo y mientras caminábamos por la sala, aproveché que la puerta estaba abierta y bajo su sorpresa lo empujé hasta el portón y luego hasta la calle. Tanto mi esposa como el se quedaron confusos. Se acercó el guarda de la esquina y le expliqué que esta persona no tenía permiso de estar en mi casa, que incluso no deberían permitirle ni acercarse.

 

Esa tarde fue especial, la pase en intimidad con mi esposa y luego en la noche salimos con otro matrimonio. Fue una velada divertida y cuando veníamos a casa comentábamos contentos las vivencias. El matrimonio, iba adelante manejando el auto y atrás mirando por la ventana los escuchaba mientras conversaba. Al lado de mi esposa, había una voz conocida, era otra vez el ratón que hacía comentarios divertidos de la velada. Volví mi cabeza sorprendida y enojada hacía él y para mi sorpresa incluso me pareció que mi esposa estaba más cerca de él que de mí. Le pedí al conductor que detuviera el auto y le exigí al ratón que se bajará. Incluso lo empujé para acelerar el proceso. Tome a mi esposa de la mano y me baje del carro yendo a sentarme junto con ella en un lugar público. Ella estaba molesta, me dijo que yo me ponía sobre los demás y que quién me creía. Le dije que yo era especial, no superior a los demás pero sí especial. Ella se levantó enojada y me abandonó.

Por la ventana de un bar vi al ratón haciendo sus comentarios atrayentes y muchas mujeres atrapadas por su conversación. Conforme el ratón hablaba, vi como mi esposa se acercaba entre la gente que lo escuchaba.

 

Fue luego, al despertarme que la encontré a mi lado con esa hermosa sonrisa, y con gran gozo la abrace y entendí que mi amor hacia ella era muy grande y recordando el dolor que sentí cuando ella se había ido en busca del ratón, pensé en como atraídos por el pecado nos alejamos de Dios, y Él nos ve por una ventana y cuan inmenso dolor debe de sentir al vernos seducidos por estos ratones despreciables. Luego pensé con que gracia y misericordia nos vuelve a aceptar, ya que su amor infinito supera su furia, causada por nuestra infidelidad.

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