VI
– LA JUSTICIA DE DIOS
La
Justicia
El
hombre actual tiene un concepto de justicia,
aunque variable según la nación o el Estado; esta justicia está expresada en
las leyes que los rigen; algunos son más tolerantes, otros más severos,
procurando que se le dé a cada cual lo que le corresponde o lo que merece.
Así
también Dios tiene su propia justicia. Y basándose en esa justicia, él juzga
y da su sentencia. La justicia de Dios es perfecta y no cambia, tampoco hace
acepción de personas, es insobornable.
La
justicia de Dios está expresada en la ley de Dios, a través de sus
mandamientos.
La
Ley de Dios
Dios no le hizo conocer al hombre su ley de manera
detallada desde la creación, sino progresivamente,
a través del tiempo.
A ADÁN le prescribió que cuide y labre el
huerto, que se multiplique y que señoree sobre
los animales, que comiera del fruto de los árboles pero no del árbol de la
ciencia del bien y del mal porque sino moriría. Así estableció que “la paga del pecado es muerte”. ( Gén. 3, Rom. 6: 23 )
Mas Dios rico en su misericordia, no ejecutó la
sentencia inmediatamente sino que proveyó una salida: La
Redención, es decir el pago de un precio de rescate para que así su
justicia sea satisfecha. Una SIMIENTE de
la mujer aplastaría la cabeza de la serpiente.
El hombre y su mujer fueron cubiertos con pieles de
inocentes animales que fueron sacrificados para este fin. Esto simboliza La Justificación que se obtiene por medio de una muerte expiatoria.
Al pasar el tiempo la gente se había corrompido
grandemente y Dios no podía tolerarlo por eso vino el Diluvio. Pero Noé halló
gracia ante los ojos del Señor.
Con NOÉ Dios hizo un nuevo pacto, con nuevas
leyes, ahora si podían comer animales pero les prohibió comer sangre. Allí
estableció que la sangre es la vida.
Gén. 9: 1-7
Posteriormente Dios apartó a ABRAM e hizo
pacto con él y su descendencia, ordenándole la
circuncisión de todo varón
a los 8 días de nacido. Gén. 17: 1-13. No le dio otro
mandamiento nuevo. Cuando le ordenó que sacrificara a su hijo Isaac, fue solo
para probar su obediencia, no era una ley.
ISAAC representa a todo pecador que es reemplazado
por un cordero que muere en su lugar y ese cordero es Cristo. Gén. 22: 13
Isaac engendró a Jacob llamado después ISRAEL,
de éste salieron las doce tribus de Israel, con
ellos Dios hizo pacto por medio de MOISÉS; esta vez las leyes
fueron dadas en forma escrita, y no fueron solamente 10 mandamientos sino muchos
más, que fueron escritos en un libro llamado “La
Ley” o “El Torá”
(comprende Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio).
Diez Mandamientos fueron grabados en dos tablas de
piedra llamados “El Testimonio” y fueron guardados en una urna de oro llamado “El
Arca del Pacto”. Asimismo el arca del pacto con el testimonio fue puesta
en un Tabernáculo hecho de
pieles, delante del cual estaba el Altar
del sacrificio, único lugar en toda la nación dedicado para ofrecer
sacrificios a Dios, allí se ofrecía el continuo sacrificio diariamente.
También celebraban 7 fiestas anuales, la primera de
ellas era La Pascua, que recordaba la
salida de Egipto y a la vez anunciaba la muerte de Cristo.
La Ley reglamentaba toda la vida
de Israel, sobre la comida, el vestido, la familia, el trabajo, la política,
la guerra, la adoración, las penas por los delitos, etc.
La Ley era muy drástica, los adúlteros, hechiceros y
homosexuales eran muertos a pedradas.
Un mandamiento que caracterizaba a este pueblo era no
trabajar el séptimo día es decir, guardar el sábado. También
se le prohibía casarse con gente de otras naciones que no eran circuncidados,
esto los hacía una nación escogida, santa, separada de todas las naciones.
Bajo esta ley nació el rey DAVID, y Dios hizo pacto con él,
prometiéndole que no quitaría de él su misericordia; eso lo libró de la
muerte cuando cometió adulterio con la mujer de Urías. También le prometió
que de su descendencia vendría el Mesías, que quiere decir el Cristo, el
Ungido.
Cuando se cumplió el tiempo de su advenimiento,
entonces vino Cristo, el Cordero que fue sacrificado no solo por Israel, sino
por toda la humanidad.
Jesucristo es el mediador del Nuevo Pacto,
quedando abrogada la antigua ley, por su ineficacia; hay un cambio de Ley y con
mejores promesas. Heb. 8: 6
En este pacto, el Templo terrenal dejó de ser
necesario, ya no se hacen sacrificios y por lo tanto tampoco son necesarios los
sacerdotes que ofrecían los sacrificios, también se acabaron los días de
guardar, las fiestas solemnes y la abstinencia de comer ciertos animales.
Sin embargo a través de los diferentes pactos podemos
ver que la Justicia de Dios, en esencia nunca cambió, siempre se mantuvo, solo
variaba la presentación, porque estaba envuelto en figuras y tipos, simbologías,
que en el tiempo presente ya han sido revelados. La sombra ha pasado y ahora
estamos en la presencia del cuerpo, y podemos entender la Justicia de Dios.
El
Pecado
Pecado es quebrantar la Ley de Dios. 1 Jn. 3: 4.
Toda injusticia es pecado. 1 Jn. 5: 17.
Todo lo que no es de fe es pecado. Rom. 14: 23.
Y aquel que sabe hacer el bien
y no lo hace, le es pecado. Sgto. 4: 17.
Pero donde no hay Ley, no hay pecado. Rom. 7: 8-9
El pecado es lo único que separa al hombre de Dios. Isa.
59: 2; Rom. 3:23.
Cuando Adán pecó, el pecado
afectó su naturaleza, el pecado quedó en su carne, lo cual todos los
hombres heredan y se manifiesta en la
concupiscencia (amor desmedido por
las cosas terrenales).
“Cada uno, de su propia concupiscencia es atraído
y seducido, y una vez que ha concebido da a luz pecado, y el pecado una vez
consumado da a luz muerte”.
Sgto. 1: 14, 15
“Si decimos que no tenemos pecado, le hacemos a
él mentiroso. Si confesamos nuestros pecados (si lo reconocemos) él es fiel y
justo para perdonarnos y limpiarnos de toda maldad”. 1 Jn. 3: 8,9.
Dios no disculpa errores, él perdona pecados.
“El que encubre su pecado, no prosperará, mas el
que confiesa (reconoce que ha pecado) y se aparta alcanzará misericordia”
Prov. 28: 13.
“El
que es nacido de Dios no practica el pecado ni permanece en el pecado, el que
practica el pecado es del diablo”. 1 Jn. 3: 6-8.
La
Salvación
Alcances
de la Salvación
La Salvación de Dios es integral, es decir para todo
nuestro ser y para todos los ámbitos de nuestra vida: nuestro espíritu, alma y cuerpo;
alcanza nuestra familia, nuestra economía, nuestra
nación y en nuestro pasado,
presente y futuro.
El
Precio de La Salvación
Para los creyentes la Salvación es totalmente
gratuita, es decir que la salvación es por gracia, no por obras,
nadie puede hacer algo para merecerlo, solo se recibe, mediante la fe, así
es como Dios lo ha establecido. Ef. 2: 8-9.
Pero a Dios le costó un alto precio, que es entregar
a la muerte a su Hijo Unigénito.
La paga del pecado es la muerte y sin derramamiento de
sangre no se hace remisión de pecados.
La Sangre de Cristo es el precio pagado
por el pecador, debemos reconocerlo. Con la muerte de Cristo quedó satisfecha
la Justicia de Dios. 1 Pe. 1: 18 – 19.
Por eso el Señor nos pide recordar siempre su muerte,
en la Cena del Señor y nos exige serle fiel hasta la muerte, sino estaríamos
pisoteando su preciosa sangre.
El camino de la Salvación
Para que el hombre restablezca su relación con Dios,
Dios mismo ha provisto una forma,
un camino. Hay cosas que Dios ha hecho y otras cosas que el hombre tiene que
hacer.
Lo que
Dios ha hecho.- Primeramente nos conoció,
luego nos predestinó para que fuésemos hechos a imagen de su Hijo, luego nos
llamó, y cuando nuestra respuesta
fue positiva entonces nos justificó
y glorificó (nos hizo sentar en los
lugares celestiales con Cristo). Rom. 8: 29, 30; Ef. 2: 6.
Lo que el
hombre debe hacer.- Para llamarnos, el Señor envía
hombres que él escoge según su voluntad, entonces nosotros tenemos que OÍR,
prestar atención al mensaje, para entender que Dios nos amó de
tal manera que dio a su Hijo unigénito para que nosotros si le aceptamos seamos
salvos; luego CREER, tener fe (esta es la
parte fundamental para la salvación),
debemos aceptar como cierto, como verdadero el mensaje de Dios; finalmente
INVOCAR el nombre del Señor Jesucristo, es decir confesar
nuestra fe en él, mediante el bautismo. Solo así podremos experimentar
los beneficios de la salvación. “Con el corazón se cree para Justicia,
mas con la boca se confiesa para salvación”.Rom. 6: 3-7; 10: 9-15;
Mar. 16: 15-16; 1 Pe. 3: 21.
La
experiencia de la Salvación
Una vez que el hombre obedece a la palabra del
llamamiento, hay cosas que suceden dentro y fuera de él.
En su interior sucede el nuevo nacimiento, el derramamiento del Espíritu
Santo y la santificación. Fuera del
hombre sucede la Justificación y la Adopción.
El
nuevo nacimiento.- Es un milagro obrado por Dios en el interior del hombre y es
instantáneo.
El hombre es lavado en el alma y
renovado en su espíritu.
El profeta Ezequiel lo describe así:
1°. - Esparciré sobre vosotros agua limpia
y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias y de todos vuestros ídolos
os limpiaré (esto es en el alma).
2°. – “Os daré corazón nuevo y espíritu
nuevo dentro de vosotros” (esto es en el espíritu) .
Ezeq. 36: 24-27.
El Señor le dijo a Nicodemo que tenía que
nacer de nuevo para ver el reino de Dios, nacer de
agua y del espíritu para entrar
en el reino de Dios.
Y: “ lo que es nacido del Espíritu, espíritu es”.
Juan 3: 3-6.
El apóstol Pablo define el nuevo nacimiento así:
1°. - El lavamiento
de la regeneración.
2°. - La renovación
en el Espíritu Santo. Tito 3:
5-6.
1°. - “Lávame
más y más de mi maldad y límpiame de mi pecado”. Sal. 51: 2.
2°. -“Crea
en mi, Oh Dios, un corazón limpio y renueva
un espíritu recto dentro de mí”.Sal. 51:10.
La
morada del Espíritu.- Dios prometió que su Espíritu estaría en nosotros y no solo con
nosotros. Jn. 14: 17
A veces esta presencia viene en forma espectacular,
como en Jerusalén el día de Pentecostés
(Hech.
2: 2-4). O como en Efeso, cuando Pablo ministró a 12 discípulos. O como en
la casa de Cornelio. Hech. 10: 44-46. A veces
viene en forma suave. Pero siempre va acompañado con manifestaciones
de los dones espirituales.
Esta experiencia puede darse inmediatamente después o
simultáneamente con el nuevo nacimiento pero otras veces en una fecha
posterior. Se le llama también “derramamiento”, “llenura” o “unción”.
La Justificación. – Dios nos libra de
nuestros pecados, se olvida y nos declara justos. Somos libres de toda
culpa. Esta es la salvación de Dios alcanzando nuestro pasado y presente.
Adquirimos una nueva condición legal ante Dios, no lo vemos, no lo sentimos
pero lo sabemos por medio de su Palabra. “Justificados pues por la fe,
tenemos paz para con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo”.
Rom. 5: 1.
Ya no hay ninguna condenación para los que están
en Cristo Jesús. Rom. 8: 1.
“¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.
¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también
resucitó, quien además está a la diestra de Dios, el que también intercede
por nosotros”. Rom. 8: 33-34.
Es importante entender que, de esta manera, todos los creyentes tenemos el mismo nivel de justicia delante de Dios, nadie es más justo que otro, porque recibimos la justicia de su Hijo, que fue perfecto en la obediencia.
La Adopción. – Dios nos adopta como
hijos, otorgándonos todos los derechos de hijos de Dios, haciéndonos
coherederos con Cristo. Rom. 8: 16,17. Jn. 1:12. Esto es para el presente
y futuro.
La Santificación – Dios continuará su obra
de santificación en colaboración con nosotros. 1 Tes. 5: 23; Ef. 4:
17 – 6: 9.
Santificarse es apartarse del mal. Ya somos santos,
porque él nos ha apartado del mundo como escogidos. Pero estamos siendo
santificados, porque tenemos que acostumbrarnos a una nueva manera de vivir,
conforme vamos conociendo y obedeciendo a su Espíritu y a su Palabra.
Para esto tenemos la abundante riqueza de su sabiduría
y de su gracia multiforme, es decir los diferentes dones espirituales, que nos
ayudan a vivir conforme su voluntad.
La Vida Eterna.
– Seremos transformados o resucitados para tener
un nuevo cuerpo semejante al de Cristo resucitado. 1 Cor. 15: 41,42.
Seremos recompensados según las obras de bien que
hicimos después de ser salvos.
Reinaremos con Cristo, sobre la tierra, mil años,
luego estaremos con él por la eternidad, en la nueva tierra que él creará, en
la nueva ciudad que desciende del cielo: la nueva Jerusalén.