II  -   El HOMBRE

 Su Origen

El hombre fue creado por Dios y es su máxima creación.

Dijo Dios: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al Hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y hembra los creó”. Gén. 1: 26-27.

Tomó Dios al hombre y lo puso en el huerto del Edén para que lo labrara y lo guardase.

Él dijo: “No es bueno que el hombre este solo; le haré ayuda idónea para él”.

Y de la costilla que tomó del hombre, hizo una mujer y la trajo al hombre y dijo: “Por tanto dejara el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán una sola carne”.

Y estaban ambos desnudos y no se avergonzaban. Gén. 2: 18-29.

 Caída del Hombre

 Dios hizo al hombre recto, pero ellos buscaron muchas perversiones”. Ecl. 7: 19

Como Dios es un Dios de ley y de justicia, él estableció con el hombre  un pacto, lo bendijo para que se multiplique y señoree sobre los animales, le estableció que comería del fruto de los árboles que dan semilla, pero le prohibió que comiese del árbol de la ciencia del bien y del mal, pues si comía de él moriría.           Gén. 2: 16-17

Pero la serpiente engañó a la mujer y ella comió del fruto de aquel árbol  y dio a su marido, el cual también comió. Entonces se dieron cuenta  que estaban desnudos y se cubrieron con delantales.

Dios los buscó y los reprendió; maldijo a la serpiente y maldijo a la tierra, ahora le produciría espinos y cardos y volverían a ser polvo.

Los vistió con túnicas de pieles y los expulsó del Edén. Gén. 3: 1-24

El pecado y la desobediencia hicieron división entre Dios y el hombre. Isa. 59: 2

El pecado afectó la naturaleza del hombre, ya no sería inmortal, el trabajo le sería pesado, la mujer sufriría el embarazo y el parto y estaría sujeta al hombre.           

La Redención del hombre

            Sin embargo como Dios es misericordioso no los destruyó inmediatamente, sino que los redimió mediante una expiación.

Anunció que una simiente (es decir un descendiente) de la mujer, heriría la cabeza de la serpiente, y la serpiente heriría su calcañar.

Pero mientras tanto viniera esta simiente, sacrificó animales (derramando sangre inocente) para hacer con sus pieles túnicas y  con ellas vistió al hombre y a su mujer.

Así Dios estableció la necesidad de que se derrame sangre inocente para la redención del pecado.

Aquella simiente prometida es Jesús de Nazareth, “el cordero de Dios” que cargó con los pecados de todos al morir en la cruz; y los que creemos en su resurrección, somos vestidos con su justicia, de modo que Dios nos ve y nos recibe como a sus verdaderos hijos.

  Naturaleza del Hombre

 Según el apóstol Pablo todo el ser del hombre esta compuesto por tres partes que son:

El cuerpo, el alma y el espíritu. 1 Tés. 5: 23

El cuerpo es la parte física y animal del hombre, En él se encuentran los sentidos que nos conectan con el mundo terrenal. La vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto.

También se encuentran los instintos: de hambre y sed, de reproducción, de dominio, etc.

El alma es la parte espiritual del hombre, invisible, en él está la mente, y se producen los pensamientos, los sentimientos, las emociones y las decisiones.

El espíritu es también parte espiritual del hombre y es la que le conecta con Dios, (pues Dios es espíritu) allí está “el corazón” del hombre, es decir “el centro” de donde salen las intenciones.

 Condición del Hombre, según su relación con Dios

 Cuando el hombre está en pecado, su espíritu está muerto, separado de Dios, no puede percibir las cosas espirituales, el corazón está duro como una piedra, siente un rechazo por la palabra de Dios.

El alma esta llena de heridas, resentimientos, recuerdos dolorosos, nostalgia, depresión, odio, envidia, ideas erróneas, frases paliativas, falsos consuelos, resignación a una condición miserable, escapes en la religión, alguna ocupación o en vicios.

El cuerpo, (llamado también: la carne) y sus instintos prevalecen y dominan la vida del hombre, llevándole a su autodestrucción, poco a poco entra en un callejón sin salida.

  Cuando el hombre escucha la Palabra de Dios y la recibe, el Espíritu Santo lo transforma. Primero le da un corazón nuevo y un espíritu nuevo. Ezeq. 36: 24-27.

Luego renueva su mente poco a poco, mediante la misma Palabra de Dios.

Pero la carne solo puede recibir sanidad temporal, porque la muerte aun no ha sido quitada.

Los deseos de la carne no cambian, se oponen a la voluntad de Dios y se produce una guerra constante contra los deseos del espíritu renovado. A eso se le llama: “La lucha interior”

Si la carne prevalece, entonces el hombre es carnal y si prevalece el espíritu es espiritual.

La victoria del hombre sobre su carne depende del poder de Dios que le da el Espíritu Santo que mora en su corazón; pero si su corazón esta vacío, puede caer en el pecado. Rom. 7: 14-25; 8: 1-9

 Destino del Hombre

 El hombre que no recibe la Palabra de Dios ya está condenado por su propia decisión.

Cuando muere va a un lugar de tormento llamado Gehenna o infierno, permanece allí hasta el día del juicio y luego resucitará para ser juzgado ante “el trono blanco” y será echado al lago de fuego. Luc. 16: 19-24; Jn. 5: 28-29, Apoc. 20: 12-15.

 El hombre que acepta la Palabra de Dios y la obedece, es salvo de toda condenación y recibirá recompensas según sus obras. Será resucitado con cuerpo glorificado, semejante al de Cristo resucitado y estaremos con Él por la eternidad. Apoc. 21: 1-8; Rom. 8: 29 ; 1ra. de Juan 3: 2.

Hosted by www.Geocities.ws

1