LA PALABRA
DE DIOS
Cierto día, después de haber orado a
solas, de rodillas adorando a Dios, me levanté y me estaba retirando, cuando de pronto oí una voz que me dijo:
“No solo de pan vivirá el
hombre, sino de toda palabra que SALE de la boca de Dios”.
Yo entendí que era el Señor que me hablaba.
Yo sabía que eso estaba escrito en la Biblia e inclusive lo sabía de memoria, pero al decírmelo el Señor, noté que le dio un especial énfasis al decir “QUE SALE”, llamando así mi atención. Así que comencé a meditarlo. ¿Por qué dice “SALE” en tiempo presente y no “HA SALIDO” en tiempo pasado”. Comprendí que no se refería a la palabra escrita en las Sagradas Escrituras, sino a la palabra que él hablaría siempre, en un presente continuo, porque él no ha dejado de hablar con sus siervos; Dios no se ha quedado mudo jamás.
Precisamente eso era lo que me estaba ocurriendo en esa ocasión.
Esa palabra escrita yo la había leído, la conocía y la recordaba, pero solo me dio vida cuando el mismo autor me lo habló y le dio sentido.
Algunos Maestros hoy en día afirman que hay una diferencia entre “RHEMA” y “LOGOS”, dos palabras griegas que son usadas en el Nuevo testamento y se traducen como “PALABRA” o “VERBO”.
Lo que yo aprendí de Dios es que una cosa es “la Palabra de Dios escrita” y otra cosa es “la Palabra de Dios hablada”. La Palabra hablada vino a los profetas y éstos escribieron esa Palabra.
Primero fue la Palabra hablada y después la Palabra escrita.
Dios sigue y seguirá hablando, nadie puede atreverse a decir que Dios ha enmudecido, pero como siempre, habrá quienes negarán y se opondrán a su Palabra.
Para tener la vida de Dios, no es
suficiente leer la Palabra escrita, lo cual es bastante positivo y necesario,
pero es imperativo oír la Palabra fresca que él envía para nosotros.
“Si
oyereis HOY su voz , no endurezcáis vuestros corazones” Hebreos. 3: 15
Debemos estar atentos a su voz, él quiere hablarnos y puede hacerlo de diferentes maneras.
Sin embargo
es necesario también tener en cuenta que él nuca se contradice. Si alguna
revelación nueva, no está de acuerdo con la Palabra escrita, entonces eso no
procede de Dios.
En otra ocasión, yo le dije al Señor: “¿Por qué tengo que predicar tu Palabra, si yo se que sin mi tu puedes de todas maneras cumplir tu voluntad”.
Inmediatamente él me respondió: “Yo te necesito a ti”. Yo me sonreí por que me causó gracia y dije:
“¿A mi?”. El añadió: “Yo te necesito para que hables mi Palabra, mi Palabra tiene que ser hablada”
Entonces comprendí en mi corazón la
necesidad de la predicación de la Palabra de Dios. Así abrió el Señor mi
entendimiento para comprender la Escritura que dice:
“Agradó
a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación” Romanos.
1: 21
Dios también
habla por medio de sus siervos que él envía.
Lo importante
es saber reconocer cuando el señor nos habla. Cleofas y su acompañante, no lo
reconocieron por su rostro, sino que por lo que les hablaba y lo que hizo. Ellos
dijeron:
“¿No
ardía, nuestro corazón en nosotros, cuando nos hablaba en el camino y cuando
nos ABRIA las Escrituras?” Lucas. 24: 32, 45
La Palabra
hablada revela la Palabra escrita y nuestro corazón lo siente.