La
Página de Tritón
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CAPÍTULO
1
LA
LLAMADA DISTANTE DESDE EL MAR
PERSONAJES
PRINCIPALES QUE APARECEN:
La
historia se sitúa en un pueblo de la costa japonesa. Japón es un país que está
rodeado de aguas ricas en kuroshio,
plancton que atrae a una gran cantidad de peces y ostras. Por ello, los
habitantes de este pueblo se dedican principalmente a la pesca.
Tritón
es un chico de 13 años, valiente, temerario pero un poco introvertido, tal vez
acomplejado de saberse diferente a los demás niños del pueblo y por las burlas
a su cabello verde. Vive en compañía de su abuelo Ippei, en una cabaña de
madera frente al mar.
Este
episodio inicia cuando el abuelo de Tritón se encuentra a bordo de una lancha
en compañía de Ouzu, su compañero de trabajo. Ambos descubren que Tritón escala
un peligroso cabo que se encuentra sobre el mar justo donde chocan corrientes
marinas formando un remolino. Varios niños cruzan apuestas sobre si Tritón será
lo suficientemente valiente para escalar hasta la punta y después lanzarse al
mar.
Entre
palabras de ánimo y reto, Tritón logra llegar hasta la cúspide. “Nadie en este
pueblo lo ha hecho antes”, comenta uno de los niños.
El
abuelo intenta acercarse con la lancha hacia el cabo pero no puede avanzar más
por el riesgo de ser tragado por el remolino. Gritando intenta que Tritón
desista en sus planes. Sin embargo, ante la sorpresa y admiración de todos,
Tritón se lanza al mar sumergiéndose en las profundidades.
“Definitivamente
es hijo del mar”, exclama Ouzu. “Ya habíamos quedado de acuerdo sobre eso”, le
dice Ippei reclamándole.
Ippei
regresa en su memoria 13 años atrás, era ese mismo lugar, también en compañía
de Ouzu.
Bajo
el cabo se encuentra una cueva desde donde se escucha el llanto de un bebé.
Ippei baja cuidadosamente auxiliado con sogas hasta la cueva, sorprendiéndose
de hallar a un niño de cabello verde envuelto en pequeñas mantas y
delicadamente acostado sobre una concha. A su lado una capa roja, una
vestimenta blanca, una daga envuelta en tela morada con círculos amarillos y
una nota que menciona el nombre del pequeño: Tritón.
Ouzu
comenta que debe ser el hijo de algún ser del mar y que tarde o temprano
regresará a él. Ippei no opina lo mismo, “Es un regalo del mar para mí”, le
dice.
Entonces,
Ippei sorprendido observa brincar en el agua a un delfín blanco con un lunar
dorado en la frente, como si fuera una tiara. Como si el delfín estuviera
cuidando del niño o como si tratara de memorizar a quien se lo lleva.
Volviendo
al presente, Ippei busca preocupado en la superficie del mar alguna la silueta
de Tritón. Éste aparece y le pregunta qué tiene de malo lo que hizo. Tritón se
sumerge nuevamente en el mar y es atrapado por el remolino. Fácilmente sale de
él y comienza a sumergirse en aguas profundas.
De
pronto escucha una voz femenina que le indica no seguir más abajo. Tritón
piensa que se trata de su imaginación cuando una delfín blanca (la misma que
vio Ippei trece años antes) lo empuja a la superficie. Entre protestas y
maldiciones del chico, la delfín arroja a Tritón hasta la playa.
Esto
es observado por la abuela Alfon, que exclama “Qué chico tan terrible” y se
aleja. Tritón piensa para sí: “Como si hubiera hecho algo malo”.
El
abuelo encuentra a la abuela quien le comenta que vio a Tritón jugando con
delfines, “Qué chico tan terrible” vuelve a exclamar. “Tal vez el delfín vino
por él” comenta Ouzu. “Ya lo sé”, responde Ippei entristecido.
Aparecen
las medusas espías en la serie, envían un mensaje a Poseidón en una especie de
clave morse, golpeando las rocas con sus tentáculos: “Encontramos a Tritón...
encontramos a Tritón...” Lucía, la delfín blanca que aparece en el episodio lo
advierte y ataca a las medusas, “sucederán cosas terribles si Poseidón descubre
a Tritón”, piensa.
Ya
por la noche, Tritón se acuesta para dormir al lado de su abuelo, recostados
sobre cobijas en el piso, tal y como lo acostumbra la tradición japonesa.
“¿Estás
enojado por lo que hice hoy?, le pregunta Tritón a su abuelo. “¿Qué hiciste
hoy?, responde el abuelo aparentando no darle importancia al asunto.
“Después
de brincar del cabo” continuó Tritón, “vi cosas increíbles. Una delfín salió a
mi encuentro...” y le relata lo acontecido. “No existen delfines blancos, es tu
imaginación” le responde Ippei. “Es verdad” insiste Tritón, “me llevó hasta la
orilla de la playa...”
En
las profundidades del mar, nuevamente las medusas espías envían mensajes sobre
la localización de Tritón y los hipocampos mensajeros acuden con Poseidón quien
ordena a Doritea, una sirena de su tribu, aniquilar a Tritón. Doritea posee un
látigo que convierte en estatua de roca a quien es alcanzado. Controla huestes
de tiburones y a Sara Mandela, un monstruo verde en forma de dinosaurio a quien
asigna la misión de acabar con Tritón.
Al
día siguiente todo es como siempre en el pueblo costero. Por la tarde la abuela
Alfon reparte entre los niños dulces que guarda en una bolsa transparente.
Rápido se acercan los niños a ella para recibir el suyo. Tritón se acerca el
último y extiende su mano hacia la abuela. La abuela cambia su expresión y
cierra la bolsita negándole un dulce a Tritón. “Odio tu cabello verde “, le
dice y prohíbe a los demás niños jugar con Tritón. Tritón se aleja corriendo,
apretando los dientes y los ojos, conteniendo lágrimas de dolor, de incomprensión.
Corre... corre... y llega hasta el muelle donde se deja caer de rodillas.
De
pronto algo brinca en el mar. “Es la delfín blanca que vi ayer”, exclama
Tritón. La delfín vuelve a brincar mostrando un resplandor nunca antes visto
por el pequeño.
“Ahora
verás”, grita Tritón enojado, lanzándose al mar, acercándose a la delfín que un
día antes le interrumpió su paseo por las profundidades. Finalmente la alcanza
y se sienta a horcajadas sobre ella. “No puedo respirar”, exclama la delfín.
Tritón baja de la delfín y se golpea la cabeza con la mano. “Una delfín que
habla, debo haber bajado muy profundo...”
Ante
la sorpresa de Tritón, la delfín le vuelve a hablar. Le cuenta que su nombre es
Lucía. Que en realidad el chico es descendiente de los tritones. Los tritones
fueron atacados por Poseidón y su tribu. “Me fuiste encomendado por tus padres
hace 13 años”.
Sin
salir de su incredulidad Tritón le pregunta: “¿Entonces vienes por mí para
llevarme con ellos?. Lucía le comenta tristemente que no es posible, “Tus
padres murieron por el ataque de Poseidón en su afán de dominar los océanos. Tu
misión es detenerlo”.
“No”
exclama Tritón, “eso no es cierto, mi abuelo es Ippei...”
“Tu
cabello verde es la prueba”, responde Lucía. “¡No hables del color de mi
cabello!” contesta Tritón, enfurecido.
“Las
evidencias” continúa Lucía, “son tu traje, tu capa y tu espada”. “Nunca las he
visto” responde Tritón.
Con
los pensamientos encontrados Tritón asume que de ser cierto los objetos
mencionados por Lucía se deben encontrar ocultos en algún lugar de la casa de
su abuelo.
Tritón
corre hacia la casa de su abuelo. Abre cajones, busca entre la ropa, en la
alacena. Pronto encuentra una valija tejida de palma en una repisa alta. La
jala hacia sí y le cae encima. Entre ropas
descubre la vestimenta que le había descrito Lucía, así como la espada.
La saca de su vaina y descubre su resplandor. Es la Espada de fuego del Olimpo.
Oculto detrás de la puerta, el abuelo observa todo, preocupado.
Tritón
comprende que Lucía le había dicho la verdad y sale corriendo de la casa. El
abuelo le grita desde ella: “A dónde vas”. Tritón, sin voltear a verlo le
reclama: “Por qué me ocultaste la verdad”, y vuelve a correr, alejándose.
Tritón
corre... corre y trepa nuevamente el cabo. Al llegar a la punta rompe en
llanto.
De
pronto la tierra se estremece, “es un terremoto”, piensan todos en el pueblo.
Nadie imaginaba que del mar surgiería un enorme monstruo verde con brillantes
ojos rojos que se disponía a atacar a los pobladores.
Lucía
grita a Tritón pidiéndole que baje y anunciándole la llegada del enviado de
Poseidón. El monstruo destruye una embarcación golpeando al abuelo Ippei en un
brazo, quien auxiliado por Ouzu logra ponerse a salvo.
“Rápido”,
grita Lucía a Tritón, “o destruirá el pueblo”.
Tritón
desciende rápidamente y corre hacia la casa de su abuelo. Encuentra la espada y
su vestimenta acomodados a la entrada. “Mi abuelo lo dejó todo preparado para
mí”, piensa Tritón.
Tritón
cambia su ropa por la vestimenta blanca, se coloca su capa roja alrededor del
cuello y obedece a Lucía cuando le pide que brinque a ella. Tritón se posa
sobre Lucía, se afianza de su aleta y juntos los dos llaman la atención del
monstruo. El monstruo comienza a perseguirlos. Tritón y Lucía se sumergen
rápidamente hasta lo más profundo. “Mis oídos, me duelen”, exclama Tritón. Al
llegar al fondo dan un difícil viraje, el monstruo que los seguía por detrás no
logra detenerse a tiempo y se golpea la cabeza contra el fondo quedando inmóvil
por unos instantes para después continuar la persecución.
Ahora
Tritón y Lucía avanzan a gran velocidad hacia la superficie. “Sujétate”, grita
Lucía y emergen de la superficie del mar justo bajo el cabo, cayendo hacia un
lado. El monstruo también emerge golpeándose nuevamente la cabeza con la punta
del cabo y cae sin sentido al agua. La punta del cabo se desprende por el
impacto y cae sobre el cuerpo del monstruo formándose una gran mancha roja
sobre la superficie del mar. El monstruo había muerto.
Con
el brazo izquierdo vendado, Ippei ve cómo Tritón se aleja de la costa sobre la
delfín blanca y lo llama dulcemente por su nombre.
Tritón
lo alcanza a oír, Lucía le explica que Poseidón seguirá atacando el pueblo y
que todos serán sus víctimas si permanece en él. La delfín le dice que si la
acompaña podrá descubrir los secretos sobre sus padres, sobre los tritones y su
historia.
“Tritón
me abandona, Tritón me deja...” llora Ippei desde la playa.
“No
pertenezco a la tierra”, reconoce Tritón, y entre lágrimas dice con voz
entrecortada: “Abuelo, perdóname...”
Ippei
le comenta a Ouzu con gran tristeza: “Tritón me dejó, lo hizo para
protegerme...”
Tritón
se aleja de la costa hacia mar abierto, las medusas espías envían su mensaje a
Poseidón: “Tritón ha regresado, Tritón ha vuelto al mar...”
El
sol se pone, llega el ocaso de la tarde. Tritón regresa al mar.
Larax²
21
de marzo del 2004