Yo puedo esperar...
Más no por éllo dejaré de luchar...
En esta vida existen pequeñas cosas
que algunas veces no sabemos valorar,
nos quejamos tanto de la espina de las rosas
que nos olvidamos del milagro que en ellas se
da...
¿Cómo es posible que un arbusto de espinas
culmine en flores tan hermosas en verdad?
quizá es tan sólo que miramos lo que atrae a la
pupila
y no lo que da razón y sentido, inclusive al
mirar...
Así es como me quejo de mi casa pequeña
y de los muebles que en las habitaciones hay;
de la comida que se sirve en mi mesa
porque no es precisamente lo que se llama un
manjar...
Tampoco me agradan mucho las ropas que me visten
ni la cama donde debo descanzar y soñar;
y aún más, ocacionalmente, la familia y amigos
que me siguen
lejos de hacerme sentir cómodo me hacen
enfadar...
Pues es cierto que en esta vida existen pequeñas
cosas
que algunas veces nos empeñamos en no valorar,
porque, ¿No es verdad que hay mil espinas sin
hojas
que jamás, ni en en el sueño más loco habrán
de florear?
Quizá tan sólo hace falta abrir los ojos del
corazón
y sentir la fortuna que a manos llenas se nos da,
y comprender que, lo que aborrecemos es mejor
de lo que nosotros mismos nos negamos a
aceptar...
Y así entonces, miro al anciano en la calle,
sin casa, sin muebles, sin verdadero hogar,
alimentándose de los desechos que sabe
encontrarse
entre cestos de basura, pobreza y soledad...
También miro al pequeño niño semidesnudo
que entre fríos periódicos se va olvidando de
soñar,
porque no hay familia, ni amigos de verdad en
este mundo
que al lado suyo puedan al menos, animarle a
continuar...
Sí, hay de todo en esta vida: Menos y más.
Yo soy afortunado, y por éllo, puedo esperar...
pero esto no implica, que habré de claudicar...
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