Una sueve brisa secó una lágrima
que desde el corazón me brotaba,
el atardecer a soñar me invitaba;
aquella tranquilidad me ilusionaba...
La inmensidad del cielo
aligeraba un poco mi dolor,
el vacío parecía mi hermano
acompañándome en mi desesperación...
El murmurar del viento
traía hasta mí aquellas palabras
que aún tanto recuerdo
al despertar por las mañanas...
La belleza de aquel paisaje
rebosaba en mi abatido corazón,
por un momento me olvidé
de tu ausencia y su dolor...
Mas cuando a lo lejos
miré perecer al sol
y aquella mancha sangrienta
que en el cielo quedó,
nuevamente apareciste
clavándote en mi corazón;
pero no lloré...
Encerré ese momento en mi corazón...
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