Espina aguda lacerando mi alma
es el recuerdo de nuestro adiós,
y cada una de mis lágrimas
un fragmento de mi corazón.
Lentas y amargas las horas
han puesto el fin a más de un sol,
y en cada mañana, las sombras
secan un poco más mi interior.
Nada me ayuda a olvidarte,
todo tiene algo de ti;
y creo que voy a adorarte
aún después de morir.
Si tan sólo mi Dios se apiadase
y te permitiera otra vez junto a mí,
fe y esperanza volverían a florearme
en este pálido y triste jardín...
|