Sentado en la barra, una copa
pedía,
una buena botella para curar mi dolor,
y llegó hasta mis manos, una copa vacía
y una botella de vino con exquisito olor.
Me quise beber la nostalgia
que se regocijaba dentro de mí,
mas nunca pude ni atenuarla
y por el contrario aumentó mi sufrir.
El vino se hizo nada. Se vació la botella;
estaba borracho hasta de mi ser;
sentí mi alma más vacía, mas muerta,
sin ninguna esperanza; sin nada de fe.
Me bebí la amargura hasta la última gota
y sentí que con éllo me arranqué el corazón;
y al final, mi llanto mostró mi derrota,
que ni aún borracho, olvido tu amor...
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