...Tirado en la calle del olvido
con los harapos que el destino
ha dejado sobre mi cuerpo,
mis manos vacías extiendo...
Mi pupila esconde la amargura
de mil sueños que nunca fueron realidad,
y de mi alma, la negrura
de tan absurda y cruel oscuridad.
Por compañero siempre llevo
a nadie más que al silencio,
y al verme no hay quién imagine
el dolor que traigo por dentro.
...La gente pasa y me mira de reojo
haciendo gestos de repudio, asco, odio;
murmurando siempre en secreto,
despreciando la apariencia que porto...
Al fin, una mano se extiende hacia la mía,
mi corazón nuevamente aprende a palpitar;
sin embargo, es rápida y fugaz aquella dicha,
porque ésa mano sólo dejó sobre la mía
una limosna, y no lo que yo creía...
Una limosna, y no, lo que pedía...
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