0139-Ocaso
Mayo 19, 1995

...Una mañana, cuando aparecía el sol,
un hombre, caminó hacia su tumba,
llevando consigo penas, amargura y dolor,
tratando de encontrar la paz absoluta...

Las horas se marcharon lentamente
hasta que finalmente, la luz se debilitó,
y aquél hombre se encontró
en una playa hermosa que jamás nadie pisó.

A su alrededor, y rodeado por arena,
el inmenso mar, silencio; soledad. Nada.

Y de hinojos frente al mar
observó en lontananza expirar al sol;
parecía la hora y el día de mayor felicidad
mas su pecho desbordaba la desolación...

Suplicante, pidió al Cielo
morir junto con la luz del sol,
lentamente, poco a poco,
que expirará su dolor...

Y tal vez, el Cielo se conmovió:

Una brisa helada, acarició su rostro;
las olas del mar le escucharon llorar;
la arena fue mudo testigo de su amargura;
las gaviotas le arrullaron con un triste cantar...

Sí, él estaba solo,
y más solo aún su corazón...

El sol, en el horizonte se perdió,
y un hombre triste, solo y sin fe, expiró...

(c) Raymundo Marquez, 1995

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