De lo triste y lo sombrío,
de mi otoño y de mi invierno,
emergiste cual milagro...
El eco de tu risa ha endulzado mi silencio
y me ha devuelto la esperanza,
he visto retoñar las rosas y cuajarse de rocío
como las ilusiones en mi alma
que me ha dado tu cariño.
¡Te amo!
Amo tu inocencia,
tu candor, tu alma entera.
Eres presisamente lo que imploré en cada oración
que elevé al cielo en mi tristeza,
en mi muerte; en mi dolor...
Amo tu esencia, tus sentimientos,
tu mirar que me asegura que esto es cierto,
que la felicidad eterna
sí existe, que no es un sueño,
que esta mañana despierta
anunciando el resucitar de un corazón que creí muerto...
Amor mío,
mi tesoro más valioso,
mi ilusión, mi fantasía;
es tu nombre el que me arde
en mitad del corazón,
la luz que hay en mis ojos, el sonido de mi voz;
las frragancias que respiro,
la sangre con que vivo
y mi grgran esperanza en Dios...
En mi corazón edifiqué un templo
que he adornado y destinado para ti,
será tu cárcel, sin barrotes, con grandes ventanas,
con vista siempre al cielo,
donde crecerá nuestra esperanza,
nuestra mutua entrega, nuestro mutuo amor...
|