
Despierto de un sueño oscuro y de hiel,
sonrío al silencio y pregunto por qué,
respuestas no encuentro, mas vibra mi ser,
renace lo muerto, y vuelvo a creer...
Cierro mis ojos y encuentro mil haces de fe,
destellos etéreos que envuelven mi piel,
que protegen mi cuerpo del frío del ayer
haciendo al invierno, primavera otra vez...
Así te deseo, en mi alma y mi piel;
sediento por dentro ansío tu miel,
probar de tus besos y sentir arder
el amor que yo siento, en tu pecho también.
Yo sé que estás lejos, muy lejos, lo sé,
más paciente yo espero, no quiero correr,
ya vendrá el momento, aquí aguardaré
a que el Dios de los Cielos me lleve al Edén.
Ah, dulce tormento, mi estrella, mujer;
esperanza que siento cada día crecer,
sombra sin cuerpo que no evito querer;
y soñador como soy, confío y creo,
que lo que hoy parece imposible, no lo es...
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