Soy un hombre afortunado
al saber que existo en ti,
que tu amistad no ha cambiado
y sientes lo mismo por mí.
Y al tomarte las manos
y sentir tu calor junto a mí
en el fraternal abrazo,
es gran razón para seguir.
Porque nunca dicen tus labios
lo que tu corazón no quiere decir,
y en éllos siempre he encontrado
una sonrisa que atenua mi sufrir.
Yo soy un hombre afortunado,
Dios es grande y no sé olvida de mí,
porque en mi camino tan pesado
me permitió conocerte a tí...
Gracias amiga, por lo que me has dado
con tu sola presencia aquí,
gracias por permitir los invisibles lazos
que me atan cada día mucho más a ti.
Y quiero atreverme, y proponerte algo:
Que nunca estés triste, mucho menos por mí,
que en tu rostro y en tu alma siempre esté
brillando
la luz que me hizo enamorarme de ti...
|