Durante mucho esperé
lo que hoy llena mi ser,
este sentimiento extraño
que me invade otra vez.
Caminaba cuesta arriba
luchando contra el dolor,
intentando sanar las heridas
que cubrían mi corazón.
Por momentos sucumbía
ante la amarga soledad,
y al Cielo pedía
dejase de respirar.
Conocí la tristeza
y del llanto su sabor,
me llené la cabeza
de odio y de rencor.
Muchas veces,
renegué hasta de Dios
gritándole al Cielo
mi amargura y mi dolor.
...Desde que te conocí
pareció regresar a mí
la esperanza que pensé
jamás volvería a conocer.
Y encontré en tus palabras
y en tu especial manera de ser,
lo que tanto anhelaba
y que nunca jamás encontré.
¡Te amo!
Sólo dos palabras
que tal vez no digan nada
por sí solas,
pero que en mi boca
son todo lo que te grita mi alma...
¡TE AMO!
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