Pude verte aparecer desde hace mucho en mi camino, pero no pude conocerte sino hasta que llegó el invierno y mayo murió; no pude conocerte sino hasta que mi estrella se ocultó tras la nube negra de la soledad; sólo entonces te conocí.
Estuviste conmigo en los momentos en que nadie quedó, cuando derrotado buscaba caminos fáciles a mi desesperación; y tuviste paciencia y abrigo para mí, me tendiste la mano y me diste consejo; muchas veces nisiquiera hablaste, pero te sentaste junto a mí y no necesitaste palabras para motivarme a seguir...
Bendito sea el instante más triste que en mi vida pasé, el instante en que perdí todo, cuando no tuve salud ni dinero, cuando caí en el amor; bendito instante que me permitió así conocerte a ti...
Hemos compartido tesoros a los que algunos no hallan valor, hemos compartido sueños e ilusiones; proyectos, triunfos y fracasos; juntos hemos estado en las buenas y en las malas, compartiendo tan sólo, un pedazo de corazón...
No sabré nunca cómo darte las gracias por todo lo que me has dado tan sólo por existir; sólo quiero que sepas que siempre estaré aquí, dispuesto para ayudarte, para escucharte, para juntos proseguir, no importa si ríes o lloras, yo seguiré aquí...
Podemos quizá estar distantes, en lugares lejanos, pero nunca estaremos separados, porque la distancia podrá abarcar muchas cosas, pero jamás, la separación de dos personas como tú y como yo... ¡La eternidad existe!
Mi amistad por ti irá más allá de la vida; nunca lo olvides y sé muy feliz, que al saber tu sonrisa, puedo entonces, también sonreír...
De todo corazón, mil gracias por tu amistad...
|