Desde que la luz del sol
iluminó todo alrededor,
ya había caminado con las sombras
buscando tan sólo un hogar.
Caminé bajo el sol
extendiendo mis manos vacías
para recibir humillación
de gente que no sabía
mirar y escuchar con el corazón.
Se burlaron de mis ropas,
de mis palabras, de mis sueños, de mí;
no quisieron darme ni las sobras
que pudiesen quedar tras su gran festín.
Así, entre desprecios y burlas,
sin nadie que se apiadase de mí,
llegaron nuevamente las penumbras
anunciando el principio de mi fin.
Y en la noche, ya cansado,
diambulaba sin destino por ahí,
caminaba ya abatido
esperando el momento de morir.
...Caí de hinojos ante ti,
cansado, hambriento, sediento,
casí a punto de morir,
y con lágrimas en los ojos
suplicante te pedí:
-¡Ayúdame, por favor!...
¡No me dejes morir!...
¿Qué respondiste? No sé.
¿Qué hiciste? Nada sé...
Mas cuando de mi sueño desperté
entre tus brazos me encontré...
Y hacía frío,
alrededor, una inmensa oscuridad...
Pero estabas conmigo;
Ya nada importó lo demás...
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