A Ti, Señor,
que sabes mi penar,
dirijo mi plegaria,
callado sentir,
matiz de mi nostalgia.
Tú conoces mis secretos
y lo que mi alma te guarda,
Tú sabes los reproches
que blasfeman mis palabras.
Te pido, Señor, que tus pruebas
ya no sean tan amargas,
si destrozar quieres mi pecho,
acepto, pero no lo hagas por pausas.
Ya conoces mi presente
y el futuro que me aguarda,
ayúdame y dame paciencia
para no perderte la esperanza.
Oh, Señor, que sufres más
con mis dudas y falacias,
dame el entendimiento
que a mi razón hace falta
para aceptar que todo
tiene algo de inmortal en su alma.
Y no quites la estrella
que a mis noches hace claras,
pues sabes que le amo
sintiendo que es de Ti una enviada.
No marchites las flores
que en mi senda son escasas,
pues por éllas es que arde
es mis adentros tu esperanza.
Y perdona, Señor,
por venirte a orar
con mi más burda palabra...
Mas sé que aprecias a las cosas
por aquéllo que te guardan,
y no por la hermosura
que en apariencia resaltan;
y mi plegaria es una duda
sin adornos de palabras,
es sencilla cual poema,
un reflejo de mi drama,
lo que Tú ya conoces
y en mi pecho ahora sangra,
mi dolor escondido;
es mi alma descalza...
Por éso, Señor,
sabrás perdonar
mi burda plegaria,
porque a Ti dirijo
más que las palabras,
es mi sentimiento;
mi oración es mi esperanza...
Conoces el mundo
y sufres sus desgracias,
el absurdo camino
de materiales alabanzas.
Conoces mis pecados
como cada una de mis lágrimas;
¡Ayúdame, te pido,
no desoigas mis plegarias!
Perdona mis culpas
y dame tu esperanza;
ya nunca permitas
sentirte lejos de mi casa...
Y por escucharme,
Siempre Gracias...
Amén.
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