Quisiera tener una palabra
que llegara hasta tu pecho,
mantuviera tu esperanza
y que fuera tu consuelo,
darle calor a tu alma
y sembrarte un nuevo sueño.
Qusiera anticiparme a tus pisadas,
tener un don, un toque eterno,
quitar las piedras que hay regadas,
las espinas del dolor y del miedo,
que tan sólo hubieran flores blancas
adornando y perfumando tu sendero.
Mas ya ves, no hago nada,
soy mortal, humano necio,
que no entiende que la vida es un drama,
que cada piedra y espina son un reto
de la laegría que nos aguarda
tras el dolor y el sufrimiento.
Ay, ojalá pudieras verme el alma,
comprender cuánto te quiero,
que me oyeras sin palabras
y sintieras este beso
que -cruzando la distancia,-
te envía mi corazón sincero
como un rayito de esperanza,
de amistad y amor eterno...
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