| Bandas y Orfeones |
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En el artículo titulado "Las Bandas y los Orfeones musicales" publicado en la Revista Musical Chilena de junio de 1945, su autor -el compositor chileno Pedro Humberto Allende- escribe abogando por la formación de Orfeones en los municipios, argumentando que "si cada municipio se preocupara de crear sólo una sociedad coral, reemplazaría con creces la labor de la Liga Contra el Alcoholismo".
A la vez, hace un recorrido histórico, partiendo desde la antigua Grecia, donde "no se celebra ningún acto más o menos notable de la existencia urbana o rural, que no fuese acompañado de un elemento musical. Las bandas de flautines ordenaban la cadencia de los remeros y los movimientos de los gimnastas", estableciendo que si bien en la educación Griega "el arte del dibujo no figuró en los programas de la enseñanza nacional, sino como una aparición tardía y tímida, al contrario, la música, desde el principio, fue su parte integrante". Menciona al Imperio Romano, y llega a Alemania, donde las asociaciones corales tuvieron su importancia máxima "entre los siglos XIV y XVI, con los Meister Sänger, o Maestros Cantores, nombre que se daba a poetas y cantantes de la clase obrera. Estos formaban en las ciudades alemanas asociaciones regidas por estatutos muy estrictos y divididos en muchas clases, a la manera de las cofradías, comprendiendo aprendices, cantores poetas y maestros". Pedro Humberto Allende nos menciona también la importancia de estas instituciones en España, donde "la fundación de sus sociedades corales se debe a un maestro tornero, José Anselmo Clavé, además poeta y compositor, popularísimo por los beneficios morales que con el arte ha producido a las clases obreras, y como cantor infatigable de las costumbres patrias".
Pone como ejemplo, también a Checoslovaquia, "que ha comprendido la importancia de las instituciones corales y cuya capital, Praga, fue elegida por la Sociedad de las Naciones para celebrar el primer Congreso de Artes Populares, al que tuvimos el honor de concurrir en representación de Chile."
Allende, en su defensa del valor social de la música, y específicamente de los Orfeones, cita una curiosa y "reveladora estadística de las cárceles de Estados Unidos, de hace pocos años, en que entre los penados pertenecientes a todas las profesiones no se registraba ni un solo criminal que profesara la música.", y sostiene que la Música es el arte que más refina los sentimientos. Al insistir en la necesidad de la creación de Sociedades Corales, es decir Orfeones, menciona, como segunda prioridad, la organización de Bandas: "Una vez establecido el Orfeón, para completar la obra en este sentido, vendría, en seguida, la creación de la Banda de Música." Así, en este artículo (que se puede leer en toda su extensión, en la Revista Musical Chilena Nº2, de Junio de 1945, Hemeroteca de la Biblioteca Nacional) queda establecida con claridad la diferencia entre un "Orfeon" y una "Banda".
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