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ABEJARUCO
Durante el verano es frecuente oír el canto de los
abejarucos revoloteando en lo alto. La combinación del azul turquesa del vientre, el
amarillo de la garganta, los tonos marrones y dorados distribuidos por el resto del cuerpo
constituyen un bello colorido que les hace inconfundibles.
Se alimentan de insectos voladores que suelen cazar
al vuelo. Entre ellos están las abejas, de ahí su nombre.
| En la fotografía
de la derecha se puede apreciar el cortado de la cuneta de un camino de tierra. También
se ven dos agujeros redondos, son nidos de abejaruco. |
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Su largo pico, algo curvado, y
sus patas, son unas buenas herramientas para construir su nido. Aprovecha los
cortados del terreno producidos por agentes naturales o artificiales. El nido del
abejaruco es uno de los más curiosos que uno se pueda imaginar. En dichos cortados se ve
un agujero de 4 ó 5 centímetros de diámetro, pero no se ve más. ¿Dónde está el
nido?. El abejaruco ha excavado un túnel de 1,70 m. aproximadamente y al final del mismo
se ensancha la concavidad y allí, sin más arreglos, comienza a depositar sus huevos.
Desde el momento que vi ese tipo de
nido tuve la curiosidad por el ver el final. Después de ir barajando muchas ideas que por
unas circunstancias u otras fueron descartadas, un día me lancé a poner en práctica una
de ellas. Cavamos, sudamos, nos pusimos llenos de polvo y de mierda y al final, cuando ya
estábamos a punto de conseguirlo, ¡plaf!, se vino abajo todo el bloque de tierra y se espanzurró,
nos quedamos con la boca abierta y sin ver nada.

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| Aquí tienes el auténtico nido de
abejaruco.
Al verlo tan
fácil renacieron las esperanzas. |
Parecía ya descartada la idea de ver el final del
túnel y más aún coger un nido de semejantes características. Pero en la primavera del
2001, vi el que aparece en la fotografía, observé varias veces cómo entraban y salían
los abejarucos y me dije, ésta es la mía. Dejé pasar el tiempo y el día de San
Sebastián de 2002, después de comprar el pan y el periódico, mientras que los de
Donosti estaban festejando a su patrón y los pocos que había en Gil García iban a misa
para honrar al mismo, yo me cogí el coche y las herramientas adecuadas o no y me fui a
intentar ver el final del túnel del abejaruco. El sol era radiante y brillante, el aire
había enmudecido para facilitar mi trabajo. Cavé más y más, con tino y sin tino, sudé
lo mío, pero conseguí el objetivo. Vi el final del túnel con restos de insectos. Los
abejarucos se habían marchado a aprender a volar para irse a África y se les olvidó
sacar la basura. Miré, dudé, pensé y pensé cómo poder coger el nido sin que me pasara
lo de la vez anterior. Las condiciones eran mucho mejores, pero... Con mis cavilaciones me
fui a comer, busqué refuerzos para por si acaso y regresé rápidamente. Opté por
lo más fácil, coger la entrada. La tarde se había enfadado, el sol se había ocultado y
el aire frío y seco hacía rato que había hecho acto de presencia con intención de
quedarse el resto del día, y de la noche. En el momento justo llegaron los refuerzos que
me ayudaron a meter "la entrada" en el coche. Aquí acabó la primera parte.
La segunda parte fue menos exitosa. Días después
intenté coger el final, trabajé menos, casi lo tenía conseguido, pero al final se
"espanzurró". Recogí los restos.
Un señor del lugar que ya me había visto la vez
anterior...
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