EL ARTE DE LAS AVES. 

 

"MUSEO DE NIDOS.MARTÍN BERMEJO DERECHO"

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martinbermejo@inicia.es

 

 

ABEJARUCO

Durante el verano es frecuente oír el canto de los abejarucos revoloteando en lo alto. La combinación del azul turquesa del vientre, el amarillo de la garganta, los tonos marrones y dorados distribuidos por el resto del cuerpo constituyen un bello colorido que les hace inconfundibles.

Se alimentan de insectos voladores que suelen cazar al vuelo. Entre ellos están las abejas, de ahí su nombre.

En la fotografía de la derecha se puede apreciar el cortado de la cuneta de un camino de tierra. También se ven dos agujeros redondos, son nidos de abejaruco. Abejaruco1p.jpg (27095 bytes)

 

Su largo pico, algo curvado, y sus patas, son unas buenas herramientas para construir su nido. Aprovecha los cortados del terreno producidos por agentes naturales o artificiales. El nido del abejaruco es uno de los más curiosos que uno se pueda imaginar. En dichos cortados se ve un agujero de 4 ó 5 centímetros de diámetro, pero no se ve más. ¿Dónde está el nido?. El abejaruco ha excavado un túnel de 1,70 m. aproximadamente y al final del mismo se ensancha la concavidad y allí, sin más arreglos, comienza a depositar sus huevos.

Desde el momento que vi ese tipo de nido tuve la curiosidad por el ver el final. Después de ir barajando muchas ideas que por unas circunstancias u otras fueron descartadas, un día me lancé a poner en práctica una de ellas. Cavamos, sudamos, nos pusimos llenos de polvo y de mierda y al final, cuando ya estábamos a punto de conseguirlo, ¡plaf!, se vino abajo todo el bloque de tierra y se espanzurró, nos quedamos con la boca abierta y sin ver nada.

 

Abejaruco3p.jpg (52798 bytes)

 

Aquí tienes el auténtico nido de abejaruco.

Al verlo tan fácil renacieron las esperanzas.

 

Parecía ya descartada la idea de ver el final del túnel y más aún coger un nido de semejantes características. Pero en la primavera del 2001, vi el que aparece en la fotografía, observé varias veces cómo entraban y salían los abejarucos y me dije, ésta es la mía. Dejé pasar el tiempo y el día de San Sebastián de 2002, después de comprar el pan y el periódico, mientras que los de Donosti estaban festejando a su patrón y los pocos que había en Gil García iban a misa para honrar al mismo, yo me cogí el coche y las herramientas adecuadas o no y me fui a intentar ver el final del túnel del abejaruco. El sol era radiante y brillante, el aire había enmudecido para facilitar mi trabajo. Cavé más y más, con tino y sin tino, sudé lo mío, pero conseguí el objetivo. Vi el final del túnel con restos de insectos. Los abejarucos se habían marchado a aprender a volar para irse a África y se les olvidó sacar la basura. Miré, dudé, pensé y pensé cómo poder coger el nido sin que me pasara lo de la vez anterior. Las condiciones eran mucho mejores, pero... Con mis cavilaciones me fui a comer, busqué refuerzos para por si acaso y regresé rápidamente. Opté por lo más fácil, coger la entrada. La tarde se había enfadado, el sol se había ocultado y el aire frío y seco hacía rato que había hecho acto de presencia con intención de quedarse el resto del día, y de la noche. En el momento justo llegaron los refuerzos que me ayudaron a meter "la entrada" en el coche. Aquí acabó la primera parte.

La segunda parte fue menos exitosa. Días después intenté coger el final, trabajé menos, casi lo tenía conseguido, pero al final se "espanzurró". Recogí los restos.

Un señor del lugar que ya me había visto la vez anterior...

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